Las series de acción de los ochenta
El coche fantástico, El Equipo A, Corrupción en Miami, Luz de luna o MacGyver son señas de identidad de una época televisiva. Todas ellas tenían estructuras parecidas, con personajes renegados, escenas de acción, tramas detectivescas y románticas, personajes de edad que hacían de referencia, mujeres guapas y transmitían la idea de que la justicia se encontraba fuera de los cauces ordinarios de la ley. No fueron una excepción y de aquella época tenemos un buen montón de series que reproducían el esquema con pequeñas variaciones. Os traigo una pequeña muestra que he dividido en dos bloques.
Aparatos maravillosos. 1982 es el año de Michael Knight y a partir de él otros héroes intentaron convertirse en los adalides de la justicia. En 1983 El equipo A introdujo una especie de guerra clandestina en las ficciones y de ahí también bebieron muchos. En 1985 MacGyver surgió como una confluencia de todas, con la tecnología más arcaica pero con un espíritu guerrero renovado. Aquí tenéis unos ejemplos.
Airwolf (1984). Es una mezcla de El coche fantástico y de El equipo A. La serie se llamó en España Lobo del aire, que no era otro que el helicóptero supersónico, y andaban metidos en el ajo la CIA con la Guerra Fría de telón de fondo. Ya sabemos que en los ochenta el clima de la Guerra Fría marcó gran parte de la producción audiovisual. La serie es de Donald Bellisario, uno de los popes de este tipo de series.
El trueno azul (1984). La damnificada por Airwolf. El trueno azul se basó en una película del mismo título pero sólo tiene once episodios porque Airwolf consiguió más audiencia pese a estrenarse después.
Street Hawk (1985). El éxito de El halcón callejero, que sólo cuenta con una temporada, sólo puede deberse a que era una imitación terriblemente mala de El coche fantástico en todos sus aspectos. La moto disparaba unos misiles enormes pero ni por esas.
Acción – seducción, o viceversa. A pesar de que parece que Luz de luna (1985), encabeza un género, la serie en realidad es heredera de otras propuestas anteriores. Detectives seductores, guapos, con relaciones difíciles con sus compañeras. Luz de luna podría ser la mezcla perfecta de las tres series que os comento a continuación. La clave que las diferencia de las anteriores es el componente romántico que las acerca a la audiencia femenina pero a pesar de ello, sigue habiendo acción y peligros al margen de la ley.
Hart y Hart (1979). En la serie, un rico matrimonio se dedica en su tiempo libre a resolver misterios.
Magnum (1980). En Magnum, otra serie de Donald Bellisario, podemos ver los rasgos de David Addison, el protagonista principal de Luz de luna. Mucho sarcasmo, ironía y frialdad, pero sólo en apariencia.
Remington Steele (1982). Aquí está claro, ¿no? La tensión sexual no resuelta entre los protagonistas es la clave. De hecho, ambas series protagonizaron un crossover y los protagonistas de Remington Steele aparecieron en Luz de luna.
La de tortas y explosiones que hemos visto en televisión gracias a estas series. Y no podemos dejar al margen la escala de valores que transmitían, al margen de las propuestas más policiales que también tuvieron mucho éxito. Ya sabéis que en los comentarios podéis insertar los vídeos que os apetezcan y completar así la lista, que seguro que me he dejado muchas en el teclado.
‘Infierno Guantánamo’, una visión muy personal
Anoche Cuatro emitió a una hora más que decente, las once y cuarto de la noche, el reportaje Infierno Guantánamo de Jon Sistiaga. En el reportaje se ven cosas estremecedoras, se confirman los peores aspectos que la prensa ha difundido y los testimonios son sobrecogedores. Creo que sería imposible, por mucho que los militares se empeñen, hacer un reportaje de Guántanamo desde una óptica positiva y justificar de alguna manera la existencia de este campo de concentración. Es mi opinión, claro, y por lo visto Sistiaga pensaba lo mismo porque en su reportaje no se deja amilanar por las restricciones que impone el sistema, por la censura que él expresa que ha vivido ni por las visiones idealizadas de una realidad muy cruel y muy dura.
A pesar de esto, no puedo decir que el reportaje me haya parecido redondo. Interesante, sí, pero no demoledor, revelador o único. No es un reportaje de investigación porque no destapa nada nuevo. Es más bien un reportaje de confirmación de lo que ya sabíamos y lo que sabíamos es terrible, por eso el reportaje me parece interesante, pero me quedé un poco fría después del relato. A esta sensación contribuye el hecho de que no me termino de sentir cómoda con el estilo de Jon Sistiaga.
Sé que diréis que soy una malpensada pero se me pone la mosca detrás de la oreja con el uso de la voz en off. Dejando de lado la censura, en las historias que le contaban los entrevistados las cosas más interesantes nos llegaban de boca de Sistiaga: «Me cuentan…», «me dicen…». ¿Si se lo cuentan, por qué no pone a los entrevistados contándolo? Quiero creer que es por una cuestión de estilo, de narración en primera persona del periodista que firma sus trabajos como marca. La otra opción, que lo contasen fuera de cámara porque no querían que se difundiera, me parece terrible porque las cosas que pasan fuera de cámara tienen que quedarse allí.
Es una cuestión de gustos. Yo prefiero en los reportajes el estilo directo, que los protagonistas de las historias sean los que las cuenten, y aquello que no se ve en imágenes o que no es contado por un implicado para mí no ha pasado. No me refiero a situaciones límite, como cuando lo hacen salir de uno de los campos porque los presos empezaron a pegar gritos desde las ventanas, pienso más en las conversaciones y en los testimonios que aparecen contados por el propio Sistiaga. Con un estilo como el suyo siento cierto dirigismo que me hace cuestionar lo que me cuenta la voz.
El protagonista del siguiente vídeo salió anoche en Infierno Guantánamo pero no contó ni la mitad de cosas que expresa aquí. No sé por qué no le relató las torturas a Jon Sisitiaga, quizá quiera separarse de aquello o puede que Sistiaga no quisiese entrar en el terreno. No lo sé y no lo valoro, pero aquí podemos escuchar de su propia voz algunas de las cosas que narró anoche Sistiaga en su reportaje.
Dejando de lado todo esto que condiciona mi experiencia como espectadora el reportaje es necesario y nunca estará de más que en televisión se dé espacio para la crítica de estas atrocidades. Sobre Guantánamo, si queréis investigar más u os apetece profundizar en historias sobre este período negro de la historia actual, os recomiendo Camino a Guantánamo (2006), de Michael Winterbottom. La vi en el cine, me impresionó profundamente, la compré pero aún no la he vuelto a ver. Es una de esas películas que necesito tener porque me parecen un testimonio brutal de la historia reciente pero que no sé si podré ver otra vez por su extrema dureza. No es para pasar el rato pero a mí me conmocionó mil veces más, pese a ser una película, que el reportaje de anoche.
Sonados fracasos, estrenos, regresos y una buena noticia
Sobran las palabras. La semana ha sido aciaga para dos producciones nacionales que se batían el cobre en la sobremesa. Los exitosos Pells ha durado en antena siete días y Somos cómplices sólo dos. Yo insisto en que no eran malas series, eran culebrones, pero el género está monopolizado por La 1 y por Telecinco. Entre Amar en tiempos revueltos y el culebrón de Sálvame no hay hueco en la parrilla para más producciones de este tipo. Hace unos meses Antena 3, Cuatro y Telecinco hicieron una intentona con 18, HKM y Un golpe de suerte pero se ve que atribuyeron los malos resultados a que las series eran para jóvenes y no a que eran culebrones, y lo han vuelto a intentar. Fracaso absoluto.
En televisión se trabaja mucho en función de modas de las que nadie marca tendencia así que son un misterio. De todo esto las cadenas pueden extraer una moraleja: los culebrones no funcionan en este momento y lo que se lleva es Sálvame, que es una especie de reality en el que los colaboradores hacen como que son ellos mismos, cuentan sus propias historias en primera persona y se someten a todo tipo de chifladuras a modo de pruebas para divertir al personal. En lugar de confesionario tienen un atril. Para desempeñar la labor a la perfección el colaborador tiene que haber perdido la vergüenza y los de Tal cual, que pretenden seguir la estela, están algo anquilosados todavía y les sobra pudor. Ya aprenderán.
Y hablando de realities, Antena 3 ha dado el pistoletazo de salida a Curso del 63, que se estrena el próximo martes. En laSexta El aprendiz verá la luz la semana que viene, el día 28 de septiembre. En ambos casos hay un tema de interés social detrás del programa: la disciplina de los jóvenes y el empleo. Los de laSexta están promocionando el programa con tranquilidad y mensajes positivos, como de crecimiento personal. La promoción de Curso del 63 me parece una tremenda llamada al morbo que aprovecha la alarma social que ahora se lleva en los telediarios. Habrá que ver cómo van pero en el caso de Curso del 63 me incomoda la idea de ver a menores jóvenes sometidos a la disciplina y a un autoritarismo arcaico y cenizo, por mucho que haya después redención. Que son menores, hombre.
Por fin vuelven Wyoming y Buenafuente el lunes. Sí, en esto soy como de laSexta al cien por cien. Me parecen dos programas fantásticos que no se merecen, igual que Sé lo que hicisteis…, los refritos veraniegos, pero qué iba a hacer la cadena sin esos refritos como no fuera emitir Crímenes imperfectos a todas horas. El intermedio ha fichado a Tania Llaseras, que fue reportera de Estas no son las noticias (gran programa al que echo mucho de menos), y actriz en HKM. No me chifla esta mujer pero qué le vamos a hacer, para compensar prestaré atención a Beatriz Montañez y Thais Villas, mis favoritas. Buenafuente ha fichado a Ana Morgade, copresentadora de Estas no son las noticias, y eso sí que puede ser la bomba porque la gran Morgade fue capaz de eclipsar a Quequé. Espero que le dejen cuerda suficiente.
Y friki a más no poder me parece el fichaje de Carlos Latre en DEC? para sustituir a Los Morancos, que han cogido las de Villadiego y han vuelto al redil de Tú sí que vales, que empezará pronto en Telecinco. No me digáis que esta información no parece de un cabaret de provincias. El pobre Latre hará imitaciones de famosos en este cutre cruce de fichajes entre cadenas rivales. Latre lo fue todo en Telecinco y sus últimas apariciones en esa cadena han sido la nada. En TV3 le va de perlas, donde sigue, pero ahora hará además de comparsa de Cantizano y compañía. No puedo evitar que me dé cierta pena.
Pero si hay algo friki sin límites es la canción que Telecinco ha escogido para promocionar su nuevo concurso Mi familia contra todos, que presentará Jesús Vázquez, que se estrenará dentro de poco y que ya se promociona en la cadena. Ahí va el tema. Esto es cierto, no es una broma.
Y termino, que ya está bien, con la buena noticia. Ayer terminó el período de votación en los Premios 20Blogs en el que este blog participaba en la categoría de Cine y Televisión. A espera de los resultados oficiales que se harán públicos el 28 de septiembre y si no pasa nada, La tele que me parió ha sido el ganador en su categoría. Esto me hace mucha ilusión y no he podido aguantarme las ganas de compartirlo con vosotros porque el premio es de todos. Un blog es cosa de muchos y éste lo construimos entre todos. Ya os contaré cómo continúa el tema pero, en cualquier cosa, quería daros las gracias por hacérmelo pasar tan bien.
‘La que se avecina’ y su final de temporada
Para empezar quiero llamar la atención sobre un aspecto promocional de La que se avecina: ¿cómo es posible que un final de temporada se haya promocionado tan poco? Cosas de Telecinco. A pesar de que la serie estaba haciendo buenos datos el episodio anterior se emitió el dos de septiembre y muchos creímos que la temporada había tocado a su fin entonces, pero no, anoche fue el final. He echado en falta promos, más destacado en la web y todas las cosas que suelen hacer para generar expectación. Ellos sabrán cómo cuecen sus negocios.
La revelación de la temporada ha sido Estela Reynolds (nunca pensé que pudiese gustarme un personaje interpretado por Antonia San Juan), y la trama del moroso sigue abierta aunque me parece que había perdido mucho peso y en lo que a mí respecta no habría pasado nada si la hubiesen dejado diluirse. Anoche volvió a la comunidad Nines, la irritante prima, que aunque es uno de los personajes que menos me gusta sé que cuenta con muchos adeptos. Amador terminó consiguiendo su pinchito extramarital demasiado tarde y a destiempo, como siempre. Y Berta y Coque huyeron en la caravana pero tendrán que volver sí o sí porque la serie no sería la misma sin ellos.
Todo esto, claro, si hay otra temporada. Y si llega será cuando ya nos acordemos de esta, que La que se avecina nunca ha tenido el puesto de «serie estrella» de la cadena y hay otras producciones que vienen por detrás escalando posiciones. En cualquier caso, quiero dejar constancia de varias curiosidades de la serie. Por ejemplo, en el vídeo de arriba podéis ver el homenaje a La comunidad, de Álex de la Iglesia. Se han hecho varios homenajes de estos. Son constantes las referencias a la crisis y al desastre nacional hacia el que nos conduce Zapatero, muy en la línea de opinión de Alba Adriática, la productora, y que ya pudimos ver en A ver si llego. Me choca que en La que se avecina haya relaciones sexuales explícitas en casi todos los episodios pero que no se vea teta ni culo, todo algo así como de comedia rancia.
Ojo que la serie me divierte y me entretiene, que conste, pero eso no quita para que no me dé cuenta de cuando quieren colarme algún «mensaje». Dejando a un lado este aspecto, espero que la producción siga adelante con los mismos personajes, el enredo y la histeria (porque es una serie muy histérica). El final no fue apoteósico pero aún no está todo dicho. Veremos si consiguen cerrar el círculo.
‘Somos cómplices’ y otras confidencias
Os pongo en situación. Ayer me dispuse a ver el estreno de Somos cómplices en Antena 3, su nuevo culebrón diario, y miré en la miniguía de programación que sale en ONO la duración del episodio. Marcaba cuarenta y cinco minutos así que me hice mis planes de tarde y mis expectativas en función de eso. El capítulo, quizá porque era el piloto, duró hora y media y como esperaba otra cosa se me hizo largo y cargante. Esta nadería ha marcado mucho la percepción que he tenido de la serie, sin lugar a dudas, y os pongo sobre aviso para que no toméis mis palabras al pie de la letra.
Para perspectivas más positivas que la mía os recomiendo la lectura de la crítica de Anómalo, con la que podría haber estado más de acuerdo si el capítulo no se me hubiese hecho más largo que un día sin pan, dejando a un lado el hecho de que los culebrones de sobremesa no son mi género favorito. Hay varias cosas, positivas y negativas, que merece la pena destacar.
En el apartado positivo, la producción. Muchos exteriores y lujo marbellí a espuertas. Pena del contraste con los interiores, mucho menos cuidados. Un tratamiento del color muy trabajado y llamativo, poco habitual en este tipo de series, con azules y rojos brillantes. Habrá que ver si este derroche de medios es sólo cosa del piloto o si de alguna forma pervive en episodios posteriores. La emisión en panorámico también es de agradecer. A ver si se generaliza de una vez.
En el apartado negativo, y este terreno es subjetivo a más no poder, destaco la elección del tono de la historia. Parece que se intenta estar entre la comedia y el drama y desde mi punto de vista no se logra ninguno de los dos extremos. Habría preferido más definición en este sentido: o tirando más a la comedia o más al drama, pero las dos cosas juntas no me cuajan. Quizá si se lograse sensación de parodia de género me habría parecido una virtud, pero tal y como está no me convence. Enredo y malentendidos son la clave de los conflictos pero, creo, hay demasiados vaivenes: se meten en un follón en tono comedia, salen de él en tono drama. Y vuelta a empezar. Eso sin dejar de lado los líos amorosos, claro, que los hay a montones.
Como curiosidades, la efímera aparición de un Larry Hagman (el malvado J.R.), en el que han basado gran parte de la promoción, que apenas sale unos minutos y que está muy vejete, el hombre. Los ricos se apellidan Slater, como la malvada Wilhelmina de Ugly Betty. La sintonía de la cabecera la canta María Villalón, la primera ganadora del Factor X de Cuatro. Y hacia el final del episodio la protagonista dice: «Va a parecer que estamos haciendo Dallas«. Ejem. Broma contextual, guiño al espectador. Ejem, ejem.
Bueno, que no me gustó nada y como decía antes el episodio se me hizo muy largo y me aburrí, no me sorprendió en ningún momento y estaba deseando que terminase. Lo siento por la serie pero a los espectadores nos pasan estas cosas, cuando algo falla en la predisposición nuestra percepción del asunto lo nota, y mucho. Menos mal que la serie terminó a tiempo y pude quitarme el mal sabor de boca viendo el regreso de Qué vida más triste. Siguen tan buenos como siempre, geniales diría yo, y laSexta tuvo a bien emitir capítulos de estreno en vez de hacer un refrito de episodios nuevos y antiguos (espero que les dure). Larga vida a Qué vida más triste.
Ya por la noche tenía dos opciones: o ver el desenlace de La ira en Telecinco o ver la primera parte de la TV Movie de Lola Flores, Lola, en Antena 3. Las TV Movies no me gustan, la dosis de estrenos del día la había copado dedicando mis energías a Somos cómplices y las TV Movies las puedo ver en Internet así que haciendo alarde de un supuesto esnobismo vi ¡¡el documental de La 2!! En serio. Un documental fantástico de Documentos TV titulado «11-S Un asunto envenenado». Espeluznante, revelador, demoledor, angustioso y necesario. Si tenéis la oportunidad de verlo, os lo recomiendo.
Comentaristas deportivos: la nueva escuela
Tengo sobredosis de chascarrillos. En los últimos días he visto tenis, baloncesto y Fórmula 1 en diferentes cadenas y he acabado hasta las narices de bromas, autopromociones de las cadenas, anuncios de patrocinadores con sonido y demás prácticas, cada vez más habituales en las retransmisiones. No, fútbol no he visto, ya sería lo que me faltaba.
En general se abusa del componente forofo, sobre todo si hay en juego identidad nacional y patriotismo que sirve para arrastrar audiencias y para convertir un evento deportivo en asunto de interés general. Lo comprendo, que conste, y sólo fuera eso me aguantaría, pero a veces es que parecen amigotes viendo un partido de la liga universitaria.
En el partido de tenis del US Open que retransmitió Cuatro de sopetón viendo que Nadal tenía posibilidades, Manu Carreño repitió varias veces que el partido tenía que terminar antes de las diez porque volvía Pekín Express. También intentó explicar varias veces el horario del informativo de después pero sin mucho éxito.
La Fórmula 1 la veo en TV3 porque la emiten en panorámico y sin publicidad. Me pierdo los comentarios de de la Rosa, que me parece que son lo único salvable de las retransmisiones de laSexta, pero es que Lobato falla más que una escopeta de feria y eso de la ventana compartida para los anuncios me parece uno de los timos más grandes de los últimos tiempos.
Y qué decir de Andrés Montes. Nunca he sido fan de sus retransmisiones. Hasta Buenafuente hace broma de su estilo.
Sus retransmisiones de los partidos de baloncesto están siendo de impresión. Ayer le hicieron una mala jugada a Calderón, que está de comentarista, preguntándole con insistencia por el supuesto mal ambiente que hay en el vestuario. Si yo no fuera una chica educada diría que le hicieron una putada. Tener a un jugador sentado al lado e intentar que dé más información de la debida es de ser malo, malo, por mucho que todo se adorne de risas y cachondeo. Luego están los apodos a los jugadores, las promociones, las porras y todo lo demás.
Y ahí está la competencia entre equipos televisivos. Juego limpio ante todo, que estamos hablando de deportes.
Yo vuelvo a decir lo mismo: soy de José Ángel de la Casa. Todas estas historias me aburren, mucho. Entiendo que hacer periodismo deportivo en televisión hoy en día es una batalla constante, que los derechos de los eventos van de unos a otros, que la información pierde valor si viene de una cadena rival y todo lo demás. Yo he seguido retransmisiones deportivas por la radio que eran como las que hacen hoy en la tele, pero es que la radio es radio, no hay imágenes, y de alguna manera hay que rellenar tiempos muertos. Pero en la tele no me acaba de gustar todo esto, sobre todo porque antes se hacía de otra manera.








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