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Qué esperar de la nueva temporada
Hoy es el día D, 1 de septiembre, y empiezan a calentarse las cosas otra vez después del verano que, paradójicamente, las había enfriado. Empiezan los movimientos y me temo que seguimos anclados en una especie de «stand by». Me temo que ésta tampoco va a ser la temporada de la revolución televisiva pero quizá se den algunos pasitos de cara a la nueva era que, antes o después, tendrá que llegar. Hay cosas que no hay quien las pare. Aquí van mis predicciones según lo que me han contado la bruja Lola y Aramís Fuster.
- Series nuevas en Telecinco y Antena 3. Han hecho un esfuerzo en lo que respecta a la ficción nacional, eso está claro. La 1 ha apostado más por reforzar las temporadas de sus series porque donde hay patrón no manda marinero y por ahora su ficción domina. Después habrá que ver qué queda de todos estos estrenos pero el esfuerzo de producción es considerable (piratas, vaqueros, barcos…), si cuaja una media elevada podríamos asistir a la consolidación de una nueva forma de hacer series y eso sería una buena noticia.
- En el entretenimiento la cosa está más parada. Otras temporadas ha habido estrenos relevantes en este sentido pero a día de hoy no hay noticias de que se vaya a intentar nada nuevo. Eso sí, los realities de todo pelaje brotan como setas y se las tendrán que ver unos con otros, los nuevos contra los clásicos, y esas batallas se librarán sobre todo en el prime time.
- Fruto de las disputas entre las generalistas tenemos la contraprogramación, que no va a perder ni un ápice de protagonismo. Para que os hagáis una idea, Telecinco tenía previsto empezar con OT pero al final se han decantado por estrenar antes Gran Hermano para intentar pisarle a Antena 3 el estreno de El marco, y eso que aún no se sabe ni que día empiezan. Imaginad qué puede pasar con la batalla de las series.
- La TDT está ocupando su sitio pero sin pisar fuerte, con la excepción del grupo de Antena 3, que son los únicos que parecen tener claro de qué va el asunto. Animaos a resintonizar vuestros decodificadores y así podréis añadir nuevos canales a la lista, aunque no sé si os servirán de mucho.
- La TDT de pago pinta aún peor porque la oferta sigue siendo eminentemente deportiva (es lo más rentable), y el que quiera poder ver series o cines de estreno va a tener que seguir optando por otras opciones. En este terreno, que es el que más novedades debería de aportar, se nota cierto temor. Goles y más goles.
Así las cosas, no espero ni siquiera consolidaciones de espacios porque la mayor parte de los estrenos de la temporada pasada duermen el sueño de los justos. Espero que cosas de la TDT vayan ganando adeptos y empiecen a considerarse las producciones específicas, perdiendo peso lo generalista. Quizá tengamos que despedirnos de La 2 antes o después. Y, eso sí, vamos a poder seguir disfrutando de los espacios más emblemáticos (cada uno que escoja el suyo). El que no se consuela es porque no quiere.
‘Caiga quien caiga’ ha caído
Así se presentaba la temporada pasada el estreno de la nueva versión de Caiga quien caiga en Cuatro. En la descripción del vídeo en YouTube aún puede leerse esto: «… sin nostalgia, sin amiguismos, sin demagogias. Muy pronto CQC en Cuatro. Están pasando muchas cosas como para que no vuelva». Qué bonitas son las buenas intenciones pero el rollo justiciero no ha funcionado y Silvia Abril confirmaba que el programa no volverá porque tenía un coste elevado y unas audiencias mínimas.
¿De verdad pensaban que iba a volver a funcionar? Si en laSexta ya no funcionó y los milagros televisivos tienen que ir acompañados de algo más que un discurso. Se han encontrado de bruces con la dura realidad: no iban a tener censura porque, claro, no había quien les censurara. Siguen pasando muchas cosas pero la impertinencia ya no es un arma efectiva, y menos si va acompañada de efectos técnicos y vacía de contenido. ¿Dónde estaba el discurso crítico? No lo había. ¿Alguien puede citar algún reportaje memorable de esta última temporada de CQC? En cambio, y no es por echar más leña al fuego, yo puedo mencionar varios programas imperdibles de Salvados, por ejemplo. Si me apuráis, hasta alguno de los reportajes de 21 días me parece que ha tenido más relevancia que las aventuras «reporteriles» de los de CQC, tan lastrados por su antigua imagen que ésta les ha impedido crearse un perfil nuevo.
En resumidas cuentas: si no hay crispación, no hay CQC. La marca es importante y nunca sobran espacios de este tipo pero más les valdría intentar hacer algo nuevo, menos viciado, aunque con ello pierdan el tirón de un nombre reconocido. Las comparaciones son tan odiosas como inevitables y no es que el programa de Cuatro no haya estado a la altura, es que la sociedad ha cambiado y ya no es posible abordar la actualidad de esa manera sin parecer unos llorones y unos quejicas. Menos aún si se dedican a intentar repetir los conflictos que tuvieron éxito en el pasado, como azuzar a los taurinos o meterse en el boca del desfile del 12 de octubre. Hay cosas que sólo pueden funcionar una vez.
No se trata de buscar la crispación, eso ya lo hacen los de La Noria, y tampoco se trata de repetir los mantras dogmáticos que podemos escuchar a pie de calle. Nadie va a ganarse al público con un programa supuestamente crítico si la única crítica se limita a repetir lo que se escucha en cualquier tertulia. Un programa de estas características tiene que aspirar, aunque no lo consiga, a desmontar precisamente esas críticas banales con realidades aún peores que pongan en evidencia lo vacío de determinados discursos. No es fácil, lo sé, pero es lo que a mí me gustaría ver. Conseguir compadreo con la familia real es algo que logran hasta los de Sálvame, ¿qué mérito tiene que Felipe se ponga unas gafas de sol? Antes, cuando los guardias de seguridad pegaban de verdad, había algo de transgresor en toda la historia, pero ahora no es más que otro circo y a éste circo le han crecido los enanos.
Me he despedido demasiadas veces de CQC y espero que esta sea la última. No pondría la mano en el fuego porque ni La 1 ni Antena 3 han emitido el formato y todo puede pasar en la tele pero realmente creo que, aunque el programa funcione en otros países, tal y como está tiene pocas posibilidades de renacimiento aquí. Eso no significa que no tengan cabida espacios de actualidad crítica, o al menos eso espero, lo que sí parece cierto es que, otra vez, ha terminado una época. ¿Cuántas veces tendrá que terminar esa época para que se den cuenta?
‘La Noria’ y la memoria selectiva
Estoy mondándome de risa. Qué gusto da empezar la mañana con un buen chiste. He leído esta noticia sobre la nueva temporada de La Noria y me ha hecho mucha gracia. Como buena nota de la cadena, hablan muy bien del programa y hacen un repaso de los invitados de postín que han tenido dividiéndolos es los siguientes grupos:
- Políticos de primera fila.
- Periodistas y presentadores de primer nivel.
- Cantantes.
- Profesionales de la televisión.
- Empresarios.
- Personajes del mundo de la cultura y de la crónica social.
Se ve que he tenido mala suerte y las pocas veces que he tenido la desgracia de sintonizar el programa sólo me he encontrado a personajillos de medio pelo (un mal programa lo tiene cualquiera, por lo visto), y debates maniqueístas que sólo sirven para calentar los ánimos del personal. Tendré que replantearme el ver La Noria más a menudo porque me estoy perdiendo un espacio cultural de amplio espectro, pegado a la actualidad y periodísticamente riguroso. Se ve que me he dejado llevar por mis prejuicios y no he disfrutado en condiciones de este reducto de la actualidad bien tratada, un oasis en la tele nacional para deleite y disfrute de la gente que gusta de estar informada.
En la web del programa he encontrado algunas de las grandes declaraciones que cambiarán el devenir de la humanidad y que se han pronunciado en presencia del omnipotente Jordi González. Atención, vamos a descubrir los nuevos paradigmas filosóficos que encierran estas citas destacadas por el propio programa:
- Chábeli Iglesias: «Quiero tener un niño el año que viene».
- Carolina Cerezuela: «Yo lo que hago es compensar».
- Ana Obregón: «No hemos roto».
- Falete: «Estoy enganchado a un hombre».
- Andrés Burguera: «Tiene que querer que le ayuden».
Qué barbaridad, y yo me he perdido todo esto. Repito que éstas son algunas de las declaraciones destacadas por el propio programa. Cómo serán lo que no destacan. ¿Cuántos minutos le han dedicado a los realities de Telecinco? ¿Cuánto tiempo han hablado del caso Malaya para desinformar? ¿Cuántos insultos se han proferido en sus sesudos debates? ¿Cuántos cornudos han desfilado por el plató? ¿Cuánto morbo han centrifugado dándole vueltas y más vueltas?
Realmente creo que La Noria es perjudicial para la salud y debería venir con prospecto y ser dispensado sólo con receta médica. A mí, al menos, me provoca malestar general, náuseas y migraña. Sé que es un programa con mucha audiencia y allá cada cual con sus noches de sábado pero a mí me provoca un ataque de nervios ver esa pose de periodistas serios que llevan todos y que utilizan para que la porquería que venden entre mejor. La base de La Noria es el enfrentamiento disfrazado con una carrera periodística pero enfrentamiento al fin y al cabo, y por todo, adornado con entrevistas pastelosas que convierten a los personajes en santos. ¡Arggg! Sólo de pensarlo ya me están entrando los siete males. Para mí es, con diferencia, el programa más nocivo de la tele actual (con permiso de los señores de Intereconomía que, por lo menos, muestran sus cartas, aunque a mí no me guste la jugada que llevan).
Ya está, ya me han subido las pulsaciones. Voy a tomarme una tila.
‘Tonterías las justas’ y la vuelta a la tortilla
Hace tres meses escribí esta entrada sobre Tonterías las justas en la que comentaba los fallos que le veía al programa y lo que yo creía que tenían que mejorar si querían asentarse en su franja. El miércoles decía yo en la página del blog en Facebook que tendría que ponerme a ver el programa y muchos de los comentarios coincidían en que Tonterías las justas no les gustaba. El jueves el programa marcó su máximo histórico, un 8% de share, después de semanas superando a Sé lo que hicisteis…,. Y ayer Marc me dejó el siguiente comentario en esa entrada que cito más arriba:
«Qué crack estás hecho. Todo tu análisis por los suelos. Es lo que suele pasar con la realidad, que pone a cada uno en su sitio».
Sirva esta cronología para demostrar cuántas cosas se mueven en esto de la tele y para reconocer que el comentario de Marc me hirió en mi amor propio. Tonterías las justas me ha hecho un «zas, en toda la boca». Yo podría ponerme tonta como Terelu en su día y decir eso de «¿Es que tú no te equivocas nunca?», pero prefiero agachar las orejas y decir que sí, que el programa finalmente ha conseguido conectar con los espectadores, cosa de la que me alegro, y que no creo que las sustituciones veraniegas de Sé lo que hicisteis… sean la única explicación. Al César lo que es del César. Algo tienen que haber hecho bien en este tiempo para experimentar un crecimiento así.
Lo poco que he visto de Tonterías las justas ha sido la sección esa del Ranking, que me puso algo nerviosa, vi a Flo mucho más suelto en el plató que al principio y vi cómo un niño que estaba de público dio paso a la publicidad. En aquel momento pensé: «Arrea, un niño. Estos han bajado el target del programa», pero ya no volví para comprobarlo. Nobleza obliga y la semana que viene prometo ver el programa varios días para contaros mis impresiones aunque me duela en el alma abandonar a Ricardo Castella, del que soy fan hace mucho tiempo.
No obstante y así las cosas, quería que me orientaseis en el visionado y me dijeseis qué es lo que más os gusta de Tonterías las justas, si es que os gusta algo. Tengo la sospecha de que muchos de los lectores de este blog no comulgan con el programa, pero si hay alguien a quien le apetezca dejar su opinión se lo agradeceré mucho y me servirá de gran ayuda. Si no os gusta el programa decidlo también y así podremos contrastar opiniones cuando haga la entrada correspondiente.
Y para terminar, dejar constancia de que me alegro del éxito de Tonterías las justas por varios motivos: el humor en televisión nunca está de más, el presentador y los colaboradores me gustan, y sospecho que durante un tiempo lo han pasado mal por las audiencias así que el esfuerzo tiene merecida recompensa.
Por qué no vi ‘Las joyas de la corona’
Soy muy consciente de que tener un blog de tele conlleva ciertos sacrificios (algunos muy grandes), pero con el tiempo he aprendido ciertas cosas. La más importante es que si ves un programa de estreno que no ve ni el tato, harás una crítica que no leerá ni el tato y, además, habrás perdido horas irrecuperables soportando ese estreno. Total, si el programa triunfa siempre se está a tiempo de escribir algo más adelante.
Ayer estaba decidida a ver Las joyas de la corona (Telecinco, con Carmen Lomana de anfitriona). Incluso me convencí de que podría hasta echarme unas risas igual que hago con Granjero busca esposa, pero según fue avanzando el día se me fueron quitando las ganas y fue flaqueando mi convencimiento. Ver un programa sin saber si va a funcionar da mucha pereza y, conforme pasa el tiempo, me da mucho más. Sé con eso fallo a mis obligaciones con el blog pero qué le voy a hacer, la carne es débil así que decidí no romper mi rutina y decantarme por Los Tudor en La 1, que me tiene enganchada.
De todas formas quiero dejar constancia de que lo intenté pero hay ciertas cosas que pueden conmigo. No hablaré del casting que, oportunamente, es demencial. Es que los profesores, tutores o como quieran llamarse, me caen mal. Tampoco creo en ese concepto de «urbanidad» que quieren vendernos. El rollo de la gala me pareció eso, un rollo. Jordi González tiene menos credibilidad que una zapatilla. El decorado era espantoso. En fin, demasiados argumentos en contra y pocos a favor, en mi caso.
La consecuencia es que como no vi el programa, no puedo criticarlo. ¡Qué liberación! Tampoco han salido las audiencias a estas horas así que aún no sé cómo funcionó la cosa. He leído opiniones en Facebook y había para todos los gustos: desde los amantes de lo freak hasta los que decían que como programa era una castaña. Yo sólo sé que no sé nada pero, ciertamente, si funciona no podremos poner el grito en el cielo. Eso sí, cuidado, porque ya avisaron desde Telecinco de que si la cosa marchaba el programa se convertiría en fijo de temporada y dejaría de ser un estreno veraniego.
Francamente, lo que vi no me dio muy buenas vibraciones pero en estos casos siempre digo lo mismo: no soy el target que buscan. Habrá gente que se lo haya pasado pipa y que habrán encontrado cosas positivas, aunque sólo sea el placer de criticar al personal y eso lo entiendo, yo me paso el día criticando. En cualquier caso, ahí queda para la posteridad. Me queda la duda de si de este invento saldrá algún tertuliano o tertuliana de postín. ¿Le estarán buscando el relevo a Belén Esteban?
Sustituciones de verano: éxitos a cara o cruz
Ésta de arriba es Marta Fernández, que está sustituyendo con mucho éxito a Ana Rosa Quitana en las mañanas de Telecinco. La apuesta era complicada pero la jugada les ha salido redonda y el programa no es que vaya tan bien como siempre, no, es que está pulverizando a Lucía Riaño, que sustituye a Susana Griso y está llevando a los infiernos a Espejo Público en las mañanas de Antena 3, que está empeorando sus datos a todo tren. Esta comparación tan simple me ha hecho pensar en los programas que se siguen emitiendo en verano y en el test que supone para ellos las sustituciones.
Por ejemplo, Ximo Rovira solía ser un fijo estival de Antena 3 pero parece que se han cansado de su poca efectividad y este verano van a probar con Quico Taronjí al frente de DEC, otro presentador que no lleva una trayectoria demasiado regular. El caso de Sé lo que hicisteis… quizá sea más complejo porque su crisis de audiencia se arrastra desde hace más tiempo pero este verano está siendo para ellos infernal en cuanto al share, coincidiendo con las vacaciones de Ángel Martín y Dani Mateo (yo sigo pensando que Ricardo Castella no lo hace mal, pero no encuentra su sitio).
Otros programas como El intermedio o Buenafuente, en laSexta, que se emiten en formato refrito, sí que están manteniendo sus datos de audiencia con una efectividad menor que en temporada, claro, pero sin sufrir el descalabro de otros espacios que han optado por la fórmula de la sustitución y, por tanto, que siguen costando dinero.
¿Qué demonios significa todo esto? Yo me atrevo a pensar que esta época es perfecta para testar qué programas funcionan realmente de por sí y qué programas tienen tirón sólo con el presentador o presentadora oficial. Ana Rosa es prescindible (hasta ella lo es), pero hay otros programas más endebles que no soportan un cambio de cara, sobre todo si la cara de repuesto ha perdido el favor de la audiencia o no consigue marcar un estilo propio que le haga llamar la atención de los espectadores.
No me gustaría ser presentadora reserva a la vista de la situación. No es sólo que les encasqueten un programa hecho y derecho que sólo pueden dedicarse a presentar haciendo llamadas a la suerte, es que además tienen que digerir el pedrusco que supone responsabilzarse de su éxito o fracaso. Demasiada carga para unos profesionales que, nos gusten más o menos, también tienen derecho a ganarse la vida. Corren el riesgo de sufrir el síndrome Ximo Rovira y terminar desapareciendo del panorama. Vivir con eso tiene que ser un incordio.
En septiembre veremos qué es de la vida de estos sustitutos, en qué quedan sus esperanzas, porque lo que está claro es que si, por ejemplo, Lucía Riaño termina hundiendo del todo Espejo Público, la cadena no se planteará introducir cambios en el programa pero condenarán a la presentadora al ostracismo. Las cadenas podrían aprender muchos de estos momentos veraniegos pero parece que prefieren hacer oídos sordos y creer que el verano no ha pasado. Es así como se queman los programas.








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