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Pelotas es una buena tragicomedia
Disfruté anoche viendo el estreno de Pelotas, la serie de Corbacho y Cruz que por fin ha encontrado un hueco de emisión. No sé cuánto tiempo llevará la serie dando vueltas por cajones pero si situan la síntesis del proyecto en el rodaje de Tapas (2005), podemos supones que durante cuatro años han estado peleando porque alguien apostase por el producto. De hecho, estuvo un tiempo en manos de Antena 3, que terminó rechazándolo, y finalmente se lo quedó La 1.
Después de haber visto el episodio ya podemos afirmar que efectivamente tiene muchas de las cosas buenas de Tapas (gran parte del reparto, por ejemplo), y mejora la película en un aspecto esencial: la coralidad. En Pelotas hay un nexo común más allá del barrio, el club de fútbol, que es lo que aglutina las tramas y lo que conduce la acción. La solución me parece que funciona y que sirve para enmarcar a la perfección a todos los personajes.
La producción se nota muy trabajada, con muchos exteriores y con interiores mimados al extremo. Me gustaría saber cuánto duran los capítulos. Viéndolo anoche yo diría que emitieron un dos por uno y, si fuera así, supondría que la duración por capítulo sería de unos cuarenta y cinco minutos, todo un logro para una serie nacional, aunque luego a la hora de la verdad hagan un corta y pega para rellenar el prime time. En Antena 3 hicieron lo mismo con Doctor Mateo el domingo. A ver cuál es la primera cadena que recorta el prime time, que le damos un premio. Es una medida urgente que servirá para sanear la ficción nacional y dotarla de nuevas posibilidades. La producción y los guiones mejoran, obviamente, cuando la ficción tiene una duración por capítulo razonable y no hay ni que escatimar pasta por capítulo ni que alargar tramas.
Los guiones son muy respetuosos tanto con los personajes como con los espectadores, no se pierden en explicaciones ni en reiteraciones, no abusan del chiste fácil y no redundan en tópicos. Se percibe un trabajo serio que no se ha dejado influir por circunstancias externas y el resultado es una comedia trágica con giros cómicos que refuerzan la tragedia cotidiana. Dicho así parece muy fácil de hacer pero tiene que haber sido un trabajo ingente. Diferente es si esto nos gusta o no (a mí sí me gusta), pero creo que es de justicia reconocer el trabajo. Eso sí, yo me habría ahorrado la broma con el Chiki-Chiki porque aunque soy fan a morir de Chikilicuatre, estas bromas privadas o chistes de amigos (la serie la produce El Terrat), me parecen un poco fuera de lugar, pero es el único desliz que advertí. Me pareció un lujo el tener una serie que cuenta lo que pasa sin contarlo, sin caer en la evidencia fácil y sin rematar cada secuencia con una aclaración.
Por último las interpretaciones, creo que han dado en el clavo con los actores. Han sabido conjugar la experiencia de unos con el entusiasmo de otros y están todos muy equilibrados, dentro de unos límites naturales y sin exageraciones, dejándose guiar por la historia. El tratamiento en este primer episodio (o primeros episodios), es tan sutil y acertado que sólo con hora y media ya sabemos quién es quién.
Pese a que la noche de los lunes es un hueso duro de roer hizo 3’4 millones de espectadores y fue la segunda opción. Veremos cómo evoluciona en las siguientes semanas porque el poner una minipelícula semanal es un desafío, sobre todo teniendo en cuenta que el ritmo y el tono no están acordes con las series que suelen llevarse la audiencia de calle pero desde mi punto de vista, aprobaron con nota.
Los Oscar marcados por la televisión: ‘Slumdog millionaire’ y ‘El desafío’
Qué casualidad. Anoche vi la película y hoy me despierto con la noticia de que ha arrasado en los Oscar (ha ganado ocho). Yo es que soy como el Príncipe, que doy suerte. Pero a lo que iba, me llama la atención que se venda la historia como que está basada en Quién quiere ser millonario. No os dejéis engañar por las promociones, el concurso es el contexto y la excusa para contar una historia de amor y de aventuras que saca a la luz todas y cada una de las miserias de la pobreza. La película me ha gustado mucho porque transmite un equilibrio perfecto entre la fábula y la realidad, el cuento de hadas y el documental más duro. Tres niños sin infancia nos llevan por un desolador paisaje de pobreza, marginación y supervivencia. A pesar de esto, salí de la sala esbozando una sonrisa. La televisión tiene un peso ineludible a la hora de contar la historia pero como opio del pueblo, que dicen, y el concurso podría haber sido cualquier otro de preguntas y respuestas.
En el caso de El desafío: Frost contra Nixon, la televisión sí que juega un papel protagonista. El medio, su utilización por unos y por otros para el progreso personal, el éxito y el fracaso, la perversión de las grandes cadenas…,. Un panorama en el que la televisión es un medio corrupto que se utiliza como arma, como gran escaparate mundial, para construir y destruir realidades. Hay uno de los personajes que persigue hundir a Nixon y que en un momento de la película confiesa que desconocía el poder del plano corto para borrar todo lo demás. Un minuto puede dar al traste con lo conseguido en todos los minutos anteriores. El poder de la televisión como elemento transformador de la realidad, su carácter efímero y la gloria que comporta son elementos esenciales en este duelo. El trasfondo político no es lo de menos, claro, pero se llega a la conclusión de que, de haber salido este desafío de otra manera, la historia que estudiamos hoy sería muy distinta.
Por cierto, que Penélope Cruz ha ganado, pero a quién le importa.
Grandes de la televisión: Pep Plaza, el hombre de los mil cuerpos
Ya era hora de que le dedicara un espacio en el blog a este gigante llamado Pep Plaza, llegado de tierras catalanas para hacernos entender ese maravilloso arte de la imitación. Su capacidad física para meterse en la piel de otros me tiene alucinada y, al mismo tiempo, me asusta: es casi un ultracuerpo. Que se lo digan, si no, a Jordi González.
Ya no es que haga los mismos gestos, es que se atreve a decir lo que a todos nos parece que piensa el personaje y, en general, hace una crítica directa de los contextos que parodia.
Pep Plaza se dedica a la radio y al teatro, pero sus contadas apariciones en televisión convierten en clamor popular la necesidad de que gente con una capacidad como la suya tengan más minutos. Actualmente trabaja en Crackòvia y en El Club (TV3), aunque también colaboró en Réplica (Telecinco), y Homo Zapping (Antena 3). El vídeo de arriba es de Buenafuente, que sabe rodearse de gente muy buena.
En El Club, imitando a Jordi Pujol con Jordi Pujol. No hace falta entender el catalán, sólo hay que tener capacidad de sorprenderse.
Imitando a Matías Prats y haciendo bromas con el asunto del banco.
Haciendo un qué pasaría si determinados personajes se presentasen a Eurovisión.
Lo que más me gusta es que, sí, caracterizado, da el pego, ¡¡pero sin maquillaje también!! Si tenéis Facebook, podéis haceros fans de este genio, que ya somos legión pero queremos ser más. ¡Que alguien le dé a este hombre el altar que merece!
Doctor Mateo levanta el vuelo
Series de descontextualización del personaje principal las hay a patadas. Pongamos dos ejemplos: la afortunada Doctor en Alaska y la desafortunada Men in trees (en los dos ejemplos la radio es un vehículo de comunicación esencial y salía un animalito de compañía; en Doctor Mateo también). Es decir, que con este planteamiento se pueden hacer cosas mejores y cosas peores, y de este planteamiento inicial tira Doctor Mateo (la he visto en la web de Antena 3, así mañana por la noche puedo irme al cine tranquilamente).
BobPop y Anómalo tuvieron la suerte de verla en DVD y a ellos les ha gustado. Como la opinión de estos dos caballeros suele ser referente para mí, mi buena predisposición hacia Doctor Mateo iba aumentando (ya me había gustado el aspecto de la producción que se veía en las promos), y eso siempre influye en la perspectiva final.
Gonzalo de Castro está muy bien. Su tino en la comedia le hace dibujar un personaje absolutamente equilibrado. El reparto que le acompaña está muy bien escogido y le hacen de un séquito más que decente. No esperéis ver un grupo de pueblerinos impresionados ante la magnificencia de un nuevo médico llegado de Nueva York, al contrario y ahí está la gracia, a nadie le impresiona el médico y nadie le trata como si fuera especial. La presentación de personajes me ha parecido buena. Con recursos sencillos y pequeños conflictos se dibuja un mapa que en principio podía ser más complicado, con tanto personaje y tan diferente.
Los pilotos son complejos y este, tan serio y tan medido, puede encontrar en esa virtud su principal desventaja porque me parece que en conjunto le falta intensidad. El conflicto existe, pero tarda demasiado en llegar para mi gusto. Las tramas en un entorno tan cerrado se ven venir, eso es inevitable, depende del tino que tengan en su desarrollo. Eso sí, se aleja del costumbrismo al que estamos tan acostumbrados y eso me gusta, pero últimamente lo que me gusta mí no le gusta al grueso de la audiencia.
La producción está muy cuidada. El patrocinio de Asturias se nota, para bien, en los exteriores, los interiores flojean, como la mayoría de las veces en las series nacionales, pero sabiendo las pegas de presupuesto que hay tampoco se puede pedir mucho más. Se agradece el esfuerzo, eso sí, porque se nota que en todo momento han intentado huir de los lugares comunes.
En resumen, que aceptamos barco. Quizá el desarrollo peca de excesiva lentitud en la llegada del detonante. El tabernero, con un acento forzado, no me termina de gustar. Gonzalo de Castro, Alex O’Dogherty y Esperanza Pedreño están muy bien. Me gusta el aspecto de la serie y le veo posibilidades. A ver cómo va mañana.
Águila Roja arrasa y yo me aburro
Está claro que no estoy en consonancia con el universo porque a mí Águila Roja no me ha gustado pero en el estreno de anoche la siguieron más de cinco millones de espectadores. La katana de marras dejó tocada a la competencia.
El principal problema para mí es que la serie no me resultó en absoluto entretenida y las historias que me querían contar no me interesaban en lo más mínimo. Poco interesada por el fondo, los defectos de forma me hacían daño en los ojos. Podría agradecer el intento de hacer algo diferente pero es que en realidad no me parece diferente a nada. El envoltorio no es el habitual, eso es cierto, pero es un envoltorio para mí poco atractivo y mal hecho. Si quitamos paja y le sumamos unos siglos, tenemos una taberna, unos amigos y los niños. El amor, un pasado poco edificante a priori y una conspiración.
El rosario de incoherencias es largo, que cada cual apunte la que más le guste si quiere. Lo de tener un ninja de protagonista habría dado, para mi gusto, más juego en un comedia, como en Un yanki en la corte del Rey Arturo (novela primero y peli después). Claro que si hubiésemos tenido comedia sólo no habría habido dramedia, que es el género que causa furor. Las incoherencias históricas están y a mí me molestan, claro que hay gente que argumenta que esto es sólo una serie y que no hay que tenerlas en cuenta. Desde mi punto de vista, si el contexto histórico no es importante, ¿por qué se gastan la pasta recreando el siglo XVII? Si la hubieran colocado en el siglo XXV nadie habría hablado de errores de bulto y para ellos el resultado habría sido el mismo. Claro que el Siglo de Oro tiene mucha enjundia, pero ¿dónde está esa riqueza en Águila Roja?
En el apartado de interpretaciones no puedo dejar de mencionar a Francis Lorenzo y esa logia de pacotilla con mesa de cartón. En el apartado de guión, que el personaje de Javier Gutiérrez se defina a sí mismo como un «ordenador personal» me resulta alucinante. Los efectos digitales están bien, pero absolutamente descompensados con el resto de la producción. En general, las mujeres enseñan cacho todas (igual les viene por contrato), y para ser justos hay que decir que Francis Lorenzo también enseña carne. Los especialistas están tan bien que resulta inverosímil pensar que cualquiera de los actores es capaz de hacer esas cabriolas. Y dicen los que saben que los ninjas son japoneses, no de China.
En fin, decid la vuestra. Yo no doy más de mí, pardiez (¿habéis visto?, con una palabra os he trasladado de siglo).
Nacho Abad, el monstruo del armario
No he podido evitarlo. Me ha venido a la memoria un recuerdo de mi infancia. Hace un siglo Danone regalaba unas tonterías que te salían en las tapas del yogur y había una tarjetita que tenía un palíndromo (frase o palabra que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda); «Dábale arroz a la zorra el abad». Qué cosas, ahora ese palíndromo cobra relevancia porque el papelón de Nacho Abad, acompañado de una audiencia brutal, se lee igual lo mires por donde lo mires: es un fracaso de la televisión.
Lo comparan con Nieves Horrores Herrero y su personificación del crimen de Alcàsser, pero el tal Abad también se ha adentrado en las procelosas aguas de pasado, con incisivas preguntas como podéis ver en el vídeo de arriba. Este señor se ha retratado a sí mismo, sólo hace falta leer cositas en Internet, que ya sabéis que es un arma que la carga el diablo. En esta entrevista declaraba:
«Yo obvio tener que abordar temas sobre pederastia porque me producen demasiada repugnancia (…). Para hablar de sucesos hay que manejar bien la terminología y es necesario tener formación en derecho penal. Yo he hecho un curso con el Consejo General del Poder Judicial prolongado en el tiempo para poder saber de lo que hablaba y hacerlo con exactitud. Me parece que el periodista debe ser riguroso y yo en lo mío intento hacerlo».
No es necesario sacarse el carné de inspector Gadget para encontrar perlas como ésta. El tipo es periodista y me gustaría saber qué tiene que pasar para que un profesional, del ramo que sea, decida dar el salto al vacío que ha dado Abad. Ponerse en la picota de forma voluntaria tiene que estar muy recompensado, de lo contrario lo entendería aún menos. Ya venía haciendo méritos en el programa de Ana Rosa pero desde que se estrenó en solitario cada semana ha sido una muesca más en la culata. Ahora mismo no hay nada peor que encontrarse frente a frente a este señor. Eso sólo puede significar que algo malo ha sucedido y es que se las ha arreglado para convertirse en la encarnación del crimen, en su voz, en su cara más miserable.
Cuando sucedió el crimen de Alcàsser todas las cadenas de televisión removieron cielo y tierra para situar sus programas en la órbita de los más vistos aprovechando la sordidez del crimen. La Horrores Herrero abanderó la causa a nivel nacional pero en Canal 9, por ejemplo, salíamos a especial semanal como mínimo, con debates con «expertos», el padre de la criatura y demás. De aquellos polvos salió algún que otro figura que consiguió dar un efímero salto de lo autonómico a lo nacional. Supongo que recordaréis la galería de personajes.
Traigo aquello a colación porque me parece que ahora está pasando algo parecido pero amplificado porque hay más cadenas nacionales y existe Internet con sus redes sociales (acabo de santiguarme tres veces). Abad es la cara deformada de toda esta realidad, pero no es el único. La Horrores Herrero pagó cara su entrega al crimen, ¿pasará lo mismo con Abad? La Fiscalía de Sevilla ha tomado cartas en el asunto y va a ponderar todas las intervenciones de menores en televisión relacionadas con el último caso (el vídeo está pero me abstengo de ponerlo porque me parece asqueroso). Apoyan a la Fiscalía la Asociación de Prensa de Sevilla y el Defensor del Menor.
Me parece muy bien, señores, pero que los árboles no les impidan ver el bosque. Les apunto dos cosas para que, si les parece, consideren la posibilidad de incluirlas en sus diligencias:
- Se prepara una miniserie sobre el caso. Espinoso asunto. Quizá el telón de la ficción favorezca el tratamiento, pero quizá deberían echarle un ojo, más que nada porque al final todo termina siendo televisión que se aprovecha de un morboso crimen de una manera u otra y aunque no haya delito, el papel que ustedes han asumido es el de garantes de la integridad de los menores así que una supervisión es prácticamente obligatoria.
- Reality con menores de entre 14 y 16 años en Antena 3. Las palabras «reality» y «menores» en una misma frase son espeluznantes. Dicen de él que es un «coach» positivo pero en su mano está garantizarlo.
No es que opte por la vigilancia pero está claro que las cadenas son incapaces de autorregularse. Mientras esto no pase creo que es necesario que alguien revise los contenidos de vez en cuando y dé las directrices necesarias para que no se vulneren los derechos de nadie. Así y todo el tema es complicado y estoy dispuesta a cambiar de opinión si me convencéis, que para eso tenéis los comentarios.








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