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‘Salvados’ sin humor, periodismo puro
¿Voy a hablar todos los lunes de Salvados? Pues es posible. Como el programa siga así no voy a tener más remedio. Habrá quien piense que soy una pesada, que me pierde mi lado fan, quien se aburra de tanta actualidad bien contada pero, sintiéndolo mucho, creo que Salvados es uno de los mejores programas de la tele nacional, si no el mejor, y, qué caray, éste es mi blog y lloro si quiero.
El programa de anoche es para enmarcar, para revisar, para temblar ante tanta claridad. La habilidad de Jordi Évole para afrontar entrevistas complicadas ya la he comentado otras veces, las virtudes del programa también y no voy a repetirme. La novedad de esta última entrega centrada en el conflicto vasco (expresión que no me parece acertada, por cierto, porque creo que es un problema que afecta a todo el país y no sólo a una parte), fue que el tema se trató sin humor. No hubo ni un chiste, ni un chascarrillo, ni una gracia fuera de lugar. Aún así, pese a la seriedad con la que el equipo del programa enfrentó el asunto, la espontaneidad de Évole, su franqueza, su osadía al hacer las preguntas que nadie se atreve a hacer, hicieron que el Salvados de anoche se convirtiera en una especie de road movie en busca de unas respuestas que supo encontrar, contar y mostrar sin ningún tipo de partidismo, o eso me pareció a mí. ¿Es o no es periodismo del bueno?
Espero que ninguna de las partes que intervinieron se sientan maltratadas. En casos así es fácil que alguien diga que se siente engañado o que se han manipulado sus palabras. A mí me pareció que todo el mundo habló con claridad y franqueza, cosa que es de agradecer, y nadie salió ni mejor ni peor parado. También espero que no se acuse de nada a Jordi Évole como aquella otra vez en la que entrevistó a Otegi y se le acusó de haberle reído las gracias y de haber sido complaciente. Es fácil que, cuando se tratan temas como éste, la defensa sea matar al mensajero. Por otro lado, Évole suele aceptar las tortas de una manera muy cristiana. No es que ponga la otra mejilla pero no suele enfangarse en debates estériles ni en polémicas ridículas. Él luego hace un programa y deja las cosas en su sitio. Su mejor defensa es su trabajo.
Me gusta que no presuma de exclusivas, me gusta que haya gente que confíe en Salvados para contar su verdad, verdades que normalmente no saltan a los medios generales quién sabe por qué (vena conspiranoica en modo «on»), me gusta que haya más de un millón de espectadores fijos dispuestos a ver la realidad de las cosas desde la pluralidad y me gusta que se haga buena televisión sin artificios. Todo sería más sencillo si siempre fuera así.
A estas horas aún no han salido las audiencias pero preveo otro buen dato, como tiene que ser. Y la semana que viene, análisis de la visita del Papa. Supongo que ya toca alguna broma para destensar pero tendrá miga, seguro.
Por cierto, qué lío con las tildes. Sigo anclada en las viejas costumbres y me va a costar lo mío acostumbrarme a guion, solo y al resto de novedades.
Los mineros chilenos llegan a Antena 3
Antena 3 ya promociona para su prime time del jueves un especial con algunos de los mineros chilenos. Supongo que esperan quedar por delante de Águila Roja y de Gran Hermano. El programa se va a llamar Operación Chile: la voz de los mineros, y a estas horas en la web de la cadena no se ofrece información alguna del programa, quizá porque aún no sepan a ciencia cierta cómo gestionar semejante oportunidad. Aquí dicen que la entrevista la van a realizar «destacados profesionales de la cadena» y que Cuarzo (la productora de Ana Rosa), anda metida en el ajo. No me digáis que no es para echarse a temblar.
También dicen en esa noticia que el caché que recibirán los entrevistados se repartirá entre las treinta y tres víctimas del encierro, cosa muy loable y que no pongo en duda, sobre todo después de escuchar anoche el discurso de uno de los mineros en El Larguero (pegaba la cosa porque este señor fue futbolista). Yo sólo espero que estén bien asesorados y que sean conscientes de que la denuncia social que articulan, enfocada a la empresa gubernamental que autorizó la apertura de la mina sin condiciones de seguridad, a los de Antena 3 se la trae al fresco y a muchos de sus espectadores también.
Es muy triste, o a mí me lo parece, que lo que realmente interese escuchar de todo esto sean las penurias, los dramas. Espero que los mineros estén realmente preparados para darse cuenta de que su discurso de fondo, la reivindicación social del colectivo, va a ser difícil de expresar en el contexto de un plató de televisión. Sobre todo pensando que Antena 3 aún no ha dado nombres de los entrevistadores. Claro que sería genial que este espacio se coordinase desde los informativos de la cadena pero no, ha recaído en manos de Cuarzo y eso hace que me tema lo peor. Espero equivocarme.
No voy a tener estómago para ver el programa, lo reconozco. Me esperaré a ver los comentarios de los espectadores, miraré fragmentos en YouTube, pero verlo en directo me haría sufrir por el trato que puedan recibir estas personas, hasta ese nivel dudo de las ¿buenas? intenciones de Antena 3. Es que no lo ponen fácil para confiar: Cuarzo anda metida en el asunto, lo programan contra los espacios más solventes de la competencia, a dos días siguen sin decir nada concreto en su web…, no es para pensar que va a ser el programa digno que estos trabajadores se merecen y, si no van a hacer ese programa, yo no quiero verlo.
‘360 grados’: el giro de Samanta Villar y de Cuatro
El título es aún provisional, 360 grados, pero parece que se confirma que el nuevo programa de reportajes de Samanta Villar en Cuatro tendrá como objetivo mostrar el lado más personal de personajes relevantes del momento. Dicen que ha estado grabando a Francisco Rivera y sí, es cierto, es un personaje muy relevante (ironía off). ¿Quién más estará incluido en la lista de invitados del programa? Aventuraré posibilidades: ¿algún científico que esté realizando avances en la lucha contra el cáncer? No sé, quizá sea más propio seguir a un cirujano plástico, por ejemplo, más impactante. ¿Acompañar al ganador del premio Planeta? No sé si a los de Antena 3 les haría mucha gracia. Cualquiera que salga en una revista del corazón parece tener posibilidades.
No es por ponerme exquisita pero me da que Cuatro intenta hacer su perfil de famosos siguiendo la estela de lo chic. Un tratamiento cuidado, respetuoso, humanizado, pero famosos al fin y al cabo. Ahí tenemos Tu vista favorita, el programa que presenta Nuria Roca en el que personajes conocidos presentan su lugar preferido. Todo es muy estético en este programa y, para mi gusto, peca de excesiva frialdad, pero es un ejemplo de cómo presentar al personaje conocido en un contexto distinto, alejado del acoso rutinario y de las preguntas incómodas. Parece ser que pillaron al equipo de Samanta Villar grabando una de las corridas de toros de Francisco Rivera y eso me recuerda al «Desmontando a Paquirrín» de Sé lo que hicisteis…, aunque sin señor que huele a vino.
Ni se me ocurre insinuar que esta tendencia al cuidado del personaje conocido tenga nada que ver con la fusión con Telecinco, qué va, seguro que no. No y no, yo no he dicho tal cosa. Puede que la piense, pero no la he dicho. Como estrategia no está mal, ¿verdad? Mientras en un sitio destruyen una imagen, en el otro la recomponen en una suerte de comensalismo televisivo. Quizá este toque elitista le siente bien a Cuatro porque sus anteriores intentos de jugar con los personajes no les salieron demasiado bien. La videoteca de la cadena está llena de espacios que no llegaron a consolidarse en la sobremesa, por ejemplo, y que seguían la tónica del reporterismo histérico.
Los famosos en Cuatro han probado suerte en espacios tan diferentes como Saturday Night Live o Nos pierde la fama; triunfan en las entrevistas promocionales de El hormiguero pero aquí se habla poco de la persona que hay tras el personaje; y tuvieron sus tiempos de gloria en Password pero el concurso anda de capa caída. En líneas generales estos son los intentos que ha hecho Cuatro en su tratamiento del famoseo. Realmente sólo les queda un formato más personal como éste 360 grados para intentar meter la cabeza en un universo tan jugoso y tan rentable en audiencias para otros. ¿Qué pensáis? ¿A la enésima irá la vencida? Yo creo que Samanta Villar es un gancho inigualable y que si continua en su estilo de aportar su supuesto punto de vista puede dar la sensación de que es el espectador el que está junto al personaje conocido y eso, indudablemente, da muchos puntos. Si es así no creo que se convierta en mi espacio favorito pero tiene números para ser un éxito.
‘El hormiguero’: incendios y bombas
Hoy voy con un chascarrillo de El hormiguero. No sé a ciencia cierta, nunca mejor dicho, si es verdad porque sólo he encontrado la noticia en El Mundo pero el asunto me ha hecho cierta gracia, creo que podría llegar a convertirse en una magnífica leyenda urbana y aquí os lo traigo, para que luego no digáis que no os cuento cosas con chicha.
Érase que se era el programa seiscientos de El hormiguero al que tenía que ir a divertirse Elsa Pataky, pero como tuvo problemas con el vuelo apareció por allí Peter Coyote. Yo creo que la Pataky ya se olía el percal, seguro. El programa del miércoles se emitió como si nada pero, según parece, los ensayos del experimento de Flipy terminaron como el rosario de la aurora, con un técnico del equipo científico ingresado en el hospital a causa de las heridas en un brazo que fueron provocadas por el estallido no intencionado de siete vasos.
El estallido de los vasos provocó además una llamarada considerable y el ruido del fracaso absoluto del experimento, similar al de una bomba, alertó a los cuerpos de seguridad del Estado, que ya estaban mosqueados porque el día anterior había habido una amenaza de bomba en las cercanías del plató, y se montó un despliegue de película que al final quedó en nada, sí, pero el susto debió de ser de órdago para todos.
Supongo que el experimento planteado tenía como objetivo ser especialmente espectacular por aquello de que era el programa seiscientos y ya hay quien cuestiona este tipo de contenidos en un programa de televisión. Si esto llega a pasarles en directo habría sido la bomba, nunca mejor dicho, equiparable al día aquel en el que Pablo Motos casi se ahoga en corchopán o a ese otro en el que le quemaron el pelo a Boris Izaguirre. Mi ignorancia en la materia me impide saber si los experimentos que hacen a diario son realmente peligrosos. Ellos dicen que sí, claro, pero es que siendo para un show televisivo sería absurdo que dijesen que lo suyo son juegos de niños. Lo cierto es que lo del miércoles, de ser verdad, se les fue de las manos.
Por suerte el asunto no pasa de ser una anécdota que ha trascendido más de la cuenta por toda la movida policial y, deseándole lo mejor al técnico científico que resultó herido, sí que pienso que a veces el espectáculo televisivo está por encima de demasiadas cosas. A estas alturas del partido en El hormiguero ya no pueden hacer experimentos con gaseosa porque la sección perdería credibilidad. En esto pasa como con el corazón: dicha una burrada, sólo vende otra burrada de mayor calibre con lo que el crecimiento exponencial del tema termina llegando a cotas demasiado elevadas. Si todos los invitados fueran como Will Smith cualquier experimento resultaría porque la reacción del invitado es casi tan importante como lo que se demuestra, pero eso es algo que no pueden controlar. Hay gente menos divertida que otra, qué se le va a hacer. Pero si además tampoco pueden controlar los experimentos, apaga y vámonos. Sea como fuere, no me gustaría estar en el equipo científico del programa porque entre la presión por mejorar la calidad del show, el peligro inherente a las propuestas y las posibilidades de un fracaso absoluto en directo, la presión no tiene que ser nada divertida.
Boris Izaguirre, publientrevistas
He visto dos entrevistas y media del programa Humanos y divinos que presenta Boriz Izaguirre los lunes por la noche en La 1: la de Álex de la Iglesia, la de Marta Sánchez y un trozo de la de Santiago Segura; y he tenido más que suficiente. No termino de encontrarle la gracia a las entrevistas: no me gusta el entorno, no me gusta cómo lo hace Boris Izaguirre y no me gusta que todo el programa esté editado al extremo, quitándole la poca naturalidad que pudiera tener.
Me interesaba especialmente la entrevista a Álex de la Iglesia pero Boris no consiguió articular nada decente. De la Iglesia respondía una cosa y Boris preguntaba otra totalmente distinta. Luego he visto que ésta es la dinámica habitual. Con su sonrisa perenne y esa dosis parece que obligatoria de buen rollo, Boris no escucha al entrevistado. Parece más concentrado en recordar la siguiente pregunta que en averiguar realmente que hay más allá de un guión que pretende ser profundo pero que, con la ausencia total escucha activa, se convierte en una cursilada, cursilada que se eleva al cubo si se enmarca en el plató que tienen.
Ayer Santiago Segura decía que el plató de Humanos y divinos parecía la casa de Gran Hermano porque las cámaras están ocultas detrás de los espejos de las paredes, y no le falta razón. Predomina el blanco nuclear y los sillones rococó son morados. Tanto blanco me recuerda a Lo + plus y las entrevistas que hacían en ese programa que, pese a ser promocionales también, eran mucho mejores. Incluso Buenafuente hace entrevistas promocionales todas las noches pero las suyas, al menos, aparentan ser más espontáneas. Nada que ver con las de Sé lo que hicisteis, a las que les falta escucha activa. En la entrevista de Boris a Álex de la Iglesia los sillones estaban enfrentados de perfil y ambos se pasaron todo el rato removiéndose para encontrar una postura cómoda. Anoche los sillones ya habían vuelto a su posición natural pero el resultado no mejoró demasiado.
Si a todo esto le sumamos que el programa está editado a más no poder me quedo con la sensación de un quiero y no puedo que ni la edición puede solventar. Quieren hacerlo todo tan blanco que no hay asomo de mala leche, no hay preguntas incisivas y, por supuesto, ni siquiera se busca una respuesta. El principal problema se lo veo a Boris Izaguirre, que está demasiado estirado todo el rato, como queriendo contrarrestar la imagen que ha dado otras veces. No digo yo que no sea un intelectual pero le falta mucha personalidad. No es cuestión de que se baje los pantalones otra vez pero algo de relax es necesario y sobra ese pretendido glamour. El día que entreviste a Carmen Lomana el choque de trenes va a resultar insoportable.
Mariló Montero, esa fiera
Si tuviese que escoger entre Ana Rosa Quintana, Susana Griso o Mariló Montero lo tendría claro, muy claro. No soy espectadora de ninguno de estos magacines pero, quiera o no, siempre he visto trozos diseminados y la única que me engancha es Mariló. No es ya cuestión de contenidos, que también, es que su estilo personal me resulta muy atractivo. Si habéis algo de Las mañanas de La 1 sabréis a qué me refiero: además de su naturalidad, Mariló es más basta que un arado. Y lo digo sin mala idea, ¿eh?, que me gusta mucho ese tono arreglado pero informal que se gasta, siempre impoluta y perfecta pero con unas maneras rudas que hacen que el contraste me resulte muy interesante.
Mi hora de café en el bar al que voy (allí siempre la tienen sintonizada), suele coincidir con el momento licuadora. Esto es, cuando se ponen a hablar de zumos sanos y, teniendo una muestra hecha en una jarrita mona, Mariló se embarca en la tarea de repetir la gesta. No falla, sus zumos nunca se parecen a los de la jarra, nunca. Ni en textura, ni en color y no me atrevería a comparar los sabores, con todos mis respetos para la buena voluntad que pone Mariló en la tarea. En el vídeo de arriba podéis ver sus desastres en la cocina, que también son de antología, y en Sé lo que hicisteis más de una vez han sacado los desplantes que le hace al entrañable doctor Gutiérrez, ese señor que pensó que tras el despido de Torreiglesias tendría un programa propio pero que se ha quedado con las ganas. Y eso sí, no aptos para los sensibles son los bailes, ridículos por definición y ya, diría yo, una imagen de marca.
Mariló Montero tiene saber estar, guarda la compostura cuando es necesario y sufre y disfruta con lo que cuentan. No es capaz de pasar de la risa al llanto sin transición, como hacen otras, y eso le honra. Se nota que está a gusto con lo que hace y sus colaboradores le siguen el juego y se dejan sorprender por las salidas de Mariló, que tiene para todos. No le hacen falta grandes tertulianos ni un partenaire con el que compartir el protagonismo: la estrella es ella y se lo merece.
A pesar de todo esto, o quizá por ello, las audiencias no acompañan al espacio, que no consigue liderar en su franja y a menudo aparece en la lista por detrás de Susana Griso. La reina de las mañanas sigue siendo Ana Rosa. Supongo que hay cosas difíciles de cambiar y parece que en La 1 no están dispuestos a optar al liderato a cambio de cualquier cosa. Claro que tienen corazón y carnaza, pero cuidadosamente dosificado. Abundan en ciertas tragedias, sí, pero el programa no gira en torno a ellas. De hecho a mí me parece el magacín más purista de todos en cuanto a formato pero eso parece que ya no se lleva. Una pena.








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