‘A ver si llego’ no ha llegado

No es un secreto que A ver si llego no me gustó nada, me pareció que no habían invertido lo suficiente en la producción y no me identifiqué en ningún momento con esas historias de la crisis. Después de seis capítulos emitidos y de tener diez grabados Telecinco ordenó ayer paralizar la grabación de la serie tras haberla retirado del domingo sutituyéndola por Aída (sí, otra vez), para intentar hundir a Doctor Mateo.

Pese a todo, no me gustan las cancelaciones y no me alegro cuando algo se va al garete. Prefiero que se emitan cosas que funcionen aunque a mí no me gusten, como Águila Roja (otra vez cinco millones de espectadores la ensalzan a un liderazgo indiscutible). Pero qué se le va a hacer, ya sabemos que la tele funciona a base de ensayo-error.

En el caso de A ver si llego yo creo que tendrían que haber hecho un planteamiento diferente del asunto pero de los errores también se aprende. Desde mi punto de vista ofrecían una imagen de la crisis económica muy exagerada y quizá demasiado naturalista, con personajes egoístas y con poco lugar para el optimismo. A pesar de ser una comedia, había poco lugar para la risa en un fresco muy simplón y poco amable, con una galería de personajes agobiados, humillados y presionados. Es difícil que un espectador disfrute ante semejante panorama. Quizá si no hubiesen recurrido a la coralidad les habría resultado más fácil encontrar un punto de fuga a las historias, un contraste y una lectura diferente, pero la coralidad parecía inexcusable (les funcionó en Aquí no hay quien viva, pero eso no quiere decir que ese recurso vaya a servir siempre y para todo). En el caso de A ver si llego parecía que la crisis lo modelaba todo y los personajes tenían poco margen de maniobra.

Con unas tramas poco potentes y unos personajes sin historia, el escenario cobra dimensión. En mi caso, si los personajes no me interesan me dedico a mirar detrás y los decorados eran tristes. Ya sabemos que en las comedias de situación los decorados y la iluminación sólo sirven de marco, pero en este caso ese marco corroboraba la impresión de falta de rumbo, de realidad extraña por parcial, de ambiente de opereta. ¿De verdad querían que nos tomáramos en serio sus historias de la crisis con unos panaderos vestidos con un uniforme surrealista?

En fin, que la propuesta podría haber tenido su interés pero con tanta contradicción y con tanta intencionalidad edificante se han quedado a medias y no han conseguido comunicarse con los espectadores. Otra vez será.

27 febrero 2009 at 09:13 23 comentarios

Telecinco pierde en target comercial

Antes que nada, ahí va una aclaración: el artículo que me ha llevado a escribir esta entrada lleva como titular la frase ‘Los «ricos» cambian de canal‘, un titular muy efectista y llamativo, sí, pero que está muy lejos de la realidad que analiza. No estamos hablando de ricos, ni siquiera de «ricos». El target comercial se refiere a los espectadores con capacidad de consumo a los que yo no sé si llamar consumidores o consumistas, pero la filosofía la dejamos para otro día. En términos neutros: espectadores de entre 13 y 55 años que viven en poblaciones de más de 10.000 habitantes (no incluye a los pobres). En resumen: todos aquellos a los que se les supone capacidad económica que puede ser susceptible de dejarse guiar por la publicidad a la hora de adquirir productos.

El target comercial es una reducción del target general, más específico, y su nivel es el que marca el precio de los anuncios, así que a mayor target comercial, más ingresos en publicidad. Digamos que la cadena se torna más interesante para los anunciantes en función del aumento del target comercial, de ahí su importancia.

La pérdida de audiencia de Telecinco en los últimos meses ha supuesto una pérdida considerable de ese target comercial, que ha ido a parar sobre todo a las cadenas temáticas. Curiosamente, las cadenas temáticas se caracterizan por emitir menos publicidad y en corte previsibles para el espectador. Acabáramos, lo que nos pasa a los espectadores es que no queremos ver anuncios. ¿Cómo se nos ocurre?

Recuerdo hace años, cuando una cortinilla de la cadena o una autopromoción significaba que el corte llegaba a su fin (he grabado mucho en vídeo y era entonces cuando le volvía a dar al «rec»). Ahora esas cortinillas se encadenan con más anuncios y el corte puede volverse eterno. También tenemos los contadores de minutos que muy amablemente informan del «volvemos en cinco minutos», y lo dicen como si cinco minutos fuera una medida de tiempo pequeña pero en realidad en televisión se vuelve eterna. Tenemos la pantalla compartida, que a mí me saca de quicio, o los cebos tipo «sólo durante la publicidad sabrás qué le dijo Nides a Paula». Y a mí qué me importa, ya lo veré mañana en YouTube.

Las cadenas siguen haciendo oidos sordos a Internet y siguen la estrategia del avestruz: si no lo veo, no existe (por cierto, esto del avestruz parece que es una leyenda urbana). ¿No se dan cuenta de que gran parte del target comercial que tanto ambicionan se les va a Internet por la mala gestión que hacen de su publicidad? Es cierto que a estas alturas ya nadie apaga la tele, la dejamos puesta y nos ponemos con el ordenador donde pasan las cosas como y cuando queremos pero el sofá sigue siendo un lugar más cómodo que la silla de un escritorio, aunque el invento del P2P va mejorando las sillas de oficina. Una situación en estado de cambio constante del que las cadenas generalistas parece que se quedan fuera por decisión propia. Cuando la tecnología generalice el uso de los PVR habremos dado un paso más en nuestra batalla por controlar qué vemos en televisión. Aunque parezca que no, yo creo que llevamos las de ganar.

26 febrero 2009 at 09:06 12 comentarios

Eurovisión, el castañazo

Vamos hoy con los dobles sentidos. Castañazo el que se pegó el señor del vídeo (y no fue el único); castañazo en audiencias que han terminado comprimiendo en una las dos galas que quedaban; castañazo para Melody, a la que han abandonado sus gorilas Vivancos porque no asumen las deficiencias de realización que les tocó capear en su actuación para la candidatura.

El año pasado el invento se llamó Salvemos Eurovisión y este año han tenido a bien titular el esperpento como Eurovisión: El retorno. Quizá alguien creyó que el éxito del año pasado se debió a un inusitado y renovado interés por el Festival, parecía que cual Ave Fénix había renacido de sus cenizas pero más bien, me parece a mí, la fiebre duró tanto como un merengue a la puerta de un colegio.

Dicen las malas lenguas que la culpa la tienen Chikilicuatre y El Terrat y, en cierta manera, creo que hay parte de razón en esa afirmación. Conste que no soy eurofan pero sí que soy «Chikilicuatrista» así que mi seguimiento del certamen del año pasado vino de la mano del invento de El Terrat y murió cuando Rodolfo colgó la guitarra. Supongo que soy una de esas espectadoras efímeras que no interesan a Televisión Española porque, viendo el éxito del año pasado, podrían haber intentado seguir el camino de hacer metatelevisión, pero han optado por volver a lo tradicional, dejando huérfanos a los que, como yo, el año pasado optamos por la diversión y la risa.

He leído de todo acerca del Festival y lo más imponente, un ataque directo a la yugular, es este titular: ‘TVE quiere terminar con los clichés y la caspa de Eurovisión’ (noticia completa en el Diario de León). Caray, si Chikilicuatre levantara la cabeza se llevaría una desilusión, con lo majo que fue el hombre, que aguntó carros y carretas y consiguió finalmente un posición mejor que la de otros representantes anteriores más serios. En fin, agua pasada no mueve molino, dicen, pero lo cierto es que sólo nos acordamos de Rodolfo cuando truena y las cifras de audiencia de este año están haciendo un eco de lo más escandaloso.

No digo yo que este año tendrían que haber intentado repetir el asunto (no creo que les hubiese salido), pero igual habría estado bien quitarle trascendencia al evento, enfocarlo más desde el humor y dejarse de repetir resortes del pleistoceno televisivo. Podrían haber aprovechado el tirón para introducir variaciones que situasen el programa en el siglo XXI pero qué sabré yo, que opino como espectadora pero de Eurovisión no sé nada. Igual lo que tienen montado este año, o desmontado, es el camino perfecto al triunfo; o puede que en realidad no les interese lo más mínimo ganar pero no tienen narices para abandonar el certamen pero, como digo, qué sabré yo.

25 febrero 2009 at 08:08 12 comentarios

Pelotas es una buena tragicomedia

Disfruté anoche viendo el estreno de Pelotas, la serie de Corbacho y Cruz que por fin ha encontrado un hueco de emisión. No sé cuánto tiempo llevará la serie dando vueltas por cajones pero si situan la síntesis del proyecto en el rodaje de Tapas (2005), podemos supones que durante cuatro años han estado peleando porque alguien apostase por el producto. De hecho, estuvo un tiempo en manos de Antena 3, que terminó rechazándolo, y finalmente se lo quedó La 1.

Después de haber visto el episodio ya podemos afirmar que efectivamente tiene muchas de las cosas buenas de Tapas (gran parte del reparto, por ejemplo), y mejora la película en un aspecto esencial: la coralidad. En Pelotas hay un nexo común más allá del barrio, el club de fútbol, que es lo que aglutina las tramas y lo que conduce la acción. La solución me parece que funciona y que sirve para enmarcar a la perfección a todos los personajes.

La producción se nota muy trabajada, con muchos exteriores y con interiores mimados al extremo. Me gustaría saber cuánto duran los capítulos. Viéndolo anoche yo diría que emitieron un dos por uno y, si fuera así, supondría que la duración por capítulo sería de unos cuarenta y cinco minutos, todo un logro para una serie nacional, aunque luego a la hora de la verdad hagan un corta y pega para rellenar el prime time. En Antena 3 hicieron lo mismo con Doctor Mateo el domingo. A ver cuál es la primera cadena que recorta el prime time, que le damos un premio. Es una medida urgente que servirá para sanear la ficción nacional y dotarla de nuevas posibilidades. La producción y los guiones mejoran, obviamente, cuando la ficción tiene una duración por capítulo razonable y no hay ni que escatimar pasta por capítulo ni que alargar tramas.

Los guiones son muy respetuosos tanto con los personajes como con los espectadores, no se pierden en explicaciones ni en reiteraciones, no abusan del chiste fácil y no redundan en tópicos. Se percibe un trabajo serio que no se ha dejado influir por circunstancias externas y el resultado es una comedia trágica con giros cómicos que refuerzan la tragedia cotidiana. Dicho así parece muy fácil de hacer pero tiene que haber sido un trabajo ingente. Diferente es si esto nos gusta o no (a mí sí me gusta), pero creo que es de justicia reconocer el trabajo. Eso sí, yo me habría ahorrado la broma con el Chiki-Chiki porque aunque soy fan a morir de Chikilicuatre, estas bromas privadas o chistes de amigos (la serie la produce El Terrat), me parecen un poco fuera de lugar, pero es el único desliz que advertí. Me pareció un lujo el tener una serie que cuenta lo que pasa sin contarlo, sin caer en la evidencia fácil y sin rematar cada secuencia con una aclaración.

Por último las interpretaciones, creo que han dado en el clavo con los actores. Han sabido conjugar la experiencia de unos con el entusiasmo de otros y están todos muy equilibrados, dentro de unos límites naturales y sin exageraciones, dejándose guiar por la historia. El tratamiento en este primer episodio (o primeros episodios), es tan sutil y acertado que sólo con hora y media ya sabemos quién es quién.

Pese a que la noche de los lunes es un hueso duro de roer hizo 3’4 millones de espectadores y fue la segunda opción. Veremos cómo evoluciona en las siguientes semanas porque el poner una minipelícula semanal es un desafío, sobre todo teniendo en cuenta que el ritmo y el tono no están acordes con las series que suelen llevarse la audiencia de calle pero desde mi punto de vista, aprobaron con nota.

24 febrero 2009 at 08:48 20 comentarios

Los Oscar marcados por la televisión: ‘Slumdog millionaire’ y ‘El desafío’

Qué casualidad. Anoche vi la película y hoy me despierto con la noticia de que ha arrasado en los Oscar (ha ganado ocho). Yo es que soy como el Príncipe, que doy suerte. Pero a lo que iba, me llama la atención que se venda la historia como que está basada en Quién quiere ser millonario. No os dejéis engañar por las promociones, el concurso es el contexto y la excusa para contar una historia de amor y de aventuras que saca a la luz todas y cada una de las miserias de la pobreza. La película me ha gustado mucho porque transmite un equilibrio perfecto entre la fábula y la realidad, el cuento de hadas y el documental más duro. Tres niños sin infancia nos llevan por un desolador paisaje de pobreza, marginación y supervivencia. A pesar de esto, salí de la sala esbozando una sonrisa. La televisión tiene un peso ineludible a la hora de contar la historia pero como opio del pueblo, que dicen, y el concurso podría haber sido cualquier otro de preguntas y respuestas.

En el caso de El desafío: Frost contra Nixon, la televisión sí que juega un papel protagonista. El medio, su utilización por unos y por otros para el progreso personal, el éxito y el fracaso, la perversión de las grandes cadenas…,. Un panorama en el que la televisión es un medio corrupto que se utiliza como arma, como gran escaparate mundial, para construir y destruir realidades. Hay uno de los personajes que persigue hundir a Nixon y que en un momento de la película confiesa que desconocía el poder del plano corto para borrar todo lo demás. Un minuto puede dar al traste con lo conseguido en todos los minutos anteriores. El poder de la televisión como elemento transformador de la realidad, su carácter efímero y la gloria que comporta son elementos esenciales en este duelo. El trasfondo político no es lo de menos, claro, pero se llega a la conclusión de que, de haber salido este desafío de otra manera, la historia que estudiamos hoy sería muy distinta.

Por cierto, que Penélope Cruz ha ganado, pero a quién le importa.

23 febrero 2009 at 09:52 22 comentarios

Grandes de la televisión: Pep Plaza, el hombre de los mil cuerpos

Ya era hora de que le dedicara un espacio en el blog a este gigante llamado Pep Plaza, llegado de tierras catalanas para hacernos entender ese maravilloso arte de la imitación. Su capacidad física para meterse en la piel de otros me tiene alucinada y, al mismo tiempo, me asusta: es casi un ultracuerpo. Que se lo digan, si no, a Jordi González.

Ya no es que haga los mismos gestos, es que se atreve a decir lo que a todos nos parece que piensa el personaje y, en general, hace una crítica directa de los contextos que parodia.

Pep Plaza se dedica a la radio y al teatro, pero sus contadas apariciones en televisión convierten en clamor popular la necesidad de que gente con una capacidad como la suya tengan más minutos. Actualmente trabaja en Crackòvia y en El Club (TV3), aunque también colaboró en Réplica (Telecinco), y Homo Zapping (Antena 3). El vídeo de arriba es de Buenafuente, que sabe rodearse de gente muy buena.

En El Club, imitando a Jordi Pujol con Jordi Pujol. No hace falta entender el catalán, sólo hay que tener capacidad de sorprenderse.

Imitando a Matías Prats y haciendo bromas con el asunto del banco.

Haciendo un qué pasaría si determinados personajes se presentasen a Eurovisión.

Lo que más me gusta es que, sí, caracterizado, da el pego, ¡¡pero sin maquillaje también!! Si tenéis Facebook, podéis haceros fans de este genio, que ya somos legión pero queremos ser más. ¡Que alguien le dé a este hombre el altar que merece!

22 febrero 2009 at 09:23 15 comentarios

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Teleadicta sin remedio

Avatar de Desconocido"La tele que me parió" es un blog sobre televisión, sobre cómo la vemos y sobre cómo la hacen. Sólo es televisión pero me gusta y aquí encontrarás una entrada diaria de mis delirios catódicos de espectadora irredenta.

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