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Telenovelas españolas, dame pan y dime tonto
El género patrio de la telenovela ha tenido que superar los prejuicios que vienen asociados al epíteto de «culebrón» pero su auge tenía que llegar antes o después. Tras muchos años de emitir producciones extranjeras para un público a menudo despreciado, amas de casa aburridas que encontraron en Doña Adelaida un espejo en el que mirarse, al final las televisiones españolas han dado el paso y han pasado a producir sus propios productos. Qué lejos queda aquella emisión de Los ricos también lloran en horario de mañana.
Las telenovelas son baratas, llenan huecos de la parrilla imposibles y fidelizan a la audiencia de una forma bárbara, como no lo consigue ningún otro producto. En los 90, con la irrupción de las privadas, se multiplicaron las emisiones y las estrellas de culebrón consiguieron hacerse un hueco en diferentes programas, llevando el éxito de las telenovelas más allá de sus límites naturales y reproduciendo el fenómeno que ya se daba en otros países. En aquella época, Jeanette Rodríguez, Catherine Fulop o Carlos Mata se convirtieron en estrellas.
Telecinco dio el campanazo en 1997 con Al salir de clase, una telenovela enfocada al público juvenil y que generó multitud de intentos de reproducción de éxito. Además fue cantera de actores que fueron a parar a otras producciones similares. Se hablaron pestes de aquella serie pero lo cierto es que dio en el clavo en un sector de la audiencia muy concreto y permitió a la cadena darse a conocer entre esa franja de audiencia potencial y reafirmar su posición.
Es a partir del año 2000, aproximadamente, cuando se sitúa el auge de la producción propia del género. Uno de los primeros éxitos de la producción nacional fue La verdad de Laura (2002), que contó con la participación de Televisa (México), y que incluyó en el reparto a Mirtha Ibarra, estrella internacional del género. Tanto La verdad de Laura como muchas otras producciones que han venido después, se basan en historias de telenovelas sudamericanas y es difícil encontrar algo propiamente nacional en este género.
Las cadenas autonómicas juegan un papel crucial en la españolización de la telenovela porque diversifican la temática y empiezan a introducir en las historias rasgos de la sociedad muy próximos, historias muy cercanas y basadas en mundos que le eran conocidos a los espectadores. Los entornos urbanos, localidades concretas y reales, sirven de plató en las autonómicas para potenciar regiones o formas de vida (según se pague). Esta visión autonómica es difícil de llevar al ámbito nacional por la amplitud del territorio y la variedad de sus formas de vida, así que la historia se convierte en eje central de cohesión. En este sentido, Amar en tiempos revueltos, basada en la catalana Temps de silenci y hecha por los mismos creadores, es el ejemplo clave.
Éxitos como estos han ido prestigiando poco a poco un género para pobres y ya no le ocurre a nadie cuestionar la idoneidad de un producto de estas características en la parrilla, a no ser que el producto en sí se alargue sin sentido con tal de no echar a perder una franja, como ha pasado en Yo soy Bea, pero así y todo la serie funciona. Yo me enganché al género catalán en su momento y vi con devoción aquellas series así que para mí no tienen parangón. Las telenovelas se aceptan ya con naturalidad y las cadenas respiran aliviadas porque aunque sean propuestas diarias, dan unos resultados muy buenos y la relación entre el coste de la producción y los beneficios siempre va a su favor, incluso si la serie termina siendo un fiasco tienen poco que perder. El que no se haya enganchado jamás a un culebrón que tire la primera piedra.
Cuestión de peso y El secreto, realities basura para Antena 3
Antena 3 no ha tenido bastante con sus últimos devaneos con el reality después de La vuelta al mundo en directo y viendo que en su parrilla se sostienen los programas que se basan en la mejora de las desgracias ajenas y comprobando que su talk show sigue a flote, han decidido abrir nuevas vías que exploren esos contenidos. Si los espectadores quiere ver a gente normal en situaciones extraodirnarias, démosle eso.
Cuestión de peso: Un programa de servicio público centrado en la lucha por adelgazar. Los protagonistas son personass con obesidad que airean en televisión el martirio de la dieta y del ejercicio en pro de mejorar su salud. Podrían hacer un coaching más o menos elegante, como los que hace Cuatro, pero si se confirma la adaptación de este formato argentino su destino en parrilla será, si no cambia nada, un refuerzo para Tal cual lo contamos. Como curiosidad, Telecinco descartó adaptar el formato americano.
El secreto: Ricos infiltrados en casas de pobres. Después de una convivencia, los ricos destapan su identidad y ofrecen a los pobres ayuda económica o un trabajo. Durante este tiempo, los pobres saben que les graban pero no saben para qué. El programa no tendrá periodicidad fija, como Esta casa era una ruina, y su carácter bienintencionado esconde el morbo de ver a los pobres en su salsa con un corte de docu-reality que parece que atenúa un poco ese aspecto de alimaña.
Por cierto, para ilustrar la entrada he estado mirando en la cuenta YouTube de Antena 3. En portada, un vídeo con conejitas Play Boy y en el archivo de vídeos, además de secuencias de sus series y programas, hay una buena cantidad de vídeos relacionados con el sexo de una manera u otra. Me han llamado la atención los cortes que titulan como «Noticias» y en los que, casi invariablemente, aparecen señoritas de buen ver en sesiones de fotos, desfiles de moda y cosas por el estilo. ¿Qué le está pasando a Antena 3? Se les cae la moral y la moralina a golpe de click.
Pekín Express da el cambiazo
A los de Cuatro se les ha amontonado la faena. Se dieron mucha prisa en convocar la segunda edición de Pekín Express y han decidido alargar Fama hasta mayo. La grabación de Pekín Express se adelanta para evitar las inclemencias metereológicas y, magia potagia, Paula Vázquez que no es omnipresente sólo puede seguir al frente del concurso que le ocupa en estos momentos, Fama, con lo que se ha buscado una nueva presentadora para Pekín Express.
La elegida ha sido Raquel Sánchez Silva, que abandona la cara glamourosa de la cadena para sumergirse en la trepidante aventura. No sé qué os parecerá a vosotros pero a mí, desde luego, me parece que Pekín Express va a resentirse con el cambio y que no va a ser lo mismo.
Paula Vázquez tenía una imagen que se identificaba con la aventura por el trabajo que hizo al frente de los reality de la franquicia de Supervivientes y, al mismo tiempo, ha sabido transmitir una postura de «dominatrix», muy seria a la hora de pegar broncas, pero con un entusiasmo desatado en los buenos momentos. En resumen, mucha energía que hacen que su estilo de presentación sea muy característico. Cuando uno menos se lo espera, ella suelta un grito de los suyos y tan contentos.
Raquel Sánchez Silva ha desarrollado una línea de trabajo mucho más serena y más marcada por el contenido cultural, de imagen de marca. En Canal Plus llegó a presentar ‘La noche de los Oscar’ y en Cuatro se ha ocupado de los especiales de las series (es la que ha tocado a Hugh Laurie), de algunos coaching específicos y estuvo al frente de Visto y oído. Una imagen dulce, suave, y muy vinculada a entornos especiales. Vamos, que de buenas a primeras no pega ni con cola en Pekín Express.
No le envidio la tarea a Raquel Sánchez Silva porque el éxito de Pekín Express se debió en gran parte a Paula Vázquez y ahora ella llega de nuevas, hereda un programa de éxito con un formato cerrado y no creo que vayan a dejarle mucho margen de maniobra para que imponga su estilo, así que va a tener que ponerse las pilas, sacar la fiera que lleve dentro (si es que la lleva), y apechugar. Como la cosa no funcione van a echarle la culpa a ella.
En líneas generales también me parece una mala noticia para el concurso porque en su primera edición habían conseguido un conjunto muy equilibrado y ahora van a tener que realizar ajustes y adaptaciones para hacer llegar a los espectadores la cara de Raquel Sánchez Silva en todo su esplendor. Con lo bien que les había ido tal y como estaban.
Moraleja: la avaricia rompe el saco. Cuatro se ha volcado en sus dos realities a la desesperada y ésta es la consecuencia. Veremos si no paga alguien los platos rotos, en el caso de que los haya.
Cine en Telecinco: una aproximación al pasado
Así es, amigos, Telecinco da por perdido el pulso que empezó en 2005 cuando retiró definitivamente el contenedor Cine 5 Estrellas de la parrilla. Este regreso, eso sí, no lleva el nombre que hizo mítico aquel espacio, pero el vídeo que he puesto arriba tiene la sana intención de dar ideas. Igual apuestan por recuperar a Hugo, nunca se sabe.
Internet es grande, ya lo sabéis, y después de un rato introduciendo cadenas de búsqueda en San Google he encontrado datos maravillosos de esos de «donde dije digo digo Diego». En enero de 2005 se anunció la renuncia al cine sustituyéndolo por El comisario, renuncia que no se materializó hasta noviembre de aquel año. Recuperemos las palabras que el Gran Vasile dijo en aquel mes de enero, rematadas por un sentencia de Manuel Villanueva, director general de contenidos, y que he leído aquí:
«Lo que vamos a ahorrarnos lo reinvertiremos en ficción de producción propia», anunció ayer Paolo Vasile, consejero delegado de la cadena. Si en 2004, Tele 5 invirtió en cine de EEUU 90 millones de euros, la previsión para este año estará «en torno a los 80,85 millones de euros», según Vasile. Así, la cadena tiene una previsión de 66 millones de euros para la producción de series, cuando en 2004 estuvo alrededor de los 62 millones. Para justificar la nueva política, Manuel Villanueva, director general de contenidos explicó que el cine «es un género en declive en televisión que ha perdido cuatro millones de espectadores en la última década«.
En este momento clave de cambio, las ficciones nacionales que iban a revolucionar el panorama fueron la citada El comisario, Aída, Maneras de vivir, Vientos de agua, El pasado es mañana y Películas para no dormir. Sin comentarios, ¿no os parece?
El viernes 18 de noviembre de 2005 El comisario ocupó definitivamente la franja del cine como un acto revolucionario de la cadena amiga que supuso un verdadero cambio en la parrilla. En aquel momento, desde la cadena se dieron las siguientes explicaciones que he leído aquí:
CSI y 7 vidas han superado en share medio al ‘Peliculón’ de Antena 3 y ‘La película de la semana’ de TVE respectivamente (…). Una película de ‘Cine 5 estrellas’ cuesta más que 22 episodios de la exitosa serie CSI, mientras que un capítulo de una serie española cuesta el 50% de un gran éxito de taquilla americano. (Manuel Villanueva, director general de contenidos de Telecinco).
En 2006, no obstante, el cine volvió a ocupar la noche de los viernes hasta que fue sustituido por Mentes Criminales en abril. Y en 2007 hay otra vez rastros del cine en la noche de los viernes, en combinación con la emisión de CQC. He encontrado la antigua web de cine de Telecinco, en la que aparece la emisión de Daredevil, allá por abril del 2007, como reliquia de un pasado esplendoroso (permitidme este lenguaje tan retóriico, pero es que hoy me siento como una arqueóloga). En 2007 el cine había vuelto a los viernes pero no duró demasiado.
Ahora, después de haber emitido en viernes en los últimos tiempos El comisario (cancelada), M.I.R. (cancelada), Réplica (cancelado), Hermanos y detectives (desaparecida), La Noria (fracaso contra DEC?), Rojo y Negro (seguimiento irregular) y La séptima silla (fracaso estrepitoso), Telecinco opta otra vez por el cine. Parece que ahora pagar una película es más rentable que producir una serie que no funcione. De todas maneras, aviso para navegantes, la vuelta del esperado contenedor de cine nos trae la gran producción Parque Jurásico III (ironía off). Si no les funciona volverán a decir que el cine está de capa caída pero, con todos mis respetos, señores de Telecinco, lo que da a entender que programen esta película es que, pase lo que pase y sea como sea, ustedes no quieren gastarse un euro. Y así les va.
‘Los mejores años’ es un festival de fin de curso
Anoche Televisión Española estrenó Los mejores años de nuestra vida, un programa que tenía que haber estado en Telecinco pero que al final ha ido a parar a La 1. Un programa musical en el que se enfrentan dos décadas y en el que un jurado formado por adolescentes (qué edad más difícil), decide qué decada es la mejor en función, sobre todo, de las canciones. Es como si alguien hubiese dicho: «Vamos a hacer un programa para La 1», y hubiesen tirado del manual de calidad de la empresa porque el espacio es ideal para esa audiencia entrada en años que se rumorea que tiene el botón del 1 gastado de tanto usarlo.
Obviando a Carlos Sobera y a Àngel Llàcer, a los que tengo aborrecidos, obviando ese cementerio de elefantes que es el programa, lleno de triunfitos zombies moviendo las caderas y desgañitándose de lo lindo, obviando la ausencia de sonido directo en las actuaciones y obviando la cantidad de tópicos que se desplegaron en los diferentes duelos (el verano, los bailes, los sex symbols…), he de deciros que si os apetece una dosis alta de frikismo, Los mejores años es vuestro programa.
Para empezar, las actuaciones de viejas glorias (lo de viejas tiene un sentido despampanante en este caso). Para mi fue supremo el diálogo entre Carlos Sobera, Teresa Jimpera y Samantha Fox. Samantha intentó desvincularse de su pasado de mito erótico pero habló tranquilamente de enseñar la tetas mientras que la Jimpera, que hacía de traductora, en lugar de tetas decía «boobies» y hacía el típico gesto de las tetas. Me dio a mí que le supo mal que la enfrentasen al monumento Fox. El batería de Los Sirex miraba por encima de las gafas con esa pose típica de: «Qué pasa, las gafas son de cerca». Los cartelitos que ilustraban los vídeos y que intentaban destacar la importancia de los artistas: «David Bowie asistió al funeral de Tino Casal» o «Manolo García le dedicó una canción en un concierto a Danza Invisible». Me quedé de piedra con Mike Kennedy, que con el tiempo se ha convertido en el doble de Clint Eastwood. Y cuando vi una imagen de Luis Aguilé descubrí el enorme parecido físico que tiene con Jiménez Losantos.
En fin, que es un programa para comentar en casa y verlo solo es un rollo. Menos mal que pude evitar que Josmachine me abandonase por la Xbox y nos echamos unas risas. Nos daba vergüenza el público, que habría firmado por contrato altas cotas de entusiasmo y en las tomas generales de la grada era fácil pillar a alguien bailando, cantando y equivocándose en la letra. Todo sea por el buen rollo.
Como buen programa de Gestmusic han montado una web en la que también andan liados los de Portalmix y podéis ver vídeos tan elegantes como el que encabeza la entrada, además de retos de quién es quién y demás cosas así. Lo del enfrentamiento de décadas es lo de menos pero se remontan sólo hasta la de los 50. De décadas anteriores será difícil encontrar representantes que tengan una movilidad adecuada.
En el lado positivo, una buena realización (que se note que en Televisión Española están curtidos en galas), y las copresentadoras Ángela Fuente y Anna Simón. El vestuario, horrendo. Las coreografías firmadas por Poty y los pourris tipo «La década prodigiosa» bastante vulgares. Que lleven otra vez a Raphael, eso no tiene precio. Para todo lo demás, el resto de cadenas.
Granjero busca esposa, friki hasta el final
Anoche se despidió la primera temporada de Granjero busca esposa con récord de audiencia. 2.380.000 espectadores (14,9% del share) vieron el desenlace de uno de los concursos más frikis de todos los tiempos. Cuando empezó a promocionarse el asunto tengo que reconocer que no las tenía todas conmigo pero subestimé el proyecto que se traían entre manos. Ahora, con todo el pescado vendido, me doy cuenta de que no tenían previsto tomarse el asunto de las parejas demasiado en serio y que el cásting tan extraño ha sido la clave del programa. No querían hacer un programa de citas «de verdad», más bien pretendían ofrecer un tapiz en el que las relaciones más extrañas tuvieran cabida.
Los y las concursantes no han respondido en ningún momento a lo que solemos ver en cualquier programa de televisión. Por decirlo de alguna manera, eran todos demasiado vulgares, normales y hasta feos en algunos casos. Pero sin duda lo que más encanto ha tenido ha sido la contradicción. ¿¡Cómo puede ser que esa mujer rusa haya terminado besándose con el señorito andaluz!? Surrealista a más no poder. Increíble que el tipo con pinta de estar en tratamiento psiquiátrico se haya visto superado por las dos locas que le pusieron al lado. Nadie hubiera podido creerse, si esto hubiera ido en serio de verdad, que el único que haya conseguido pareja estable haya sido el tipo que tuvo el ataque de ira más cruel de todos. El que tenía pinta de ser más serio de todos se ha quedado para vestir santos. Eso no habría pasado en un dating show del montón.
He leído en Facebook unas sabias palabras de Prol. Comenta que acertó todo lo que iba a pasar porque él, como buen guionista, lo habría escrito así, y que Granjero busca esposa ha sido una exitosa serie de ficción. Si en lugar de un reality hubieran hecho un mockumentary al estilo de The Office no habrían tenido tanta audiencia pero el resultado habría sido más o menos el mismo. ¿O acaso Michael Scott no habría sido un dignísimo granjero? Yo creo que sí.
La cadena ya prepara una segunda edición de esta fantástica serie así que estáis prevenidas. Lo más seguro es que no encontréis granjero (el porcentaje de parejas ha sido ínfimo), pero tendréis el lujo de participar en una de las mejores comedias que se han producido en España en los últimos tiempos. Nos reiremos de vosotras, no con vosotras, que conste, pero saldréis en la tele y podréis contar la fantástica experiencia a vuestros nietos. Visto lo visto, se busca a mujeres con pocos escrúpulos, que pasen olímpicamente del granjero, que se esfuercen en cambiar al hombre en cuestión y que, en el último momento, abandonen el barco por la puerta de atrás. Lo de «busca esposa» no es más que una frase hecha, podrían haber titulado el programa «La parada de los granjeros», en homenaje a Tod Browning, y habría sido más fiel a la realidad.








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