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Zapatero, la magia de la tecnología y Tina Fey.
Menos mal que nos queda el sentido del humor. Hoy os traigo tres vídeos, tres, que han convertido a los políticos en objeto de burla o gracia, pero con mucho saber hacer y mucha inteligencia. Me da la sensación de que la clase política conoce el poder de la televisión y quiere encontrar un hueco en ella para sacar partido de su poder de comunicación, pero los guionistas y los cómicos no se lo van a poner fácil. Y muy bien que me parece.
¿Os acordáis del programa de Jesús Calleja y Zapatero? Pues aquí va la versión de los de Estas no son las noticias. La aventura en la montaña es más aventura que nunca.
La presentación de los Presupuestos Generales del Estado en un pen drive nos sirvió a Bono y a Solbes haciendo gala del cambio tecnológico de los tiempos. La versión de Querido Antonio para El Intermedio les dignifica.
Y por último, una mujer que está revolucionando el mundo: Tina Fey. Otras veces os he hablado de la admiración que le profeso, soy «talifan» suya. Por si no tenía bastante con ser la creadora, guionista y actriz de una de las comedias de más éxito en la actualidad (30 Rock), ahora ha dado la vuelta al mundo con su interpretación de Sarah Palin, la candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos. Su parecido con la Palin de verdad y su excelente interpretación ha provocado que fotos suyas, de Fey, aparezcan en prensa tomándola por Palin. ¡Dios salve a Tina Fey!
La ley de la calle en televisión
Que dos personas supuestamente cultas acaben insultándose en un plató no parece que sea flor de un día. El tono de los ¿debates? ha ido descendiendo hasta las catacumbas de la educación y los buenos modos. Que nadie se equivoque, no soy demasiado mojigata para estas cosas, pero ver a Miguel Ángel Rodríguez y a María Antonia Iglesias en La Noria como energúmenos, con el insulto en la recámara para rematar cualquier argumento, me da mucha vergüenza.
Pero no han sido los únicos. Aquí podéis ver un vídeo (en catalán), de otra discusión (vía Menéame), sobre el feminismo que terminó en gritos de facista, asqueroso, monstruo o imbécil. Los protagonistas son un escritor y una escritora, aunque bien pudieran parecer dos críos de quince años (con todos mis respetos hacia la gente de quince años que no tienen culpa de nada, es una forma de hablar).
Al día siguiente, como si nada hubiera pasado, cada uno a su tertulia correspondiente, que un calentón lo tiene cualquiera, y si es posible hacer broma del espectáculo pues se hace y aquí no ha pasado nada. Me recuerda al asunto aquel que comentamos hace un tiempo del señor al que le llamaban valiente por haber ido a El juego de tu vida a reconocer que había robado un coche.
Es lo que pasa cuando uno se convierte en mercenario de las ideas y tiene que ir a los platós a discutir de lo divino y de lo humano sólo con la consigna de llevar la contraria. Al final no hay argumentos porque los tertulianos, aprendices de mucho y maestros de nada, acaban derivando en el insulto para tapar su ignorancia y se agarran a la tabla de salvación de la descalificación personal para encubrir el naufragio de la falta de razón (toma frase).
Los espectadores, mientras, asistimos atónitos a este baile de monstruos. ¿De qué estaban hablando en La Noria el otro día? Da igual, no tiene importancia. Lo verdaderamente crucial es cuál de los dos es más villano, si él o ella (yo no acabo de decidirme). Y que después hablen de dignidad, cuando son capaces de vender su integridad por un debate sangriento, es grotesco. Estábamos acostumbrados a que estas cosas pasasen en los talk show, pero cuando la clase letrada del país se enzarza en la dinámica dogmática, en el recurso al grito, creo que es el momento de hacer una revisión.
Me gustaría no darle tanta importancia a un asunto de estos pero creo que hay que empezar a dejar claro que ese tipo de espectáculos no son sanos y no forman parte de la televisión que queremos ver. No se trata de que volvamos al tiempo de La clave, pero creo que hay que empezar a exigir honestidad. Este tipo de escaramuzas son cualquier cosa menos un debate así que, para no confundir al espectador, estaría bien que llamasen a las cosas por su nombre. ¿Se os ocurre alguno? Dentro de La Noria podría ser «El castillo de los horrores», así poco a poco irían completando la feria.
Telecinco apuesta por el thriller con Acusados
Ayer se presentó Acusados, la nueva serie de Telecinco que verá la luz, si todo va bien, a principios de año. Leyendo las informaciones al respecto una no puede sino sentir curiosidad por un proyecto que dista mucho de lo que nos tiene acostumbrados la cadena amiga. Producida por Ida y Vuelta (Física o Química, Motivos personales), la serie tiene puntos positivos.
En el caso de Acusados no hay dramedia que valga, ni es una serie familiar, tampoco parece que el amor vaya a resultar determinante. El proyecto es un duelo de titanes entre dos personajes con carácter, una jueza y un empresario con ínfulas de político, que se enfrentan para resolver una conspiración. Habrás asesinatos, falta de escrúpulos, ambición, suspense psicológico…,. Además, la serie tiene una trama de continuidad que abarcará toda la temporada, aunque en cada episodio se resolverán pequeñas historias, una estructura que permite mantener el interés del telespectador y que nos aleja, otra vez, de los planteamientos de resolución de un crimen por capítulo que suelen verse por aquí. Y terminamos con una producción que exige de platós ingentes (hablan de 1.500 metros cuadrados), necesarios para transmitir todo lo que el proyecto conlleva.
Blanca Portillo en un papel dramático (ya era hora), José Coronado (crucemos los dedos), y un elenco de jóvenes y experimentados actores y actrices para acompañar a estos dos grandes de la tele y la escena nacional. No sé si la serie podrá considerarse una serie coral, a ver si alguien puede aclarárnoslo, pero en cualquier caso la pareja principal es de escándalo y el duelo interpretativo está servido.
En fin, que tengo ganas de la serie pese a que Telecinco no acaba de encontrar el pulso a emitir ficción nacional de este tipo. Esperemos que con este proyecto se rompa la racha y haya luz después de El comisario, la última ficción nacional policiaca que ha triunfado en la cadena. Podéis leer más de la serie aquí o aquí.
Brutal Dirty Sexy Money
Ayer decidí ver el estreno de Dirty Sexy Money en Antena 3 (ellos llaman a la serie Sexy Money, vaya usted a saber por qué). Tenía miedito por aquello de las pausas publicitarias eternas pero hicieron una emisión altamente respetuosa, teniendo en cuenta que son una generalista. Empezaron puntuales, el primer episodio se emitió del tirón, hubo un corte cuando terminó y un segundo corte de seis minutos al final del segundo capítulo. Menos mal que me había hecho la cena antes.
La serie me enganchó con la presentación de los personajes en el funeral, momento que podéis ver en el vídeo de arriba. Ante tamaña prueba de audacia y de inteligencia no pude hacer más que someterme y quedarme prendada de los Darling. En cierta manera el contexto de la serie me recordaba a Arrested development, otra serie de una familia rica con problemas y un pepito grillo en forma de abogado, sólo que Arrested development es una comedia y Dirty Sexy Money es un drama.
El reparto es absolutamente impresionante. Ya he comentado otras veces mi predilección por Peter Krause (A dos metros bajo tierra, La habitación perdida), y el resto del elenco no desmerece en absoluto esa tendencia actual de componer familias de rancio abolengo, como los Walker de Cinco hermanos (Brothers & Sisters en el original), con una equilibrada mezcla de actores y actrices del cine y de la tele de los que yo destacaría a Donald Sutherland, como un patriarca que da la falsa impresión de que no se entera de nada; Seth Gabel, como a un hijo con problemas dignos de Gossip Girl y que me dejó marcada cuando apareció brutalmente atormentado en Nip/Tuck; y Samaire Armstrong, la hija mimada que «renuncia» a su fortuna y que me cayó muy bien en The O.C., donde hacía de la lista fea, una especie de Andrea Zuckerman moderna (la de Sensación de Vivir); y también sale el que se ha comido a William Baldwin.
De todos los personajes me quedo con Brian Darling, el cura menos piadoso de la tele y que mantiene una relación de odio con Nick, el salvador de la familia (Peter Krause). Pero si es que sólo podía salir una buena serie del teclado de Craig Wright, que ha escrito también en Cinco hermanos, Perdidos y A dos metros bajo tierra.
Si la audiencia lo permite y Antena 3 sigue emitiendo la serie así de bien, voy a pasar los domingos muy entretenidos hasta que Telecinco estrene Hermanos y detectives el mes que viene, entonces me encontraré ante un dilema que aún no sé cómo voy a solucionar. Igual me toca confiar en los designios de mi disco duro para ver si cae algún capítulo de algún sitio porque la serie de Telecinco, que no tiene nada que ver con ésta, también me gusta bastante.
De Buenafuente a la Campos, pasando por Azpiri
Este momento del programa 500 de Buenafuente me hizo partirme de risa. Espe estuvo genial, la tía, tiene el personaje cogido a la perfección. Verla ahí pegando saltos como una loca con la canción de Shakira me parece uno de los mejores momentos de la tele de esta semana.
Después he disfrutado como una enana de Sé lo que hicisteis…,. Me parece que están sabiendo darle la vuelta a las cosas y aprovecharla en su propio beneficio. Están exprimiendo su ingenio al máximo y eso se nota. Las carreras de Patricia, los montajes…,. Lo mismo pasa con El intermedio, que han sacado a pasear su mala leche y parece que esto no hay quien lo pare.
El estreno de Plutón BRB Nero el miércoles ha alumbrado una absurda polémica que traerá cola, seguro. El dibujante de cómics Azpiri se ha quejado en La Razón de plagio porque opina que Lorna, la androide buenorra, está claramente copiada de uno de sus personajes de los 80. ¡Bueh! Esperaba la respuesta de Álex de la Iglesia y él ya ha publicado una entrada en su blog dando las explicaciones pertinentes. Rubias tetonas las hay a puñados, Lorna es el nombre de uno de los personajes de la última película de Álex de la Iglesia y en cuanto a carácter no tienen nada que ver. Azpiri dice que la suya es un putón verbenero, como la de de la Iglesia, dejándose llevar por el título de la serie, y ahí patina porque la Lorna de Plutón BRB Nero no es un putón, es una androide a la que no le interesa el sexo. Como le dice Álex de la Iglesia: «Siento que te hayas sentido ofendido, de verdad, pero no hay razón alguna. Cuando veas más capítulos lo comprenderás». Demasiado pronto ha saltado Azpiri, me parece a mí.
Y hoy he desayunado con una entrevista que le hacen a María Teresa Campos en El País. ¿Nadie ha pensado contratar a esta mujer como monologuista? Porque ella lo vale, en serio. Sus palabras son un constante festival del humor. El titular dice: «Ignorar al profesional veterano es muy español» y si ampliáis la captura de pantalla con un click veréis en el recuadro de la derecha su verdadera fecha de nacimiento. Me parto, qué jugarretas gasta la maquetación.
Pero además de descubrir la verdadera fecha de nacimiento de la presentadora, en la entrevista podemos leer cómo se compara a Larry King, ahí es nada, declara que «el espacio ya va tomando su estructura, aunque no difiere mucho del que había antes, aunque he aportado mi punto de vista» (pero ¿qué programa piensa esta mujer que está haciendo?), respecto a las audiencias dice por un lado que no le agobian como cuando tenía éxito, pero apostilla que su versión de La mirada crítica ha hecho mejor septiembre que la del año pasado con Vallés, y termina reconociendo que tiene una enorme mirada crítica hacia ella misma. Jaaajjajjaa. Pero si no hay en la tele nadie que se quiera más.
Vaya semana, ¿eh? Empezamos con humor y terminamos con humor. Así da gusto, ché. En la entrevista la Campos reconoce y asume su fracaso en Antena 3. Sus palabras de entonces hacen más gracia aún después de todo lo que ha pasado.
El presupuesto de Mira quién baila
Es el misterio de la temporada. Muchos se han lanzado a hacer cuentas para intentar estimar cuánto dinero se gasta Televisión Española en esta nueva edición de Mira quién baila, que tiene un casting que ya lo quisieran para sí La Noria y ¿Dónde estás corazón? Desde Gestmusic se tiran balones fuera diciendo que ellos se limitan a administrar el dinero que le da la cadena, y desde la cadena se niegan a desvelar sus acuerdos con empresas privadas.
Pese a toda esta prudencia, ha saltado la liebre. Ya he leído en dos medios (aquí y aquí), que el gasto se estima en 300.000 euros a la semana (más una cantidad similar en concepto de gastos de producción, por trece emisiones, unos ocho millones de euros). La Obregón y Ortega Cano parece ser que superan el récord de caché que hasta ahora tenía Carmen Martínez Bordiú en 48.000 euros a la semana; los hermanos Cadaval participan en pareja (uno bailando y el otro de jurado); Vicky Martín Berrocal y Manuel Bandera son empleados de la productora y están en su elenco, con lo que casi todo queda en casa; Poty, el coreógrafo, cobra por su presencia y por las clases de baile. Y luego están los secundarios que también cobran lo suyo.
El programa estrenó el lunes superando a CSI y llevándose de calle a la audiencia así que es de suponer que Mira quién baila es sobradamente rentable y que todo el dinero invertido en pagar cachés es recuperado por la vía de la publicidad. ¿Es eso suficiente? ¿Nos tenemos que conformar con eso? Yo estoy segura de que si Televisión Española recuperase un formato como, por ejemplo, el de Tómbola, también tendría audiencias millonarias que cubrirían los gastos, pero no es eso lo que yo quiero ver en una televisión pública.
A mí me parece vergonzoso que desde una televisión pública se alimente el parasitismo imperante en las crónicas de sociedad, que se pague a gente por su imagen, ¡y qué imagen! Que con la excepción de Julio Salinas, un futbolista de los de antes, el resto vive de estar ahí, en «el candelabro», y con programas como éste lo único que se consigue es que se prolongue su vida en los medios. Por otro lado, además, se retroalimenta a la productora, que coloca a gente de sus programas y de forma indirecta les hace publicidad, generándose un círculo vicioso pestilente. Y la audiencia les apoya pero eso no es lo importante porque la audiencia apoya a menudo cosas cuestionables. Es una cuestión de responsabilidad, algo que se echa cada vez más en falta.











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