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Emmy 2010: al César lo que es del César
Así ha empezado la entrega de los Emmy de este año. ¿Veis? De ahí sacan los guionistas sus ideas para la ceremonia de los Goya. Pero a lo que vamos. Como es tradición paso de trapitos, que es algo que no termino de dominar (mi gen femenino es recesivo), así que vamos con las impresiones de los premios. No todos podían ganar (perogrullada), yo tenía mis fijos inamovibles y también las opciones de repuesto (así cualquiera), de manera que estoy contenta (el que no se conforma es porque no quiere). Aunque no hayan ganado algunos de mis fetiches entiendo que los que les han arrebatado el premio lo han hecho con todas las de la ley así que no me he llevado ninguna sorpresa desagradable.
A modo de anécdota llamativa, Perdidos se ha despedido sin ganar nada, algo que muchos pensaban que no iba a pasar porque ahí estaban nominados y con papeletas Michael Emerson y Terry O’Quinn, pero ni ellos han podido con la evidencia. Estos premios, pienso yo, no deben de ser un homenaje y prefiero que se los hayan dado a actores, actrices y series en activo, antes que a proyectos ya terminados. Ya se llevarán el honorífico cuando les toque. Es cuestión de ser prácticos, estos premios en el fondo no son más que publicidad y qué publicidad necesita una serie que está terminada.
También se ha recrudecido el debate que intenta dilucidar qué es mejor, si la televisión por cable o la pública. Si los Emmy tenían que dar el veredicto, han preferido callarse. Es moderno decir que sólo se ven series de cable pero eso me recuerda al rechazo de las «españoladas» en el cine. En fin, que no le veo sentido. Que series buenas y malas las hay en todas partes. Obviamente el cable puede arriesgar más y se dirige a un público más concreto, pero en de pública nos han llegado grandes productos. No, no me mojo, no quiero, estos debates maniqueístas no me interesan para nada.
Y ya hablando de premios y concretando, lo voy a hacer corto para abreviar. Sólo comentaré lo que ha sido más relevante para mí. Eso sí, más abajo os dejo el enlace a la web oficial y, como siempre, en los comentarios podéis hablar de lo que queráis.
- Comedia: Jim Parsons (The big bang theory), como mejor actor principal ha dejado en la cuneta a mi adorado Steve Carell pero se lo perdono porque su personaje de enfermo de Asperger es lo mejor que he visto en la tele en mucho tiempo. Como mejor actriz Edie Falco (Nurse Jackie), no se lo podía creer, y para mí no se lo merece tanto como Toni Collette (United States of Tara). Eric Stonestreet (Modern family), ha superado a Neil Patrick Harris, que ha ganado como actor invitado en Glee, y eso es algo que no se le perdonará fácilmente pero, y aquí viene mi júbilo infinito, Jane Lynch (Glee), ha ganado y eso es «legendario». Modern family es la mejor comedia y, aunque me gusta, me parece discutible. Prefiero The Office.
- Drama: Mad Men gana otra vez y es que sigue siendo un drama casi perfecto. Kyra Sedgwick (The closer), ha ganado con merecimiento pero yo tengo debilidad por Julianna Margulies (The good wife). Me pongo a los pies de Bryan Cranston (Breaking bad), quien le iba a decir a él cuando interpretaba a Hal en Malcolm in the middle que terminaría triunfando en el drama. Además ha hecho doblete con Aaron Paul y es que Breaking bad es imperdible. Mi euforia se desata con el triunfo de Archie Panjabi (The good wife), que hace un tándem perfecto con Julianna Margulies. Las adoro a las dos.
Así que ya veis, alegrías generales que empañan algún que otro chasco. En la web oficial tenéis toda la información y os dejo el enlace al texto que escribí con motivo de las nominaciones. No he fallado tanto, ¿eh? Eso sí, me ahorro el tatuaje y es una pena, con la ilusión que me hacía. ¿Qué cuerpo se os ha quedado a vosotros después de la noche?
‘Carnivàle’, una joya
En estos días estoy viendo Carnivàle, una serie cancelada después de su segunda temporada porque los elevados costes de producción no iban acompañados del interés de la audiencia. Empieza a ser patológica mi afición por las series inconclusas pero qué le voy a hacer, si algo me gusta no me importa que se haya quedado a medias. Total, hay grandes series con finales mediocres así que una gran serie sin final quizá no sea lo peor que nos puede pasar.
El caso es que he visto sólo siete episodios de la primera temporada y estoy totalmente hechizada. La serie desprende un halo de fascinación que me resulta imposible evitar siempre y cuando, eso sí, nos gusten las historias dramáticas con tintes metafísicos, religiosos y demás.
Hay algo en Carnivàle difícil de definir, una oscuridad permanente que se agazapa en cada episodio y que resulta amenazante. Los personajes tienen todos una dualidad muy marcada, un secreto que va más allá de lo que nos cuentan, una intrahistoria que se presume terrible. Y no es para menos: en el contexto de la Gran Depresión en Estados Unidos con la miseria como bandera, un grupo de feriantes al más puro estilo Tod Browning y, por otro lado, un sacerdote que busca a Dios, recorren el país buscando respuestas, huyendo de sí mismos, luchando contra lo que son, enfrentándose al bien y al mal. Es ciertamente inquietante, muchas veces desagradable y con un trasfondo enorme de crítica social.
En cada secuencia se masca la tragedia, el sabor a tierra en la boca es inmediato, cada personaje vale más por lo que calla que por lo que cuenta, los destinos están unidos de forma inevitable, el cataclismo se deja sentir en cada plano, la frontera entre la vida y la muerte es tan fina que se salta de un lado a otro continuamente. Efectivamente, da tanto «yuyu» como parece, o más, pero a pesar de eso necesito seguir viéndola porque quiero saber hacia dónde van, qué verdad asumirán, qué decisiones tomarán.
Yo, que soy sensible por naturaleza, la estoy viendo por las tardes (si viese Carnivàle por la noche no podría pegar ojo), así que tengo la sensación de que me estoy perdiendo algo de la experiencia, pero mejor es eso que nada. Si no la habéis visto os la recomiendo encarecidamente (qué palabra tan generosa), y si la habéis visto me gustaría saber si al final decepciona (sin spoilers, por favor).
‘Modern family’, recomendable al cien por cien
Modern family es una comedia de las buenas y no lo digo sólo porque haya sido un éxito en Estados Unidos (eso muchas veces no es indicativo de nada), lo digo porque la serie tiene todos los ingredientes de las comedias que más me gustan. Hoy Neox estrena la serie a las diez de la noche así que si tenéis un rato y no la habéis visto os recomiendo que le echéis un vistazo porque os sorprenderá gratamente.
Para empezar, es un falso documental (mockumentary), como lo es por ejemplo The Office. Con esto se gana en dinamismo gracias a la cámara al hombro y en profundidad en las historias porque permite ver otros puntos de vista y capturar momentos que en una ficción convencional no tendrían cabida. Aprovechan así para que sean los propios personajes los que explican cosas a la cámara. Esos momentos de parejas hablándole al espectador me recuerdan a Cuando Harry encontró a Sally o a aquellas primeras temporadas de Sexo en Nueva York. Es un recurso que me gusta especialmente porque se salta la cuarta pared de una forma natural, transgrediendo así los límites imaginarios del género y aprovechando lo mejor de la ficción y lo mejor del documental.
No es una serie con un humor tan negro como el de The Office y en ese sentido es más digerible para el público en general. Las historias familiares de esta pandilla de tarados llevan al extremo el tópico de las familias mal avenidas pero sin llegar al egoísmo galopante de Arrested development. En Modern family hay a menudo un final feliz en cada episodio pero eso no empaña el excelente y surrealista desarrollo de las historias marcado por unos personajes excelentemente perfilados que son víctimas de sus propias circunstancias. Es decir, que tienen problemas comunes y es fácil reconocer a alguien en cada uno de los personajes, pero su manera de solventar los conflictos es sistemáticamente equivocada. De entre todas las opciones siempre eligen la peor y ésa es precisamente la base de la hilarante comedia. Todos nadan a contracorriente, cada uno a su nivel, y aunque al final aparezcan a menudo los demás para solventar el embolado es inevitable la sensación de que se ha dado un paso más hacia el desmadre. Una mala decisión, aunque termine sin tener consecuencias catastróficas, siempre es una mala decisión y su poso permanece agazapado como una amenaza.
No puedo quedarme con un personaje porque cada uno de ellos sólo se entiende si está vinculado a los demás. En este sentido tengo la sensación de que todos son para los demás algo así como la única opción posible. Hay vínculos familiares, claro, pero las parejas parece que son fruto de una elección poco conveniente en todos los casos, lo que ha generado el caos global en el que viven. Que sí, que se quieren, pero parece que es porque tampoco tienen más remedio.
Qué le voy a hacer. Siento debilidad por los personajes extraviados que tienen en la equivocación su forma de hacer las cosas. Me gustan las tramas, sencillas en su planteamiento y surrealistas en su desarrollo, con cotas de empeoramiento paulatino. Las interpretaciones son de diez. El ritmo es frenético. En conjunto, la comedia agridulce me ha sacado más de una carcajada y también se me han puesto los ojos como platos más de una vez porque no deja de sorprenderme que haya series americanas destinadas al gran público que se permitan hacer determinadas parodias (un prejuicio por mi parte, lo sé). Si no la habéis visto, tenéis que disfrutarla. Espero que os guste.
Mis cabeceras favoritas
Qué difícil es hacer una selección de cabeceras favoritas de series y no quedarse sólo en las recientes. Actualmente hay muchas cabeceras donde elegir pero yo voy a tirar del componente emocional y voy a compartir algunas de las que más me han gustado a lo largo de todo este tiempo y por diferentes motivos.
- Superagente 86 (1965). Para qué negarlo, el éxito de esta cabecera para mí está en su carácter narrativo y, por supuesto, en la música. Un recuerdo mítico sin lugar a dudas que conocemos la mayoría de nosotros. Adoro a Steve Carell pero la película que se hizo recientemente me pareció muy poca cosa.
- Heidi (1974). Qué puedo decir de la cabecera de Heidi. Obviamente la sintonía se hizo muy popular pero lo que a mí me gustaba de la cabecera era que transmitía perfectamente el carácter soñador y optimista del personaje. Era muy surrealista para la época porque ya me diréis qué pinta un columpio colgado del cielo, pero precisamente por eso cautivó a tanta gente.
- El hombre y la tierra (1975 – 1980). El dinamismo de la música y el montaje de las imágenes me aceleraba el corazón. La aventura comenzaba en la propia cabecera que, en su minuto y poco de duración, recogía un día entero en la naturaleza, siempre acompañados por Félix Rodríguez de la Fuente. El responsable de la sintonía fue Antón García Abril, a quien también le debemos la música de las cabeceras de Anillos de oro o Brigada Central, entre otras.
- Sigue soñando (1990- 1996). Esta cabecera me tenía subyugada porque me sentía identificada con esa vida de infancia pegada a la tele. La serie en sí me gustaba mucho y eso de que intercalase imágenes de clásicos de la tele que ayudaban al personaje en sus reflexiones me parecía un puntazo.
- Tan muertos como yo (2003). Ésta la escojo por su carácter narrativo y por el humor negro con el que pone en antecedentes antes de ver la serie. Tristemente cancelada antes de tiempo, cuenta la historia de un grupo de muertos que tienen que llevar a cabo una tarea antes de pasar al siguiente nivel y que conviven con los vivos.
- Dexter (2006). Esta cabecera tiene nombre propio, se llama «Rutina matinal» y me parece una obra maestra. En esta secuencia los gestos cotidianos son símbolos del proceder del personaje, un asesino en serie. Si habéis visto la serie sabéis de qué hablo. Creo que es una excelente presentación del personaje. De esta cabecera hay quien interpreta que tiene hasta referencias a Nietzsche, ha tenido muchas parodias y un premio Emy en 2007.
Como veis he intentado ser ecléctica y poner un poco de todo, eso me ha llevado a dejarme grandes cabeceras sin mencionar pero me ha servido para punzar un poco mi nostalgia, que nunca viene mal. Como siempre, espero vuestras aportaciones en los comentarios. Vale todo así que no seáis tímidos.
Madre no hay más que una
Lo sabemos, lo sabemos, nuestras madres son sagradas, y más si las comparamos con algunas de las madres de las series. ¿Acaso los personajes de ficción no hacen muchas veces buenos a las personas que nos rodean? ¿Nunca habéis pensado, viendo una serie, que dais gracias por tener la madre que tenéis? Y mira que nos quejamos de ellas, pero es que hay ciertos ejemplos que tienen la habilidad de dejarnos con la boca abierta. Aquí van los míos.
Tara (United States of Tara). Adoro a Toni Collette, qué le voy a hacer, y su personaje de Tara me parece unos de los grandes personajes de todos los tiempos. La comedia negra ayuda, claro, pero no hay que restarle mérito al guión, que consigue que una mujer con personalidad múltiple y complejos traumas ocultos luche denodadamente por ser una buena madre y, más aún, lo consiga.
Ruth Fisher (A dos metros bajo tierra). Una mujer como ésta merece estar en un altar. Sus conflictos emocionales son el patrón típico de la frustración actual: una mujer que lo tiene todo menos el amor de sus hijos y que lucha por conseguirlo llegando a unos extremos lamentables. Lo que siempre me ha gustado de ella es su vida interior y sus ansias desmedidas por ser feliz.
Lois (Malcolm). Si algo se puede decir de Lois es que es fuerte, o aparenta serlo. Tiene que lidiar con cuatro hijos que son verdaderos demonios, con un marido pusilánime y con una madre endemoniada. Todo lo que haga Lois está justificado por sus circunstancias y sus mejores momentos son cuando explota pero de verdad. No obstante al final siempre termina haciendo lo conveniente, por muy raro que sea, y es que tiene un corazón enorme.
Lorelai y Emily Gilmore (Las chicas Gilmore). Qué decir de esta pareja. Emily es una señora muy rica, tradicional, que ha tenido la mala suerte de tener una hija descarriada cuya vida es un desastre. El pulso es constante. Lorelai tiene una hija, Rory, con la que no quiere repetir los errores que cometió su madre con ella y la trata como si fuera su mejor amiga. Emily interfiere constantemente en la vida de Lorelai para intentar encarrilarla y Lorelai se rebela constantemente como si fuera una adolescente. Uno de los conflictos más tiernos que he visto en mucho tiempo. Sí, soy una ñoña.
Mercedes Alcántara y Herminia (Cuéntame cómo pasó). De la tele nacional podría haber escogido a muchas madres pero he elegido a estas por dos razones: porque son totalmente opuestas a las anteriores y porque representan un modelo de familia tradicionalista, muy lejano al actual, y me choca que este tipo de enfoques sigan teniendo tanto éxito. Herminia es la abuela prototípica y Mercedes una madre coraje que se adapta a los nuevos roles sin descuidar su papel. Dos luchadoras que se acompañan y que gustan mucha a los espectadores.
Estelle Constanza (Seinfeld). De esta serie podría haber escogido a cualquiera pero Estelle tiene todos mis respetos porque es una friki de mucho cuidado que vive como si no lo fuera, porque no entiende a su hijo y no lo esconde, y porque sea como sea la realidad, nunca le supera.
Claro, hay muchas más madres en la ficción que podrían servirnos de ejemplo pero para eso tenéis los comentarios. Podéis publicar los vídeos que queráis pegando la URL de YouTube al final del texto que escribáis así todos podremos reírnos o sobrecogernos con esas madres de series. Eso sí, no olvidéis que la realidad siempre supera la ficción así que estad atentos.
‘Águila Roja’ al cine: los motivos
Hecha la Ley, hecha la trampa. ¿Que la Ley dice que las televisiones tienen que invertir un porcentaje de sus ingresos en producción de películas? Blanco y en botella. Además, con los datos que está haciendo en televisión Águila Roja no es de extrañar que alguien haya pensado en sacarle rédito cinematográfico. Muchas series han estrenado temporadas en pases en cines y hay, por ejemplo, una peli de Los hombres de Paco.
La noticia de la película de Águila Roja nos dice que está producida por Daniel Écija (Globomedia), y dirigida por José Ramón Ayerra que, a su vez, es productor de Águila Roja, LEX o Los hombres de Paco. He buscado la información acerca de quiénes van a ser los guionistas pero no he podido confirmar mi sospecha (los guionistas nunca aparecen en noticias de este tipo): creo que serán los mismos de la serie, como ha pasado otras veces. El grueso del reparto va a ser el de la serie aunque hay alguna que otra incorporación (Martina Klein, por ejemplo), pero ninguna con un brillo deslumbrante. La historia de la película es una trama propia, la lucha contra un complot internacional, pero estará rodada en escenarios similares a los de la serie.
Diréis que esto es calentarse poco la cabeza, otros pensarán que el cine se ensucia con cosas así, los habrá que nieguen el mérito a propuestas de este tipo. Evidentemente se trata de un proyecto con clara vocación comercial, como lo son todos, pero no me parece justo dar por supuesto que no tendrá mérito cinematográfico, por decirlo de alguna manera. Y aunque así fuera, aunque resultase una propuesta sin valor artístico, si cumpliese sus objetivos económicos ya podría darse con un canto en los dientes (son decenas de películas al año las que se producen y ni siquiera llegan a los cines).
En estos asuntos se suelen mezclar términos y conceptos. Es un tema espinoso por la cantidad de cosas que implica: la trampa para superar las exigencias de la Ley, el recurso fácil de lo más visto en la tele, la escasa inversión en personal ajeno a las producciones televisivas…,. Yo me inclino a pensar que estas propuestas, aunque se proyecten en cines y se rueden en treinta y cinco milímetros (esto es un arcaísmo porque lo que está más de moda es el digital), al fin y al cabo siguen siendo flecos de la industria televisiva aunque para la industria del cine pueda considerarse como intrusismo. Los intereses en esto son tantos y tan variados que es imposible no entenderlos a todos, pero como esto es un blog de tele y a mí me gusta el cine, tiendo a pensar que hay sitio para todo el mundo.
La industria televisiva nacional tiene muchas carencias. De hecho es difícil considerarla una industria en sentido estricto pero, así y todo, si este tipo de propuestas sirven para afianzar los cimientos de la tele nacional, les doy la bienvenida. Otra cosa es que los réditos de estas series convertidas en cine se inviertan en proyectos televisivos innovadores, algo que no suele pasar. También es verdad que estas propuestas me parecen que ejemplifican eso del «pan para hoy, hambre para mañana»: beneficios económicos inmediatos y poca perdurabilidad e innovación. Cierto es que preferiría que las televisiones apostasen por estrategias más sólidas y de más largo recorrido, que enfrentasen la realidad que se les viene encima en lugar de evitarla, pero con ideas como estas llegamos al quid de la cuestión: la industria la dirigen personas que representan los intereses de grupos mediáticos. El requiebro es enorme y la distancia entre los despachos y la realidad parece cada vez más insalvable.
Así las cosas, si películas como ésta sirven para dar de comer a un grupo de gente, para aumentar sus experiencias y conocimientos, y para posibilitar nexos y uniones, encuentro perfecto que las hagan. Luego el aprovechamiento que saquen de algo así es harina de otro costal pero, en resumidas cuentas, menos da una piedra.








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