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‘Buenafuente’ sufre un boicot
Dicho así parece peor de lo que es, o no. Leo aquí que una asociación de amas de casa valenciana, Tyrus, «invita» a los católicos a que dejen de ver laSexta porque el programa de Buenafuente, cuya presentación y monólogo tenéis arriba, se mofó de las creencias de esta religión. Mofarse es distinto de hacer crítica, creo yo, pero aceptamos barco. Yo no pediría boicot para Intereconomía y supongo que la asociación Tyrus tampoco, claro, pero allá cada cual con su nivel de ofensa y con su baja capacidad de distinción entre lo que es humor y lo que es un insulto.

Tengo que hablar seriamente un día sobre el papel de los valencianos en la tele porque, como valenciana que soy, no me siento nada representada, pero esta es otra historia. El caso es que aunque Buenafuente haya decidido zanjar el asunto en Twitter yo no voy a hacerle caso. Lo primero que he hecho ha sido mirar la web de Tyrus a ver si podía encontrar algún fundamento ideológico (todas las asociaciones lo tienen). En el caso de Tyrus no es explícito pero en sus enlaces predominan los relacionados con la Generalitat Valenciana y, a pesar de que se definen como una asociación que defiende a la mujer, dan charlas tituladas así: «Derechos de la mujer en el matrimonio» o «Mujer, pilar básico de la familia». Ya voy entendiendo más cosas.
Piden respeto y dignidad para la religión católica, el mismo que reciben el resto de religiones existentes en el país, y aquí es donde creo que meten la pata un poquito. ¿Cuánto costaría a los españoles la visita de un imán? ¿Y la de un Patriarca ortodoxo? Dirán que no es lo mismo, claro, que la católica es la religión mayoritaria, pero entonces no sé por qué piden igualdad de trato. ¿Acaso quieren quedarse sin las subvenciones del Estado o quieren que finalice el Concordato? No lo creo.
Buenafuente se pasó tres pueblos, cuatro si queréis, pero lo que él hace es humor en televisión y si un humorista no molesta, no da donde más escuece, es que algo no está haciendo bien. ¿Boicot? Pues nada, que se dediquen a ello a fondo, que seguro que lo consiguen. ¿No es más fácil cambiar de cadena? ¿No es más fácil aceptar la idea de que cuando algo o alguien se expone de esa manera es lógico que reciba críticas? ¿No van a pedir que los católicos dejen de ver Sálvame porque se hace apología de los matrimonios homosexuales y demás? Seguramente el problema sea que Buenafuente va de intelectual, lo sea o no, y los de Sálvame no y por eso parecen menos peligrosos en sus ideas subversivas y anticatólicas.
No es Buenafuente el que ha convertido en pública una religión que, como tal, debería de quedar en el ámbito de lo privado. Y que se agarren los machos porque el domingo ataca Jordi Évole con un Salvados especial sobre la visita del Papa a Barcelona. ¿Pedirán por esto el cierre de laSexta? ¿Volverán a retirarse marcas que se anunciaban en el intermedio del programa como ya pasó la vez que el Follonero fue salvado por la iglesia? Aquello no sirvió de nada, por si alguien lo duda, y lo de ahora tampoco. Hay mucha gente con demasiado tiempo libre y con muy poco sentido del humor.
‘Impares Premium’, bajón y chasco
No entiendo nada. El vídeo de arriba es supuestamente una promo del Impares Premium que estrenó anoche Neox pero no tiene nada que ver con la serie que vi. En esta promo se resume todo lo que me gustaba de Impares, una serie que he puesto siempre por las nubes y cuyo spin-off esperaba como agua de mayo, pero me he llevado un chasco de los gordos.
No entiendo por qué si promocionan así la serie, tal y como era el Impares original, si ayer mostraron otra cosa. Impares acabó retirándose de la emisión por no alcanzar los niveles de audiencia esperados. Entonces, ¿qué sentido tiene promocionar Impares Premium como la antigua serie, si no tienen nada que ver?
Entiendo que lo que vi anoche en Neox, Impares Premium, es una adaptación de Impares a los que se suponen los gustos generales que, casualmente, no son lo míos, y esperaba que una canal como Neox respetase la individualidad de la serie y fuese capaz de mantener en parrilla un producto minoritario. Se ve que con Museo Coconut tienen más que suficiente. En Impares Premium no hay casi nada de lo que me gustaba de Impares y alguien muy muy importante tendría que escribirme para convencerme de que los elementos perdidos van a volver. Es tal mi cabreo que no sé si la semana que viene seguiré en la brecha.
¿Y cuáles son los elementos perdidos? Pues la cámara oculta para empezar, algo que dotaba de mucha frescura a la serie; los personajes locos y neuróticos, los de ahora son mucho más convencionales; los problemas que criticaban las relaciones de pareja de los que pasamos de los treinta, ahora son matrimonios en terapia y ése es un recurso muy americano pero que por aquí no cuaja; la estructura loca de Impares ha desaparecido y ahora todo se encaja de manera mucho más lineal y con cortinillas explicativas. Y podría seguir enumerando cosas pero no creo que haga falta. El cambio es radical. Eso sí, los actores siguen siendo buenos y los guiones tienen un punto de irreverencia, pero mucho más sutil que en Impares, que era una locura sin freno. Claro, la duración, los capítulos de Impares Premium son más largos y ya sabemos qué pasa cuando se estira un chiste. Para acabar, de verdad, me fastidió mucho el final de las historias. No digo más para no soltar spoilers pero no me gustó nada de nada.
Que sí, que sí, que estoy cabreada. Es que esto no se hace. ¿Qué sentido tiene recuperar una serie para empeorarla? Supongo que quien no vio la primera habrá recibido ésta con más alegría que yo y no niego que mi crítica esté cegada por mis expectativas pero nunca he presumido de objetividad, y no voy a empezar a hacerlo ahora. Pueden dar gracias a que la serie se emitió sin publicidad porque no sé si habría vuelto al asunto después de un corte matador de seis minutos. ¡Yo no quería esto!
‘Salvados’ sin humor, periodismo puro
¿Voy a hablar todos los lunes de Salvados? Pues es posible. Como el programa siga así no voy a tener más remedio. Habrá quien piense que soy una pesada, que me pierde mi lado fan, quien se aburra de tanta actualidad bien contada pero, sintiéndolo mucho, creo que Salvados es uno de los mejores programas de la tele nacional, si no el mejor, y, qué caray, éste es mi blog y lloro si quiero.
El programa de anoche es para enmarcar, para revisar, para temblar ante tanta claridad. La habilidad de Jordi Évole para afrontar entrevistas complicadas ya la he comentado otras veces, las virtudes del programa también y no voy a repetirme. La novedad de esta última entrega centrada en el conflicto vasco (expresión que no me parece acertada, por cierto, porque creo que es un problema que afecta a todo el país y no sólo a una parte), fue que el tema se trató sin humor. No hubo ni un chiste, ni un chascarrillo, ni una gracia fuera de lugar. Aún así, pese a la seriedad con la que el equipo del programa enfrentó el asunto, la espontaneidad de Évole, su franqueza, su osadía al hacer las preguntas que nadie se atreve a hacer, hicieron que el Salvados de anoche se convirtiera en una especie de road movie en busca de unas respuestas que supo encontrar, contar y mostrar sin ningún tipo de partidismo, o eso me pareció a mí. ¿Es o no es periodismo del bueno?
Espero que ninguna de las partes que intervinieron se sientan maltratadas. En casos así es fácil que alguien diga que se siente engañado o que se han manipulado sus palabras. A mí me pareció que todo el mundo habló con claridad y franqueza, cosa que es de agradecer, y nadie salió ni mejor ni peor parado. También espero que no se acuse de nada a Jordi Évole como aquella otra vez en la que entrevistó a Otegi y se le acusó de haberle reído las gracias y de haber sido complaciente. Es fácil que, cuando se tratan temas como éste, la defensa sea matar al mensajero. Por otro lado, Évole suele aceptar las tortas de una manera muy cristiana. No es que ponga la otra mejilla pero no suele enfangarse en debates estériles ni en polémicas ridículas. Él luego hace un programa y deja las cosas en su sitio. Su mejor defensa es su trabajo.
Me gusta que no presuma de exclusivas, me gusta que haya gente que confíe en Salvados para contar su verdad, verdades que normalmente no saltan a los medios generales quién sabe por qué (vena conspiranoica en modo «on»), me gusta que haya más de un millón de espectadores fijos dispuestos a ver la realidad de las cosas desde la pluralidad y me gusta que se haga buena televisión sin artificios. Todo sería más sencillo si siempre fuera así.
A estas horas aún no han salido las audiencias pero preveo otro buen dato, como tiene que ser. Y la semana que viene, análisis de la visita del Papa. Supongo que ya toca alguna broma para destensar pero tendrá miga, seguro.
Por cierto, qué lío con las tildes. Sigo anclada en las viejas costumbres y me va a costar lo mío acostumbrarme a guion, solo y al resto de novedades.
‘The Walking Dead’, más muertos que vivos
Pues ya tenemos aquí la serie del momento, un proyecto arriesgado y casi único, diría yo, que según comenta Frank Darabont estuvo dando tumbos por los estudios durante cinco años sin que nadie le hiciese ni caso. Suerte que AMC estuvo al quite y la rescató de los infiernos aceptando todos los retos que se le proponían. Resultado de esa actitud es The Walking Dead, una serie explícita tanto en su continente como en su contenido. Los mimbres no podían ser mejores: un cómic del que se han editado doce volúmenes recopilatorios en castellano con todas las historias publicadas. Tengo en casa esos doce volúmenes pero no los he leído aunque me los han recomendado de forma apasionada. Con la serie aquí, iré leyéndolos a posteriori porque la adaptación es tan fiel que los spoilers están asegurados. El piloto apenas son cuatro o cinco páginas del primer volumen.
La soledad, la desolación, la desesperación, el miedo, la angustia…, todos los temores emocionales del ser humano cobran vida en su enfrentamiento con los caminantes, que se han apoderado del mundo. Rick Grimes se convierte en héroe por accidente. Es el personaje idóneo para conducir las historias porque mientras se produjo la apoteosis de los caminantes él estaba en un hospital en coma, intentando recuperarse de un disparo recibido en acto de servicio. Cuando despierta el mundo es otro, las reglas han cambiado y la supervivencia animal es la única salida. Con él vamos descubriendo todas las miserias generadas en una sociedad que está más muerta que viva, en todos los sentidos.
El piloto es muchas veces insuficiente para hacerse una idea de cómo va a evolucionar la serie pero en este caso, de forma excepcional, sienta las bases de una serie que se prevé sólida y con continuidad asegurada. En el piloto de The Walking Dead hemos podido ver sangre y vísceras en cantidades industriales pero eso no implica que sea una serie gore. Todo disparo está justificado, todo estallido cerebral está explicado por una motivación profundamente humana como la compasión, el instinto de supervivencia o la venganza. Los personajes humanos también son caminantes, van de una lado para otro, buscan desesperadamente algo, se mueven en grupo y, si hace falta, se atacan entre sí. De alguna forma tras la eclosión zombie han muerto también, aunque de otra manera, y ahora son más animales que personas.
El diseño de producción es perfecto. Los paisajes cotidianos no están recargados, los restos de la guerra se mantienen incólumes, la desolación se escribe con una caligrafía hecha de cadáveres y de caminantes que ahora habitan los espacios públicos. No hay efectismos exagerados y todo parece sacado de imágenes de cualquiera de las guerras que azota el mundo en este momento. El espectador se siente familiarizado con esos contextos apocalípticos porque el terror no sólo vive en lugares oscuros; a plena luz también puede identificarse el peligro. Respecto a la dirección, me han gustado mucho los planos subjetivos, de los que no se abusa, los planos picados para mostrar la realidad desde todos los puntos de vista y los primeros planos que sólo nos muestran una parte de lo que está sucediendo. De esta manera se transmite intensidad y tensión sin necesidad de recurrir a una edición acelerada y con reminiscencias de videoclip.
En la entrevista que cito más arriba Darabont habla de Dead Set y comenta que ni siquiera esa serie está a la altura de la suya. Que lo diga el creador de la serie tiene guasa pero no por ello tiene menos razón. Dead Set es más bien una parodia de la sociedad y en eso no se parece en nada a The Walking Dead, que se sitúa de manera inequívoca en el espectro del drama. Si bien los zombies son un elemento común, no llegan a ser los protagonistas (aunque pueda parecer lo contrario). En Dead Set servían para destripar los vicios de la sociedad moderna y en The Walking Dead se comen los despojos de una sociedad deshumanizada que, de esa manera, vuelve a sentir el miedo y recupera el atavismo.
Por todo esto, si aún no habéis visto The Walking Dead, ¡ya estáis tardando! Esta noche en Fox emiten el capítulo extendido y, además, está para descarga donde vosotros ya sabéis. Ya tenéis deberes para el fin de semana.
‘España pregunta, Belén responde’, un mal show con consecuencias
Tres han sido las malas noticias para el show recurrente de Telecinco con Belén Esteban y ya era hora de que la cosa empezara a dar muestras de debilidad. No tengo nada en contra de la interfecta pero ya cansa escuchar siempre lo mismo, las mismas historias. El rollo de Belén Esteban que se promueve desde Telecinco es como el familiar plasta que siempre te cuenta lo mismo. Da igual que lo veas todos los días, la cantinela es siempre calcada. Al final, terminamos rehuyendo a este familiar porque tanta desgracia relatada una y otra vez se hace indigesta, soporífera e incluso increíble. Pero al lío:
- Declaró anoche Belén Esteban que tiene en mente apartarse pronto de la televisión. ¿Será verdad? Parte del éxito de esta mujer radica en esa falacia tan vista últimamente de «decir siempre la verdad». Es algo que se repite mucho en la tele, sobre todo en los realities. Para mí es una mentira pero por lo visto esa actitud vende. ¿Cuántas veces se repite eso de «yo voy siempre de cara»? Eso es imposible, queridos, porque supondría un ejercicio tan agresivo que fundiría cualquier atisbo de popularidad, pero la gente comulga con la idea. A pesar de esto, si ése es el rol de la Esteban, tendrá que cumplirlo hasta sus últimas consecuencias. Crucemos los dedos.
- Los hispanos (lusitanos, íberos y demás familia), y sus pugnas con los romanos de Hispania doblegaron al show de Telecinco. Las audiencias hablan por sí solas: Hispania (25.8% de share y 4.793.000 espectadores); y España pregunta, Belén responde (15.2% de share y 2.959.000 espectadores). El dato de Telecinco no es malo, claro que no, pero ha sido precisamente esta cadena la que ha intentado por todos los medios hundir en el fango a los irreductibles hispanos y los resultados saltan a la vista. Ni Belén Esteban puede con Hispania, el éxito de la temporada en lo que a ficción nacional se refiere, y en Telecinco tendrán que asumir su derrota. De nada sirvió que alargasen más de lo previsto el show de anoche y tres hurras por Hospital Central, cuyo estreno de temporada fue recluido por la cadena en el late night y terminó liderando su franja. Alguien en Telecinco debería repasar los datos de audiencia y apuntarse las tendencias de los espectadores. La cadena no da pie con bola y los índices indican claramente qué se está haciendo mal. A ver si aprenden la lección.
- Y para terminar, pero no menos importante, Televisión Española avisó a Telecinco de que es la cadena pública la que tiene los derechos del formato Tengo una pregunta para usted y que no se podía imitar. Obviamente, después de lo visto anoche Telecinco se tomó a guasa el aviso, quizá esperando que los datos de audiencia fueran un consuelo, pero como no ha sido así ahora tendrán que lidiar con dos frentes, las audiencias y este aviso que espero que se materialice en algo más serio que una amenaza. No por nada, sino porque ya está bien de que aquí todo el mundo haga lo que le parece y no hayan consecuencias realmente punitivas, empezando por la contraprogramación y terminando en esto.
Telecinco estará a estas horas intentando dilucidar cómo renovar a Belén Esteban para que no pierda fuelle porque está claro que su sola presencia ya no es garantía de nada y hay que dotarla de más contenido. He leído que gente opina con guasa que terminará en Gran Hermano. Yo creo que la opción con más posibilidades es que le den un papel en una serie. ¿Extraño? Claro, rarísimo. Pero si ella quiere de verdad dejar la tele y Telecinco quiere seguir explotando su imagen, meterla en ficción sería el paso natural. Y ojo, con ficción en el sentido amplio podríamos incluir desde una serie hasta ser jurado de OT. Ahí lo dejo.
‘Museo Coconut’, aceptamos barco
Museo Coconut abrió anoche sus puertas en Antena 3 y, como suele pasar con el humor chanante, de buenas a primeras dejó a la mayor parte del respetable con un palmo de narices. Pregunté en la página del blog en Facebook y las notas no pasaban del seis pero, eso sí, los votos de confianza parecen una tendencia general que yo comparto. El vídeo de arriba lo he escogido porque muestra que las risas no son enlatadas, una de las ideas que más se repite. Tirando de la raíz de la sitcom grabaron los episodios con público y no con cualquier público. Como veis, la mayoría se definen seguidores del «chanantismo» así que es normal que estuvieran predispuestos al cachondeo. Vista la serie en casa es otra historia.
Coincido con que el primer capítulo fue más flojo pero las presentaciones de personajes y la necesidad de sentar las bases de las tramas no son fáciles para nadie. El segundo capítulo la cosa mejoró y la decisión de emitir dos capítulos por el precio de uno benefició mucho a la serie. Si nos hubiésemos quedado con el sabor de boca del primer episodio las críticas en general habrían sido mucho peores.
Es cierto, no me reí a mandíbula batiente pero no pierdo la esperanza. Confío en que según vaya conociendo a los personajes sus desastres me irán gustando más y más. Por ahora me tienen ganada Rosario (genial eso de ponerle un nombre eminentemente femenino a un personaje masculino), y Zeus («Mamá, ¿me das cash para la zona azul?»). Sigo pensando que Miss Coconut y su hijo son un homenaje a la Baronesa Thyssen y familia. De Onofre esperaba que se pareciera mucho más al Onofre de Smonka! pero no ha podido ser. Los cameos siempre son bienvenidos, aunque algunos tuvieran más gracia que otros. Y la tira de «Maricón y Tontico» me gustó más que otras tiras ya conocidas.
En general es cierto que el ritmo de la serie es irregular pero los chanantes son expertos en eso, en romper el ritmo. A mí suele gustarme pero creo que en los episodios que vimos anoche de Museo Coconut se pasaron un poco de rosca en algunas cosas. Había secuencias precipitadas, otras extremadamente lentas, otras sincronizadas con la desincronización. Si lo que se proponían en llevarnos de cabeza lo han conseguido pero creo que se les ha ido la mano. De todas maneras, como decía arriba, el segundo episodio mejoró en ese sentido así que creo que es lógico esperar que con el paso de los capítulos la cosa se termine de ajustar.
Como buena comedia de situación, en Museo Coconut no hay trama de continuidad, cosa que se agradece, y cada episodio será una locura nueva. Cumple con las normas básicas del género y aunque mantiene el tono chanante que todos esperábamos cumple con la idea de no encerrarse demasiado en sí mismos. Con el cambio de Paramount – La 2 – Neox se han ido perdiendo cosas por el camino, es cierto, pero también hemos encontrado cosas nuevas. Museo Coconut es un cambio real respecto a lo que llevaban años haciendo, un cambio que ellos necesitaban, así que en lo que a nosotros respecta creo que es cuestión de acostumbrarnos. La irreverencia sigue estando ahí, como esos comentarios sobre el programa de famosos que bailan y hacen el ridículo o como esa secuencia de amor entre Jaime, el personaje de Raúl Cimas, y un perro. Creo que lo mejor está por venir y disfrutarlo depende más de nuestra capacidad de adaptación y de nuestra paciencia que de la serie en sí. Es lo que tiene hacer un humor para minorías.








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