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Boris Izaguirre, publientrevistas
He visto dos entrevistas y media del programa Humanos y divinos que presenta Boriz Izaguirre los lunes por la noche en La 1: la de Álex de la Iglesia, la de Marta Sánchez y un trozo de la de Santiago Segura; y he tenido más que suficiente. No termino de encontrarle la gracia a las entrevistas: no me gusta el entorno, no me gusta cómo lo hace Boris Izaguirre y no me gusta que todo el programa esté editado al extremo, quitándole la poca naturalidad que pudiera tener.
Me interesaba especialmente la entrevista a Álex de la Iglesia pero Boris no consiguió articular nada decente. De la Iglesia respondía una cosa y Boris preguntaba otra totalmente distinta. Luego he visto que ésta es la dinámica habitual. Con su sonrisa perenne y esa dosis parece que obligatoria de buen rollo, Boris no escucha al entrevistado. Parece más concentrado en recordar la siguiente pregunta que en averiguar realmente que hay más allá de un guión que pretende ser profundo pero que, con la ausencia total escucha activa, se convierte en una cursilada, cursilada que se eleva al cubo si se enmarca en el plató que tienen.
Ayer Santiago Segura decía que el plató de Humanos y divinos parecía la casa de Gran Hermano porque las cámaras están ocultas detrás de los espejos de las paredes, y no le falta razón. Predomina el blanco nuclear y los sillones rococó son morados. Tanto blanco me recuerda a Lo + plus y las entrevistas que hacían en ese programa que, pese a ser promocionales también, eran mucho mejores. Incluso Buenafuente hace entrevistas promocionales todas las noches pero las suyas, al menos, aparentan ser más espontáneas. Nada que ver con las de Sé lo que hicisteis, a las que les falta escucha activa. En la entrevista de Boris a Álex de la Iglesia los sillones estaban enfrentados de perfil y ambos se pasaron todo el rato removiéndose para encontrar una postura cómoda. Anoche los sillones ya habían vuelto a su posición natural pero el resultado no mejoró demasiado.
Si a todo esto le sumamos que el programa está editado a más no poder me quedo con la sensación de un quiero y no puedo que ni la edición puede solventar. Quieren hacerlo todo tan blanco que no hay asomo de mala leche, no hay preguntas incisivas y, por supuesto, ni siquiera se busca una respuesta. El principal problema se lo veo a Boris Izaguirre, que está demasiado estirado todo el rato, como queriendo contrarrestar la imagen que ha dado otras veces. No digo yo que no sea un intelectual pero le falta mucha personalidad. No es cuestión de que se baje los pantalones otra vez pero algo de relax es necesario y sobra ese pretendido glamour. El día que entreviste a Carmen Lomana el choque de trenes va a resultar insoportable.
Mariló Montero, esa fiera
Si tuviese que escoger entre Ana Rosa Quintana, Susana Griso o Mariló Montero lo tendría claro, muy claro. No soy espectadora de ninguno de estos magacines pero, quiera o no, siempre he visto trozos diseminados y la única que me engancha es Mariló. No es ya cuestión de contenidos, que también, es que su estilo personal me resulta muy atractivo. Si habéis algo de Las mañanas de La 1 sabréis a qué me refiero: además de su naturalidad, Mariló es más basta que un arado. Y lo digo sin mala idea, ¿eh?, que me gusta mucho ese tono arreglado pero informal que se gasta, siempre impoluta y perfecta pero con unas maneras rudas que hacen que el contraste me resulte muy interesante.
Mi hora de café en el bar al que voy (allí siempre la tienen sintonizada), suele coincidir con el momento licuadora. Esto es, cuando se ponen a hablar de zumos sanos y, teniendo una muestra hecha en una jarrita mona, Mariló se embarca en la tarea de repetir la gesta. No falla, sus zumos nunca se parecen a los de la jarra, nunca. Ni en textura, ni en color y no me atrevería a comparar los sabores, con todos mis respetos para la buena voluntad que pone Mariló en la tarea. En el vídeo de arriba podéis ver sus desastres en la cocina, que también son de antología, y en Sé lo que hicisteis más de una vez han sacado los desplantes que le hace al entrañable doctor Gutiérrez, ese señor que pensó que tras el despido de Torreiglesias tendría un programa propio pero que se ha quedado con las ganas. Y eso sí, no aptos para los sensibles son los bailes, ridículos por definición y ya, diría yo, una imagen de marca.
Mariló Montero tiene saber estar, guarda la compostura cuando es necesario y sufre y disfruta con lo que cuentan. No es capaz de pasar de la risa al llanto sin transición, como hacen otras, y eso le honra. Se nota que está a gusto con lo que hace y sus colaboradores le siguen el juego y se dejan sorprender por las salidas de Mariló, que tiene para todos. No le hacen falta grandes tertulianos ni un partenaire con el que compartir el protagonismo: la estrella es ella y se lo merece.
A pesar de todo esto, o quizá por ello, las audiencias no acompañan al espacio, que no consigue liderar en su franja y a menudo aparece en la lista por detrás de Susana Griso. La reina de las mañanas sigue siendo Ana Rosa. Supongo que hay cosas difíciles de cambiar y parece que en La 1 no están dispuestos a optar al liderato a cambio de cualquier cosa. Claro que tienen corazón y carnaza, pero cuidadosamente dosificado. Abundan en ciertas tragedias, sí, pero el programa no gira en torno a ellas. De hecho a mí me parece el magacín más purista de todos en cuanto a formato pero eso parece que ya no se lleva. Una pena.
‘Las chicas de oro’ no son para mí
Visto el estreno de Las chicas de oro me encuentro con la extraña sensación de que no puedo opinar. Es lo que tiene la fragmentación de la audiencia, que van apareciendo programas para públicos muy concretos y cuando nos topamos con uno que no corresponde a nuestros intereses se termina una sintiendo extraña, como una intrusa. Esto es bueno, que conste, y me alegro de que pase, pero lo menciono porque viene a significar que todos los peros que podría ponerle a la serie son absurdos teniendo en cuenta que no la han hecho pensando en gente como yo.
Comparar la serie original con ésta es inútil. Paradójicamente han mantenido elementos visuales (la decoración de la casa es poco contemporánea y el vestuario no encaja con ninguna tendencia actual), también el personaje de Concha Velasco se llama Doroti, cosa extraña porque el resto de nombres los han traducido literalmente (se ve que Dorothy no tenía traducción y lo han españolizado). Incluso han hecho un «homenaje» a los episodios octavo y segundo de la primera temporada de la serie original, como cuenta Marina en ¡Vaya Tele!,. Pese a todo esto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia pero no creo que a los espectadores potenciales les importe mucho.
Pienso que hasta lo que a mí me pareció falta de ritmo, puede llegar a ser un ritmo aceptable para otros; lo que a mí no me hizo gracia, puede hacerle gracia a otros; y en esta rueda relativista las audiencias vienen a confirmar que había ganas de la serie. Anoche hicieron un 22% de share, muy por delante del resto de ofertas. Queda por ver si aguantarán el tirón o si muchos espectadores caerán al ver que la serie no era lo que esperaban.
Pese a todo sí que quiero comentar algo de las actrices, un reparto que ha sido una de las apuestas fuertes y que han llevado gran parte del peso de la promoción. Alguien debería explicarle a Carmen Maura la diferencia entre tonta e inocente, que no son la misma cosa, Concha Velasco ha pasado la estrecha franja que separa lo borde del mal humor y Lola Herrera está poco lujuriosa o poco liberada, por decirlo de alguna manera. Ningún pero a la actuación de Alicia Hermida, que desde mi punto de vista es la única que ha conseguido separarse del personaje original en su justa medida, dándole un aire nuevo sin que pierda sus rasgos definitorios.
Por lo demás, me quedaré con la duda de ver cómo reinterpretan eso de «Imagina, Sicilia…, 1920…», o cómo se llamará Saint Olaf en la versión patria, si es que se llama de alguna manera. En la original la acción se situaba en Miami, Florida, lugar de peregrinaje para los jubilados americanos, aunque aquí parece que prefieren mantener en secreto el nombre del lugar en el que están. Eso sí, si alguna comunidad autónoma se empeña y patrocina, las chicas vivirán en Marina d’Or, por poner un ejemplo.
En fin, que si la serie mejora me engancharé más adelante (es lo que tienen las comedias autoconclusivas), pero si no tampoco pasará nada. Como decían aquellos, «España no se acaba en el mar, hay barcas pa’ seguir».
‘Águila Roja’ al cine: los motivos
Hecha la Ley, hecha la trampa. ¿Que la Ley dice que las televisiones tienen que invertir un porcentaje de sus ingresos en producción de películas? Blanco y en botella. Además, con los datos que está haciendo en televisión Águila Roja no es de extrañar que alguien haya pensado en sacarle rédito cinematográfico. Muchas series han estrenado temporadas en pases en cines y hay, por ejemplo, una peli de Los hombres de Paco.
La noticia de la película de Águila Roja nos dice que está producida por Daniel Écija (Globomedia), y dirigida por José Ramón Ayerra que, a su vez, es productor de Águila Roja, LEX o Los hombres de Paco. He buscado la información acerca de quiénes van a ser los guionistas pero no he podido confirmar mi sospecha (los guionistas nunca aparecen en noticias de este tipo): creo que serán los mismos de la serie, como ha pasado otras veces. El grueso del reparto va a ser el de la serie aunque hay alguna que otra incorporación (Martina Klein, por ejemplo), pero ninguna con un brillo deslumbrante. La historia de la película es una trama propia, la lucha contra un complot internacional, pero estará rodada en escenarios similares a los de la serie.
Diréis que esto es calentarse poco la cabeza, otros pensarán que el cine se ensucia con cosas así, los habrá que nieguen el mérito a propuestas de este tipo. Evidentemente se trata de un proyecto con clara vocación comercial, como lo son todos, pero no me parece justo dar por supuesto que no tendrá mérito cinematográfico, por decirlo de alguna manera. Y aunque así fuera, aunque resultase una propuesta sin valor artístico, si cumpliese sus objetivos económicos ya podría darse con un canto en los dientes (son decenas de películas al año las que se producen y ni siquiera llegan a los cines).
En estos asuntos se suelen mezclar términos y conceptos. Es un tema espinoso por la cantidad de cosas que implica: la trampa para superar las exigencias de la Ley, el recurso fácil de lo más visto en la tele, la escasa inversión en personal ajeno a las producciones televisivas…,. Yo me inclino a pensar que estas propuestas, aunque se proyecten en cines y se rueden en treinta y cinco milímetros (esto es un arcaísmo porque lo que está más de moda es el digital), al fin y al cabo siguen siendo flecos de la industria televisiva aunque para la industria del cine pueda considerarse como intrusismo. Los intereses en esto son tantos y tan variados que es imposible no entenderlos a todos, pero como esto es un blog de tele y a mí me gusta el cine, tiendo a pensar que hay sitio para todo el mundo.
La industria televisiva nacional tiene muchas carencias. De hecho es difícil considerarla una industria en sentido estricto pero, así y todo, si este tipo de propuestas sirven para afianzar los cimientos de la tele nacional, les doy la bienvenida. Otra cosa es que los réditos de estas series convertidas en cine se inviertan en proyectos televisivos innovadores, algo que no suele pasar. También es verdad que estas propuestas me parecen que ejemplifican eso del «pan para hoy, hambre para mañana»: beneficios económicos inmediatos y poca perdurabilidad e innovación. Cierto es que preferiría que las televisiones apostasen por estrategias más sólidas y de más largo recorrido, que enfrentasen la realidad que se les viene encima en lugar de evitarla, pero con ideas como estas llegamos al quid de la cuestión: la industria la dirigen personas que representan los intereses de grupos mediáticos. El requiebro es enorme y la distancia entre los despachos y la realidad parece cada vez más insalvable.
Así las cosas, si películas como ésta sirven para dar de comer a un grupo de gente, para aumentar sus experiencias y conocimientos, y para posibilitar nexos y uniones, encuentro perfecto que las hagan. Luego el aprovechamiento que saquen de algo así es harina de otro costal pero, en resumidas cuentas, menos da una piedra.
‘Las chicas de oro’ se van a forrar
He estado leyendo sobre la presentación en sociedad de Las chicas de oro de José Luis Moreno y, claro, para mí es una verdadera herejía esto que se plantean hacer, pero pensando en los espectadores de La 1 creo que van a dar en el clavo porque están faltos de comedias. No me sabe mal ni me molesta que les vaya bien. Aunque Moreno no sea santo de mi devoción tiene a gente trabajando a su cargo que no tienen culpa de nada y que de algo tienen que comer. Eso sí, repiten sin parar que la adaptación va a ser fiel a la serie original y eso sí que me permito dudarlo.
Es muy difícil hacerse eco de un clásico repitiendo esquemas porque inevitablemente saltan las comparaciones, que todos sabemos que son odiosas. Las actrices escogidas para la serie son cabeza de cartel y muy reconocibles todas para los espectadores de La 1, sobre todo Concha Velasco. Me llama la atención, por otro lado, que empiecen a grabar la serie ahora y vayan a estrenarla en otoño. Aventuro una maratón de trabajo que puede dar como resultado una producción regulera, pero espero equivocarme.
En declaraciones en la rueda de prensa sorprende leer algunas perlas que me han dejado boquiabierta. Por un lado, José Luis Moreno afirma que la serie va a encajar en La 1 porque va a ser de humor blanco. Que yo recuerde, la serie original era cualquier cosa menos blanca, por lo menos en los Ochenta. Vista ahora podría considerarse inocente pero en los Ochenta que cuatro mujeres mayores hablasen de sexo fue una revolución. Era una serie picante, con contenido social y que trataba con total seriedad temas transversales como la soledad o el poder de la amistad. Igual los chistes verdes no son considerados ofensivos, no sé, pero sólo espero que no nos acordemos de Hostal Royal Manzanares cuando truena.
Más perlas. Dice Carmen Maura, que reconoce que no vio la serie original, que ésta no se va a parecer a la otra porque ¡¿no parece americana?! Sea lo que sea lo que eso signifique, suena mal. No sé si esta señora se habrá dado cuenta pero la elección de la adaptación no es baladí y quizá le convendría echar un ojo a la serie original para saber dónde está. Ojo que ella hará de Rose y, permitidme el chiste, empieza bien porque salta a la vista de que no se ha enterado de qué va el asunto.
Luego podemos centrarnos en aspectos como que los capítulos serán semanales y durarán cincuenta minutos. ¿Cómo encaja esto con la adaptación fiel del original? ¿Cómo van a hacer para que una comedia de situación con capítulos de media hora se convierta en soportable durando casi media hora más? Si lo consiguen habrá que ponerles un monumento porque hasta ahora nadie ha logrado hacer semejante transformación. De hecho, ya tuvimos un Juntas, pero no revueltas, que no tuvo segunda temporada.
En resumen, que a pesar de todo lo dicho, me reitero en mi argumento inicial y es que la serie le viene como un guante a La 1 así que no me extrañaría que tuvieran éxito. Todas estas minucias que he contado porque me llaman la atención son importantes para mí, que no soy público objetivo. Eso sí, pediría por favor a los responsables de la serie y de la cadena que dejen de utilizar la palabra «sitcom» para definir una serie que no lo es. Comprendo que queda bien el anglicismo pero según hemos podido leer ese formato les queda muy pero que muy grande.
Subcontratas de rebajas en Televisión Española
Me parece recordar que hace no mucho se dijo que Televisión Española iba a apostar por la producción propia y una rápida búsqueda en Google me dice que sí, que recordaba bien. El tema de las subcontratas tiene miga porque si por un lado Televisión Española posee profusión de medios técnicos y humanos propios, lo cierto es que terminan contratando muchos de sus programas a productoras externas para que les hagan el trabajo sucio. Esto es: explotar al personal para que el programa final resulte lo más barato posible. Abaratar costes, como cualquier empresa privada, es lo que hace la cadena pública. Sí, intentan ponerle remedio al asunto pero a paso de tortuga, tal y como demuestra el caso de España Directo.
Para ir haciendo camino, la Pública pretende ir introduciendo a personal propio en el programa y para ello no duda en regatear. Tras una negociación con Mediapro, productora externa responsable de España Directo, la pública ha conseguido el saldo de las rebajas de verano: una prórroga de tres meses para el programa y a un coste menor del que estaban pagando. Me perdonaréis pero este tipo de negociaciones me parecen más propias de un mercadillo cualquiera que de una cadena pública de televisión.
A los de Mediapro, por su parte, les crecen los enanos. Con problemas económicos evidentes habían planteado un proyecto de seis meses pero tendrán que conformarse con tres meses y cobrando menos. Si es que cuando uno no está en posición de presionar…,. Porque sí, es cierto, España Directo es un programa sólido en las tardes de La 1 pero, al mismo tiempo, es un programa que podría hacer cualquiera cambiándole un poco el nombre como, de hecho, hizo Mediapro cuando se trajo el formato de Madrid Directo.
Cada programa de España Directo cuesta 40.000 euros y el doble la edición de fin de semana. Un precio ya rebajado de por sí pero que no se ajusta a los precios marcados por la Corporación para aceptar producción externa. Demasiadas trabas, demasiadas normas, demasiadas reuniones si lo que se quiere realmente es volver a producir como se hacía antes, creo yo.
Al final, parece que de lo que se trata es de hacernos creer que van por buen camino, cuando en realidad lo que hacen es abaratar el camino que ya estaban siguiendo. Y que conste, si pienso en esto no es porque me preocupe el futuro de Mediapro como entidad abstracta, es porque pienso en toda esa gente que se parte el lomo por cuatro chavos trabajando de tapadillo para Televisión Española. Conozco el percal, las subcontratas han marcado mi vida laboral, y si hay alguien que lo estará pasando verdaderamente mal no son Roures y sus acólitos, sino los trabajadores así que toda mi solidaridad para ellos. Que su futuro dependa de lo que decida Oliart tiene que ser frustrante y vivir con esa inestabilidad es una rémora segura para gente que sólo quiere trabajar.








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