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‘Lo que diga la rubia’, a medio gas
Pues nada, en Cuatro ya tienen su programa de autobombo como está mandado. Me gustaba mucho Luján Argüelles en Password y en Granjero busca esposa. Aquí, en Lo que diga la rubia, la noté algo desubicada al principio, pero nada que no se cure con algo de rodaje. Respecto a todo lo demás, lo cierto es que me aburrí como una ostra pero no es culpa del programa en sí, que está bien hecho y es dinámico. Es que los contenidos no me interesaban en absoluto y la forma de transmitirlos me terminó resultando algo histérica.
Han promocionado el programa como un «actuality show», que no sé qué manía les ha dado ahora a la cadenas por inventarse géneros, como si no tuviéramos bastante con los que tenemos. El concepto habla de actualidad y espectáculo, y algo de las dos cosas intentaron dar, aunque con resultados algo flojos para mi gusto. La historia de repartir pelucas entre el público o los números de Edu Soto me parecieron un poco histriónicos, aunque fuera eso lo que querían hacer.
Los contenidos, como decía, no resultaron de mi interés. Esperaba mucho más de Eugeni Alemany, por ejemplo, que se empeña en confirmar que, por desgracia, ya no es el mismo de Caiga quien caiga. Y el personaje ese de «Titulilla» me parece tan poco práctico como la cabra de Vaya tropa. El consultorio de Santi Rodríguez me pareció muy irrelevante. La sección de moda de Josie, tres cuartos de lo mismo. El debate de la crónica rosa no podía faltar, por supuesto. La sección de Internet con Josep Lobató no me pareció nada del otro mundo. El debate de Perdidos en la tribu es autobombo, igual que el culebrón paródico «Calientes».
Vamos, que estoy segura de que el programa tendrá su público. Al que le interesen este tipo de contenidos el programa puede llegarle a gustar, sobre todo si le dan algo de tiempo para que engrasen la maquinaria y consigan que funcione todo de una forma más fluida. No estaré ahí para verlo pero me alegraré si la apuesta funciona porque, al menos, el programa no se regodea excesivamente en los tópicos más habituales y de alguna manera si es cierto que intentan ofrecer una alternativa. Eso sí, podrían empezar por la cabecera, que como dice el Telepatético (el programa me ha gustado a mí más que a él), es clavadita a esta otra.
Más programas de humor: es la moda
En esa franja extraña que es el acces prime time, justo después de los informativos y antes de que empiece lo bueno, parece que va a haber una revolución (o van a intentarlo). Cuatro está desde esta semana disparando con pólvora mojada con el Vaya tropa diario, que no se está comiendo un colín, pero no es la única que apuesta por la actualidad satirizada a golpe de chiste.
Antena 3 ya anuncia El club del chiste, con Anabel Alonso y producido por Globomedia. Una especie de El club de Flo pero sin competición, con famosos y chistes, referenciando No te rías que es peor y Genio y figura, pero todo con estética de club de monólogos de Nueva York de los años 90. Vamos, que si los chistes hacen gracia a mí no me importan las similitudes ni los parecidos razonables. Eso sí, parece que la tira diaria de Padres pasa a mejor vida.
Telecinco por su parte anuncia Fresa ácida, un programa de repaso de la actualidad con humor que parece que tendrá de presentadora principal a Carmen Alcayde (imagino que estará cruzando los dedos y tocando madera para frenar su última racha gafe). ¿Será el fin de Escenas de matrimonio? ¿Habrá acabado la era Risto definitivamente? Poco más se sabe por ahora del proyecto, pero parece que Telecinco tira más hacia la satirización de la actualidad, como ya hacen Cuatro y laSexta.
En todo esto La 1 se queda fuera porque sus informativos, tan largos, le permiten llegar hasta más tarde, y por ahora están pudiendo mantener un prime time con doble oferta, ya sea a base de repeticiones o con espacios como Volver con…,. Su cuota de humor sigue cubierta con José Mota los viernes.
Será cosa de la crisis, que hace pensar a las cadenas que la tele tiene que hacer reír a la gente. También tendrá que ver que estos formatos son más baratos que las series, por ejemplo, y que permiten a las cadenas hablar de sí mismas sin ningún tipo de pudor, usándolos para el autobombo directo o a través del protagonismo de actores y presentadores de la casa. Lo cierto es que si se trata de ahorrar, esta es la manera. De ahí a que haya risas aseguradas hay un paso porque hacer programas diarios como estos, con chispa, gracia y manteniendo un nivel, es difícil y requiere de mucho tiempo de rodaje, un tiempo que no sé si las cadenas están dispuestas a dar porque últimamente parece que si tienen algo, es prisa.
Callejeros carroñeros
Deseaba no tener que escribir esta entrada, lo deseaba de verdad. Ya avisé de que había muchas señales que decían que esto iba a pasar, pero quise creer que me estaba equivocando. Lo de anoche en Callejeros fue lo peor que he visto en mucho tiempo, en mucho. Y no porque tirasen del sensacionalismo más burdo y más asqueroso, sino porque lo hicieron colgando rótulos de «Ayuda Haití manda un SMS»., disfrazando de concienciación social lo que en realidad fue un espectáculo grotesco y una lección de cómo no se debe actuar nunca ante una tragedia, por muy periodista que se sea.
Esto es lo que anticipaba la web del programa:
«Cadáveres amontonados en las calles, cuerpos amputados, olor a muerte, gritos ensordecedores de dolor. La ciudad de Puerto Príncipe convertida en un cementerio con los cuerpos sin enterrar y con miles de personas heridas deambulando sin rumbo entre los escombros».
Y eso es justamente lo que ofrecieron. No se puede decir que engañaran a nadie, pero se pusieron en evidencia. Son tantos los ejemplos de la denigración de la tragedia que no sé ni por dónde empezar:
- Una mujer mayor recién rescatada de los escombros, medio desnuda, a la que la reportera le preguntaba a voz en grito «¿cómo está?», y a la que le difuminaban la vagina olvidando que lo más importante no era qué se enseña o no, sino cómo se enseña.
- Esa visita a una casa en pésimas condiciones en la que la reportera pidió que le enseñasen el retrete que, por supuesto, era una garita infecta. Como hacen los de otros programas cuando abren las neveras de las casas en las que vive gente con algún tipo de problema.
- Muchos niños a cara descubierta, con lo estrictos que son con la Ley del Menor para los hijos de los famosos.
- Un mismo cadáver llegó hasta salir tres veces, si no recuerdo mal.
- El señor de la Cruz Roja que participó en el reportaje hablaba de la sonrisa de la gente, pero no quisieron enseñárnosla.
En fin, que sigo sacudida por una ola de ira, de desencanto, de rabia y de estupefacción. Me pareció un reportaje asquerosamente amarillista y que, más allá de grabar lo que cualquier hijo de vecino puede captar en Puerto Príncipe, se dedicó a tirar de disturbios, muertos y saqueos sin ningún tipo de pudor.
Me quedo con una duda, a ver si alguien me la puede responder. ¿Por qué no hablaron del papel cuestionable de Estados Unidos en la catástrofe? Por que sí, mucha gente invocando a Obama, pero la realidad está siendo muy diferente. La enviada especial de Público a Haití mantuvo hace unos días una charla con los lectores y entre muchas otras cosas dijo:
«Los primeros días era fundamental informar con todos los detalles, para dar cuenta de la verdadera dimensión de esta espantosa tragedia. Todo lo que se contase en esos primeros momentos era poco. Ahora, yo creo que es hora de pasar a otro tipo de noticias: reconstrucción, falta de alimentos… Ya no tiene sentido seguir dando fotografías de la morgue».
Los de Callejeros con su reportaje han hecho un flaco favor a la reconstrucción del país, no dieron ningún tipo de información sobre el rumbo que están tomando los acontecimientos y se convirtieron en el peor ejemplo de lo que debe de ser un reportaje sobre una tragedia de estas características. La audiencia les dio la espalda y sólo tuvieron un 4,5% de share. Ojalá hubiera sido menos todavía.
Santi Millán se la juega en Cuatro
Me gusta mucho Santi Millán. Ya le veía como «el Paco» en La cosa nostra, el programa que tenía Buenafuente en TV3 allá por 1999 (cuánto ha llovido desde entonces), y es casi como de la familia. Por eso me preocupa más si cabe la noticia que lo ha hecho saltar a la palestra: va a presentar un late night en Cuatro producido por su propia productora y apoyado por la de Pablo Motos.
No es que crea que no lo va a hacer bien. En su faceta de presentador me gusta mucho a pesar de que a nivel nacional ha destacado más por sus apariciones en series. Ante la cámara es un tipo espontáneo, curioso, con gracia, atrevido y con muchas tablas. Pero no sé si Cuatro es el destino ideal para nadie vistos los antecedentes y viendo cómo está el panorama.
Santi, hijo, ¿sabes dónde te metes? Ningún late night ha aguantado en Cuatro. Hasta ahora han lanzado propuestas demasiado progres para su target, que prefiere propuestas menos partidistas. Vas a competir con Buenafuente, que tiene un público muy fiel y muy concreto así que, si pensáis hacer lo mismo que él hace en laSexta, vais listos. La productora de Pablo Motos ya fracasó con el programa que hicieron para Telecinco, Guerra de sesos, así que aunque su programa les funcione muy bien, ya se ha demostrado que es un tipo de propuesta que no cabe en todos lados ni a cualquier hora. Y ahora que menciono a Telecinco, sabes que la fusión ya es un hecho, ¿no? ¿Has pensado en qué quieren ellos para un late night? Sólo puedo decir dos palabras: Crónicas Marcianas.
Quiero lo mejor para Santi Millán y nada me alegraría más que su éxito, pero es que parece que se ha metido en la boca del lobo. Sobre todo porque me dejo lo más importante para el final: Cuatro ha entrado en la más pura esquizofrenia. La única manera de saber qué hacen en Cuatro es poniendo el canal porque los cambios que están haciendo en la programación son diarios. Como ellos no tienen consideración con el espectador, yo no voy a hacerles el favor de publicitarles las modificaciones de parrilla que están haciendo sin ni siquiera la antelación que marca la Ley (debería de caerles una multa por esto). Hasta en la información de su web podéis encontrar que hay fallos de actualización. En estas condiciones, recomendaría a la cadena un Orfidal y reposo absoluto, porque se están metiendo en un fregado importante.
A mí me gustaba mucho Noche Hache y Estas no son las noticias, dos programas que terminaron cancelando porque no eran la fórmula que le gustaba a su audiencia así que no espero que dejen que Santi Millán haga nada parecido. En el terreno de los sketches tampoco hay nada a su favor porque parece que Vaya tropa tiene los días contados y lo de Saturday Night Live fue flor de una temporada (por suerte, estaréis pensando muchos), así que tampoco creo que vayan a profundizar en ese terreno. Sólo queda la posibilidad de hacer un «hormiguero» de madrugada, más gamberro y menos familiar, y eso me da una pereza terrible.
Lo mires por dónde lo mires, Santi, que el mando a distancia te coja confesado.
A tortas con ‘Perdidos’
Ya está aquí. La semana que viene se estrena en Estados Unidos la sexta y última temporada de Perdidos. Dejando de lado las filias y las fobias personales (a mí me entusiasma), lo que parece claro es que éste si que va a ser un acontecimiento de los que van a hacer época y en las teles nacionales están de uñas por ver quién consigue llevarse a los espectadores.
Durante mucho tiempo desde las televisiones se ha pasado olímpicamente de las descargas. La gente que descargaba era un público minoritario pero por fin llegan síntomas de lo que todos estábamos esperando. Internet domina a la tele y las cadenas quieren que los «descargadores» se hagan con el control del mando a distancia. Primero los expulsan y ahora quieren volverles a conquistar. No es como reconocer su error y no sé yo si llegan a tiempo. A quien compadezco de verdad es a la gente que hace los subtítulos. ¿Para cuándo un monumento en su honor?
Pero a lo que iba. Las posibilidades de ver la sexta temporada de Perdidos en las teles se han multiplicado de forma considerable y, sí, tenemos donde elegir:
- Digital +: versión subtitulada del episodio en la Taquilla Series un día después del estreno americano. Dentro de la misma plataforma, además, está el canal Fox HD que ofrecerá el episodio doblado y en alta definición una semana después.
- Fox: Canal de pago que está en distintas plataformas. Ofrecerá el episodio doblado una semana después del estreno americano. Formato 4:3. Empieza a las nueve y media de la noche, antes que en Cuatro, y tiene mucha menos publicidad y mejor gestionada.
- Cuatro: Ofrecerá el episodio doblado el mismo día que Fox, a las diez y cuarto de la noche y en formato panorámico.
En este artículo se da leña de la buena a Fox porque, siendo un canal de pago, se supone que tendría que ofrecer a sus espectadores más ventajas respecto a una cadena generalista. No mencionan los muy cucos, por ejemplo, que Fox ha estado emitiendo la actual temporada de House subtitulada, pero es que hay cosas que no interesa decir. Y tampoco dicen nada de la publicidad abusiva de Cuatro. Se los llevan los demonios porque tienen miedo de no llevarse el gato al agua. Ya les escoció que AXN hiciese récord con el estreno de FlashForward pero creo que se equivocan si sitúan en el centro de sus ataques a las cadenas temáticas de pago. Ven la paja en el ojo ajeno pero no ven la viga en el ojo propio.
¿Acaso Cuatro no se ha ganado merecidamente el título de «cadena oficial maltratadora de series»? Durante cinco temporadas, primero Televisión Española y luego Cuatro han tratado la serie con una desidia asombrosa. Cambios de días de emisión, parones, maratones absurdos…,. Y quieren remediar eso a última hora, deprisa y corriendo, y encima intentando machacar a la competencia con argumentos endebles.
En todo este tiempo la gente ha aprendido a sacarse las castañas del fuego y a no esperar a ver lo que ellos tuvieran a bien hacer. A estas alturas ya no hay remedio porque ¿cómo se lucha contra la ansiedad de los fans? No hay manera. Tendrán audiencia, claro, unos y otros, pero no toda la que hubieran podido conseguir si se hubiesen tomado en serio desde el principio la serie. Igual es que les ha pillado por sorpresa el «efecto Perdidos» pero si ha sido así lo único que demuestran es una estrechez de miras alarmante. Y llegados a este punto, ¿qué vais a hacer vosotros?
21 días desmontando el porno
Supongo que el reportaje de anoche de 21 días en la industria del porno habrá decepcionado a mucha gente porque, como ya dijimos, ni Samanta Villar hizo una escena porno, ni la cantidad de imágenes porno que se vieron fueron para tanto, ni nada de nada. Se veían cosas, sí, pero diseccionadas como con bisturí. El reportaje de anoche fue como desvelar en qué consisten los trucos de magia.
Yo tengo sensaciones contradictorias porque, como me pasa casi siempre con este programa, me satura el formato en sí. Los contenidos no, que me parecieron muy interesantes. Los testimonios obtenidos estuvieron muy bien tratados aunque creo que llegaron demasiado lejos con la chica que tenía un hijo. Vale que ella decidió salir pero por lo que decía saltaba a la vista que no era demasiado consciente del impacto social de estos reportajes y no sé yo si el menor va a salir indemne de todo esto. El resto de historias fueron muy humanas y, por lo menos para mí, educativas.
Lo que no me gustó fue, como siempre, lo que representa el personaje de Samanta Villar. Es algo así como la voz del pueblo, que se supone que pregunta, piensa y actúa como el grueso de los espectadores y yo no me siento para nada identificada. ¿Un butanero en una peli porno? Vamos, hombre, que ese es un mito de los sesenta. Me molestó especialmente un comentario: cuando estaba repasando la receta para su película dijo algo así como «estudiar una carrera para esto», comentario que me pareció que de alguna manera degradaba a las personas con las que había estado hablando hasta el momento. No recuerdo que le preguntase a nadie por sus estudios ni nada parecido. ¿Tan indigno y raro le parecía lo que estaba a punto de hacer? Y eso que se supone que empatiza con las personas con las que trata. En fin, que seguramente me lo tome demasiado a pecho.
A estas horas aún no se han publicado los índices de audiencia pero no creo que les haya ido mal porque la expectación creada fue grande, aunque sería interesante ver la curva de evolución de los datos, una información de la que no dispongo, para ver si el reportaje mantuvo el interés hasta el final o si, viendo cómo iba la cosa, la gente decidió cambiar de cadena.
Samanta Villar terminó el reportaje bromeando sobre la posibilidad de protagonizar una escena y durante todo el programa el tema estuvo latente y presente, conscientes como eran de que el interés estaba ahí. Es una pena. Si no fuese un formato tan centrado en una persona el contenido del reportaje, muy interesante para mí, pasaría menos desapercibido pero me da la sensación de que hasta ellos asumieron desde el principio que los miedos, las preocupaciones y las dificultades de las personas que hacen porno eran lo de menos. Lo importante siempre es Samanta Villar, justo lo que menos me interesa.








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