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Fama vuelve por la ilusión
A estas alturas del partido me hace gracia que desde Cuatro pretendan hacernos creer que la debacle de sus sobremesas no ha tenido nada que ver con la vuelta de Fama, programada para principios de diciembre. Dicen que habría vuelto de todas maneras, que sólo han adelantado veinte días la vuelta respecto al año pasado y que lo que les ha motivado ha sido la ilusión que genera el concurso en la cadena. Sí, claro, la ilusión para volver a dominar las sobremesas. Se señalan dos hitos en la temporada pasada: el «podemos» de la Eurocopa y Fama. Y como este año no hay Eurocopa…,.
La pregunta que nunca tendrá respuesta es qué habría pasado si hubieran funcionado en la sobremesa Circus o Supermodelo. Nunca lo sabremos. Veremos qué pasa si funciona Pekín Express, que arranca el lunes que viene con su tira diaria. Eso sí, vamos a acabar de Paula Vázquez hasta el gorro.
Otra cosa que me llama mucho la atención es el apartado de los aspirantes. Se repite que este año se está presentando gente profesional que el año pasado no se presentó porque tenían reticencias de cara al formato. Me da la sensación de que va a pasar lo mismo que pasó con Gran Hermano, que sólo en la primera edición los concursantes eran verdaderamente ajenos a lo que estaba ocurriendo. Ahora vendrán más «enseñados» y esperemos que desde Fama lo tengan en cuenta porque si no van a tener problemas. La audiencia quiere ver superación y sufrimiento, no a gente experimentada haciendo cabriolas.
Respecto a esto, dicen que buscan perfiles nuevos y que no quieren otro Marcos, otro Hugo u otra Mery. Arriesgado, muy arriesgado. Por otra parte los profesores van a ser los mismos. Yo no sabría qué decir. ¿El éxito de Fama residió en el casting o en el claustro de profesores? Lo que está claro es que el formato no está por encima de todas las cosas, no hay más que ver el desastre que supuso Circus.
A mí la primera edición no consiguió engancharme. Nunca he comulgado con las catarsis colectivas, la energía en movimiento, no me llegué a identificar con ningún concursante, los profesores me caían mal y Paula Vázquez lograba sacarme de mis casillas. Si este año entra alguien que me interese caeré, pero me da a mí que buscan perfiles con los que tengo muy poco que ver. En general, la abundancia de situaciones emotivas me empalaga.
Call-TV, la fábrica de los sueños
El Consejo Audiovisual de Catalunya (CAC), amenaza con demandas si determinan que hay indicios de fraude en los teletimos, esos programas en los que presentadores histéricos ofrecen cantidades de dinero a cambio de respuestas de parvulario. Aunque parezca otra cosa, las cadenas estatales son las que más horas emiten de este tipo de concursos y en cualquier generalista que se precie hay un programa de estas características. Comprensible: los beneficios multiplican la inversión.
Son programas baratos, muy baratos (sólo hay que verlos), estúpidos en su mayoría, con premios irrisorios como cien euros del ala pero que le vienen bien a cualquier hijo de vecino. Desde el CAC nos recuerdan que la ludopatía asociada a este tipo de programas va en aumento y ya hay centros hospitalarios que cuentan con unidades de tratamiento específico.
Haciendo una pequeña investigación en la red, he encontrado noticias de hace un año (aquí tenéis un ejemplo), en las que se anunciaba la inclusión de los 905 como números de tarificación adicional, con las consecuencias que eso supone. A día de hoy, y según la web del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, los 905 siguen sin estar incluidos en los prefijos de tarificación adicional.
Básicamente, los 905 nacieron como prefijo para lo que comunmente se llama «televoto» y su uso se ha extendido a lo que todos conocemos hoy como teletimos. A diferencia de este prefijo, los de tarificación adicional tienen que advertir mediante locución del importe de la llamada, su coste tiene que venir desglosado en factura distinguiendo entre el importe que cobra el operador y lo que cobra la empresa prestadora del servicio, las llamadas no se pueden prolongar de manera innecesaria, tiene que cumplir medidas de protección al menor y en la publicidad tienen que decir el precio del servicio y quién lo presta.
A día de hoy, los 905 se usan para todo, y demasiado. Uno de los últimos usos que he visto de un 905 es el que hacen en Telecinco con su concurso de «Lluvia de premios». En las promos salen actores de la cadena (yo he visto a los de Escenas de matrimonio), pidiendo llamadas a un 905, animando como dicen los del CAC, a que la gente opte a ganar un porrada de dinero, aunque aquí el coste es de 1,10+IVA y son necesarias dos llamadas. Es barato, pero sólo si llamas una vez.
Y lo que voy a decir ahora es una mera suposición pero de un tiempo a esta parte me da la sensación de que algunos realities se estructuran en función de las nominaciones no porque generen interés o audiencia, que también, sino porque implican llamadas a los 905. Ha habido veces que con tanta posibilidad de salvar, expulsar, premiar, mandar al limbo y demás cosas que se inventan, alguien con querencia al teléfono podría llamar más de dos veces a un mismo concurso con intenciones diferentes.
¿Qué pensáis? ¿Esto es tan sencillo como «al que no le guste que no llame»? Yo creo, pensando en términos económicos, que si estos números son un negocio tendrían que estar regulados por el Estado, más aún si tienen derivaciones en la salud pública.
Consideraciones sobre Qué vida más triste
He estado un par de días dándole vueltas al estreno de Qué vida más triste en La Sexta. Había expectación, eso es evidente vistas las audiencias (más de un millón de espectadores), todo un éxito sobre todo tratándose de La Sexta y compitiendo con Pekín Express. Después de tres temporadas en Internet, es evidente que Qué vida más triste ha generado un nutrido grupo de fans dispuesto a ver la televisión si emiten algo que les gusta. Para que luego digan que los internautas no ven la televisión.
Es evidente que la propuesta tiene un público muy específico y no sólo porque los guiones estén llenos de referencias frikis (desde las camisetas que lleva Borja hasta sus actividades favoritas, como jugar a la videoconsola), además el aspecto de la serie respeta el formato de videoblog y ese no es un lenguaje al que esté habituado el espectador medio, a pesar de que Camera Café haya abierto camino en este sentido. Pero hasta Camera Café tiene en apariencia una producción menos kitsch. Me parece una buena noticia que una cadena haya apostado por un formato tan complicado para la televisión, tan poco comprensible para las generaciones menos en contacto con Internet.
Los guiones me parecieron buenos, los giros son divertidos y se nota que tienen pulso y que llevan tiempo trabajando en Qué vida más triste. No se puede pedir que los cinco capítulos que se emiten del tirón mantengan todos el mismo nivel, pero en general me dejó un buen sabor de boca. El que menos me gustó fue el de los médicos, Martín y Eliseo, porque salieron fuera de las cuatro paredes, pero sólo por eso. En fin, que en mí tienen una seguidora pero no tiene mérito, ya les veía antes en Internet y es de agradecer que, efectivamente, su salto a la televisión no haya supuesto una traición a la serie en virtud de una adaptación al medio o de un mayor presupuesto.
Para terminar, sólo apuntar que me parece que La Sexta ha perdido la oportunidad de hacer una verdadera campaña de la serie, aunque aún están a tiempo. El estreno de la serie provocó montones de referencias y noticias pero la mayoría de ellas, en medios tradicionales, se limitaban a repetir la nota de prensa y poco más. Teniendo una audiencia potencial en la red, creo que tendrían que haber aprovechado para hacer un lanzamiento especial en web, un pase de preestreno para que la gente hablase en los blogs del primer capítulo y generase noticias más allá de lo de siempre: un proyecto de Internet y poco más. Hasta la ficha que les han hecho en la web de la cadena es escueta, demasiado. Si con un espacio así no se abren a experimentar nuevas formas de promoción y emisión, no sé con qué van a hacerlo. Eso sí, podéis ver el programa íntegro en la web de vídeos de la cadena.
Vicente Vallés, enfermo de integridad
Vicente Vallés por fin ha aclarado el culebrón con Telecinco. Su marcha fue voluntaria por discrepancias con la cadena a la hora de afrontar la nueva temporada de La mirada crítica. Todos los que, como yo, culpamos a Telecinco de expulsar a este profesional y de preferir a María Teresa Campos antes que a él tenemos que hacer propósito de enmienda y rectificar. Entre todos la mataron y ella sola se murió. Vallés decidió marcharse porque las condiciones que ofrecía Telecinco no le interesaban. Silogismo: Si María Teresa Campos aceptó el puesto implica que aceptó también las condiciones de la cadena. Sobran las palabras.
Pero más allá de este rifirafe, lo importante es que hoy vuelve Vicente Vallés al directo con un programa informativo en el Canal 24 horas, que estrena temporada con un buen montón de cambios interesantes. El programa de Vallés se llama La noche en 24 horas, un informativo en prime time, en directo, con información, análisis, entrevistas y debates orientados a complementar la información, a enriquecerla, y a contribuir a que podamos formarnos una opinión propia. El informativo se complementará con las opiniones que de los espectadores darán a través de un foro habilitado en la web de la cadena.
Con el tiempo se irán añadiendo nuevos espacios a la parrilla del Canal 24 horas, que pasará de ser el bucle de noticias que todos conocemos a tener espacios de producción propia apoyados en los enviados especiales, reporteros y centros territoriales. Se prevé que haya espacios específicos informativos en las mañanas y en las tardes, que haya un programa de tertulia, otro de deportes y otro protagonizado por los corresponsales. Una apuesta fuerte, consistente y coherente. Si consiguen hacer la mitad de lo que se proponen creo que el resultado puede ser más que positivo y los beneficiados seremos los espectadores. Les deseo, por la cuenta que nos trae, mucha suerte en esta nueva etapa.
Diario de… Gonzo
Gonzo y Mediapro ya tienen casi cerrada la nueva aventura de Gonzo en Antena 3 que supondrá, además, un lavado de imagen para él, muy necesitado de recuperar el aura perdida de seriedad y rigor después de la caída que ha supuesto El método Gonzo. Da la sensación de que quieren demostrarnos que Gonzo ha vuelto a las andadas.
Ya sabíamos que preparaba un programa de reportajes de investigación pero esta es una definición demasiado amplia como para significar nada, más aún sabiendo que ahora en televisión se le llama reportaje de investigación a cualquier cosa. El círculo se va cerrando y las últimas noticias nos hablan de un espacio que supone una vuelta a la investigación de los temas más polémicos. Pero no olvidemos que estamos hablando de Antena 3.
El nuevo programa seguirá la estructura formal de Diario de… (Telecinco), y estará vinculado a los estrenos de las miniseries que está preparando Antena 3 (20-N, sobre los últimos días de Franco, 23-F, sobre el golpe de Estado, y Una bala para el Rey, sobre el intento de atentado a Juan Carlos I). Los reportajes de investigación política de Gonzo tratarán temas relacionados con las series. Se prevé que para diciembre vea la luz el primer especial sobre el Valle de los Caídos.
Me veo incapaz de lanzar las campanas al vuelo. Si estos programas fuesen para otra cadena vería el asunto con más optimismo pero no veo a Antena 3 emitiendo un programa crítico con el franquismo y con los nuevos movimientos de extrema derecha. No me pega. Espero equivocarme pero no da la sensación de que este espacio de reportajes vaya a ser como un «Proteste ya». Supongo que se revisará la historia y eso, pero me da que el papel de Gonzo va a ser más de narrador que de otra cosa y es que mientras siga vinculado a Antena 3, van a tenerle atado en corto.
No es programa para viejos también se jubila
Otras veces ya he glosado los sentimientos que me provocaba No es programa para viejos, conducido por Patricia Gaztañaga convertida en «Gaztapower» según leíamos en la web del programa. Pues la superheroína ha encontrado su criptonita y Antena 3 ha decidido cancelar el programa por sus malos resultados de audiencia.
Se habían firmado ocho programas y, por lo visto, ya estaba decidido que no se iba a renovar el contrato, pero es que además Antena 3 ha optado por no emitir esas ocho entregas, quedándose en seis y despidiéndose de su audiencia de golpe y porrazo porque pese a que le atribuyan malos datos, a mí me parece que seiscientos mil espectadores (cifras del último programa emitido), son muchos para lo que ellos ofrecían, que no era más que desinformación, alarma social y morbo puro y duro.
Estoy harta de que los espacios asociados a los jóvenes comporten la transmisión de una imagen y unos tópicos fuera de lugar en un formato poco claro. Es obvio que la excepcionalidad es lo que tiene que mostrar la televisión para ser interesante y comprendo que por ahí va todo, se trate del segmento de población que se trate. Lo que me ha soliviantado siempre de este espacio ha sido que se ha dedicado a mostrar como autoridades a gente que contaba sus experiencias (reales o inventadas).
Me ha parecido muy poco honesto plantear un Hablando se entiende la basca con ínfulas de experimento sociológico a base de datos estadísticos, con grupos enfrentados a lo Moros y cristianos, con corazón encarnado en la presencia de la ex de Paquirrín o las gemelas de Gran Hermano 9. Este batiburrillo infumable se llenaba de afirmaciones absolutamente falsas revestidas por el componente de autoridad que implica el ir a un programa de televisión como experto en algo. Una perversidad.
Ya no se trata de si la imagen de la juventud salía perjudicada (como decía antes la televisión se basa en resaltar lo excepcional frente a lo corriente), sino de que los mensajes que se emitían no eran nada claros y el resultado era una desinformación brutal y éste era el verdadero problema para mí, que se transmitían mitos sobre el consumo de drogas o las relaciones sexuales como si fueran verdades universales y la tele no es para eso, por ahí sí que no paso.








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