No puedo con ‘La escobilla nacional’
Me esperaba otra cosa, la verdad, de ahí mi chasco. Supongo que La escobilla nacional, que anoche estrenó Antena 3, es el programa que la cadena quería, y a mí no me suele gustar lo que esta cadena quiere. Tenía en mente que iba a ser otra cosa, más ácida, pero las parodias no me parecieron nada del otro mundo, el ritmo y la realización me parece que dejaron mucho que desear, y la forma de afrontar el tema del corazón me pareció muy poco arriesgada.
El problema principal, de todas maneras, creo que fue que no me interesó para nada el ambiente del corazón que quisieron contar y la forma en la que lo hicieron. Eso de montar un plató e ir metiendo a personajes a lo loco, sin ningún tipo de hilo, me pareció poco interesante y aburrido. Ángel Llácer estuvo más comedido de lo normal, cosa que es de agradecer. Las parodias tampoco estaban demasiado conseguidas, salvo alguna excepción. Los momentos en los que se veía el control de realización y la sala de maquillaje tampoco me pareció que aportasen nada. Los sketches, en lugar de parodiar situaciones reales, se inventaban contextos nuevos. Así todo es mucho mas blanco de lo que me esperaba, y mucho menos crítico y comprometido.
No es que no domine el mundillo (más o menos sé de qué pie calzan todos), pero no entiendo qué pintaba ahí Esperanza Aguirre, por ejemplo, por muy graciosa que estuviera; ni a qué viene poner al Príncipe de pareja de Belén Esteban. La gracia por la gracia, lo comprendo, pero esperaba otra cosa. Ya he dicho otras veces que soy muy fan de Polònia y pensaba que habían decidido hacer un programa como ese, pero han hecho todo lo contrario. Es normal, hemos repetido hasta la saciedad que antes habían fracasado otras adaptaciones nacionales de programas catalanes y vascos, y sería absurdo que hubieran hecho lo mismo otra vez.
¿Qué os pareció a vosotros? Las audiencias no le han dado la espalda (un 18,2% de share), así que es de suponer que han acertado con la propuesta. Yo entiendo que este tipo de humor no me gusta, de ahí mi chasco. La María Teresa Campos muy buena, la Ana Rosa muy graciosa, pero no me aportó nada así que no creo que repita. Echo de menos cosas como Homo Zapping o El informal. Los programas de humor son cada vez menos comprometidos, menos atrevidos. Mucho gag y poca historia, que es lo que me gusta a mí. Claro que si hicieran en la tele sólo los programas que a mí me gustan no la vería nadie.
Extraterrestres en los anuncios
No sé por qué hoy me he levantado con ganas de poner anuncios en los que salieran extraterrestres y mirando vídeos me he dado cuenta de que el concepto de extraterrestre ya se usa en publicidad como sinónimo de muchas cosas. Aunque se mantienen las interpretaciones clásicas, la creatividad ha sacado adelante modelos muy creativos y estimulantes.
- Extraterrestres como sinónimo de frikis teleadictos. Me encanta este anuncio y quiero contratar Hulu a la de ya, pero aún no se puede.
- A los extraterrestres siempre se les han supuesto unas habilidades tecnológicas superiores a las nuestras, y de eso tiran en este anuncio.
- Y aquí tenemos al gran César Sarachu encarnando a un emperador alienígena. Es una imagen pobre pero cómica de los extraterrestres, barata, igual que la conexión que intenta vender.
- Ésta es una de las tantas versiones de extraterrestres tontos, que también las hay. Estos le pegan a la cerveza.
- Alucino con lo que traen los extraterrestres en sus naves. Si veis este anuncio hasta el final entenderéis por qué lo digo. Si Popeye levantara la cabeza…
¿Qué os han parecido las versiones? Yo sigo prefiriendo al modelo más clásico, pero entiendo que el concepto tiene que evolucionar para llegar a todo el mundo. En los comentarios podéis poner todas las marcianadas que queráis menos, por favor, vídeos de Karmele, porque los borraré sin piedad.
La financiación de RTVE a debate
Bruselas ha puesto en cuarentena el nuevo sistema de financiación de Televisión Española. Dicen desde el Gobierno que es normal, que no pasa nada; y los implicados van a aprovechar para hacer alegaciones en contra de la financiación. Como siempre, dos versiones de lo mismo.
Con lo bien que le está yendo en audiencias a Televisión Española sin la publicidad. ¿Os imagináis que tuviesen que volver a poner anuncios? Lo veo improbable, la verdad. Todo este asunto coincide con la Presidencia Española de la UE y seguro que consiguen arrimar el ascua a su sardina. El planteamiento de la ley de financiación, lo recuerdo por si acaso, estipula que las cadenas privadas y las compañías de telecomunicaciones paguen un canon porcentual por los beneficios que van a obtener al gestionar los anuncios que ya no quiere Televisión Española.
Estos dos sectores se frotaban las manos con las rentas que iban a obtener de esos anuncios hasta que los anunciantes han empezado a ejercer su presión para obtener una mayor calidad en la emisión de los anuncios y reducir los minutos de las pausas publicitarias. Todo esto se agrava cuando los primeros datos del año, ya con una tele pública sin publicidad, demuestran que la gente está pasando de los anuncios y que las audiencias no se resienten.
Me da la sensación de que lo que podía ser el negocio del siglo está empezando a ser el timo del siglo. ¿Será posible que Televisión Española haya dado gato por liebre a las privadas? Si así fuera, se lo tendrían merecido por basar su negocio en estrategias totalmente caducas. En un tiempo en el que la publicidad convencional está perdiendo peso, es absurdo obcecarse vendiendo espacios publicitarios a la vieja usanza, dividiendo los bloques según el target y haciendo pausas descomunales. Seguramente haya mucha gente que se sigue tragando los anuncios pero la cuestión no es verlos, es comprar lo que nos venden. Y la gente que compra lo que venden los anuncios cada vez se decanta por formas alternativas de ver la televisión que le alejan de esas prácticas abusivas.
Dicho todo esto, creo que el debate de la financiación es, en el fondo, una oportunidad que nadie quiere aprovechar para cambiar el modelo de negocio. Allá ellos. Lo que no pienso asumir es que las privadas y las operadoras vayan de víctimas cuando, teniendo la posibilidad de rechazar el modelo, lo hayan fomentado según su interés y ahora quieran hacernos creer que les obligan a cambio de nada. Ahí tienen los eventos deportivos, los taquillazos de cine y la TDT de pago, además de los anuncios, para hacer negocio. Pero que no se olviden de que ese negocio tienen que vendérnoslo a nosotros, los espectadores, que cada vez estamos menos dispuestos a comulgar con ruedas de molino.
Cuatro cambia la piel
A partir del 25 de enero llega la nueva Cuatro. Va a ser muy parecida a la anterior, claro, pero los cambios, en lugar de ser graduales, van a ser de sopetón, para que a todos se nos quede la sensación de que empieza una nueva etapa. Quizá en el fondo esa nueva etapa venga propiciada por la reciente fusión con Telecinco pero si eso es así no van a decirlo. Yo calculo (y las matemáticas se me dan fatal), que hasta el 2011 no veremos realmente la mano de Berlusconi en Cuatro, pero quizá todas las modificaciones estén preparando el terreno.
El 25 de enero van a pasar muchas cosas. Por ahora, sabemos las siguientes:
- Cambios en los informativos. Van a empezar más pronto y algunos presentadores cambian de ubicación. Gabilondo seguirá haciendo su editorial diario, que no cunda el pánico.
- Llega Valientes, la telenovela de sobremesa de la que hemos hablado alguna vez.
- Se estrenará Lo que diga la rubia, el nuevo programa de tarde de Luján Argüelles. A mí me gusta como presentadora pero el concepto con el que venden el programa me escama. ¿Será verdad que han inventado algo nuevo? ¿No es mejor dejarle los experimentos a Flipy? Estarán con ella Santi Rodríguez, el eterno frutero de 7 vidas, y Eugeni Alemany, al que adoro y al que le deseo suerte.
- Cambios en Password. No es sólo que empiece Ana Milán de presentadora, es que van a aumentar el dinero del bote y el concursante ganador de cada día repetirá la día siguiente. Supongo que esto lo hacen para fidelizar al espectador pero a mí el concurso me gusta como está ahora.
- Sin olvidar que también cambian las mañanas de los fines de semana a partir de este 16 de enero. Van a ofrecer desde las nueve y media un montón de docu-shows y de todos ellos os recomiendo El mundo en moto con Ewan McGregor, un fantástico viaje en moto con el actor. Vais a verle pasarlas canutas de verdad.
Sin querer meter el dedo en la llaga quiero recordar que series como Los exitosos Pells duraron en antena menos de lo que dura un merengue a la puerta de un colegio, así que quizá todas estas novedades duren una semana, y gracias, no lo sé, pero es un riesgo grande el cambiar tanto toda la franja de tarde. Se suma a esto Fama, que termina el domingo 24, así que si las novedades pinchan van a tener poco recambio. Quizá es la oportunidad que todos esperábamos para que vuelvan a emitir Friends, pero desde el principio, por favor.
A ver, que no le deseo ningún mal a la nueva programación pero me estaba poniendo en lo peor. Me resulta llamativo que todos los cambios empiecen el mismo día así, sin test previo ni pruebas que valgan. Creo que es arriesgado y por eso decía antes que parece que aquí hay un todo por el todo, un órdago de los buenos. La programación que empieza mañana la han anunciado hoy así que no creo que esperen de ella demasiados milagros. Me estaré volviendo loca pero veo una mano negra. ¿Será que Cuatro ya es un Telecinco con piel de cordero?
Regreso triunfal de ‘Muchachada Nuí’
Hoy me vais a permitir que hable de Muchachada Nuí con pasión y entusiasmo. Sé que es un programa pequeño y quizá a muchos de vosotros no os guste pero a mí me divierte cosa mala. Como dice Joaquín Reyes en el vídeo de arriba, soy parte del ejército de 700.000 frikis que les ven por la tele, y que somos muy válidos.
Anoche empezó la cuarta temporada y a estas alturas del partido y después de todos los programas que llevan hechos desde que eran «chanantes», es increíble poder decir que siguen sorprendiéndome. No tiene que ser fácil. Ayer me quedé con la boca abierta con la historias de los osos, que sospecho que tendrá continuidad; y me hizo gracia el asunto del scketch maldito. Las secciones de siempre, como «Mundo viejuno» o «Al fresco» estuvieron bien. Y no eché nada de menos a «Los Klamstein», que me resultaban algo repulsivos. Luis Cobos estuvo enorme, Whitney Houston demencial y Enjuto, como siempre, fiel reflejo de la realidad.
Me resulta fácil explicar por qué me divierten. Es una cuestión de códigos y de referencias. Mucha veces me da la sensación de que hemos visto la misma tele y no sería raro porque tenemos una edad parecida. Además, hay cuestiones territoriales que también crean lazos estrechos. Ahora es menos evidente pero cuando eran «chanantes» dedicaron muchos minutos a los valencianos con Vicentín, la pícara valenciana y Chimo Bayo. ¿Cómo no reconocerse en cosas así? Me costó hacerme a su humor, pero una vez dentro ya no puedo salir de su órbita así que disfruto como una enana con sus programas. Si es que tiene que haber gente para todo.
En fin, que me divierto mucho con ellos y espero que desde La 2 sigan dándoles bola. Por lo que cuentan no tienen demasiadas presiones con la audiencia y con esto de que ya no hay publicidad, parece que han podido quitarse de encima las promociones de los patrocinadores. Esta temporada se avecina más loca, con contenidos más variables y con un cierre a lo grande, con un «Celebrities» de Pedro Almodóvar. ¡Va a arder troya!
Eso sí, las audiencias fueron bajas. 437.000 espectadores y un 2,8% de share. El documental que emitieron antes no ayudó, creo yo, ni tampoco el que no confirmasen la hora de emisión hasta el último día. Pero bueno, están en Internet, como siempre. Esperemos que los datos mejoren porque el programa de ayer valió la pena.
‘Los protegidos’ no me gustó
¡Ay, ay, ay! Dice un proverbio árabe que si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas. En eso podría resumirse el contenido de la entrada de hoy. Anoche vi el estreno de Los protegidos en Antena 3 y no me gustó nada, pero nada. Justificaremos el asunto diciendo que no soy público objetivo, que podría ser, pero es que me pareció que la serie estaba mal hecha, mal llevada, mal interpretada, mal escrita, mal producida. Mal.
En primer lugar, el episodio se desarrolló en un ambiente navideño que me hizo pensar que el estreno estaba concebido para las Navidades y que, en el último momento y vaya usted a saber por qué, cambiaron de idea. Quedaba todo como pasado, como caducado. Y luego está el asunto de los parecidos razonables. Obviamente a muchos se nos vino a la cabeza los X-Men, hasta a los guionistas, que decidieron hacer un guiño poniendo una imagen de una de las películas en una de las búsquedas de Internet que hacen los personajes, como afirmando que son conscientes de las similitudes y que las aceptan. No me vale.
Como parecía por las promos, la serie es una dramedia intergeneracional, con personajes de todas las edades alineados por parejas, con tensiones sexuales no resueltas de antemano, gamberradas infantiles nacidas de un mal control de los poderes y demás. Antonio Garrido, el padre, me parece que estuvo bien, a caballo entre el drama y la comedia, pero el resto de personajes destilan una intensidad máxima, como de culebrón, que no pega nada con la falta de tensión que tiene la serie, a la que desde mi punto de vista le falta ritmo, dinamismo y acción, mucha acción. Son personajes con poderes, ché, tienen que tener un poco más de sangre y no dedicarse a lanzarse miradas unos a otros cuando no saben qué hacer.
No esperaba mucho de los efectos especiales, la verdad, pero tampoco esperaba lo mínimo. La niña pequeña lee la mente, cosa que se arregla con sonidos distorsionados y cara de susto; el niño pequeño mueve cosas, cosa que se soluciona con hilos e imanes y poniendo cara de concentración; la Pícara adolescente transmite electricidad, así que se fuga de casa y no puede tocar a nadie, con lo que vive inmersa en el drama y lleva unos guantes de lunares horrorosos; el chaval adolescente se hace invisible y aquí la postproducción es un poco más trabajada, pero tampoco mucho. En una escena entra a un bar a robar la caja y no sólo es invisible él, también lo son los billetes que coge. Bueno, vale, igual me estoy poniendo demasiado exigente, pero es que me gusta el género.
Dicho todo esto, la serie fue un éxito de audiencia. La vieron más de tres millones y medio de espectadores, marcó un 18,6% de share y fue segunda opción después de Españoles por el mundo, pasando por delante de Hospital Central. No sé si podrá mantener las cifras o no, pero un estreno como éste no pasa todos los días y hay que felicitarles por ello. Creo que ha quedado claro que a mí no me gustó pero si vosotros la disfrutasteis, ¡me alegro!








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