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Willy Toledo, el Paladín
Me pregunto qué les habrá llevado a los de Warcraft escoger a Guillermo Toledo para protagonizar esta campaña, sobre todo viendo qué otro actores la protagonizan en otros países. ¿Tendrá Willy algo de M.A. y de Capitán Kirk y no nos habíamos enterado?
La Guardia Civil y el product placement
En Desaparecida (La 1), Miguel Ángel Solá interpreta a un teniente de la Guardia Civil, el teniente Sierra, y durante toda la serie le llaman «comisario», o se creen que es de la policía nacional porque va de paisano. El personaje se limita a corregir las equivocaciones y cuando le piden perdón por la confusión siempre dice algo así como: «No se preocupe, estamos acostumbrados».
La peor campaña de imagen para la Guardia Civil desde los chistes fue la aparición en la tele de Antonio David y una serie de La 1 que protagonizó Juan Luis Galiardo en 2001 y que se titulaba Mi teniente (serie de la que no recuerdo ni he encontrado ni un triste fotograma).
Ahora se ha levantado polvareda porque la Dirección General de la Guardia Civil está utilizando la tele como trampolín para el cambio de imagen en series como la mencionada Desaparecida, El comisario o Yo soy El Solitario (producida por Boca a boca para Antena 3 y que está en fase de rodaje), prestando agentes y materiales como helicópteros a las series, buscando transmitir una imagen moderna de la institución que se aleje de los estereotipos y asegurándose una fantástica campaña publicitaria gratuita.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles denuncia el préstamo de material sufragado con los impuestos de los españoles, afirma que se obliga a los agentes a participar en los rodajes y que se usa material oficial, como los coches, para hacer escenas de riesgo, con trompos incluidos. Ante esto, la Dirección General dice que los rodajes son en horas de servicio y que se respeta al agente que no quiera salir en la tele, dando la posibilidad de que no salga su cara.
Y digo yo, ¿la imagen de la Guardia Civil cómo queda cuando se destinan efectivos para series de televisión? ¿No es algo superficial todo esto? ¿Y surrealista? ¿Les obligan «por orden» a trabajar en los rodajes? Esta es la versión más moderna y osada del product placement.
El Tetris y la televisión
En ocasiones veo…, fichas de colores cayendo por doquier. Cualquiera que haya jugado al Tetris de manera compulsiva sabrá que, después de una sesión agotadora, al cerrar los ojos pueden verse cómo las fichas siguen cayendo en nuestra cabeza y cómo nuestro cerebro intenta hacerlo encajar todo en una suerte de Tetris constante y maldito.
Las teorías más catastrofistas y politizadas verían en esta influencia del juego un efecto devastador provocado por los rusos que, en plena Guerra Fría, intentaron controlar la mente de los occidentales a través del jueguecito de marras. Yo creo que, simplemente, pasé demasiadas horas en los Recreativos (esos lugares en peligro de extinción llenos de videojuegos que funcionaban con monedas).
Y por lo visto no soy la única que se gastó la paga de la semana con el Tetris. Obviando por conocidos los vídeos de los japoneses convertidos en fichas en los modernos Tetris humanos, hay multitud de ejemplos que demuestran la influencia del Tetris en nuestras vidas.
En Los Simpsons, Padre de Familia y Futurama, tres de los iconos más importantes de la cultura moderna, el Tetris ha tenido su momento de gloria.
¿Y qué me decís de la publicidad? Estos tres anuncios son un fantástico ejemplo de que publicistas, marcas y espectadores tienen una referencia común e ineludible.
Otro día hablaré del puñetero Sudoku, que me tiene enganchada a la DS, o del Mahjong Titans, también conocido como Shangai, dos juegos para solitarios que compiten contra sí mismos. El primero es el de los numeritos, el segundo es el de las fichas en el que hay que ir eliminando haciendo parejas. ¡¡Tengo que jugar a los dos todos los días!! Estoy fatal.
La Sexta recorta la publicidad
Increíble pero cierto. No es lo habitual, pero cuando una cadena rectifica es de justicia reconocerlo.
Hace unos días escribí acerca de los anuncios en las Series de Culto. Bucles interminables de anuncios de vídeos para el móvil que daban al traste con la idea de «de culto» y convertían la emisión en basura de primera clase. Imposible seguir las series, que en principio ya exigen predisposición del espectador porque se emiten después de Buenafuente, porque los anuncios de los vídeos subidos de tono convertían la emisión en una auténtica pesadilla.
No obstante, durante esta última semana hemos observado aliviados que la estrategia ha cambiado. No pecaré de inocente a estas alturas. Es posible que la audiencia de las series, que no está siendo la bomba, haya llevado a los anunciantes a retirar parte de la publicidad. En cualquier caso es un alivio para los espectadores porque los cortes publicitarios han mermado considerablemente (son menos y son mucho más cortos), así que si alguien se anima a ver las series a esas horas le garantizo, a día de hoy, una emisión de una calidad considerable. Sin ir más lejos, esta semana emitieron del tirón el primer capítulo de The Office.
Día Internacional de la Televisión
Estamos de fiesta. Hoy es el día de la tele y expertos en la materia discuten y dirimen acerca del futuro del medio. Rentabilidad y audiencia parecen ser las principales preocupaciones del sector, pero ¿cuáles son las principales preocupaciones de los espectadores?
Se habla de la insatisfacción del espectador como si éste fuese un elemento pasivo dentro del entramado, cuando en realidad es destinatario de la emisión. Se evalúa el zapping como la manifestación des desencuentro, cuando en realidad es la única herramienta que el espectador tiene para dar su veredicto. Es decir, que no es una simple consecuencia; es más bien un indicativo.
El objetivo de la televisión, aunque parezca que a muchos se les olvide, es mantenernos fieles al producto que se emite. La rentabilidad, la publicidad, consiguen lo contrario, porque abusan de los anuncios y consiguen que nos sintamos como meros instrumentos de su propio beneficio, en lugar de hacernos sentir protagonistas de la emisión.
Acepto la publicidad en la medida en que, gracias a ella, las televisiones pueden emitir programas de forma gratuita para mí. Es su forma de financiar las emisiones. Si fuésemos al teatro y, además de pagar la entrada, tuviésemos que tragarnos anuncios en mitad de la obra, ¿lo soportaríamos? Con tanto anuncio consiguen hacer insoportables productos que de otra forma veríamos de cabo a rabo. Y más insultante me parecen, en este contexto, las estrategias publicitarias de Cuatro, con esas cortinillas creativas, o los cortes que se han generalizado con un «volvemos en cinco minutos». ¿Cinco minutos? Vas listo si crees que voy a estar aquí esperándote. Y es que aunque la televisión me gusta, y mucho, cada vez más el espectador siente que tiene cosas más importantes que hacer, y eso debería preocuparles.








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