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El juego de tu vida es una pantomima peligrosa
Anoche vi por primera vez algo de este programa, un rato apenas, y tuve suficiente, ya no caigo más. Había leído tanto acerca de las audiencias, el morbo y cosas así que pensé que tenía que formarme una opinión propia.
Lo del polígrafo es una excusa. Durante el programa no hay cables, ni un experto que analice las respuestas, ni nada que se le parezca. Sólo una enorme pantalla y una voz sensual que dice «verdad» o «mentira» aguantando la tensión necesaria.
Las preguntas con las que se monta el numerito, en el caso de ser ciertas, sólo pueden provenir del entorno del participante. Es decir, que los mismos que le acompañan al concurso son los que rajan de él al equipo de producción para que los guionistas elaboren el cuestionario con la mayor dosis de mala leche posible. Y una cosa más a este respecto, la gente que participa tiene vidas tremendamente agitadas. El chico de ayer había quedado con sus amigos en una caseta de perro para masturbarse y esta pregunta era de la fase de los cinco mil euros. A mí me parece todo mentira.
En cualquier caso, todo lo que he comentado hasta ahora no son más que estrategias televisivas para montar un show. La mentira, el espectáculo de polígrafo sin polígrafo son decisiones acertadas y la mayoría de los programas esconden secretos de este tipo. Es la magia de la tele.
El terreno pantanoso, desde mi punto de vista, y el principal motivo que me hace apartarme de futuras emisiones es la moralina, la sensación de juicio público y la valoración de conductas privadas. Por ejemplo: ayer le preguntaron a una concursante si había tenido fantasías con su artista favorito. Silencio sepulcral, primeros planos de ella, de su novio, de su madre, de su suegra. Dijo un «sí» contenido y la voz del polígrafo se hizo derogar antes de confirmar la respuesta. Pero vamos a ver, que no es para tanto, ché. En El juego de tu vida se le da trascendencia a cosas que no tienen ninguna importancia y se juzgan, mediante la planificación de la realización, como buenas o malas, y esto es lo que no me gusta.
Seguramente este aspecto sea, a la vez, el éxito del programa, porque si no fuera por el juicio moral el espectáculo se quedaría en nada así que lo dicho, a mí que no me esperen. Vive y deja vivir.
El bote promocionado de Pasapalabra
El vídeo es el del último bote que entregó Pasapalabra el pasado mes de febrero. Una pasta gansa, pero el que entregarán mañana es aún mayor. No es que me lo haya chivado nadie, es que Telecinco hace días que lo viene anunciando en forma de promo. Esto ya lo han hecho otras veces así que debe de ser que funciona eso de anticipar el resultado del concurso. A mí me parece surrealista.
Para colmo, anoche en La Noria entrevistaron a Christian Gálvez y pusieron el final íntegro del programa de mañana. Es como el vídeo que ilustra la entrada pero con otro concursante y otras palabras. A esto se le podría llamar algo así como el spoiler hecho promoción y en Telecinco se están aficionando al asunto. El episodio de Hospital Central de la semana pasada, el primero de la temporada 15, se promocionaba con la muerte de Vilches.
Me da a mí que los de Telecinco descubrieron la pólvora con aquella polémica de la muerte de Lucía (Belén Rueda), en Los Serrano, que un usuario filtró en YouTube y que ellos se apresuraron a retirar. A pesar de la filtración, o gracias a ella, el episodio hizo récord de audiencia. Desde entonces, la cadena no duda en filtrar sus propios hitos porque han visto que funciona y en esto la televisión y el cine se distinguen claramente.
¿Alguien iría al cine a ver una peli que ya sabe cómo termina? Mucha gente respondería que no. En cambio, la gente se apelotona delante del televisor si sabe qué va a pasar. Se me escapa el motivo pero es una realidad como la copa de un pino. Recuerdo que cuando se filtró la muerte de Lucía publiqué una entrada que titulé ¿Internet mató a la estrella de la tele? y ya es oficial: me equivoqué. Internet resucita a la estrella de la tele a diario y las cadenas hacen uso de ese extraño milagro de una forma cotidiana. Sólo hace poco más de un año que murió Lucía en Los Serrano y, desde entonces, nos hemos acostumbrado a los avances que destripan tramas y resultados.
Que alguien me lo explique porque yo sigo sin entender por qué la gente ve algo de forma masiva sabiendo lo que va a ocurrir. Sospecho que tiene que ver con que la tele, de ordinario, es poco intensa, y para una vez que sabemos que algo emocionante va a ocurrir, es mejor no perdérselo.
Las gafas de Angelino cierra
En menos de un mes Telecinco ha decidido cancelar Las gafas de Angelino, un programa de tarde que durante este tiempo ha intentado por todos los medios hacerse con un hueco en la parrilla sin conseguirlo. Manteniendo el formato inicial, su mayor lastre desde mi punto de vista, en Las gafas de Angelino han hecho varios intentos por consolidar unos contenidos u otros, desde el famoseo típico a la denuncia social, sin resultados.
Si las noticias de Las gafas de Angelino eran muy parecidas a las de Está pasando y en Está pasando funcionaban, no parece descabellado afirmar que lo que no ha funcionado han sido Carmen Alcayde y, sobre todo, el tal Angelino, un chaval que no ha conseguido hacerse con la pantalla. Quizá si hubieran elegido a otro las cosas les habrían ido mejor. Yo creo que el fallo es, directamente, meter a un adolescente en un programa de este tipo cuando lo que funciona de forma contrastada son las parejas de adultos, tal y como vemos en el resto de programas similares. De hecho, se dice por ahí que Telecinco barajó el nombre Eugeni, el ex de CQC, como copresentador, pero al final se quedaron con el niño. Menos mal, porque ver a Eugeni en esa tesitura me habría sumido en una depresión.
Pero que nadie lance las campanas al vuelo. Telecinco lo sigue intentando, ya está valorando nuevas propuestas para la sobremesa y no van a dejar pasar así como así el asunto. No creo que vuelvan a intentar inventar la pólvora, irán a lo seguro y punto pelota. Se habla de una serie de corte de culebrón y un reality diario de solteros. Mientras tanto, OT, Yo soy Bea y Está pasando llenan el hueco. Como ya sabemos, en televisión todo cambia para que nada cambie.
En La tele que me parió: Las gafas de Angelino
Parón para Money, money
Cuatro ha decidido poner el freno a la grabación del concurso Money, money porque desde principios de año está registrando unas audiencias poco halagüeñas. Quizá más adelante lo recuperen pero por ahora ahí se quedan, en standby. Y no me extraña. No he visto concurso más petardo en mucho tiempo.
Josep Lobató es un tipo extraño. Como presentador se mete en unos jardines él solo que son de órdago. Lo de llamar vieja a la concursante es sólo una muestra. El hombre se prodiga en comentarios desafortunados y a mí no me termina de resultar simpático. Hay algo en él que no me convence.
El protagonismo del cuerpo de baile es realmente el gancho del programa y mis hormonas ya van de capa caída en este asunto. Ellos y ellas hacen bailecitos todo el rato, interactúan con los concursantes con poca gracia y se repiten los piropos constantemente. Para muestra, buscad «Money, money» en el YouTube y encontraréis decenas de vídeos de los buenorros y las buenorras.
Y la dinámica del concurso en sí me parece un engaño. Las preguntas no son de las fáciles, eso es cierto, pero los concursantes pueden cambiarlas si no les apañan, tienen un montón de oportunidades para seguir adelante en el programa, aunque fallen preguntas, y casi siempre se llevan algo, aunque sea poco.
Como fanática que soy de los concursos de cultura general, este planteamiento me parece que rompe con uno de los principios básicos del género y que es: Si no tienes conocimientos, te vas a tu casa. Precisamente, a Money, money puede ir a concursar cualquiera y eso hace que algunos de los programas hayan sido vergonzosos, con gente que apenas daba pie con bola y que hacían gala de su ignorancia sin ningún tipo de vergüenza. No me malinterpretéis, creo que tiene que haber espacio en la tele para todo el mundo pero no me gusta que me den gato por liebre y que intenten venderme como concurso cultural algo que no lo es.
Así es el plató de Aída
A mí, que soy una profana televisiva, me ha resultado muy curioso este vídeo (pese a que se atasque un poco), porque enseña los entresijos de Aída. A pesar de estar harta de ver making off y de ser una fanática de las curiosidades de las series, este tipo de información que desvela las bambalinas me gusta.
Sigo siendo una inocente y me sigue sorprendiendo que las cosas no sean tal y como las vemos en casa. Vamos, que ya sé que la casa de Aída es un decorado, pero nunca habría imaginado que conectase con la tienda de Chema. No me había fijado que en La Colonial las marcas de los productos son inventadas y me ha parecido raro, con lo aficionados que son en Telecinco a la publicidad por emplazamiento. 7 vidas sigue siendo una referencia clara. La galería fotográfica que hay en el área de descanso es impagable. Se nota que trabajan y casi viven en el plató y el rodaje de la serie se observa en cómo se cuidan hasta los más mínimos detalles.
Para mí Aída ha dejado de ser una obligación dominical y no está entre mis prioridades para la noche de los domingos (suele pasarme con las series, me engancho y me desengancho con facilidad), pero está haciendo unas cifras de espectadores que ya quisieran muchos para sí. Rozar los seis millones convierte a la serie en una especie de lugar de peregrinación. Es la única ficción actual que consigue unos datos similares y lo hace manteniéndose fiel a sí misma, explotando el humor de la comedia más tradicional.
Telecinco ha empezado a promocionar la segunda temporada de La que se avecina así que es de suponer que Aída está exprimiendo los últimos capítulos de su quinta temporada. Va a ser un hueco muy difícil de llenar.
Campaña Obregón en Telecinco
No sé qué pensará la gente de la tele acerca del intrusismo profesional pero lo cierto es que últimamente son recurrentes los shows, series y demás que tiran de la imagen de alguien conocido. Me pregunto qué pretenden conseguir con determinados fichajes. Audiencia, claro, pero ¿y la dignidad del producto? ¿Y su valoración general?
Rumores van, rumores vienen, acerca del posible fichaje de Ana Obregón en Hospital Central (Telecinco). Que si será un cameo, que si será algo más, que si se le ha visto cenando con Paolo Vasile (el jefazo). En Está pasando (Telecinco), han empezado a bombardear con imágenes de ella con un señor que, a la postre, también es italiano, y el resto de programas de la cadena se hacen eco. Son muchas coincidencias.
Para colmo, parece que la aparición en Hospital Central sería la antesala, test, banco de pruebas o laboratorio de un proyecto mayor: una serie completa para ella misma con su mecanismo (Ana y los siete «reloaded» o algo similar), así que en realidad la aparición en una de las ficciones de más éxito de la cadena no sería más que un eslabón en esa campaña de promoción interna que ha orquestado Telecinco que va desde los programas rosa a la ficción. A ver cuánto tarda en salir en el informativo de Piqueras. Y lo peor, su aparición en La Noria, visto todo esto, tampoco parece casual.
No puedo evitarlo, este tipo de artimañas me entristecen. Por mucho que ella diga, no es actriz, a pesar de que interprete a diario un papelón. Ya hemos llegado al punto, al menos se ha llegado a ese extremo en Telecinco, en el que el corazón se usa para vender un producto de ficción. Para mí, la cosa pasa de castaño oscuro.
Ya sé que no es culpa de la serie y, de hecho, he seguido Hospital Central de forma intermitente pero interesada. Ahora me encuentro en la tesitura del «hasta aquí hemos llegado». Puede ser injusto, lo sé, pero no soy yo la que utiliza medios externos a una ficción para promocionarla, es la propia cadena la que emplea estrategias ajenas a lo que una serie conlleva para hacer caja. Ante esto, mi rebelión y mi rechazo. Es un boicot pobre y una declaración de intenciones que no tendrá eco pero al menos me desahogo y me quedo tan a gusto.








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