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De ‘Perdidos’ a Cuatro
Minipunto para Cuatro, que sólo en dos días han sido capaces de remover las entrañas de los cotilleos televisivos insertando la cortinilla que veis arriba en una de las pausas publicitarias de House. La cortinilla simula los títulos de crédito de Perdidos, nadie se lo podía creer y hubo que esperar al día siguiente para obtener la confirmación que llegó vía Fama en una excelente demostración de lo que debe ser una campaña: sencilla a más no poder pero cien por cien efectiva.
Pasada la tormenta llega el momento de preguntarnos qué será de Perdidos en Cuatro. A mí personalmente no me parece un notición porque, a estas alturas, el que haya querido ver Perdidos por cualquiera de los medios a nuestro alcance ya ha podido hacerlo así que está claro que van a optar por enganchar al público que no practica las descargas y que aún tiene un volumen considerable, aunque no sé si esta serie puede atrapar a un público generalista.
Tengo curiosidad por ver cómo la programan. Supongo que lo lógico es que le dediquen el prime time y en principio emitirán varios capítulos cada día, si no van a tardar mucho en llegar al ritmo ordinario de emisión (la serie va por la quinta temporada). En cualquier caso, van a tener que ir a remolque de la Fox, que tiene los derechos de la primera emisión en España y que en teoría siempre tiene que ir por delante.
En El País dicen que ha sido Televisión Española la que ha liberado la serie dentro de una política de reducción de costes y no es de extrañar porque la han vapuleado hasta dejarla agonizante (cambios de días de emisión, de horario, sin continuidad…). Ahora que en Cuatro no tiene por qué irle mejor. Ya han demostrado en otras ocasiones que saben maltratar las series y su política de emisión de ciertos clásicos de prestigio ha sido mal vista muchas veces, como pasó con Roma.
Eso sí, como campaña de imagen para Cuatro la compra de Perdidos es excelente y estoy segura de que van a hacer todo lo posible para que esta serie «de culto», como la llaman por ahí, les dé los resultados de audiencia que ellos quieren. Ese objetivo no es nada extraordinario (cualquier cadena busca lo mismo), de manera que si no lo consiguen siempre se podrá terminar culpando a los espectadores diciendo aquello de que no está hecha la miel para la boca del cerdo.
‘¿Hay alguien ahí?’ llega a Cuatro
En ocasiones veo muertos, que diría aquel. La nueva serie de terror y misterio de Cuatro, producida por Plural (Cuarto Milenio), está lista para su estreno el próximo lunes 16 de marzo, entrando en competición con la Tv Movie de Antena 3 Una bala para el rey, con CSI (Telecinco) y Pelotas (La 1).
La primera promo que pudimos ver de la serie hace un tiempo me resulta más evocadora que ésta última. Os la pongo por si no la habéis visto.
En la promo extendida podemos ver toda clase de sucesos paranormales, uno detrás de otro, abrazando todo el abanico posible: telequinesia, ouija, psicofonías…,. Es de suponer que en la serie aparecerá todo esto de una forma más medida pero lo cierto es que la promo va directa a enseñar sin concesiones todas las cosas que pasan en la casa de marras y a enganchar a los espectadores del género poltergeist, que son muchos.
Yo, pese a que no soy fan de la nave del misterio, siempre he visto con buenos ojos las recreaciones que se montan. Se nota que tienen un pulso firme, saben muy bien qué quieren hacer y dominan los medios para conseguirlo. En este caso, ¿Hay alguien ahí? está grabada en alta definición, algo cada vez más habitual en nuestras series, y estoy segura de que sabrán darle al terror el punto justo y necesario. No se les puede negar que conocen el género y que dominan los tiempos y los temas.
También me parece una buena decisión que hayan escogido un reparto discreto. Los actores son gente con experiencia, algunos con años de carrera a sus espaldas, pero no son populares a más no poder. Las estrellas habrían anulado parte del potencial de la serie y en eso estoy de acuerdo. De entre todos me quedo con Eduard Farelo, el padre, al que sigo desde TV3 (hace unos quince años). Como curiosidad, Farelo es doblador y le pone la voz, entre muchos otros, a Gary Dourdan (Warrick, de CSI), así que el lunes igual le tenemos en Cuatro y en Telecinco a la vez. ¿Es o no es esto un suceso paranormal?
Telenovelas españolas, dame pan y dime tonto
El género patrio de la telenovela ha tenido que superar los prejuicios que vienen asociados al epíteto de «culebrón» pero su auge tenía que llegar antes o después. Tras muchos años de emitir producciones extranjeras para un público a menudo despreciado, amas de casa aburridas que encontraron en Doña Adelaida un espejo en el que mirarse, al final las televisiones españolas han dado el paso y han pasado a producir sus propios productos. Qué lejos queda aquella emisión de Los ricos también lloran en horario de mañana.
Las telenovelas son baratas, llenan huecos de la parrilla imposibles y fidelizan a la audiencia de una forma bárbara, como no lo consigue ningún otro producto. En los 90, con la irrupción de las privadas, se multiplicaron las emisiones y las estrellas de culebrón consiguieron hacerse un hueco en diferentes programas, llevando el éxito de las telenovelas más allá de sus límites naturales y reproduciendo el fenómeno que ya se daba en otros países. En aquella época, Jeanette Rodríguez, Catherine Fulop o Carlos Mata se convirtieron en estrellas.
Telecinco dio el campanazo en 1997 con Al salir de clase, una telenovela enfocada al público juvenil y que generó multitud de intentos de reproducción de éxito. Además fue cantera de actores que fueron a parar a otras producciones similares. Se hablaron pestes de aquella serie pero lo cierto es que dio en el clavo en un sector de la audiencia muy concreto y permitió a la cadena darse a conocer entre esa franja de audiencia potencial y reafirmar su posición.
Es a partir del año 2000, aproximadamente, cuando se sitúa el auge de la producción propia del género. Uno de los primeros éxitos de la producción nacional fue La verdad de Laura (2002), que contó con la participación de Televisa (México), y que incluyó en el reparto a Mirtha Ibarra, estrella internacional del género. Tanto La verdad de Laura como muchas otras producciones que han venido después, se basan en historias de telenovelas sudamericanas y es difícil encontrar algo propiamente nacional en este género.
Las cadenas autonómicas juegan un papel crucial en la españolización de la telenovela porque diversifican la temática y empiezan a introducir en las historias rasgos de la sociedad muy próximos, historias muy cercanas y basadas en mundos que le eran conocidos a los espectadores. Los entornos urbanos, localidades concretas y reales, sirven de plató en las autonómicas para potenciar regiones o formas de vida (según se pague). Esta visión autonómica es difícil de llevar al ámbito nacional por la amplitud del territorio y la variedad de sus formas de vida, así que la historia se convierte en eje central de cohesión. En este sentido, Amar en tiempos revueltos, basada en la catalana Temps de silenci y hecha por los mismos creadores, es el ejemplo clave.
Éxitos como estos han ido prestigiando poco a poco un género para pobres y ya no le ocurre a nadie cuestionar la idoneidad de un producto de estas características en la parrilla, a no ser que el producto en sí se alargue sin sentido con tal de no echar a perder una franja, como ha pasado en Yo soy Bea, pero así y todo la serie funciona. Yo me enganché al género catalán en su momento y vi con devoción aquellas series así que para mí no tienen parangón. Las telenovelas se aceptan ya con naturalidad y las cadenas respiran aliviadas porque aunque sean propuestas diarias, dan unos resultados muy buenos y la relación entre el coste de la producción y los beneficios siempre va a su favor, incluso si la serie termina siendo un fiasco tienen poco que perder. El que no se haya enganchado jamás a un culebrón que tire la primera piedra.
‘Mad Men’ os cambiará la vida
Mira que soy exagerada, ¿eh? Pero es que a mí me ha pasado. Mad Men me ha removido por dentro y cada episodio ha sido un descubrimiento, una sorpresa y, al mismo tiempo, un espanto. El choque entre lo ético y lo moral, la comprensión de los personajes más infames, el contexto social, la producción, las interpretaciones, forman pequeñas obras de arte de cuarenta minutos. Siento verdadera pasión por esta serie, pero no es una serie fácil.
Mañana por la noche, a la una de la mañana según la web de Cuatro, después de House y sus repeticiones, estrenan una de las serie más premiadas de los últimos tiempos. Cuando las audiencias no acompañen dirán que es que los espectadores españoles no estamos preparados para series de este tipo. Es una pena. Os recomiendo que la grabéis si podéis y que la veáis tranquilamente, sin sueño y dedicándole la atención que merece. No sé de qué sirve comprar una serie así para estrenarla de esta manera pero ya lo hicieron con Dexter.
Yo compré la primera temporada en DVD y le dediqué varios fines de semana, en plan ritual. Mad Men se contextualiza en los años 50 y 60, cuenta la vida de unos publicistas y analiza la moral americana desde el punto de vista de la publicidad, la guerra de sexos y el enfrentamiento de clases. Lo mejor es que esa pátina de pasado permite poner en tela de juicio cuestiones totalmente actuales. No es una serie de acción y la trama argumental discurre de forma muy lenta (soy aficionada a los torros), pero cada episodio es un paso más hacia el descalabro, parece que no habrá vuelta atrás, pero todo permanece prácticamente igual, o eso nos creemos.
Yo me quedo con el personaje de Peggy Olson, la secretaria pueblerina que aterriza en la agencia, porque su evolución es el reflejo de una lucha que jamás podrá ganar. Don Draper, el protagonista masculino y su jefe, es todo lo contrario, un ganador que teme el día en el que le toque perder. A ambos les acompaña un mosaico de frustrados, de hipócritas, de buitres carroñeros inmorales y traidores. No creo que se salve nadie, pero los adoro a todos.
En fin, que me alegra que Cuatro emita esta serie, y siento que lo haga de esta manera tan despectiva. No digo yo que tendrían que haberle reservado un prime time, pero las once o las doce de la noche no habrían sido horas tan malas como la una de la mañana. Espero que podéis disfrutarla y, aviso, esta opinión tan generosa que tengo de Mad Men no es compartida por mucha gente, así que luego no me maldigáis si habéis perdido horas de sueño por mi culpa.
‘A ver si llego’ no ha llegado
No es un secreto que A ver si llego no me gustó nada, me pareció que no habían invertido lo suficiente en la producción y no me identifiqué en ningún momento con esas historias de la crisis. Después de seis capítulos emitidos y de tener diez grabados Telecinco ordenó ayer paralizar la grabación de la serie tras haberla retirado del domingo sutituyéndola por Aída (sí, otra vez), para intentar hundir a Doctor Mateo.
Pese a todo, no me gustan las cancelaciones y no me alegro cuando algo se va al garete. Prefiero que se emitan cosas que funcionen aunque a mí no me gusten, como Águila Roja (otra vez cinco millones de espectadores la ensalzan a un liderazgo indiscutible). Pero qué se le va a hacer, ya sabemos que la tele funciona a base de ensayo-error.
En el caso de A ver si llego yo creo que tendrían que haber hecho un planteamiento diferente del asunto pero de los errores también se aprende. Desde mi punto de vista ofrecían una imagen de la crisis económica muy exagerada y quizá demasiado naturalista, con personajes egoístas y con poco lugar para el optimismo. A pesar de ser una comedia, había poco lugar para la risa en un fresco muy simplón y poco amable, con una galería de personajes agobiados, humillados y presionados. Es difícil que un espectador disfrute ante semejante panorama. Quizá si no hubiesen recurrido a la coralidad les habría resultado más fácil encontrar un punto de fuga a las historias, un contraste y una lectura diferente, pero la coralidad parecía inexcusable (les funcionó en Aquí no hay quien viva, pero eso no quiere decir que ese recurso vaya a servir siempre y para todo). En el caso de A ver si llego parecía que la crisis lo modelaba todo y los personajes tenían poco margen de maniobra.
Con unas tramas poco potentes y unos personajes sin historia, el escenario cobra dimensión. En mi caso, si los personajes no me interesan me dedico a mirar detrás y los decorados eran tristes. Ya sabemos que en las comedias de situación los decorados y la iluminación sólo sirven de marco, pero en este caso ese marco corroboraba la impresión de falta de rumbo, de realidad extraña por parcial, de ambiente de opereta. ¿De verdad querían que nos tomáramos en serio sus historias de la crisis con unos panaderos vestidos con un uniforme surrealista?
En fin, que la propuesta podría haber tenido su interés pero con tanta contradicción y con tanta intencionalidad edificante se han quedado a medias y no han conseguido comunicarse con los espectadores. Otra vez será.
Pelotas es una buena tragicomedia
Disfruté anoche viendo el estreno de Pelotas, la serie de Corbacho y Cruz que por fin ha encontrado un hueco de emisión. No sé cuánto tiempo llevará la serie dando vueltas por cajones pero si situan la síntesis del proyecto en el rodaje de Tapas (2005), podemos supones que durante cuatro años han estado peleando porque alguien apostase por el producto. De hecho, estuvo un tiempo en manos de Antena 3, que terminó rechazándolo, y finalmente se lo quedó La 1.
Después de haber visto el episodio ya podemos afirmar que efectivamente tiene muchas de las cosas buenas de Tapas (gran parte del reparto, por ejemplo), y mejora la película en un aspecto esencial: la coralidad. En Pelotas hay un nexo común más allá del barrio, el club de fútbol, que es lo que aglutina las tramas y lo que conduce la acción. La solución me parece que funciona y que sirve para enmarcar a la perfección a todos los personajes.
La producción se nota muy trabajada, con muchos exteriores y con interiores mimados al extremo. Me gustaría saber cuánto duran los capítulos. Viéndolo anoche yo diría que emitieron un dos por uno y, si fuera así, supondría que la duración por capítulo sería de unos cuarenta y cinco minutos, todo un logro para una serie nacional, aunque luego a la hora de la verdad hagan un corta y pega para rellenar el prime time. En Antena 3 hicieron lo mismo con Doctor Mateo el domingo. A ver cuál es la primera cadena que recorta el prime time, que le damos un premio. Es una medida urgente que servirá para sanear la ficción nacional y dotarla de nuevas posibilidades. La producción y los guiones mejoran, obviamente, cuando la ficción tiene una duración por capítulo razonable y no hay ni que escatimar pasta por capítulo ni que alargar tramas.
Los guiones son muy respetuosos tanto con los personajes como con los espectadores, no se pierden en explicaciones ni en reiteraciones, no abusan del chiste fácil y no redundan en tópicos. Se percibe un trabajo serio que no se ha dejado influir por circunstancias externas y el resultado es una comedia trágica con giros cómicos que refuerzan la tragedia cotidiana. Dicho así parece muy fácil de hacer pero tiene que haber sido un trabajo ingente. Diferente es si esto nos gusta o no (a mí sí me gusta), pero creo que es de justicia reconocer el trabajo. Eso sí, yo me habría ahorrado la broma con el Chiki-Chiki porque aunque soy fan a morir de Chikilicuatre, estas bromas privadas o chistes de amigos (la serie la produce El Terrat), me parecen un poco fuera de lugar, pero es el único desliz que advertí. Me pareció un lujo el tener una serie que cuenta lo que pasa sin contarlo, sin caer en la evidencia fácil y sin rematar cada secuencia con una aclaración.
Por último las interpretaciones, creo que han dado en el clavo con los actores. Han sabido conjugar la experiencia de unos con el entusiasmo de otros y están todos muy equilibrados, dentro de unos límites naturales y sin exageraciones, dejándose guiar por la historia. El tratamiento en este primer episodio (o primeros episodios), es tan sutil y acertado que sólo con hora y media ya sabemos quién es quién.
Pese a que la noche de los lunes es un hueso duro de roer hizo 3’4 millones de espectadores y fue la segunda opción. Veremos cómo evoluciona en las siguientes semanas porque el poner una minipelícula semanal es un desafío, sobre todo teniendo en cuenta que el ritmo y el tono no están acordes con las series que suelen llevarse la audiencia de calle pero desde mi punto de vista, aprobaron con nota.








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