Posts filed under ‘Humor’

Peta Zetas según Glenclous

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Inauguramos la sección de REPORTEROS INTRÉPIDOS con las reflexiones de Glenclous acerca del fenómeno Peta Zetas. Digo fenómeno porque parece que ha conseguido sacarnos a todos de nuestras casillas. Aquí la crónica desgarrada de una sufridora, al más puro estilo Un, dos, tres.

Yo pasé todo el programa sufriendo por el pobre de sonido que tenía que estar en el control con cascos. Si Corbacho normalmente grita, ayer berreaba literalmente. Y esto, independientemente de la calidad del programa, va a ser la razón principal de que el programa se vaya al garete por una razón sencillísima: Este programa se emite tarde y muchos de los espectadores tendrán gente en casa durmiendo: niños, personas que tienen que madrugar, etc. Ese era mi caso ayer, y os prometo que aguanté el programa por la picada que me echó Ruth el otro día, jiji. Cuando hablaba Corbacho, volumen abajo. Cuando hablaba algún otro colaborador, volumen arriba porque no te enteras. Cuando Corbacho le interrumpe, volumen abajo (y como le interrumpe, no te da tiempo y ya temes por la persona durmiente de la casa). Entra un vídeo, volumen arriba con ración triple de botón, porque los vídeos estaban bajísimos en comparación con el sonido de plató. Terminaba el vídeo y sólo con el sonido de los aplausos, sin que interviniese el presentador, los salones de toda España, normalmente silenciosos a las dos de la mañana, retumbaban, y hala, volumen abajo. No es normal tener que ver un programa con el dedo constantemente en el volumen del mando. Y parece una tontería, pero una vez pasada la novedad, la gente prefiere ver late-shows a un volumen fijo. Suficientemente alto para escucharlo bien, y suficientemente bajo como para no despertar a la gente de otras habitaciones. No es tan complicado.

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15 enero 2008 at 17:51 15 comentarios

Peta Zetas, un zapping de los Ochenta

Con cierta precaución me dispuse a ver anoche Peta Zetas. Por un lado, el revival ochentero atraía mi atención poderosamente. Por otro, Corbacho y compañía me hacían temer lo peor. Finalmente, el programa no está mal, se deja ver, pero no es en absoluto lo que a mí me gustaría ver.

Ante un vídeo de Milli Vanilli, por ejemplo, yo misma soy capaz de articular un recuerdo apoyada en la nostalgia, no necesito las intervenciones del presentador y los colaboradores que tiran ostensiblemente de guión y que aportan poca pasión a las imágenes. Los diálogos medidos y consecutivos están alumbrados de forma evidente por el texto. Para mi gusto, la cosa habría funcionado mejor si el programa permitiese al equipo del programa hablar de recuerdos friquis, como una de esas conversaciones absurdas que siempre culminan con un: “¿Os acordáis de Ulises 31?”. Que no digo yo que Corbacho y compañía no sean unos friquis de los Ochenta, pero no lo demuestran. Y puestos a pedir, creo que este programa habría funcionado mejor con gente como los chanantes, que ya nos deleitaron con Smonka!,.

Las referencias ochenteras, eso sí, están muy cuidadas y rezuman en cada detalle. La música, con la sintonía inicial de Depeche Mode (que no sé si es la original), y la final de Seguridad Social, aunque cantada por Corbacho. El boli de Corbacho, de esos de cuatro colores (¿quién no tuvo uno?). La rotulación y la imagen general del programa. Hasta la web, un pantallazo antitecnológico como mandaban los cánones de los Ochenta y a la que hora resulta imposible acceder.

Empezó mal la cosa cuando se utilizó la teta de Sabrina como gancho para mantener al espectador en el programa con una imagen que se ha repetido hasta la saciedad desde aquella Nochevieja de hace veinte años. Cuando Corbacho presentó a los colaboradores, Enrique del Pozo salió gritando “¡¡jujuuu!!”, al más puro estilo José Luis Moreno, e interpretó un sainete absurdo con el disco chino como polémica. Y a mí Corbacho no me molesta, aunque no es santo de la devoción de muchos (su foto de los Ochenta es brutal).

Como buen programa de vídeos, han articulado una presentación en forma de ranking bastante sugerente y efectiva: Los timadores, mitos convertidos en friquis y frases célebres. Una buena manera de ubicar al espectador y de hacerle partícipe de la memoria colectiva. Interesante el duelo entre objetos de los Ochenta, pero resuelto de una forma pasmosa, con una votación con pompones y el walkman surcando los aires.

Si dedicasen más tiempo a los vídeos me tendrían abonada a la emisión, pero pesan, demasiado para mi gusto, los chistes fabricados de los presentadores y la falta de espontaneidad. Con lo que me gustaba Mitomanía, por ejemplo.

15 enero 2008 at 10:10 20 comentarios

Oda a las buenas personas de Renault

A veces la publicidad es engañosa y en otros casos, como el que nos ocupa, la publicidad trata de engañarse a sí misma. ¿Qué pensarían los responsables de la marca al ver este anuncio? ¿Por qué creyeron que podría funcionar? Claro, otros anuncios de este corte ya han pegado el pelotazo y eso es buena señal, pero no se dieron cuenta de que esta campaña era una copia burda. Supongo que el problema estriba en que los responsables de la marca no son treintañeros.

El anuncio en sí hubiera triunfado de haber sido el primero, pero no lo es. Desde mi punto de vista, deberían de haber elegido otro enfoque que los distinguiera de los anuncios maestros (de hecho, uno de los anuncios maestros es el suyo). No me vale que hayan utilizado los chistes típicos, como el de los Playmobil, para darle otro aire a la historia.

Me siento insultada porque pensaron que podrían engañarnos con una artimaña tan pobre. ¿Acaso la nostalgia se dispara viendo imágenes de Marco con la banda sonora de Rocky de fondo? ¡Bah! La publicidad es un arte y, cuando está bien hecha, me encanta. Por eso me molesta tanto que hayan intentado darnos gato por liebre con esta historia. Construyeron una fantástica imagen de marca con el anuncio de La historia interminable y ahora se la han cargado con esta campaña. Qué fraude y qué desastre.

En La tele que me parió: Coca Cola y los años 80 / Renault Mégane y el surrealismo

13 enero 2008 at 09:44 25 comentarios

Californication, otro gamberro más

Ayer vi los dos primeros capítulos de Californication, la serie de Duchovny que estrenó la Fox y que venía amparada por excelentes críticas internacionales. Y me gustó, aunque tengo que reconocer que empiezo a saturarme de personajes cínicos y perdedores.

El caso del personaje de Duchovny es que a pesar de ser otro anti-héroe, su perfil va más allá de la propia introspección y alumbra una crítica mordaz y dura sobre la sociedad rica de Los Ángeles. Es una especie de títere que deja de dominar su ambiente y pasa a convertirse en un icono vacío. Su proximidad a los asuntos que trata le hacen ser un excelente analista, y su fracaso y su renuncia al sueño de vida americano consiguen que esa crítica sea lúcida y se aproxime a la mirada del antropólogo (y en muchas ocasiones a la del antropófago).

Un escritor de éxito, Duchovny, ve cómo su mundo se desmorona cuando le abandona su mujer y, con ella, se va también su inspiración. Su frustración máxima viene marcada porque su novela nihilista ha sido llevada al cine convertida en una peli de amor ñoña. Nada más lejos de la realidad, una realidad brutalmente sexual.

El sexo es un elemento clave en la serie y sirve de identificación con los asuntos que se tratan. Todo se resuelve en la cama, o se complica, porque el personaje de Duchovny no consigue tener una relación sexual sana, a pesar de que tiene muchas. Se acuesta, sin saberlo, con la hijastra de su mujer, una cría de dieciséis años (aparenta más), que en pleno orgasmo le da un puñetazo. Se acuesta con una ciencióloga reprimida y terminan los dos vomitando en la habitación que su ex comparte con su prometido. Al mismo tiempo, el despertar sexual de su hija de catorce años le lleva de cabeza.

Lo cuento con esta crudeza porque así es como está contado en la serie y desde mi punto de vista funciona. Aunque el sexo pueda parecer protagonista, no es el tema de la serie, es el vehículo que se utiliza para hablar de una sociedad infantil que persigue la imagen de la eterna juventud. Todos son niños, hasta los adultos, y su manera de enfrentarse a los problemas es lo que crea el conflicto. Los guiones son divertidos, inteligentes y no dan tregua al drama, pero el humor es negrísimo. De hecho, el piloto termina con un pantallazo en negro en el que se sobreescribe la palabra

JODER

8 enero 2008 at 09:26 14 comentarios

El trabajo del guionista

Leo en Menéame una noticia de El periódico en la que entrevistan a los guionistas de Camera Café y en la que detallan su método de trabajo. Es una noticia que transmite buen rollo a raudales y que comunica una imagen del guionista algo frívola, quizá demasiado. Las reuniones de equipo las hacen los lunes en un bar, en Madrid, con cañas y pinchos como testigos del trabajo. Después cada uno se va a su casa y teclean con total libertad de horarios los textos que tendrán que presentar el jueves.

Una imagen idílica, sin lugar a dudas, y una suerte para ellos el poder trabajar así. Lo que me pregunto es si no serán una honrosa excepción y me gustaría saber si en la noticia han ahorrado los detalles más pedestres con el fin de hacer interesante el texto.

Ya hace tiempo que leo a guionistas porque son una fuente única para comprender mejor los entresijos de esta nuestra televisión (en el blogroll tenéis los enlaces que suelo visitar con más frecuencia), y aunque todos suelen estar encantados con poder desarrollar su profesión (vocacional donde las haya), suelen hablar de problemas que destruyen un poco esa ilusión creada del trabajo de sus sueños. Vamos, como pasa con cualquier currante de a pie.

El problema de los ex-guionistas de Leonart, la reunión en el sindicato A.L.M.A. y, en general, todas las penurias que han tenido que pasar los guionistas de El rey de la comedia, el problema de los guionistas de La familia Mata, que se encontraron, sin comerlo ni beberlo, con dos personajes nuevos (lo contó el Guionista Hastiado), los programas cancelados de la temporada que han dejado en la calle a un buen número de trabajadores…,. En fin, que obviamente no es oro todo lo que reluce, aunque la noticia que comentamos hoy sí que transmita esa idea.

Quizá si la entrevista la hubieran realizado antes del estreno de la temporada, con las Escenas de matrimonio campando a sus anchas, relegados al fin de semana y con la incertidumbre de la acogida de la audiencia (que ha sido genial), la noticia habría sido distinta. Nunca lo sabremos. Sirva esta reflexión para dejar constancia de que el guionista trabaja, y mucho. Y al ser un trabajo, en toda la amplitud del término, tiene que enfrentarse a los mismos problemas que el resto de trabajadores ajenos a la tele.

Es que al leer la noticia se me había quedado un regustillo a injusticia y a parcialidad nada sano y que, por supuesto, nada tiene que ver con los guionistas de Camera Café, sino con la imagen que los medios se empeñan en transmitir del guionista, ese ser libre y libertino al que los guiones le salen como churros y que vampiriza las vivencias de la gente que tiene a su alrededor. No señor, ser guionista además de ser un trabajo, también es un oficio.

En La tele que me parió: El prestigio del guionista

7 enero 2008 at 10:05 26 comentarios

Semana de series

De entre toda la programación que estrena espacio, las series ocupan un lugar destacado en las parrillas. La ficción parece ser el formato preferido por las cadenas para hacer frente a un mes de enero que, en otros tiempos, era de lo más vulgar.

Telecinco ya estrenó el viernes la segunda temporada de M.I.R. y La Sexta estrenó su Robin Hood, pero no se vayan todavía, aún hay más. Entre la ficción nacional y la internacional se establece una dura batalla porque las cadenas privadas han establecido una fuerte distinción. Cuatro se ha dejado de experimentos patrios y se ha volcado con las series de allende los mares, aunque con pinceladas de españolidad. Mientras, Telecinco, Antena 3 y La 1 siguen con las series de producción propia como bandera. Por otro lado, las temáticas estrenan los éxitos del año para la minoría que puede (o quiere), hacer la guerra por su cuenta.

El lunes la Fox estrena Californication, una serie que, para que nos entendamos todos, no creo que le guste a Rosa Montero. La cita es a las 21:30 y como los episodios duran media hora, se emitirán dos. La serie ha sido revelación este año y le llueven las buenas críticas. La redifusión será los viernes a las doce de la noche.

Cuatro ataca con el estreno de la cuarta temporada de House, la cuarta de Anatomía de Grey y la segunda temporada de Cuenta atrás. Martes, miércoles y jueves, respectivamente. Apuestas seguras. Quizá quien corra más peligro sea Dani Martín en su emisión de los jueves porque en cuanto empiece Supervivientes (falta poco), seguro que le hacen la competencia.

Antena 3 anuncia el estreno de la quinta temporada de Los hombres de Paco para el próximo martes (preestreno en Internet el lunes), y Telecinco ha desempolvado el viejo concepto de la contraprogramación. Los Serrano pasa al martes y Sin tetas no hay paraíso al miércoles, para que pueda afrontar la lucha por la audiencia con algo de holgura. Por lo visto, en Telecinco pensaron que la nueva ficción iba a pasar las de Caín contra los policías y han cambiado el día de emisión. Eso sí, Sín tetas… y Anatomía de Grey compiten en horario, cosa que no creo que beneficie tampoco a la serie de Telecinco.

A todo esto, La 1 sigue con su estrategia de «más vale malo conocido» y retoma la emisión de los dos éxitos de la temporada: Herederos, los martes; y Desaparecida, los miércoles. En lugar de estrenar temporada, como hacen el resto de cadenas, La 1 ha optado por continuar la temporada, quizá esperando que los fieles espectadores de antes de la Navidad retomen la costumbre de ver sus ficciones. Arriesgado, creo yo, pero puede salirles bien. A su favor, la solidez de los dramas, con un indiscutible tirón; en contra, que la fidelidad de la audiencia es efímera y han pasado varias semanas sin emisión.

Ante este panorama, me planteo seriamente la posibilidad de pedirle a amigos y conocidos que pongan en marcha sus vídeos y DVD grabadores porque, aunque me gustaría, no soy omnipresente ni omnipotente. Me cuesta aceptar la derrota pero es que ¡¡no voy a poder verlo todo!!

En La tele que me parió: Estrenos de enero

6 enero 2008 at 09:38 17 comentarios

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Teleadicta sin remedio

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