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Salvados: curso de ética periodística
La verdad es que ayer me quedé de piedra cuando vi en Salvados el diálogo de Jordi Évole no con Arnaldo Otegui, sino con Luis María Anson y Montserrat Domínguez (en el vídeo, a partir del minuto 5’33). La historia es que el Follonero, después de mantener un encuentro informal con Otegui, va a preguntarles a estos dos periodistas, cada uno representante de una corriente ideológica, sobre la idoneidad de emitir el material grabado.
Sea por mis prejuicios, sea por lo que ya hemos visto otras veces en Salvados, esperaba yo que Anson se posicionara en el lado de la no emisión y pensaba que Domínguez iba a ser partidaria del sí, pero resultó todo lo contrario. Yo no sé hasta qué punto estaban preparadas las intervenciones (cada vez me fío menos de la tele), pero lo cierto es que mientras que Anson esgrimía argumentos totalmente profesionales para defender su postura, Domínguez prefirió tirar de argumentos personales para apoyar el no, hasta el punto de que Jordi Évole terminó pronunciando la palabra maldita: «autocensura».
Anson hizo un análisis objetivo del planteamiento desde la aportación periodística hasta su encaje en el programa, defendiendo la independencia de pensamiento de la audiencia, la emisión de la información y la libertad de expresión. Domínguez defendió la no emisión con el argumento del portavoz altavoz, con lo que me empiezo a cuestionar a todos y cada uno de los invitados a su programa de radio que ocasionalmente yo escuchaba (en pasado desde ayer por la noche). Mientras que Domínguez consideró que la entrevista era mala porque no obtuvo la respuesta esperada, Anson vió en la no respuesta la respuesta en sí.
En fin, que desde luego no era lo que me esperaba (mea culpa), y quizá por eso me sorprendí más todavía. Al final Évole resolvió el asunto como pudo, es decir: llamando a su madre. Pero del programa de anoche, desde luego, lo importante no era la entrevista a Otegui, sino las reflexiones acerca del tratamiento de la información en los medios que se nos ofreció de una forma discreta, al estilo informal y con la apariencia ligera de Salvados, pero con un contenido más trascendente de lo que pudiera parecer. Nos es que vaya a hacerme ahora fan de Anson, que una cosa es la teoría y otra la práctica, pero sí tengo que reconocer que esperaba que las respuestas de Domínguez fuesen más políticamente correctas en ese sentido y se destapó sin disimulo como una tendenciosa de cuidado. En fin, nunca te acostarás sin saber una cosa más.
Desmontando a Paquirrín
Lo de «Desmontando a Paquirrín» en Sé lo que hicisteis… ya tiene vuelta de tuerca. Este domingo se ha grabado el monólogo final de Kiko Rivera y se emitirán en pleno prime time en julio con dos especiales con los mejores momentos, secuencias no emitidas y monólogos ad hoc de Ángel Martín y de Dani Mateo.
No he sido seguidora de las aventuras y desventuras del chaval en el aprendizaje y los momentos que he podido ver no me han molestado, eso sí. La sección está hecha con gracia, como no podía ser de otra manera, lo que no sé es si tienen enjundia suficiente como para protagonizar dos noches de prime time, con lo caro que está el minuto de tele a esas horas.
Lo que me ha parecido más relevante es que, una vez más, a los de Sé lo que hicisteis… se le han rebelado los secundarios. Ya les pasó con «el Esmirriao», el supuesto ex novio de Falete, un personaje que se ha ganado un hueco en el programa, y ahora va ganando enteros el señor que huele a vino, ese presentador arcaico y polvoriento, muy de la vieja escuela, que parece un presentador de La 2 en sus tiempos oscuros y que está interpretado por Miki Nadal.
La sección, alargada gracias a la estructura habitual de «después de…» y a los cebos, se hilvana en la presencia de ese personaje surrealista, digno, que hace y deshace a su antojo y que marca el ritmo de todo lo que sucede. Se merece tener un hueco de honor en esos especiales y, más allá de eso, se merecería aparecer en el programa más a menudo.
«Desmontando a Paquirrín» no es la sección tomatera que muchos esperaban, tampoco han convertido a Kiko Rivera en su Belén Esteban particular, como algunos afirmaron en su momento. Han sabido integrar el espacio en el tono general del programa pero, eso sí, a mí me pasa que el personaje no me interesa en lo más mínimo y sus logros, por lo tanto, tampoco me enganchan.
Veremos cómo funciona en el prime time. El Terrat Pack no tuvo el tirón que esperaban y eso que andaban metidos ahí Buenafuente y compañía. La Sexta sigue en su afán de cubrir el máximo de horas con el mínimo de contenidos dando la eterna sensación de estar como de rebajas.
Malas compañías: no sabe, no contesta
Anoche Manel Fuentes estrenó Malas compañías en La Sexta y como no sé explicar bien de qué va el asunto he puesto el vídeo de arriba a ver si las palabras de los presentadores me iluminaban. Sigo igual de despistada. No es que necesite un tema claro pero los cambios de tono y de enfoque no fueron acompañados por un ritmo endiablado, que creo que es lo que rompe con la dinámica del espacio.
Malas compañías se estructura en torno a una serie de reportajes de actualidad política y social que buscan poner en duda los conceptos generales de la forma de ver determinadas cosas pero el hilo conductor es una especie de plató-saloncito en el que los reporteros/presentadores comentan y dan pie a lo que vamos a ver. Mientras que en los reportajes hay riesgo, improvisación y gracia en algunos momentos, en el plató se notan los guiones y que falta soltura en el arte de interpretarlos. Los puntos y aparte saltaban a la vista. Pienso que si el equipo no terminaba de sacar adelante una conversación que sonara natural, más les habría valido armarse de los papeles y dejar de fingir un diálogo porque cuando una discusión parece un teatrillo se transmite una imagen encorsetada que va en contra de todo lo que nos quieren vender.
Pese a que el programa no es demasiado largo hubo reportajes para todos los gustos: cámara oculta, investigación y reportajes en sentido estricto. Un señor haciendo de policía de la SGAE y requisando MP3 en plena calle; un reportaje del Barça; una canción a Esperanza Aguirre pidiéndole que deje de pelearse con Gallardón; un reportero intentando convertirse en monje shaolin (le dieron hasta en el carné de identidad), para mostrar a los parados una forma de buscarse la vida; un cura tirando los tejos al personal en Chueca; un reportaje de investigación sobre el ocultismo; los pensamientos de los políticos; y un reportaje desmontando los trucos que hay para no dar positivo en un control de alcoholemia. Como secciones fijas la del minuto de fama y los comentarios sobre el estado ficticio de determinado personajes en Facebook.
Si bien cada uno de estos vídeos fue introducido por una noticia real, cada uno se desarrolla de forma independiente. Algunos de los vídeos no estuvieron mal pero no termino de entender el objetivo final, más allá de tocar las narices. Veo una interpretación irónica de la realidad pero no veo a qué conduce. Que sí, que la gente le da su MP3 a cualquir pirado ante la acusación de piratería; que vale, que la gente que se cree que masticar chicle rebaja el nivel de alcohol en sangre es idiota; que los ocultistas, videntes y demás no dicen más que generalidades, pues bueno. Pero, ¿y qué más? ¿En el próximo programa demostrarán que la leyenda de la chica de la curva es una memez?
En fin, sensaciones contradictorias ante el estreno. La parte buena es que pueden seguir puliendo el formato semana a semana. La parte mala es que La Sexta se los puede cargar a las primeras de cambio. Ya dije que no tenía expectativas puestas en el programa pero, a pesar de eso, no me terminó de entusiarmar, aunque tampoco me desagradó. Creo que no hay nada peor que esta sensación de tibieza.
Muchachada Nui en las Europeas (o viceversa)
El vídeo de arriba que descubrí gracias a la Señorita Puri forma parte de la campaña de las Juventudes Socialistas y está firmado por Carlos Areces, uno de los integrantes del clan de Muchachada Nui. Si en anteriores campañas montaron el pitote con el rosco de Pasapalabra ahora no se han quedado cortos. Este trasunto del candidato a las Europeas del Partido Popular ha levantado ampollas y sólo con leer los comentarios en YouTube se intuye que el asunto ha molestado.
Están los que consideran juego sucio y zafio esta caricatura a pesar de que desde las Juventudes Socialistas insisten en que es un personaje imaginario. Otros se echan las manos a la cabeza porque consideran que Carlos Areces y, por extensión, Muchachada Nui, han entrado en política significándose y apoyando una opción política que no tiene por qué coincidir con la de sus espectadores. En cualquier caso, un revuelo que viene muy bien a la campaña.
A mí el vídeo me parece gracioso y me choca que una campaña electoral recurra a este tipo de iconos para defender sus posturas o atacar las de los demás. Es novedoso, efectivo y una buena idea en lo que se refiere, sobre todo, a la imagen que se transmite no sólo ya de la juventud, sino de una juventud muy concreta. He estado buscando el nombre de quien dirige la campaña pero no he conseguido encontrarlo. Si alguien lo sabe que me lo diga, que tengo curiosidad.
Que desde el Partido Socialista se diga que Oreja Mayor es un personaje imaginario me parece poco valiente, sobre todo cuando el eslogan es «Elige un candidato que te dé menos vergüenza». Supongo que querrán ahorrarse una demanda pero en estas cosas yo no soy partidaria de las medias tintas y, ya que se hace la gracia, hay que tener arrestos para hacerla completa. Oreja Mayor es una representación de Mayor Oreja, el candidato del PP, y de las ideas negativas que se quieren transmitir de la oposición. Las cosas claras y el chocolate espeso.
Y respecto a las críticas que se hacen a Carlos Areces y a Muchachada Nui (confundiendo el todo con la parte), sobre su implicación en política sólo puedo decir que de algo hay que vivir. No olvidemos que Areces, además de muchas otras cosas, es dibujante y Oreja Mayor es simplemente uno de sus trabajos.
Hay que ver cómo se llevan al extremo asuntos que podrían ser meras anécdotas, tanto por una parte como por otra. Lo que está claro, en cualquier caso, es que la televisión es una fuente constante de trasmisión de ideas y es un medio del que se toma la inspiración o al que se nutre de contenidos según interese. Hace un tiempo era frívolo y superficial recurrir a cuestiones televisivas y ahora, en según qué casos, hasta de caché. Cómo cambian las cosas.
Qué vida más triste, qué serie tan buena
La Sexta tiene una suerte que no se merece con Qué vida más triste, una de las mejores producciones de ficción nacional que se han hecho en los últimos tiempos. A pesar de tener en sus manos un diamante en bruto se empeñan en hacer programaciones absurdas con repeticiones aleatorias pero la serie aguanta y no se resiente.
Desde mi punto de vista, las claves del éxito de la serie son los guiones y los personajes. Evidentemente no es una serie para todos los públicos pero eso, a estas alturas de la fragmentación televisiva, no tendría que asustar a nadie. Claro que habrá mucha gente que no entienda los guiños tecnológicos y frikis, las referencias a Internet, el lenguaje coloquial y los componentes nostálgicos de una generación muy determinada pero eso no debería de ser un problema. Con la cantidad de oferta existente tiene que haber sitio para todos y ya era hora de que alguien apostase por un producto que, a pesar de emitirse en una generalista, no entra en la etiqueta de «para todos los públicos». Esta restricción en lo que se refiere al target es significativa porque, además, su público es, casi por definición, el de una franja de edad que no entra en las clasificaciones mayoritarias. Lo que no ganan en share lo compensan con la relevancia en Internet que, creamoslo o no, también es importante.
Borja y Joseba son dos gamberros, dos buenazos fracasados que intentan una y otra vez convertirse en famosos y salir del pozo de la cotidianeidad. Borja tiene delirios de grandeza a lo Quijote y Joseba, como escudero fiel, termina siendo la comparsa en las aventuras más descabelladas, a pesar de que sabe que muchas de las propuestas de Borja no tienen sentido. Ninguno de los dos está satisfecho con su vida, son los eternos adolescentes con complejo de Peter Pan y buscan una y otra vez salir de Basauri por la puerta grande. En cualquier caso, lo importante son los medios que usan para conseguirlo.
Los guiones abundan en historias sencillas que rozan lo surreal. Los personajes no evolucionan, ni falta que hace, y tropiezan a menudo con las mismas piedras pero siempre de forma diferente. La realidad se opone a la visión de los personajes y el contraste es brutal, hilarante. Ayuda en la construcción de este mundo la recurrencia de expresiones, los espacios habituales y una visión inteligente de la realidad que siempre riza el rizo. No me extrañaría que las historias partiesen de casos reales y por eso la identificación de las situaciones para el espectador es sencilla, facilitando que entremos en la historia.
La serie nació en Internet y saltó a la televisión respetando los tiempos y las formas, una decisión muy acertada. Ahora desde la televisión vuelve a Internet en un movimiento que explica parte de su éxito y que confirma que se ha respetado la idea y el formato original. Borja y Joseba ya forman parte de una época y se han ganado un sitio de honor en el imaginario generacional. Podrían editar la serie en DVD, ¿no?, con extras y demás. Eso ya sería un locurón.
Buenafuente volando va
Y volando viene, viene. El próximo jueves el programa de Buenafuente se hará desde un avión, así como suena. Sardá ya ha hecho un par de entrevistas pilotando, pero lo que planifica Buenafuente es un vuelo con público y todo. Tal y como se deja ver en la promo, un nuevo reto, una muesca más en la carrera del presentador. ¿Necesario? Pues seguramente no, pero este equipo tiene tendencia a ir hacia adelante, como los de Alicante, explorando nuevas formas de entretenimiento.
Desde la web de El Terrat se lo toman con humor y dicen que el público irá en clase turista porque falta pasta, que aún no se han fusionado con Cuatro. Otras páginas especializadas hacen hincapié en la marca del avión (la publicidad obliga), y desvelan que además del público habrá invitados especiales. Por allí andará, según cuentan, Paz Padilla, Muchachito Bombo Infierno y Mag Lari. Entre el público hay veinte asiento reservados para pasajeros especiales. No descarto yo que guarden alguna sorpresa en las bodegas del avión.
¿Se celebra algo? Desde que mi despertador suena cada día a las seis y media de la mañana me he distanciado del late night. El programa 600 se celebró el 1 de abril así que eso no puede ser. Quizá es que la apuesta entre Berto y Buenafuente fue escuchada por algún pope de una compañía aérea que decidió poner medios para que se cumpliese el reto. Si nos dan un buen programa será lo de menos, siempre y cuando no hagan demasiado hincapié en lo seguro que es volar en un avión tan grande.
Y cambiando de tono, ha muerto Mario Benedetti. No sé cómo tratarán las teles este hecho y hoy no voy a estar en casa para verlo pero, por si a cualquiera se le olvida, quería que los que entraseis por aquí fueseis conscientes de que se ha apagado para siempre una de las voces más rotundas, honestas e inspiradoras de la literatura contemporánea.








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