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Tú sí que vales, un casting disfrazado
El especial de anoche de Tú sí que vales (Telecinco), podría resumirse con una palabra: aburrido. Dejando a un lado que nos gusten o no los programas de talentos (ya hay que hablar en plural en este tema), la fórmula que ha escogido Telecinco para éste me parece la menos interesante y pienso que no es demasiado coherente porque en Tú sí que vales lo que menos importa es el talento de los candidatos.
El jurado es el centro de todas las miradas, ellos controlan la duración de las actuaciones con una bocina, tipo tacañonas, y sus intervenciones duraron más que la mayoría de los números de los aspirantes. Ostentan el poder de decidir Àngel Llàcer (OT), Noemí Galera (OT) y Javier Sardá, los verdaderos protagonistas del espacio. El programa es de Gestmusic Endemol (OT), de ahí la duplicidad de caras. El caso es que sus orquestados numeritos no me interesaron en lo más mínimo, sus observaciones maliciosas no me produjeron ninguna congoja y el papel histriónico que se gasta Sardá últimamente no me gusta nada.
Me sabe mal por Christian Gálvez, el presentador titular al que se le reservó un papel secundario entre bambalinas. Más que maestro de ceremonias parecía un reportero al uso. Me cae bien este tipo quien, según leí en una entrevista, se define como friqui.
El ritmo del programa, eso sí, fue elevado, sin concesiones a las historias personales, sin imágenes en cámara lenta de los seleccionados gritando «¡sííííííí!» y abrazándose con euforia. Apenas alguna que otra lágrima de madre orgullosa. Al tratarse de una semifinal, el programa fue un batiburrillo de casting con mucha variedad puesto que el talento se esconde tras cualquier tipo de manifestación artística. Eso sí, tuvo su momento el Paul Potts patrio, un funcionario retirado de cincuenta años que cantó un aria bastante bien.
Un cero para el escenario, resbaladizo a más no poder y nada adecuado para según que números. Varios de los artistas resbalaron, una bailarina cayó de culo y temí que llegase a haber un lesionado serio. Este temor fue lo más emocionante de la noche.
Un programa poco elaborado que da toda la sensación, como bien comenta The Kiko en su blog, que es un torpedo a la línea de flotación de Tienes talento, otro talent show que está fraguándose en Cuatro y que comparte con éste más de una cosa. Se ve que en Telecinco tienen miedo de perder la corona de «la cadena de los reality» y no piensan abandonar la batalla tan fácilmente.
Para los profanos, el jueves Telecinco emitirá otro especial, así que aún estáis a tiempo de poneros al día.
Han dado que hablar en 2007
Como no podía ser menos, hoy toca resumen y voy a recordar de las cosas que más hemos hablado en este año que nos deja. Al fin y al cabo, en un blog lo más interesante son las conservaciones así que voy a hacer un breve repaso de lo más comentado en este 2007.
En enero, la entrada sobre Carolina Ferre y su programa Tres en raya (La Sexta), atrajeron al blog a una hora de talifanes de la presentadora que se indignaron por las opiniones que vertí sobre el programa y que dejaron muy clara su incondicionalidad. Eso sí, nos quedamos con la sospecha de que una misma persona dejó varios comentarios.
En febrero se llevó la palma Buenafuente y su polémica en los Micrófonos de Oro. Entraron por aquí gentes de todo talante y algunos de ellos, que no dominan el tema de argumentar, se dedicaron a insultar a diestro y siniestro con pretendido sarcasmo. Pero fueron los menos, en general, el debate fue plural y hubo opiniones respetuosas para todo.
Verano Azul en diciembre
Ayer terminó la onceava temporada de El Comisario y viendo el último capítulo, mirando a Juanjo Artero, pensé en cómo ha pasado el tiempo. El guapetón de los Ochenta, con permiso del malogrado Pancho. Y como siempre, Josmachine hizo click y me preguntó si no me acordaba de esto:
El fragmento pertenece al Especial Nochevieja 1982 del Un, dos, tres…,. Dejando de lado las pintas y que bailan con un elefante, a mí me han subyugado los movimientos espasmódicos de Javi-Juanjo. Pero para pintas, las de la pandilla en esta entrevista en Nosotros, un programa infantil de 1982. Esto sí que es maquillaje a tuti plein, y no lo mío de ayer.
Clever tampoco renueva
Borrón y cuenta nueva. A los de Telecinco se les cae el circo que habían montado para el fin de semana y despiden Clever por la puerta de atrás. No ha funcionado. Supongo que no se preguntarán por qué.
Yo creo que el fallo ha sido vender el programa como si fuese un programa científico, con un científico que no era tal (era un actor), cuando en realidad lo que querían era hacer caja con los famosos puestos en situaciones comprometidas. Quizá pensaron que el halo de la ciencia revestiría de seriedad un programa bastante frívolo.
Y los famosos escogidos tampoco han sido la bomba, desde luego. En el vídeo de arriba podéis ver en acción a Ángeles Martín que en otros tiempos fue musa televisiva de la comedia y que hacía siglos que no la veía en la pequeña pantalla.
Por cierto, el vídeo me recuerda a un programa que presentaba Jesús Vázquez en las autonómicas, también con famosos pero sin ciencia, en el que había un castigo de tocar animales. Eso también lo hacían en Ankawa (La 1), un programa ecológico con famosos que presentaba Bertín Osborne.
En resumen, que los experimentos científicos de Clever eran bastante mediocres y habituales, repetidos hasta la saciedad, y poner a famosos sufriendo no es cosa de las tardes del fin de semana. Seguramente si hubiesen planteado el programa con más sinceridad, sin buscar el prestigio de un programa «cultural», y lo hubiesen programado en otro horario, les habría funcionado mejor.
Y por último, ya está bien de usar animales para estas cosas, ¿no?
En La tele que me parió: Clever en Telecinco
Cuéntame y la verosimilitud
¿Se puede exigir a una ficción que sea fiel a la realidad que cuenta? Se puede esperar, pero exigirlo quizá sea ir demasiado lejos. Cierto es que el espectador, al disponerse a ver series como Cuéntame, con el trasfondo histórico como leitmotiv, pacta un contrato implícito con le emisión. El espectador tomará como cierto lo que ve, de ahí que siga la serie, y la serie ofrecerá historias verdaderas. Roto el pacto, rota la magia. De hecho, los espectadores que no siguen la serie le critican su falta de verosimilitud; y los que la siguen lo hacen por el componente nostálgico y por la recurrencia de experiencias vividas.
Sin entrar a dirimir si la historia reciente de España es tal y como aparece en Cuéntame (para un elevado número de espectadores, vistas las audiencias, parece ser que sí), hoy quiero mencionar la brecha en la verosimilitud que se abre gracias a una querella interpuesta por Joana Biarnés contra la productora de la serie.
Biarnés, de quien los guionistas han elaborado un personaje para la serie utilizando su verdadero nombre y determinadas referencias biográficas verdaderas, acusa a la serie de haber manipulado la figura de su padre, la imagen del Diario Pueblo para el que trabajaba y su relación con Joan Pla, de quien no se utiliza su verdadero nombre y con el que la terminan liando en la serie, cosa que nunca sucedió.
Quizá los guionistas tendrían que haberle cambiado el nombre al personaje inspirado en Joana Biarnés para ahorrarse un trance de estas características porque la polémica ha hecho que salte a la palestra el tema de las mentiras de Cuéntame, mentiras que desde mi punto de vista no son tal (no olvidemos que hablamos de ficción), aunque sí que suponen una brecha en la verosimilitud, necesaria para mantener el interés en una producción como ésta.
Y es que no siempre el contar las cosas tal y como sucedieron implica que la serie vaya a tener éxito. Sin ir más lejos, Vientos de agua o Los Ochenta, ambas de Telecinco, se toparon con la falta de reconocimiento del espectador. ¿Era mentira lo que contaban? Seguramente no, pero como ficción no supieron darle a los espectadores lo que esperaban ver.
Fuente: El Mundo
Los Serrano y la autoparodia
Vuelven otra vez, pesados como ellos solos. Le han dado todas las vueltas posibles a la tramas y han explotado al máximo el perfil tontorrón y grotesco de los personajes masculinos. Los niños han crecido y se enrollan entre ellos, como ya hicieron los hermanos mayores. Diego sigue rodeado de tías buenas. Raúl sigue siendo más simple que el mecanismo de un botijo. Santiago es el mismo animal de las seis temporadas anteriores.
Seguí la serie en las primeras temporadas, en las que había un poco de todo, pero cuando el centro de la serie se desplazó hacia el trío de Diego – Fiti – Santiago, el asunto dejó de interesarme. Voy a contracorriente, lo sé, porque los índices de audiencia han demostrado que la serie ha seguido funcionando, pero yo no puedo dejar de ver la parodia de la parodia. Es como si hubiesen descubierto que un chiste funciona y lo contasen todas las semanas.
No deja de ser curioso que los personajes y las situaciones no hayan sido objeto del desprestigio general y del rechazo del sector más políticamente correcto de la crítica que sí que se ha ensañado con Escenas de matrimonio. Y es que para mí, entre el tono de las matrimoniadas y el de Los Serrano apenas hay diferencias.








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