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‘Águila Roja’ al cine: los motivos
Hecha la Ley, hecha la trampa. ¿Que la Ley dice que las televisiones tienen que invertir un porcentaje de sus ingresos en producción de películas? Blanco y en botella. Además, con los datos que está haciendo en televisión Águila Roja no es de extrañar que alguien haya pensado en sacarle rédito cinematográfico. Muchas series han estrenado temporadas en pases en cines y hay, por ejemplo, una peli de Los hombres de Paco.
La noticia de la película de Águila Roja nos dice que está producida por Daniel Écija (Globomedia), y dirigida por José Ramón Ayerra que, a su vez, es productor de Águila Roja, LEX o Los hombres de Paco. He buscado la información acerca de quiénes van a ser los guionistas pero no he podido confirmar mi sospecha (los guionistas nunca aparecen en noticias de este tipo): creo que serán los mismos de la serie, como ha pasado otras veces. El grueso del reparto va a ser el de la serie aunque hay alguna que otra incorporación (Martina Klein, por ejemplo), pero ninguna con un brillo deslumbrante. La historia de la película es una trama propia, la lucha contra un complot internacional, pero estará rodada en escenarios similares a los de la serie.
Diréis que esto es calentarse poco la cabeza, otros pensarán que el cine se ensucia con cosas así, los habrá que nieguen el mérito a propuestas de este tipo. Evidentemente se trata de un proyecto con clara vocación comercial, como lo son todos, pero no me parece justo dar por supuesto que no tendrá mérito cinematográfico, por decirlo de alguna manera. Y aunque así fuera, aunque resultase una propuesta sin valor artístico, si cumpliese sus objetivos económicos ya podría darse con un canto en los dientes (son decenas de películas al año las que se producen y ni siquiera llegan a los cines).
En estos asuntos se suelen mezclar términos y conceptos. Es un tema espinoso por la cantidad de cosas que implica: la trampa para superar las exigencias de la Ley, el recurso fácil de lo más visto en la tele, la escasa inversión en personal ajeno a las producciones televisivas…,. Yo me inclino a pensar que estas propuestas, aunque se proyecten en cines y se rueden en treinta y cinco milímetros (esto es un arcaísmo porque lo que está más de moda es el digital), al fin y al cabo siguen siendo flecos de la industria televisiva aunque para la industria del cine pueda considerarse como intrusismo. Los intereses en esto son tantos y tan variados que es imposible no entenderlos a todos, pero como esto es un blog de tele y a mí me gusta el cine, tiendo a pensar que hay sitio para todo el mundo.
La industria televisiva nacional tiene muchas carencias. De hecho es difícil considerarla una industria en sentido estricto pero, así y todo, si este tipo de propuestas sirven para afianzar los cimientos de la tele nacional, les doy la bienvenida. Otra cosa es que los réditos de estas series convertidas en cine se inviertan en proyectos televisivos innovadores, algo que no suele pasar. También es verdad que estas propuestas me parecen que ejemplifican eso del «pan para hoy, hambre para mañana»: beneficios económicos inmediatos y poca perdurabilidad e innovación. Cierto es que preferiría que las televisiones apostasen por estrategias más sólidas y de más largo recorrido, que enfrentasen la realidad que se les viene encima en lugar de evitarla, pero con ideas como estas llegamos al quid de la cuestión: la industria la dirigen personas que representan los intereses de grupos mediáticos. El requiebro es enorme y la distancia entre los despachos y la realidad parece cada vez más insalvable.
Así las cosas, si películas como ésta sirven para dar de comer a un grupo de gente, para aumentar sus experiencias y conocimientos, y para posibilitar nexos y uniones, encuentro perfecto que las hagan. Luego el aprovechamiento que saquen de algo así es harina de otro costal pero, en resumidas cuentas, menos da una piedra.
‘Mujeres de lujo’, Cuatro insiste en el glamour
La temporada pasada Cuatro estrenó Casadas con Hollywood y laSexta Mujeres ricas. En la batalla de las audiencias ganó laSexta y parte del éxito se debió a la normalidad del espacio y a esa parte de humor paródico que ridiculizaba en cierta medida las historias y que permitía que los espectadores se burlasen, por decirlo de alguna manera, de las tribulaciones de esas señoras de clase alta.
La forma de Cuatro de asumir la derrota es plantear para esta temporada Mujeres de lujo a imagen y semejanza del programa de laSexta que está renovado y también se emitirá antes o después. En el caso de Mujeres de lujo se seguirá a unas diez señoras (en Mujeres ricas eran cinco), y la primera temporada tendrá trece episodios.
¿Alguien puede decirme por qué en este tipo de programas no siguen a hombres ricos? Es decir, al margen de los esposos, los formatos llevan la palabra «mujer» en el título y eso tiene que ser por algo. Cualquier cosa que se diga en este sentido puede resultar machista, lo sé, pero dejando de lado ese prejuicio no podemos negar que estos programas escogen a señoras con vidas contemplativas, con empleos «poco serios» y ocupadas en menesteres que para ellas son trascendentales pero que a la mayoría de nosotros nos parecen tonterías. Ahí está la gracia. ¿Qué sentido tendría seguir a un hombre de negocios atareado con reuniones de trabajo? Sería un fracaso absoluto. De aquí me surge la siguiente pregunta: ¿no hay señores ricos con vidas frívolas? Los hay, los hay, sólo hay que echarle un vistazo a cualquier Callejeros de lujo, de casas grandes o alguno de ese corte. ¿Estos señores interesan a los espectadores menos que las señoras?
Si hay algo importante en televisión es la reincidencia en el tópico y en el estereotipo: las excepciones viene con cuentagotas y suelen servir para apoyar el estereotipo con su efecto de oposición. No interesa lo distinto o lo excepcional si no es a modo ejemplarizante y, no nos engañemos, la televisión no busca la normalización de nada, sólo intenta conquistar al espectador y para ello tiene que escoger modelos con los que de alguna manera se sienta identificado y conozca de antemano, de ahí la incidencia en las mujeres ricas y no en los hombre ricos. Vuelvo a hablar de Callejeros y de su filón con los barrios marginales, por ejemplo. Qué importa dónde esté el barrio en cuestión, todos tenemos algún barrio así cerca y nos gusta redundar en esa imagen de peligro, desidia y desgracia para sentir que nuestra posición es mejor.
Ya lo he dicho otras veces, esto del glamour y del lujo no me interesa en absoluto (cuestión de gustos), así que me alegro de que insistan en el asunto una y otra vez. A este paso, el formato va a quedar obsoleto en dos telediarios y lo van a quemar antes de poder sacarle el máximo rédito. Últimamente en televisión parece que hayan hecho suya aquella frase de James Dean: «Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver». ¿Os habéis dado cuenta de que los programas y series cada vez duran menos temporadas? Pues eso, las cosas se consumen a una velocidad de vértigo y se agotan antes incluso de asentarse. Tenemos muchos programas, sí, pero pocos son de culto y muchos menos dejarán huella. Otra cita para terminar, ésta de Unamuno: «¡Que inventen ellos!».
‘Adivina quién viene a cenar’: triste, triste
Mónica me había insistido en que viese el programa y diese mi opinión, y a ello voy no sin antes pedir un favor a los amables lectores de este blog: sabéis que no puedo negaros nada así que tened consideración y no me pidáis que me someta a torturas innecesarias, que soy un ser humano con alma, corazón y vida, aunque entiendo que Internet pueda haceros creer lo contrario. No te guardo rencor, Mónica, porque de algo hay que morir, pero cuidado con lo que deseas porque puede convertirse en realidad.
Así que sí, he hecho mi incursión en Adivina quién viene a cenar, el programa de Antena 3 al que le auguro un triste final, tan triste como es el programa en sí. Sólo he conseguido ver entera la «broma» de Kiko Rivera. Con las otras lo he intentado pero no he podido. Ya de por sí ver a famosos haciendo el pavo no me interesa demasiado a no ser que lo planteen como aquel «Desmontando a Paquirrín», que me gustaba no porque fuera de Sé lo que hicisteis… (bueno, un poco sí que me gustaba por eso), pero es que además me pareció una excelente forma de afrontar un género dándole una vuelta y el señor que huele a vino me hacía partirme de risa. Nada que ver con lo de Antena 3, que me parece falto de ritmo, soso, aburrido y, el colmo de los colmos, forzado a más no poder. No sé si será todo un montaje y hasta las supuestas víctimas estarán interpretando pero lo parece y eso, en un programa de cámara oculta, es inadmisible.
¿No hemos aprendido nada de Inocente, inocente? Ahí las bromas no se alargaban más de la cuenta y el conflicto siempre era distinto, basado en algo específico y personal de la víctima (su fijación con lo paranormal, extraterrestres, un coche prestado…). En Adivina quién viene a cenar siempre es lo mismo, una y otra vez: una pareja famosa y loca. Luego está el asunto de los retos: sólo son dos en una «broma» que puede durar media hora, si no más. Claramente, el lucimiento del famoso es la base del programa, no la «broma» en sí. Y para lucimientos espectaculares me acuerdo de Anónimos, un programa de laSexta de cuando aún eran una cadena pequeña y casi invisible. El programa no es que fuera la bomba pero era al menos original y, a veces, dependiendo del famoso, hasta divertido. Ángel Llácer daba órdenes constantes por un pinganillo para que el famoso disfrazado fuera adaptándose a las situaciones que le pedían para engañar a la víctima. Se vivieron momentos surrealistas. Aquí está Pepe Sancho tocándole las «bowlings» a Quique San Francisco.
Así que, en resumen, Adivina quién viene a cenar no me parece que pase del aprobado y no creo que ellos pretendiesen otra cosa: un premio económico bastante bajo (tres mil o cinco mil euros), siempre en la misma casa con lo que se ahorran tener que adaptar ambientes distintos a las necesidades del programa, una estructura calcada para cada famoso…,. No se han calentado mucho la cabeza que digamos y eso el espectador lo nota y como no haya un valor adicional al espacio en sí es difícil aguantar el tirón como si nada y no buscar otras oportunidades de entretenimiento más dinámico en otras cadenas.
Y para terminar, saludo a Mónica que me estará viendo.
‘Las joyas de la corona’: anatomía de un fracaso
Se las prometían muy felices en Telecinco con Las joyas de la corona. Parecía que nada podía fallar y que el asunto iba a convertirse en programa fijo de temporada. El estreno fue regular pero en su segunda emisión ya bajaron dos décimas. ¿Cómo es posible, si está Carmen Lomana? Pues por eso precisamente. La temática del reality está bien escogida pero hay un fallo garrafal que se me desveló ayer, viendo una entrevista a Nacho Montes, uno de los profesores. Vino a decir más o menos que el casting de alumnos era perfecto y que Zeppelin hacía los castings como nadie. Eso es verdad, pero la pifiaron en el casting de los profesores.
No es la primera vez que pasa. Me viene a la cabeza como mejor ejemplo Supermodelos, que en el fondo tenía bastante que ver con Las joyas de la corona. Niñas monas cargadas de sueños y unos profesores dedicados a frustrarlos, a hacerlas llorar, a gritarles, a recordarles que no les llegan ni a la suela de los zapatos. Instruir, que es lo que pretenden, no es sinónimo de criticar. Este tipo de profesor al público le resbala y le cae hasta mal. En el lado opuesto están los de Fama, por ejemplo, que aun cumpliendo su función se muestran más cercanos. No es cuestión de la materia que se imparta en cada «escuela», es más bien que hay que reproducir el perfil de profesor guay y comprometido para que la gente sienta la empatía del esfuerzo. Los de Las joyas de la corona están justo en el lado opuesto, en un pedestal de barro que se empequeñece cada jueves.
No es que yo le tenga tirria a Nacho Montes (bueno, un poco sí, porque es demasiado estirado para mi gusto), pero cuando habla de gente muy básica a mí se me encienden todas las señales de alarma:
«Hay gente con una clase social muy elevada por los ingresos que tiene, por la riqueza o por la popularidad que poseen, que no sabe estar. Y también hay gente muy básica, como alguno de nuestros alumnos, que tiene los pies en la tierra y que sabe perfectamente dónde están, de dónde vienen y a qué mundo se dirigen».
Se olvida este señor que los espectadores a los que se dirige el programa son precisamente esos a los que llama «gente muy básica». Y la gente muy básica, como yo, no queremos ver a una pandilla de cursis manejando los destinos de nadie. No tenemos nada que aprender de gente que hace este tipo de distinciones basadas en la capacidad económica de las personas y que nos perdona la vida de esta manera tan poco elegante. Este mensaje perverso e infantil es el que destila el programa por sus cuatro costados y es normal que a la gente muy básica, como yo, nos toque la moral.
Después está el asunto de la nula participación de los espectadores muy básicos, remarcando el hecho de que realmente nosotros no podemos decidir y que sólo los profesores resabiados tienen la última palabra. Porque no, no hay televoto ni nada que se le parezca. Parece que el programa está orientado a educar a los espectadores y eso, claro, no resulta nada interesante ni estimulante. La mayoría de nosotros no tendrá que ir jamás a un cóctel ni que plantearse la diferencia entre un vestido largo o uno corto. Los eventos más notables a los que he podido asistir han sido entregas de premios de concursos de cortos y ahí a los cortometrajistas se nos consiente cualquier aspecto, cada uno lleva el suyo y aquí paz y después gloria.
Y para terminar, el premio del chichinabo (veinte mil euros), y el saco de conocimientos que les servirán toda la vida. Aquí mi carcajada ya está totalmente desatada. No es por resultar materialista pero si el premio económico es tan ridículo, los espectadores muy básicos vamos a pensar que el programa no valora el material que nos ofrece. Es lo que tenemos la gente muy básica, que distinguimos a la legua cuándo nos quieren dar gato por liebre.
Y todo esto es lo que yo creo que explica por qué se deshinchan Las joyas de la corona. Podría añadir que los diamantes en bruto que hay en el programa saben más que los ratones «coloraos» pero eso, en programas como Gran Hermano, por ejemplo, consiguen neutralizarlo. Aquí no. Ese sería el giro necesario para el éxito, que los concursantes muy básicos se subieran a las barbas de las ratitas presumidas y les arrancaran los bigotes. Si hacen eso, revientan el share, aunque no sé si estarán a tiempo.
‘Hispania’, así es la nueva serie de Antena 3
Después de leer la entrevista a Carlos Sedes, uno de los responsables de Hispania, me he quedado con el ánimo traspuesto. Por una parte me gusta su honestidad, pero por otra no sé yo si esa honestidad es la mejor manera de vender una serie. Son tiempos difíciles para la ficción nacional (como siempre). Por ahora no he leído que nadie se queje de la falta de rigor de Los Tudor (serie que veo todos los jueves en La 1 encantada de la vida), pero si es una serie española la que en su planteamiento no considera vital el rigor histórico, arde Troya.
En el titular de la entrevista tampoco le hacen a Carlos Sedes ningún favor: «Hispania recordará más a Braveheart que a Roma«. Luego leyendo el texto se aclara el asunto pero claro, ya sabemos que la gente no es muy de leer y que a veces un buen titular vale más que mil palabras. No se trata de que Hispania vaya a tener temática escocesa, es que se va a centrar más en las vicisitudes del pueblo llano que en las triquiñuelas de la aristocracia del Imperio Romano. Algo tan sencillo y comprensible (es más barato de producir), puede dar pie a un buen montón de comentarios insultantes porque, insisto otra vez, al hablar de una serie española empezamos insultando y luego ya veremos qué pasa, que los comentarios en Internet se los lleva el viento (o la rápida actualización de la información).
A mí lo que más me ha llamado la atención de la entrevista es la declaración de que la primera temporada será de ocho episodios. Es un recurso que se está generalizando en las producciones españolas de este corte: reducen los episodios por temporada para poder invertir en producción. Cuando llegue el día en el que se reduzca la duración de los episodios estaremos de enhorabuena pero, por ahora, las casi dos horas por capítulo, publicidad incluida, no nos las quita nadie. En Águila Roja ya aplicaron esta estrategia de acortar la primera temporada y no les ha ido mal.
Incidiendo en estos asuntos de la producción, se han tomado en serio los efectos especiales, la presencia de especialistas, el vestuario, los colores, ciertas metáforas y cosas que en principio pueden parecer accesorias como los caballos. En esto tienen que ser como la mujer del César que no basta con que sea honesta, también tiene que parecerlo. Y aquí es donde entran mis dudas acerca de la honestidad mostrada en la entrevista. ¿Hacía falta ser tan claro en lo que se refiere al rigor histórico? Más que nada para no despertar a las hordas de trolls antes de tiempo.
Dice Carlos Sedes lo siguiente: «No vamos a intentar mantener rigor histórico para la serie porque no queremos contar cómo era esa época. Para nosotros es importante, pero no es lo vital. Lo vital serán las historias y vivencias de los personajes». ¿Hacía falta decirlo tan claro? Entiendo el trasfondo. Están haciendo una serie de ficción, no un documental. Comprendo que ceñirse a la Historia puede entorpecer lo que verdaderamente importa, que son las historias de los personajes. Pero esto es así en cualquier tipo de serie, no sólo en una con trasfondo histórico. Son ganas de ponerse en la palestra innecesariamente. Espero que no tenga muchos dolores de cabeza por tal declaración de intenciones. En un mundo ideal nadie haría demasiado caso a esa obviedad pero aquí el más tonto hace relojes y nos encanta descabalgar al prójimo. Para la próxima yo le recomendaría más prudencia y diplomacia porque así sólo consigue ponerse a los espectadores en contra antes de tiempo.
Cuatro se trae a las tribus
Sé que soy una malpensada y que no tengo remedio pero es ver el vídeo de arriba, el original del programa que va a adaptar ahora Cuatro, y me recorren unos sudores fríos. Quiero pensar que no vamos a ser capaces de esto, de escandalizarnos primero de sus costumbres y de reírnos ahora de su supuesta ignorancia. Claro, si fuera así lo entendería porque el choque cultural, siempre que los que choquen sean los demás tiene mucha miga, pero a mí no me hace ninguna gracia.
Ya no me gustó Perdidos en la tribu porque, qué le voy a hacer, soy esclava de mis ideas, así que no creo que esta secuela me interese tampoco en lo más mínimo. Eso no significa que no sea consciente de que el programa tiene todos lo números para enganchar a la audiencia, a pesar de que lo presente Nuria Roca. Yo soy demasiado cerebral y a veces por culpa de eso me pierdo ciertos entretenimientos blancos de este tipo, porque quiero pensar que va a ser un entretenimiento blanco.
Cuando los de Gran Hermano metieron en la casa a una familia de indígenas consiguieron un resultado muy tierno pero, claro, los indígenas de Gran Hermano eran muy divertidos y los concursantes no dudaron en ponerse el hábito para generar más risas todavía. Y aquí está mi segunda duda. Me pasa con los realities una cosa extraña y es que, sobre todo los de Cuatro, no me los creo. Tanta edición, tanto vídeo excelentemente montado, a mí me sacan del meollo y me hacen dudar. Ya se dijo en su momento que las tribus de Cuatro eran de escaparate, gente escogida a dedo y disfrazada. ¿Ahora van a ser ellos los que simulen sorpresa ante algo que conocen? Perdonad mi escepticismo, no lo puedo evitar.
El programa está en fase de producción y están buscando a la tribu de las conocidas que vendrá a España a disfrutar de la modernidad (ironía off). Viendo la promo de arriba podemos pensar que a una de las familias españolas le ha tocado la china porque tendrán que alojar en su casa a los invitados y van a tener un reality para ellos solos. Pues muy bien, que lo disfruten. Parece ser que el invento llegará en otoño así que ya tienen que darse prisa si quieren hacer una producción en la línea de sus últimos realities, muy cuidados en ese sentido.
Para Cuatro los realities están siendo una buena vía porque hasta ahora les están funcionando la mayoría de los que estrenan. Han encontrado una forma diferente de hacer las cosas y eso siempre es interesante. Dejando a un lado lo distinto que es ésta Cuatro de la que nos prometieron al principio, sí que hay que reconocer que sus puntos de vista siguen siendo modernos. Esperemos que con la fusión no cambien esto y sigan apostando por la renovación de formatos. Yo sigo prefiriendo el reality sin editar pero tiene mérito que hayan podido encontrar filón modificando un género tan asentado. Repito, a mí no me gustan pero lo cortés no quita lo valiente.








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