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Melendi en El hormiguero
El hormiguero se está convirtiendo en un programa lavadora: lava la imagen de sus invitados. Ayer, con Melendi, decidieron sacarle punta al tema del alcohol y, chiste va, chiste viene, demostraron cómo tomarse a guasa y cómo frivolizar con un tema tan peliagudo, demostrando de paso que Melendi es un tipo que aguanta carros y carretas, que tiene sentido del humor y, por ende, que el episodio del avión no fue más que una anécdota.
Siempre hemos sabido que el mejor sitio para lavar la propia imagen es la televisión, el medio más capacitado para ofrecer una imagen nueva y distinta que borre la anterior (aquella antigua teoría de que un clavo saca a otro clavo). Independientemente, claro está, de que el tema a aclarar tenga poco que ver con la tele, todos los que lo necesitan acaban en un plató demostrando su saber estar y su savoir faire (David Meca lo intentó en ¿Dónde estás corazón? pero le salió el tiro por la culata).
Dejando a un lado que Melendi no es santo de mi devoción, muy mal tenían que irle las cosas desde su motín si decidió someterse a la batería de chascarrillos a la que le sometieron anoche, desde las hormigas hasta Jandro, todos sacándole punta al tema hasta que hicieron que aquello pareciera una broma. El público, claro, se reía y jaleaba las presuntas tomaduras de pelo, como si Melendi no supiera a lo que iba.
¿Alguien puede creer que un programa de televisión se arriesgue a hacer mofa y befa de un tema tan peliagudo sin consentimiento del invitado? Vamos, hombre. Si hace unos años los artistas e intelectuales iban a Lo + Plus y se dejaban mangonear para mostrar su lado humano, ahora tenemos programas como El hormiguero, que tomando como ejemplo aquella dualidad de bueno y malo despliegan sus armas en campañas mediáticas como la que nos ocupa. Que lo sepáis, Melendi es humano, tiene sentimientos y aquello del avión fue un desafortunado accidente que contará bromeando en las comidas familiares. Nadie es perfecto.
Fama ¡a bailar! Nonstop
Ayer dediqué un rato a ver la emisión de Fama que ofreció Cuatro por la tarde porque entre semana pienso seguir siendo fiel a Sé lo que hicisteis… y el programa no me sorprendió en absoluto, con la excepción de algunos puntos que claman al cielo.
¿Es posible que Cuatro tenga becarios como realizadores? Porque si no, no me explico cómo vuelven a caer en los mismos fallos que Supermodelo. Planos imposibles, movimientos de cámara inexplicables, y esto con el agravante de que el programa estaba editado, no era en directo. Si esto era lo mejor que tenían, no quiero ni imaginar cómo será el material descartado. Un ejemplo: una actuación en un salón diáfano con dos columnas a los lados, ¡¡y las columnas se interponen en el tiro de cámara!!
Para la publicidad han seguido el ejemplo de la Fórmula 1 en Telecinco. Es decir, ventanita al canto (de la pantalla), para ver la Escuela (no confundir con Academia o con Centro de Formación), en directo y los comerciales a la vez. No es necesario y resulta poco efectivo en una tanda publicitaria de quince minutos porque en la ventana se intuyen unas diez personas dando saltos y moviéndose pero, a no ser que tengas una sábana de pantalla en el salón, la imagen es tan pequeña que no se aprecia ningún detalle.
El look oculto de los ochenta, con la estética industrial de Flashdance, o el nombre y la tipografía del programa, como ya comentamos aquí. Pero sobre todo la música, que hace que un buen montón de espectadores que no vivieron la década gloriosa vayan locos intentando averiguar qué canciones suenan en el programa porque no ponen el título de los temas ni los intérpretes. Y a esto tengo que apuntar que son versiones malísimas de los originales. Sacrílego es lo que han hecho con el Wonderful life de Black, y todo por no pagar derechos. Aquí el clásico para deleite de los sentidos.
Como reality el programa es bueno. Lágrimas, competitividad, dureza, sacrificio…,. Los concursantes tienen una aura de hipocresía que no se la acaban: se abrazan y se besan sin parar, pero las puñaladas traperas van que vuelan. Los profesores van de buen rollo pero se ponen serios en los momentos requeridos. ¡Ah! Y ya tenemos dieta para la concursante que, a pesar de su sobrepeso, baila como pocas. La ilusión de su vida es que la levanten al vuelo (hacer un truco lo llaman), y ya le han puesto a su disposición un nutricionista. Por su bien, espero que su futuro no sea el de acompañar en los anuncios de adelgazantes a Rosa de España. Y me da lástima Marcos, la cuota friqui del programa, un chaval que es sistemáticamente maltratado por un sector de los concursantes porque creen que no tiene méritos para estar en el programa. Espero por su bien que no termine como Raquel, la friqui de Supermodelo.
Callejeros, la ley de la calle
Hoy vengo a pedir que me hagáis crónicas de Callejeros porque yo no sé a qué palo cogerme, la verdad. Me reconozco tan identificada con las historias de barrios marginales que tratan (viví en uno durante diez años), que soy incapaz de ver los reportajes con la distancia necesaria.
Anoche estuvieron en Los Junquillos, pero como si dicen que estaban en Palma Palmilla o en El Cabanyal. Con la excusa de grabar la realidad sin intermediarios, reproducen una y otra vez los mismos estereotipos. En cada una de esas historias a mí me parece que falta contraste y la normalidad aparece siempre como excepción.
Lo que más me desconcierta es no saber qué quieren contarnos en los reportajes de este corte. Cualquiera que se pasee por un barrio de esas características podría ver lo mismo que ven ellos, con la excepción de las casas. La pobreza, la falta de empleo, los modos de vida particulares basados en la supervivencia, se repiten y saltan a la vista, pero ¿qué mensaje quieren transmitir con ellos? ¿Es responsabilidad de los ciudadanos entrevistados? ¿Es un problema social del que todos somos responsables? ¿Es una realidad paralela a la de la mayoría?
Pincharon en hueso con el tema de El Cabanyal porque detrás de toda la historia hay una plataforma de asociaciones que está luchando por salvar su barrio y que no se vieron identificados en el reportaje. ¿Pasa esto en el resto de barrios que visitan?
Demasiadas preguntas, como veis, que necesitan de vuestra iluminación. Yo no sé con qué carta quedarme.
Cuenta atrás no puede con Tú sí que vales
Corso y sus compañeros tuvieron anoche un seguimiento de cerca del millón y medio de espectadores. Un dato estimable si no fuera porque entra en comparación con los casi cuatro millones de espectadores de la gala final de Tú sí que vales, el talen show de Telecinco.
Yo soy bastante de Cuenta atrás, aunque le encuentro a la serie unos peros más que considerables: Dani Martín y su ausencia de vocalización, cómo los actores cantan el texto en algunas ¿interpretaciones?, el derroche de cámara al hombro y de travelling o la búsqueda de sorpresa que no sorprende a nadie. En el lado positivo, pesan considerablemente a favor José Ángel Egido, la factura cuidadísima de la serie, la producción cara pero nada ostentosa y el planteamiento arriesgado que hace de ella una serie diferente.
Respecto al capítulo de ayer y a diferencia de la temporada anterior me pareció detectar un exceso de drama que rozaba el dramón y una pérdida de rigor en la investigación del caso que se resolvió mediante un deus ex machina (una farmacéutica que ocho años después recordaba con pelos y señales una conversación trivial con una clienta porque, tal y como justificaron innecesariamente, el asesinato de la mujer le hizo tener muy presentes los hechos). Se admiten apuestas, ¿iba el padre en el coche que explotó o el que murió carbonizado fue el indigente?
En fin, que leo en El mundo que esta temporada cada capítulo de la serie será tratado como una película y que abordarán en las investigaciones aspectos de relevancia social como la pena de muerte o el maltrato. ¿Hacía falta? Francamente, yo creo que no. Pero las audiencias de posteriores capítulos dirán.
En Telecinco, mientras tanto, Tú sí que vales arrasó con el resto, mejorando los datos de la semana anterior, y coronando a un nuevo cantante de ópera como estrella emergente. Qué originales. Les ha ido tan bien que, a pesar de que la semana que viene empieza Supervivientes, ellos ya dan fechas para los nuevos casting, para aprovechar el tirón y fastidiar al máximo a Cuatro, que tiene su Tienes talento en fabricación. Antes de que nadie pregunte el teléfono del casting aquí os lo dejo:
Sin tetas no hay paraíso gana a Anatomía de Grey
Yo soy de Anatomía, ya lo he dicho muchas veces. El drama hilvanado con la comedia sutil me engancha, los personajes al borde de un ataque de nervios me gustan, el microcosmos del Seattle Grace me inocula ganas de estudiar medicina (aunque se me pasan cuando voy a mi ambulatorio).
Este fanatismo (lo siento por todos los que habéis pensado que yo era una persona objetiva), me llevó a pensar que Sin tetas no hay paraíso no tenía nada que hacer, sobre todo después del Serranazo. Cuando empezó la reposición de Anatomía de Grey en Cuatro me pasé a Telecinco para evaluar a la competencia y lo que vi no me gustó, así que pensé que los de Anatomía habíamos ganado la noche. Para nada.
Creo yo que parte de culpa del dato de Anatomía la tienen El hormiguero y Pablo Motos, que en el programa de ayer invitaron a Ramón(cín) y eso espanta a cualquiera, sobre todo cuando el tipo, fruto de no sé qué extraño delirio, se puso a enunciar sus consejos de ¡¿belleza?!. Aguanté porque por Anatomía aguanto lo que sea pero entiendo que no todo el mundo está dispuesto a pasar el mismo calvario que yo. El «canon baby» se permitió el lujo de razonar acerca del canon, valga la redundancia, y se hizo mofa con el asunto, él incluido, que es uno de los mercenarios de la SGAE.
Pasada esta angustiosa penitencia se pudo asistir a una más que correcta emisión de Anatomía de Grey, con una pausa de treinta segundos a la media hora y, vente minutos después, una pausa de unos ocho minutos que me permitió hacerme la cena. Disfruté con el episodio y luego pasé a ojear la serie de Telecinco, más por obligación que por interés.
Sin tetas no hay paraíso tiene un planteamiento simple, unos personajes planos y una factura de culebrón de sobremesa, no de prime time. Que la mala sea pelirroja es un tópico ineludible. Que los protagonistas sean guapos es una condición sine qua non. La grabación en exteriores reviste la serie de calidad en la producción. Al personaje de Leandro Rivera y al amigo que participa en carreras de coches no hay quien se los crea. La joven e inocente chica que, por amor, se introduce en un mundo de prostitución y drogas promete drama puro y duro, sin concesiones. Obviamente, en la serie priman los valores como la bondad sobre la verosimilitud. El nombre de la web, la culpa es del amor, lo dice todo. El personaje que más me gustó fue el Inspector Torres, un policía neurótico y obsesivo al más puro estilo Monk que destaca sobre el resto. Los demás son un muestrario de estereotipos que buscan ampliar el target de la serie para hacerse con público de todas las edades y aumentar así la audiencia. Y funcionó.
Casi cuatro millones de espectadores en el estreno auguran un largo recorrido a la serie cosa que me tranquiliza porque así voy a poder ver Anatomía tranquilamente sin tener la sensación de estar perdiéndome algo.
Semana de series
De entre toda la programación que estrena espacio, las series ocupan un lugar destacado en las parrillas. La ficción parece ser el formato preferido por las cadenas para hacer frente a un mes de enero que, en otros tiempos, era de lo más vulgar.
Telecinco ya estrenó el viernes la segunda temporada de M.I.R. y La Sexta estrenó su Robin Hood, pero no se vayan todavía, aún hay más. Entre la ficción nacional y la internacional se establece una dura batalla porque las cadenas privadas han establecido una fuerte distinción. Cuatro se ha dejado de experimentos patrios y se ha volcado con las series de allende los mares, aunque con pinceladas de españolidad. Mientras, Telecinco, Antena 3 y La 1 siguen con las series de producción propia como bandera. Por otro lado, las temáticas estrenan los éxitos del año para la minoría que puede (o quiere), hacer la guerra por su cuenta.
El lunes la Fox estrena Californication, una serie que, para que nos entendamos todos, no creo que le guste a Rosa Montero. La cita es a las 21:30 y como los episodios duran media hora, se emitirán dos. La serie ha sido revelación este año y le llueven las buenas críticas. La redifusión será los viernes a las doce de la noche.
Cuatro ataca con el estreno de la cuarta temporada de House, la cuarta de Anatomía de Grey y la segunda temporada de Cuenta atrás. Martes, miércoles y jueves, respectivamente. Apuestas seguras. Quizá quien corra más peligro sea Dani Martín en su emisión de los jueves porque en cuanto empiece Supervivientes (falta poco), seguro que le hacen la competencia.
Antena 3 anuncia el estreno de la quinta temporada de Los hombres de Paco para el próximo martes (preestreno en Internet el lunes), y Telecinco ha desempolvado el viejo concepto de la contraprogramación. Los Serrano pasa al martes y Sin tetas no hay paraíso al miércoles, para que pueda afrontar la lucha por la audiencia con algo de holgura. Por lo visto, en Telecinco pensaron que la nueva ficción iba a pasar las de Caín contra los policías y han cambiado el día de emisión. Eso sí, Sín tetas… y Anatomía de Grey compiten en horario, cosa que no creo que beneficie tampoco a la serie de Telecinco.
A todo esto, La 1 sigue con su estrategia de «más vale malo conocido» y retoma la emisión de los dos éxitos de la temporada: Herederos, los martes; y Desaparecida, los miércoles. En lugar de estrenar temporada, como hacen el resto de cadenas, La 1 ha optado por continuar la temporada, quizá esperando que los fieles espectadores de antes de la Navidad retomen la costumbre de ver sus ficciones. Arriesgado, creo yo, pero puede salirles bien. A su favor, la solidez de los dramas, con un indiscutible tirón; en contra, que la fidelidad de la audiencia es efímera y han pasado varias semanas sin emisión.
Ante este panorama, me planteo seriamente la posibilidad de pedirle a amigos y conocidos que pongan en marcha sus vídeos y DVD grabadores porque, aunque me gustaría, no soy omnipresente ni omnipotente. Me cuesta aceptar la derrota pero es que ¡¡no voy a poder verlo todo!!
En La tele que me parió: Estrenos de enero








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