Posts tagged ‘Mujeres ricas’

‘Mujeres de lujo’, Cuatro insiste en el glamour

La temporada pasada Cuatro estrenó Casadas con Hollywood y laSexta Mujeres ricas. En la batalla de las audiencias ganó laSexta y parte del éxito se debió a la normalidad del espacio y a esa parte de humor paródico que ridiculizaba en cierta medida las historias y que permitía que los espectadores se burlasen, por decirlo de alguna manera, de las tribulaciones de esas señoras de clase alta.

La forma de Cuatro de asumir la derrota es plantear para esta temporada Mujeres de lujo a imagen y semejanza del programa de laSexta que está renovado y también se emitirá antes o después. En el caso de Mujeres de lujo se seguirá a unas diez señoras (en Mujeres ricas eran cinco), y la primera temporada tendrá trece episodios.

¿Alguien puede decirme por qué en este tipo de programas no siguen a hombres ricos? Es decir, al margen de los esposos, los formatos llevan la palabra «mujer» en el título y eso tiene que ser por algo. Cualquier cosa que se diga en este sentido puede resultar machista, lo sé, pero dejando de lado ese prejuicio no podemos negar que estos programas escogen a señoras con vidas contemplativas, con empleos «poco serios» y ocupadas en menesteres que para ellas son trascendentales pero que a la mayoría de nosotros nos parecen tonterías. Ahí está la gracia. ¿Qué sentido tendría seguir a un hombre de negocios atareado con reuniones de trabajo? Sería un fracaso absoluto. De aquí me surge la siguiente pregunta: ¿no hay señores ricos con vidas frívolas? Los hay, los hay, sólo hay que echarle un vistazo a cualquier Callejeros de lujo, de casas grandes o alguno de ese corte. ¿Estos señores interesan a los espectadores menos que las señoras?

Si hay algo importante en televisión es la reincidencia en el tópico y en el estereotipo: las excepciones viene con cuentagotas y suelen servir para apoyar el estereotipo con su efecto de oposición. No interesa lo distinto o lo excepcional si no es a modo ejemplarizante y, no nos engañemos, la televisión no busca la normalización de nada, sólo intenta conquistar al espectador y para ello tiene que escoger modelos con los que de alguna manera se sienta identificado y conozca de antemano, de ahí la incidencia en las mujeres ricas y no en los hombre ricos. Vuelvo a hablar de Callejeros y de su filón con los barrios marginales, por ejemplo. Qué importa dónde esté el barrio en cuestión, todos tenemos algún barrio así cerca y nos gusta redundar en esa imagen de peligro, desidia y desgracia para sentir que nuestra posición es mejor.

Ya lo he dicho otras veces, esto del glamour y del lujo no me interesa en absoluto (cuestión de gustos), así que me alegro de que insistan en el asunto una y otra vez. A este paso, el formato va a quedar obsoleto en dos telediarios y lo van a quemar antes de poder sacarle el máximo rédito. Últimamente en televisión parece que hayan hecho suya aquella frase de James Dean: «Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver». ¿Os habéis dado cuenta de que los programas y series cada vez duran menos temporadas? Pues eso, las cosas se consumen a una velocidad de vértigo y se agotan antes incluso de asentarse. Tenemos muchos programas, sí, pero pocos son de culto y muchos menos dejarán huella. Otra cita para terminar, ésta de Unamuno: «¡Que inventen ellos!».

11 agosto 2010 at 08:10 8 comentarios

‘Mujeres ricas’ contra ‘Casadas con Hollywood’: pijas a la carrera

Tenía que llegar. Después de éxitos como el de arriba, aquel otro de Comando actualidad y, en general, los datos que consiguen los programas de reportajes que tratan de «lujo y glamour», estaba claro que antes o después tendríamos la versión patria de pijas a la carrera. Parece que el hecho de que nos enseñen sus casas no es suficiente y ahora además hay que verlas en su vida cotidiana. ¿Será que en épocas de crisis los espectadores buscan evasión? Qué va. Yo creo más bien que lo que pasa es que hay que dar el contrapunto a la princesa del pueblo que reina en las tardes. Las noches son para fantasear con una vida mejor. Curioso, no obstante, que tanto Mujeres ricas como Casadas con Hollywood tengan a mujeres como protagonistas. Yo no miro a nadie, chicas, pero estamos en el punto de mira. Conmigo que no cuenten.

No me gustan los espectáculos de la pobreza, de los frigoríficos abiertos y de las caras de asco por los malos olores. Me parece que se saca tajada de situaciones de indefensión en las que la persona objeto del reportaje vierte su intimidad sin poder valorar las consecuencias y sin ningún tipo de beneficio económico o social. Este tipo de miradas estigmatizan a la mayoría pobre y sirven para consolar a los que, pese a estar pasándolo mal, tienen jamón york del día, una barra de pan duro y un baño con agua corriente. No soy partidaria de ejemplificar con historias de anónimos que tienen como premio el deseo voluntarista de una mejoría. La televisión no debe de servir para machacar a los machacados, para hacer bandera de la locura ajena ocultando la propia. Me parece un tinglado muy obsceno.

Pero menos aún me gustan los circos de la ostentación, de la riqueza traducida en posesiones, gestos, tren de vida, lujo y glamour, las dos palabras clave que se usan para vender estos dos realities que van a hacerse la pascua uno al otro. Casadas con Hollywood (Cuatro), mostrará la vida de cuatro españolas que viven en la tierra de los sueños. En Mujeres ricas (laSexta), contarán las historias de cinco españolas forradas a más no poder. Es el otro lado, el de las que tienen criadas, trabajan duro y presumen de haberse ganado su posición, como si los demás hubiésemos tenido las mismas oportunidades. Pijas de manual y orgullosas de serlo, que no conciben un frigorífico vacío, no cogen nunca un plumero y para las que romperse una uña es una cuestión de seguridad nacional. Vidas irreales, inalcanzables, que luchan por ocultar sus propias miserias con ropa de marca.

Nunca nos enseñan los problemas de los ricos como tampoco nos enseñan la felicidad de los pobres. Historias que discurren paralelas, como en mundos diferentes, y que la televisión se encarga de separar convenientemente para que no haya interferencias, no vaya a ser que los ricos se contaminen y los pobres aspiren a algo más. Si acaso, las ricas podrán ser pobres por un día, y los pobres podrán soñar con el lujo gracias a aportaciones generosas porque de eso se trata, de humanizar al rico deshumanizando al pobre. Sea como sea, el poder siempre lo tienen los mismos.

Me importan un pito las tribulaciones de las pijas y no pienso ver ninguno de los dos programas porque mi realidad no es esa ni quiero soñar que lo sea. Prefiero levantarme cada mañana con las dudas de mi futuro, pensando en cuándo acabará mi buena suerte, antes que perder un segundo aspirando al vacío económico del vil metal. Tampoco veo los programas en los que los pobres son como animales enjaulados porque no es esa la sociedad en la que quiero vivir. Ni jaulas de oro ni jaulas de suciedad; prefiero la realidad. Para eso veo documentales porque el género del reportaje mezclado con el del reality no es más que una visión interesada, parcial y dañina de un mundo al que le eliminan la complejidad que es, desde mi punto de vista, lo único que consigue que nos miremos en los otros.

Toma mitin.

6 mayo 2010 at 08:30 11 comentarios


Teleadicta sin remedio

"La tele que me parió" es un blog sobre televisión, sobre cómo la vemos y sobre cómo la hacen. Sólo es televisión pero me gusta y aquí encontrarás una entrada diaria de mis delirios catódicos de espectadora irredenta.

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