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La Gala de los Goya
Aún no me puedo creer que vaya a afirmar esto: la Gala me gustó. Tenía mis dudas y era escéptica al respecto pero en líneas generales se me hizo bastante llevadera. Y me alegro de que hayan conseguido hacer una Gala decente, ya era hora.
Corbacho estuvo mesurado, aunque hizo algún que otro comentario pasado de rosca, pero su histrionismo estuvo frenado todo el rato. Me pareció que estaba natural y su mala leche me hizo gracia (soy de las de Corbacho sí, qué le voy a hacer). La cara de Carlos Larrañaga era un poema cuando, al no ganar el premio al que estaba nominado, Corbacho le dijo que dos buenas noticias en una misma semana eran demasiadas, que tenía bastante con el fin del Tomate.
El guión supo combinar el humor en diferentes niveles, haciendo bromas sobre el cine en general, los temas que más preocupan a la industria y la televisión, los tres pilares sobre los que se apoya la Gala. Los cortes de Woody Allen propugnándose como director español y pidiendo votos para su película porque ha rodado en España pusieron de relevancia la absurdez de que, según la Ley del Cine, sólo es cine español el cine dirigido por españoles (independientemente de la producción). Los falsos doblajes de las películas nominadas a Mejor Película fueron divertidos e introdujeron un punto de vista de preocupación social (El Orfanato, por ejemplo, se tradujo como los problemas de una pareja para encontrar vivienda). Hubieron reiteradas menciones a la televisión. Y las parodias de las propias Galas anteriores se consumaron en la protesta contra el Euribor, que recordó aquella Gala del No a la Guerra, y en la imitación de Ángeles González Sinde que hizo Corbacho, que superó a la original.
En el lado negativo, el retardo en la emisión que permitió cortar determinados agradecimientos para agilizar la emisión pero, sobre todo, fue la excusa perfecta para introducir cortes de publicidad muy medidos (diez minutos de anuncios cada media hora). La Gala empezó a las diez y terminó sobre la una, con lo que una hora de la emisión se fue en publicidad. En realidad, la Gala terminó sobre las doce de la noche y a esa hora ya estaban en Internet los resultados.
El discurso de la Presidenta de la Academia, Ángeles González Sinde, volvió a ser una metáfora larguísima y, por ello, incomprensible, y fue leído con empeño y buena voluntad, pero resultó fallido porque es imposible pillarle el rollo a esta mujer, poniendo símiles que se hilvanan párrafo a párrafo y con un exceso de literatura atroz para un discurso. Para arengas, las de Mercedes Sampietro.
El Goya de Honor a Alfredo Landa fue un poco triste porque al pobre le superó la emoción y no consiguió articular frases inteligibles (literalmente). Al final tuvo que salir José Sacristán a llevárselo y yo creo que a Landa se le ha quedado un espinita clavada con el asunto. Señor Landa, no se preocupe, a cualquiera nos hubiera podido ocurrir lo mismo.
En resumen, que la Gala mantuvo la emoción en los momentos clave, tuvo un ritmo aceptable y Corbacho la condujo con naturalidad. Hasta los «entregadores» estuvieron bien, incluidos los que aceptaron hacer numerito, como la partida de póquer para ver quién entregaba el Goya al director revelación. Entre los premiados no puedo dejar de mencionar a mi adorado Alberto San Juan, que fue honrado y sacó su lista de agradecimientos que incluía un brindis por la disolución de la Conferencia Episcopal.
Quizá la anécdota de la noche fue la recurrente confusión entre Bayona (director de El Orfanato), y su acompañante. Si veis el vídeo, cuando se habla de la peli y les enfocan, enfocan al tío equivocado y el pobre gesticula diciendo que Bayona es el otro. Pues llegado el momento de la entrega del Goya al Director Revelación, en el cuadradito aparecía el acompañante. ¿Cuál diréis que fue la solución? Bayona dio un salto y se cambió el sitio con el compañero para salir en el cuadro. Cero para la realización, hombre.
Peta Zetas se muda al sábado
Crónica de una muerte anunciada. Peta Zetas se emitirá en el late night del sábado, compitiendo con La noria, en un intento por frenar la caída de audiencia.
Aunque en contadas ocasiones les ha funcionado, la reubicación en parrilla en Antena 3 suele responder a una estrategia de la cadena para hacer ver que han intentado por todos los medios sacar adelante el programa, pero el resultado, la mayoría de las veces, supone la finalización de la emisión.
No diré que echaré de menos el programa. Vi el primero con mucha ilusión pero la decepción fue tan considerable que ya no le dediqué ni un minuto más. Ni siquiera vi la aparición de Parchís, y eso que el morbo que sigue generando el grupo es importante.
La promoción, igual que ocurrió con Gominolas, ha hecho mucho daño al programa. Vendieron algo que no tenían y defraudar una expectativa en televisión es casi un delito, sobre todo tratándose de un programa de late night que requiere que el espectador trasnoche.
El hueco del lunes lo llenará un reportaje de investigación de El Mundo TV sobre El solitario en el que aparecerán declaraciones en exclusiva de su novia. Para Antena 3, El solitario debe de ser como la gallina de los huevos de oro. La mini serie les dio tan buenos resultados que habrán pensado que esto también funcionará. Y seguro que funciona mejor que Peta Zetas. Los reportajes de El Mundo TV, con la etiqueta de «polémica», son la mar de resultones.
Aunque un reportaje y una mini serie no tengan nada en común, el público de Antena 3 tiene estómago suficiente como para digerir formatos tan diferentes como si nada. Además, el reportaje se emitirá después de Física o química, otra serie que va a dar que hablar y que yo pienso ver mañana en Internet, y cuyo estreno hará unos buenos números que dejarán audiencia residual al reportaje.
Aprovecho ahora para hablar del flow en televisión. Un concepto heredado de la psicología y que habla de la experiencia del espectador ante la programación. Lo recibido de un programa determina la percepción del programa que se emite antes o después. Así, según el flow, detrás de Física o química, una serie que tiene tramas basadas en la realidad social más dura, funcionará mejor un reportaje de actualidad sobre un tema de trascendencia social que un late night blanco basado en la comedia y en la nostalgia.
En resumen, que a Peta Zetas le quedan dos telediarios. Ahora no sé si el rollo que os he soltado merecía la pena o si más me hubiese valido solucionar el tema publicando un mensaje en el Twitter.
En La tele que me parió: Peta Zetas, un zapping de los Ochenta, El Solitario no puede con Sin tetas no hay paraíso
Peta Zetas según Glenclous

Inauguramos la sección de REPORTEROS INTRÉPIDOS con las reflexiones de Glenclous acerca del fenómeno Peta Zetas. Digo fenómeno porque parece que ha conseguido sacarnos a todos de nuestras casillas. Aquí la crónica desgarrada de una sufridora, al más puro estilo Un, dos, tres.
Yo pasé todo el programa sufriendo por el pobre de sonido que tenía que estar en el control con cascos. Si Corbacho normalmente grita, ayer berreaba literalmente. Y esto, independientemente de la calidad del programa, va a ser la razón principal de que el programa se vaya al garete por una razón sencillísima: Este programa se emite tarde y muchos de los espectadores tendrán gente en casa durmiendo: niños, personas que tienen que madrugar, etc. Ese era mi caso ayer, y os prometo que aguanté el programa por la picada que me echó Ruth el otro día, jiji. Cuando hablaba Corbacho, volumen abajo. Cuando hablaba algún otro colaborador, volumen arriba porque no te enteras. Cuando Corbacho le interrumpe, volumen abajo (y como le interrumpe, no te da tiempo y ya temes por la persona durmiente de la casa). Entra un vídeo, volumen arriba con ración triple de botón, porque los vídeos estaban bajísimos en comparación con el sonido de plató. Terminaba el vídeo y sólo con el sonido de los aplausos, sin que interviniese el presentador, los salones de toda España, normalmente silenciosos a las dos de la mañana, retumbaban, y hala, volumen abajo. No es normal tener que ver un programa con el dedo constantemente en el volumen del mando. Y parece una tontería, pero una vez pasada la novedad, la gente prefiere ver late-shows a un volumen fijo. Suficientemente alto para escucharlo bien, y suficientemente bajo como para no despertar a la gente de otras habitaciones. No es tan complicado.
Peta Zetas, un zapping de los Ochenta
Con cierta precaución me dispuse a ver anoche Peta Zetas. Por un lado, el revival ochentero atraía mi atención poderosamente. Por otro, Corbacho y compañía me hacían temer lo peor. Finalmente, el programa no está mal, se deja ver, pero no es en absoluto lo que a mí me gustaría ver.
Ante un vídeo de Milli Vanilli, por ejemplo, yo misma soy capaz de articular un recuerdo apoyada en la nostalgia, no necesito las intervenciones del presentador y los colaboradores que tiran ostensiblemente de guión y que aportan poca pasión a las imágenes. Los diálogos medidos y consecutivos están alumbrados de forma evidente por el texto. Para mi gusto, la cosa habría funcionado mejor si el programa permitiese al equipo del programa hablar de recuerdos friquis, como una de esas conversaciones absurdas que siempre culminan con un: “¿Os acordáis de Ulises 31?”. Que no digo yo que Corbacho y compañía no sean unos friquis de los Ochenta, pero no lo demuestran. Y puestos a pedir, creo que este programa habría funcionado mejor con gente como los chanantes, que ya nos deleitaron con Smonka!,.
Las referencias ochenteras, eso sí, están muy cuidadas y rezuman en cada detalle. La música, con la sintonía inicial de Depeche Mode (que no sé si es la original), y la final de Seguridad Social, aunque cantada por Corbacho. El boli de Corbacho, de esos de cuatro colores (¿quién no tuvo uno?). La rotulación y la imagen general del programa. Hasta la web, un pantallazo antitecnológico como mandaban los cánones de los Ochenta y a la que hora resulta imposible acceder.
Empezó mal la cosa cuando se utilizó la teta de Sabrina como gancho para mantener al espectador en el programa con una imagen que se ha repetido hasta la saciedad desde aquella Nochevieja de hace veinte años. Cuando Corbacho presentó a los colaboradores, Enrique del Pozo salió gritando “¡¡jujuuu!!”, al más puro estilo José Luis Moreno, e interpretó un sainete absurdo con el disco chino como polémica. Y a mí Corbacho no me molesta, aunque no es santo de la devoción de muchos (su foto de los Ochenta es brutal).
Como buen programa de vídeos, han articulado una presentación en forma de ranking bastante sugerente y efectiva: Los timadores, mitos convertidos en friquis y frases célebres. Una buena manera de ubicar al espectador y de hacerle partícipe de la memoria colectiva. Interesante el duelo entre objetos de los Ochenta, pero resuelto de una forma pasmosa, con una votación con pompones y el walkman surcando los aires.
Si dedicasen más tiempo a los vídeos me tendrían abonada a la emisión, pero pesan, demasiado para mi gusto, los chistes fabricados de los presentadores y la falta de espontaneidad. Con lo que me gustaba Mitomanía, por ejemplo.
Peta Zetas va cambiando
Cuando surgieron las primeras noticias acerca de Peta Zetas, el nuevo programa de Antena 3 sobre los años 80, tengo que decir que me entusiasmé con la idea. Me pareció una propuesta divertida con un tirón nostálgico que me apasiona. El programa tenía que haberse estrenado el 17 de septiembre pero Antena 3 le pidió a El Terrat que le diese una vuelta de tuerca para mejorarlo.
Yo no sé si le han dado una vuelta de tuerca o si han perdido un tornillo, pero ahora leo con estupor y decepción que los colaboradores del programa van a ser Yolanda Ramos, Patricia Pérez, Alfredo Díaz y ¡¡Enrique del Pozo!!
Sí, el mismo que viste y calza. El que pasó del «amigo Félix» a los discos en solitario y de ahí al azote del corazón. Un tío que ha conseguido que perdamos de vista su pasado a costa de construirse un funesto presente. ¡Qué triste! Se me quitan las ganas de ver el programa.
El que sea capaz de ver el vídeo entero tendrá un Gallifante. Y es que si esto es mejorar un formato, que me lo expliquen. Ya me disgustó que cambiasen a Eduardo Aldán por Corbacho para presentar el programa porque, a pesar de que me cae bien, Corbacho suele pecar de exceso de protagonismo. Pero con estos colaboradores me huelo una tertulia de mesa de café sin todo el encanto friqui de la propuesta inicial. El colofón de cada programa parece ser que será la «canción final», un tema de la época interpretado por Corbacho y los colaboradores. Me temo que el resultado sea lamentable, vistas las aptitudes de Enrique del Pozo, y me suena demasiado a homenaje al bombazo de Gominolas y sus temas musicales.








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