Posts tagged ‘Intereconomía’

El A, B, C de las sanciones

Éste de arriba es el anuncio por el que Intereconomía ha recibido una sanción de 100.000 euros por parte del Ministerio de Industria en atención a que vulnera un artículo que establece que la publicidad no puede atentar contra los derechos constitucionales de las personas. Dejando de lado que el importe de la sanción es ridículo para una cadena de televisión y que la sanción, obviamente, está bien aplicada, me gustaría hoy llamar la atención sobre un aspecto peculiar de este tipo de polémicas.

Estableciendo las bases del debate, hay que aclarar que el mismo Ministerio de Industria no encuentra motivo de sanción en el vídeo de Manolo Lama con el mendigo ni en el del “zorra repugnante” de un tertuliano. Se da la circunstancia de que en ambos casos los interfectos pidieron perdón e Industria considera que ambos momentos televisivos que han reventado en reproducciones en YouTube son “hechos aislados”. Por otro lado, se da la circunstancia de que Industria sancionó en enero el programa Sálvame Diario por las referencias sexuales explícitas del programa que podrían dañar el correcto desarrollo de los niños y que vulneraban el horario de protección infantil. La última polémica que ha revolucionado Internet es el siguiente vídeo de UAU. Sobran las explicaciones.

[Actualización] Cuatro ha eliminado todo rastro del vídeo. Ellos sabrán por qué. En cuanto aparezca lo volvemos a poner pero…, hay que ver qué mal se hacen las cosas de vez en cuando. Ya ha aparecido el vídeo. Veremos cuánto dura. [Fin de la actualización]

En este contexto de decisiones interesadas, mal explicadas y que incluso podríamos determinar como incoherentes, se pueden sacar algunas conclusiones:

a) Que la publicidad tiene establecidos claramente sus límites con lo que sancionar un anuncio es mucho más fácil y menos comprometido para el Ministerio de Industria. Si eso que dice el anuncio de Intereconomía lo hubiese dicho un tertuliano y hubiesen usado esas imágenes como promo del programa, seguramente no les habrían puesto la “receta”.

b) Que pedir perdón sale rentable, aunque el mal ya esté hecho, ya sea el investigado un fragmento de una emisión de contenido supuestamente deportivo o una tertulia de opinión. La opinión, desde mi punto de vista, está sobrevalorada, y eso de que todas las opiniones son respetables me da risa, pero parece que el Ministerio de Industria no piensa lo mismo. Tampoco valora el Ministerio a la hora de establecer sanciones la repercusión de esos momentos en otros medios, Internet principalmente, cuando ése debería de ser uno de los criterios básicos en este siglo.

c) Que el horario de protección infantil es uno de los puntos fuertes del Ministerio, relacionado con la alarma social que genera, y que todo lo que salga de ese horario es mucho más difícil de sancionar porque, al contrario que pasa con la publicidad, el entretenimiento tiene unos límites de actuación difusos y demasiado interpretables para un Ministerio que, una y otra vez, opta por no posicionarse en ese papel esquizofrénico que tienen al ser juez y parte del sistema. El Ministerio es a la vez el organismo regulador de la televisión, en constante contacto con las cadenas, y el defensor de los ciudadanos ante los abusos televisivos. Así no hay manera.

La principal conclusión que yo extraigo de todo esto es que el Ministerio está incapacitado para sancionar por sus propias carencias y su falta evidente de objetividad y que, cuando sancionan, lo hacen para cubrir el expediente estableciendo unas cantidades de risa y acudiendo a argumentos muy estereotipados que incluso caen en la demagogia barata. Cierran los ojos a las verdaderas polémicas, a los hechos que realmente habrían que ser cortados de raíz, y multa lo evidente para que no se diga que no hacen nada.

Por todo esto, y en pro de la salud de la televisión, habría que establecer unos límites concretos, los que sean, o por lo menos afrontar la necesidad de una regulación real que permita a todo el mundo el saber a qué atenerse. El equilibrio es complicado porque una normativa muy estricta terminaría siendo un chorreo de denuncias cruzadas entre cadenas sin ningún sentido, pero una normativa demasiado laxa lleva a la situación en la que nos encontramos ahora, donde todo el mundo hace y dice lo que quiere porque saben que no hay consecuencias. Desde mi punto de vista, la ausencia de normas es el mayor problema al que nos enfrentamos en estos momentos. ¿Nadie va a hacer nada por solucionarlo?

5 julio 2010 at 08:53 9 comentarios

Intereconomía es como Telecinco, pero peor

¿Telebasura? No, nunca me ha gustado ese término. Lo que me interesa de la comparación es que, seguramente, la moral de Intereconomía jamás aceptaría en su parrilla un programa como Sálvame, por ejemplo, pero ellos hacen el mismo circo con la política, en lugar de tener el corazón como leitmotiv. Cogen la política y la convierten en algo insano, depravado, decadente, con insultos inaceptables como marca de la casa. Ése es el juego de Intereconomía: crear polémica como lo hace Telecinco. Lo que ocurre es que a Telecinco se le critica más y a mí lo de Intereconomía me parece más grave por un motivo muy claro.

En Intereconomía todo parece muy serio y muy riguroso, sus profesionales parecen serlo en estirpe y en dignidad. No son los típicos contertulios arribistas que nadie sabe de dónde han salido, no, tienen todos una trayectoria profesional a prueba de bombas y pesar de su alta alcurnia y sus modales como salidos de un colegio de pago, llegado el momento justo, en lo más encendido del debate, insultan sin pudor, descalifican dando donde más duele y luego se arrepienten, claro, aunque a los pocos días escojan otra víctima y vuelvan a la carga.

La estrella del momento es el señor del vídeo de arriba, Eduardo García Serrano, que insultó a la Consellera de Sanitat catalana sin elegancia, sin sarcasmo, sin ironía y sin inteligencia. Lo hizo a lo bruto, para que los espectadores aplaudieran en su casa, en un ejercicio de demagogia que domina porque lo practica a menudo. Después de eso, y a pesar de que la afectada le ha demandado y de que el Ministerio de Industria les ha abierto expediente para ver si les ponen una multa por el numerito, parece ser que el señor García tiene premio y se rumorea que van a darle un programa propio. Es lo mismo que le pasa a Jorge Javier Vázquez, que cuanto más burro es su programa, más horas le dan en parrilla, pero con una diferencia: Sálvame es un programa de cachondeo y lo del señor García parece que va en serio.

Yo creo que desde Interconomía han visto en el señor García al Jiménez Losantos que buscan desde hace tiempo. Un tipo que no tenga pelos en la lengua y que propague sus verdades, sin pruebas, a los cuatro vientos y con agresividad. Aquí recogen algunos de sus célebres insultos. No es cuestión de ideología. Esta gente defiende ideas de derechas que yo no comparto, claro, pero si se lo propusiesen, si lo considerasen rentable, podrían hacer el mismo ruido desde planteamientos de izquierda. Su virtud: haber llenado un hueco que faltaba en la tele nacional donde recoger a la gente cabreada con la “debacle” española. Su defecto: practican el enfrentamiento antagónico y maniqueísta vestido con un traje de verdad y eso puede hacer mucho daño en un país como éste, que aún arrastra muchos desencuentros.

Hay veces que me causa estupor que haya gente que pueda pensar que los participantes de De buena ley son reales, me alucina que la gente se crea las polémicas montadas que abundan en Telecinco, me cuesta entender que la gente pueda ponerse a favor o en contra de Belén Esteban pero, después de todo, se entretienen así y no le hacen daño a nadie. Me parece mucho más dañino por lo que afecta a nuestra vida en sociedad que la gente se tome en serio al señor García, que puedan esgrimir sus argumentos en la calle y que se consideren con derecho a insultar como él lo hace. Qué queréis que os diga, al lado de los de Intereconomía, los de Telecinco son unos corderitos.

18 junio 2010 at 08:19 53 comentarios


Teleadicta sin remedio

"La tele que me parió" es un blog sobre televisión, sobre cómo la vemos y sobre cómo la hacen. Sólo es televisión pero me gusta y aquí encontrarás una entrada diaria de mis delirios catódicos de espectadora irredenta.

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