‘Las joyas de la corona’: anatomía de un fracaso
Se las prometían muy felices en Telecinco con Las joyas de la corona. Parecía que nada podía fallar y que el asunto iba a convertirse en programa fijo de temporada. El estreno fue regular pero en su segunda emisión ya bajaron dos décimas. ¿Cómo es posible, si está Carmen Lomana? Pues por eso precisamente. La temática del reality está bien escogida pero hay un fallo garrafal que se me desveló ayer, viendo una entrevista a Nacho Montes, uno de los profesores. Vino a decir más o menos que el casting de alumnos era perfecto y que Zeppelin hacía los castings como nadie. Eso es verdad, pero la pifiaron en el casting de los profesores.
No es la primera vez que pasa. Me viene a la cabeza como mejor ejemplo Supermodelos, que en el fondo tenía bastante que ver con Las joyas de la corona. Niñas monas cargadas de sueños y unos profesores dedicados a frustrarlos, a hacerlas llorar, a gritarles, a recordarles que no les llegan ni a la suela de los zapatos. Instruir, que es lo que pretenden, no es sinónimo de criticar. Este tipo de profesor al público le resbala y le cae hasta mal. En el lado opuesto están los de Fama, por ejemplo, que aun cumpliendo su función se muestran más cercanos. No es cuestión de la materia que se imparta en cada «escuela», es más bien que hay que reproducir el perfil de profesor guay y comprometido para que la gente sienta la empatía del esfuerzo. Los de Las joyas de la corona están justo en el lado opuesto, en un pedestal de barro que se empequeñece cada jueves.
No es que yo le tenga tirria a Nacho Montes (bueno, un poco sí, porque es demasiado estirado para mi gusto), pero cuando habla de gente muy básica a mí se me encienden todas las señales de alarma:
«Hay gente con una clase social muy elevada por los ingresos que tiene, por la riqueza o por la popularidad que poseen, que no sabe estar. Y también hay gente muy básica, como alguno de nuestros alumnos, que tiene los pies en la tierra y que sabe perfectamente dónde están, de dónde vienen y a qué mundo se dirigen».
Se olvida este señor que los espectadores a los que se dirige el programa son precisamente esos a los que llama «gente muy básica». Y la gente muy básica, como yo, no queremos ver a una pandilla de cursis manejando los destinos de nadie. No tenemos nada que aprender de gente que hace este tipo de distinciones basadas en la capacidad económica de las personas y que nos perdona la vida de esta manera tan poco elegante. Este mensaje perverso e infantil es el que destila el programa por sus cuatro costados y es normal que a la gente muy básica, como yo, nos toque la moral.
Después está el asunto de la nula participación de los espectadores muy básicos, remarcando el hecho de que realmente nosotros no podemos decidir y que sólo los profesores resabiados tienen la última palabra. Porque no, no hay televoto ni nada que se le parezca. Parece que el programa está orientado a educar a los espectadores y eso, claro, no resulta nada interesante ni estimulante. La mayoría de nosotros no tendrá que ir jamás a un cóctel ni que plantearse la diferencia entre un vestido largo o uno corto. Los eventos más notables a los que he podido asistir han sido entregas de premios de concursos de cortos y ahí a los cortometrajistas se nos consiente cualquier aspecto, cada uno lleva el suyo y aquí paz y después gloria.
Y para terminar, el premio del chichinabo (veinte mil euros), y el saco de conocimientos que les servirán toda la vida. Aquí mi carcajada ya está totalmente desatada. No es por resultar materialista pero si el premio económico es tan ridículo, los espectadores muy básicos vamos a pensar que el programa no valora el material que nos ofrece. Es lo que tenemos la gente muy básica, que distinguimos a la legua cuándo nos quieren dar gato por liebre.
Y todo esto es lo que yo creo que explica por qué se deshinchan Las joyas de la corona. Podría añadir que los diamantes en bruto que hay en el programa saben más que los ratones «coloraos» pero eso, en programas como Gran Hermano, por ejemplo, consiguen neutralizarlo. Aquí no. Ese sería el giro necesario para el éxito, que los concursantes muy básicos se subieran a las barbas de las ratitas presumidas y les arrancaran los bigotes. Si hacen eso, revientan el share, aunque no sé si estarán a tiempo.
‘Hispania’, así es la nueva serie de Antena 3
Después de leer la entrevista a Carlos Sedes, uno de los responsables de Hispania, me he quedado con el ánimo traspuesto. Por una parte me gusta su honestidad, pero por otra no sé yo si esa honestidad es la mejor manera de vender una serie. Son tiempos difíciles para la ficción nacional (como siempre). Por ahora no he leído que nadie se queje de la falta de rigor de Los Tudor (serie que veo todos los jueves en La 1 encantada de la vida), pero si es una serie española la que en su planteamiento no considera vital el rigor histórico, arde Troya.
En el titular de la entrevista tampoco le hacen a Carlos Sedes ningún favor: «Hispania recordará más a Braveheart que a Roma«. Luego leyendo el texto se aclara el asunto pero claro, ya sabemos que la gente no es muy de leer y que a veces un buen titular vale más que mil palabras. No se trata de que Hispania vaya a tener temática escocesa, es que se va a centrar más en las vicisitudes del pueblo llano que en las triquiñuelas de la aristocracia del Imperio Romano. Algo tan sencillo y comprensible (es más barato de producir), puede dar pie a un buen montón de comentarios insultantes porque, insisto otra vez, al hablar de una serie española empezamos insultando y luego ya veremos qué pasa, que los comentarios en Internet se los lleva el viento (o la rápida actualización de la información).
A mí lo que más me ha llamado la atención de la entrevista es la declaración de que la primera temporada será de ocho episodios. Es un recurso que se está generalizando en las producciones españolas de este corte: reducen los episodios por temporada para poder invertir en producción. Cuando llegue el día en el que se reduzca la duración de los episodios estaremos de enhorabuena pero, por ahora, las casi dos horas por capítulo, publicidad incluida, no nos las quita nadie. En Águila Roja ya aplicaron esta estrategia de acortar la primera temporada y no les ha ido mal.
Incidiendo en estos asuntos de la producción, se han tomado en serio los efectos especiales, la presencia de especialistas, el vestuario, los colores, ciertas metáforas y cosas que en principio pueden parecer accesorias como los caballos. En esto tienen que ser como la mujer del César que no basta con que sea honesta, también tiene que parecerlo. Y aquí es donde entran mis dudas acerca de la honestidad mostrada en la entrevista. ¿Hacía falta ser tan claro en lo que se refiere al rigor histórico? Más que nada para no despertar a las hordas de trolls antes de tiempo.
Dice Carlos Sedes lo siguiente: «No vamos a intentar mantener rigor histórico para la serie porque no queremos contar cómo era esa época. Para nosotros es importante, pero no es lo vital. Lo vital serán las historias y vivencias de los personajes». ¿Hacía falta decirlo tan claro? Entiendo el trasfondo. Están haciendo una serie de ficción, no un documental. Comprendo que ceñirse a la Historia puede entorpecer lo que verdaderamente importa, que son las historias de los personajes. Pero esto es así en cualquier tipo de serie, no sólo en una con trasfondo histórico. Son ganas de ponerse en la palestra innecesariamente. Espero que no tenga muchos dolores de cabeza por tal declaración de intenciones. En un mundo ideal nadie haría demasiado caso a esa obviedad pero aquí el más tonto hace relojes y nos encanta descabalgar al prójimo. Para la próxima yo le recomendaría más prudencia y diplomacia porque así sólo consigue ponerse a los espectadores en contra antes de tiempo.
Cuatro se trae a las tribus
Sé que soy una malpensada y que no tengo remedio pero es ver el vídeo de arriba, el original del programa que va a adaptar ahora Cuatro, y me recorren unos sudores fríos. Quiero pensar que no vamos a ser capaces de esto, de escandalizarnos primero de sus costumbres y de reírnos ahora de su supuesta ignorancia. Claro, si fuera así lo entendería porque el choque cultural, siempre que los que choquen sean los demás tiene mucha miga, pero a mí no me hace ninguna gracia.
Ya no me gustó Perdidos en la tribu porque, qué le voy a hacer, soy esclava de mis ideas, así que no creo que esta secuela me interese tampoco en lo más mínimo. Eso no significa que no sea consciente de que el programa tiene todos lo números para enganchar a la audiencia, a pesar de que lo presente Nuria Roca. Yo soy demasiado cerebral y a veces por culpa de eso me pierdo ciertos entretenimientos blancos de este tipo, porque quiero pensar que va a ser un entretenimiento blanco.
Cuando los de Gran Hermano metieron en la casa a una familia de indígenas consiguieron un resultado muy tierno pero, claro, los indígenas de Gran Hermano eran muy divertidos y los concursantes no dudaron en ponerse el hábito para generar más risas todavía. Y aquí está mi segunda duda. Me pasa con los realities una cosa extraña y es que, sobre todo los de Cuatro, no me los creo. Tanta edición, tanto vídeo excelentemente montado, a mí me sacan del meollo y me hacen dudar. Ya se dijo en su momento que las tribus de Cuatro eran de escaparate, gente escogida a dedo y disfrazada. ¿Ahora van a ser ellos los que simulen sorpresa ante algo que conocen? Perdonad mi escepticismo, no lo puedo evitar.
El programa está en fase de producción y están buscando a la tribu de las conocidas que vendrá a España a disfrutar de la modernidad (ironía off). Viendo la promo de arriba podemos pensar que a una de las familias españolas le ha tocado la china porque tendrán que alojar en su casa a los invitados y van a tener un reality para ellos solos. Pues muy bien, que lo disfruten. Parece ser que el invento llegará en otoño así que ya tienen que darse prisa si quieren hacer una producción en la línea de sus últimos realities, muy cuidados en ese sentido.
Para Cuatro los realities están siendo una buena vía porque hasta ahora les están funcionando la mayoría de los que estrenan. Han encontrado una forma diferente de hacer las cosas y eso siempre es interesante. Dejando a un lado lo distinto que es ésta Cuatro de la que nos prometieron al principio, sí que hay que reconocer que sus puntos de vista siguen siendo modernos. Esperemos que con la fusión no cambien esto y sigan apostando por la renovación de formatos. Yo sigo prefiriendo el reality sin editar pero tiene mérito que hayan podido encontrar filón modificando un género tan asentado. Repito, a mí no me gustan pero lo cortés no quita lo valiente.
Telecinco se carga LaNueve
Dos días seguidos hablando de Telecinco. Si encadeno una tercera entrada se acabará el mundo así que intentaré evitarlo pero no podía dejar pasar esta muestra de improvisación extrema y de falta de planificación. Telecinco ha decidido cargarse LaNueve (ese canal femenino que pretendían lanzar en septiembre), y sustituir su frecuencia por Boing, un canal temático infantil y adolescente. Así, su contenedor matinal pasa a ser, por el arte de birlibirloque, un canal temático que se añadirá al grupo.
La idea no es mala, claro, sobre todo viendo que Clan TV arrasa en la TDT, pero se nota a la legua el efecto copia y eso da un poco de vergüenza ajena e incide en mi idea de que si las cadenas no saben qué hacer con esas frecuencias públicas que disfrutan por la patilla, más les valdría dejar el espacio a gente que supiera aprovecharlo de verdad. Es lo que tiene la falta total de estrategia en un negocio como el de la TDT que tendrían que tomarse mucho más en serio. De hecho, así le va a Telecinco, cuesta abajo y sin frenos, porque sus canales de refritos pasan sin pena ni gloria para los espectadores.
Boing se nutrirá de los contenidos de la Turner pero, ¡oh!, desgracia, no tienen al incombustible Bob Esponja, que se ha hecho con el favor de grandes y pequeños. A veces una cosa tan insignificante como el triunfo de una serie puede hacer despegar un canal, no basta con poner dibujos a todas horas. Eso sí, venderán anuncios a porrillo, que es de lo que se trata.
Por otro lado está el asunto de las audiencias del grupo. El grupo de canales de Telecinco hace aguas y su oferta no hay por dónde cogerla. En estos tiempos de pauta única publicitaria, cuando las cadenas parece que se han aficionado a la venta de espacios publicitarios en bloque, sus enteros bajan de forma desmesurada ante los anunciantes que ven en la competencia, con grupos de cadenas con más audiencia, una posibilidad mejor de exponer sus productos.
Así las cosas, es aún más comprensible que copien a Clan TV, de Televisión Española y, por tanto, sin anuncios. Así no van a tener que disputarse anunciantes con el grupo de cadenas de Antena 3, con una audiencia muy superior y mucho más estable. No está mal la jugada, siempre y cuando les salga bien. El día que los anunciantes decidan no tirar su dinero a la basura veremos cómo queda la cosa pero, por ahora, ésta era la única opción plausible para que los de Telecinco siguieran intentando hacer dinero. Eso sí, podían haberlo pensado antes y se habrían ahorrado este ridículo.
Telecinco lidera el mes gracias al fútbol
El Mundial de Fútbol ha hecho historia en Telecinco, pero la cadena no ha terminado de sacarle provecho al asunto. En el acumulado de audiencias del mes de julio Telecinco se mantiene líder, sí, pero hay que destacar que sólo ha subido tres décimas y sólo ha liderado cuatro días en todo el mes. Si a eso le sumamos que la competencia ha bajado, salen las cuentas redondas. Eso sí, hay que tener en cuenta que los eventos deportivos son pan para hoy y hambre para mañana. De hecho, el sábado retransmitieron el primer partido de Raúl en el Shalke04 y tuvieron unos datos muy por debajo de la media de la cadena.
El panorama ha sido desolador en julio y pese a haber subido el consumo medio de televisión gracias al fútbol, todas las cadenas han perdido décimas menos las temáticas de pago y La 2, que han subido un poquito. En general, se nota que estamos en verano y que la oferta este año está siendo cualquier cosa menos estable, con idas y venidas de programas, cambios de horarios y demás.
Los últimos estrenos de Telecinco han pinchado en hueso. Las joyas de la corona y Supercharly no han alcanzado la media de la cadena y han sido ampliamente superados por La 1. Eso sí, Telecinco se mantiene fuerte en las franjas de mañana, noche y late night. A estas alturas, con los ojos ya puestos en la nueva temporada que empieza en septiembre, quizá lo más importante sea no perder de vista la estabilidad y concentrarse en conseguir un equilibrio de cara a los nuevos estrenos que, a día de hoy, se centran sobre todo en ficción nacional y en la vuelta de Gran Hermano.
Quizá la pregunta que os hagáis muchos sea por qué Telecinco puede liderar el mes con la programación que tiene. La respuesta es fácil. Su oferta de entretenimiento es sólida y cuenta con unos seguidores fieles. A día de hoy, lo más importante viendo cómo está el panorama es que los espectadores no cambien de canal y tengan claras sus citas de referencia y, en ese sentido, Telecinco es la cadena que mejor posicionada está. Sabe cómo emplazar a sus espectadores, no les falla y es sólida en los horarios de referencia. Mucha gente prefiere saber qué va a ver (o qué va a tener de fondo), antes que probar cosas distintas. La costumbre es uno de los valores más relevantes en el consumo televisivo.
Así las cosas, Telecinco tendrá que pelear por la posición porque el fútbol ya se ha terminado, pero tiene buenas armas con las que afrontar el combate. Mucho mejores que las de la competencia. Su parrilla es show la mayor parte del tiempo, un reality atípico pero reality al fin y al cabo. Sin ir más lejos, la semana pasada vi como en Sálvame rompían un plato y una esquirla voladora lesionaba a Karmele, a la que le tuvieron que dar dos puntos en la pierna. Todo esto en directo. En Mujeres y hombre y viceversa parece ser que se les desmayó una participante. Es el maravilloso mundo del circo y, que yo sepa, a la mayoría nos ha gustado ver a los payasos alguna que otra vez.








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