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‘Invisibles’ que saltan a la vista
Ayer estuve viendo Invisibles en Antena 3 y fue igual que 21 días viviendo en la calle pero con famosos viviendo diez días y con Jorge Fernández de presentador. Debe de resultar muy difícil ser «invisible» en la calle si se lleva delante y detrás todo el rato un equipo de grabación, por mucho que a veces pusiesen el rótulo indicativo de la cámara oculta. La realización me pareció correcta, el envoltorio consigue lo que pretende, con esos grises constantes y esos zoom traicioneros.
En cuanto a los famosos, la que me pareció más sincera fue Blanca Fernández Ochoa, que en todo momento reconoció sus prejuicios. El resto parecía muy seguro de poder con la «experiencia», cosa que me hizo pensar que realmente estaban muy pagados de sí mismo y que en el fondo no tenía ni idea. Me sobró el misticismo de Álvaro de Marichalar, las lecciones de Yeyo Llagostera, la chulería de Miguel Temprano y el infantilismo de Sofía Mazagatos. La voz en off de Jorge Fernández, marcando los tiempos, le quitaba realismo a la propuesta, y el viaje en autobús del principio, con nave infecta incluida, me resultaron innecesarios.
Con este tipo de programas me pasa lo de siempre, que no me creo la función social con la que nos los quieren vender. No llego a pensar que frivolicen con el tema porque eso sería suponer que para hacer un reality de estas características se tiene en cuenta el objeto en cuestión. Es más simple que eso. Ver a cinco famosos pasándolas canutas es premio suficiente. Imposible que se pongan en el papel del otro, que denuncien nada, porque este no es un reportaje de denuncia, es sólo una exhibición y hasta un lavado de imagen. Antes los famosos iban a lucirse en Furor, cantando cancioncitas y demás, pero en los tiempos que corren hay que sacarle provecho a la miseria, que vende más.
Estas mezclas de reportajes con coach me aburren porque el centro de atención no es la pobreza, por mucho que los famosos duerman en un banco, son los propios famosos y sus diatribas, su incapacidad para afrontar la realidad y la repetición constante de que ellos, precisamente ellos, no son como el grueso de insolidarios con los que se van cruzando. La sociedad está podrida, sí, pero no porque no les den un trozo de pan cuando tienen hambre, sino porque les permite a ellos el lujo de jugar a sufrir engañando a la gente que sufre de verdad. El mensaje es contradictorio, muy parecido al de El secreto. Cuando vuelvan a sus casas serán personas mejores y darán limosna cuando se la pidan, pero seguirán peleándose con uñas y dientes por sus privilegios. No entiendo nada.
¡Ah! Y a estas horas aún no ha salido las audiencias. Cuando estén las incluyo en los comentarios.
Los peores anuncios del año
Qué fácil me lo han puesto los de Facua para hacer esta entrada porque han organizado una votación on line para elegir el peor anuncio del año. Está bien la iniciativa porque han intentado poner de relevancia el componente engañoso de ciertas marcas así que los de abajo no es que sean anuncios malos, es que intentan darnos gato por liebre o abundan en unos valores poco actuales. Y los nominados son:
Actimel: Por vender con un trasfondo científico algo que, según parece, de científico tiene poco.
Frenadol: Por el carácter sexista del anuncio, aunque yo creo que no es para tanto.
Ministerio de Cultura con «Si eres legal, eres legal»: Por equipara delitos abominables con las descargas P2P y el acceso libre a la cultura a través de Internet.
Silueta, de Pan Bimbo: Por incidir en el estereotipo físico de la mujer que no corresponde a la realidad.
Vodafone Passport: Porque venden un servicio muy caro, ocultando información necesaria y no aplicando a ese servicio sus planes de precios.
¿Qué os ha parecido? Ninguno de estos anuncios, por lo visto, hace un buen servicio a los consumidores, en contra de lo que pueda parecer. ¿Y a vosotros? ¿Os han tomado el pelo con algún anuncio? Ya sabéis que podéis ponerlo en los comentarios. ¡Ah! La teletienda no vale.
Los veinte irregulares años de Telecinco
Yo no sé si es Telecinco la que ha cambiado en estos últimos veinte años, o quizá la que haya cambiado sea yo. Sí es cierto que mi relación con la cadena se fue distanciando según ambas íbamos creciendo y ahora mismo estoy en sus antípodas pero, aún así, por la nostalgia de todo lo vivido, me apetecía felicitarles el cumpleaños.
Telecinco ha emitido una nota de prensa con motivo del aniversario y salta a la vista que les ha tocado llegar a la cifra redonda en una de sus etapas de bajada, perdido el liderazgo indiscutible y afrontando los cambios de una industria que, me parece a mí, no han preparado demasiado bien. Se definen como innovadores y vanguardistas pero lo cierto es que ahora mismo están en pleno proceso de un cambio que no sabemos dónde les llevará, pero que necesitaban como agua de mayo porque más que perder audiencia, estaban perdiendo prestigio y la marca es algo difícil de consolidar.
Entre los hitos que destacan de estos veinte años se erigen como promotores de un nuevo género de ficción nacional con Médico de familia, como si hasta el momento Televisión Española o Antena 3 no hubiesen hecho sus pinitos. Eso sí, Médico de familia barrió a la competencia. Inauguran el género del reality con Gran Hermano y es cierto que han sabido explotarlo como ninguna otra cadena. Destacan el liderazgo en audiencia entre 2004 y 2008, justo cuando yo empecé a desengancharme. Alaban con creces su apuesta por la TDT en lo que a mí me parece un adorno tramposo porque, por ahora, en sus canales de TDT hay más repeticiones que otra cosa. Y se vanaglorian de la fusión, claro. Dicho así, resumido, no parece una trayectoria demasiado relevante al fin y al cabo.
Yo fui de Telecinco en los noventa, con VIP Noche y derivados, La quinta marcha, Twin Peaks, Sensación de Vivir y Melrose Place, que son de la primera etapa, pero sobre todo disfruté mucho la segunda con Médico de familia, Periodistas, Al salir de clase, 7 vidas, Ally McBeal, Expediente X, Caiga quien caiga y El informal. Qué tiempos aquellos de la cadena amiga. A partir del año 2000 he seguido viendo alguna cosa pero mi fidelidad cayó en picado porque dejaron de lado la ficción internacional y el humor al que recurrieron para el entretenimiento estaba menos en mi línea.
En cualquier caso, pese a quien pese, Telecinco ha hecho historia y la tele nacional en su conjunto no se entendería sin el liderazgo de una cadena, que hizo resurgir parecidos razonables a diestro y siniestro. Ahora son ellos los que se imitan a sí mismos sacando réplicas y contraréplicas de sus programas. No creo que vuelvan al rumbo del pasado pero espero que por lo menos encuentren algún rumbo.
‘Invisibles’ contra ‘I love Escassi’, qué pena de domingos
I love Escassi es esto que veis arriba, un programa en el que el tal Escassi, supuestamente guapo, se dedica a elegir novia de entre las candidatas. Algo así como Granjero busca esposa pero con un señorito andaluz haciendo promoción de La Rioja. Es curioso que en la misma web de Telecinco le den bola a la noticia de que el soltero de oro ya ha encontrado novia, y no es precisamente una de las candidatas del programa. Paradojas de la cadena, que es capaz de contradecirse a sí misma con tal de promocionar.
En la esquina opuesta, Invisibles, un programa de Antena 3 en el que unos famosos (algunos lo son más que otros), vivirán en la calle para experimentar en carne propia la miseria de los sintecho. Es una adaptación de un formato británico de éxito, dicho en modo de justificación, y el valor social es el mismo que el de 21 días, Esta casa era una ruina, El secreto o cualquier otro programa de ese corte. Aquí el interés es ver cómo las pasan canutas gente a la que no le falta de nada. El matiz: que los famosos ven el final del calvario, que les va a durar sólo diez días, no como la gente que vive realmente de la mendicidad, pero esto seguramente sean minucias surgidas de mi mente malpensada.
Claro que hay más alternativas: otras cadenas, un libro, un ordenador, hacer palmas con las orejas…, pero Antena 3 y Telecinco reúnen a un buen porcentaje de la audiencia y que presenten esta disyuntiva entre famosos sufriendo y famoso pasándoselo chachi me ha hecho preguntarme qué ha pasado para que cambie tanto la parrilla de una temporada a otra.
No me vale la excusa de la crisis, no me vale, que ese argumento, de tanto repetirlo, me suena a eso de «monja-monja-monja-jamón». Tendrá algo que ver, claro, porque lo cierto es que estos realities son más baratos que las series que teníamos antes (qué tiempos los de Aída y Doctor Mateo, por ejemplo), pero no puede ser sólo eso porque, de ser así, la tendencia sería más generalizada.
Me inclino a pensar que el «famoseo» es la alternativa que se les ocurre para poner freno a las pelis de La 1, que con poco consiguen resultados mucho mejores. Me encantaría ver las reuniones de UTECA por un agujerito, para ver cómo se tiran de los pelos los directivos de postín, viendo que sus domingos no son lo que eran.
Cuatro y laSexta, que juegan en otra división, entran menos en el juego. Para estas dos opciones queda la batalla menor, la retaguardia tan indigna en cualquier guerra que se alimenta de las migajas que les dejan los grandes.
Y decía en el titular que qué pena de domingos porque gran parte de los espectadores, esos que apenas tienen dos o tres botones en el mando a distancia, van a alimentarse desde esta semana de esta lucha indigna. ¿Ver miserias ajenas o los devaneos de un conquistador de tres al cuarto? Difícil decisión. Yo sigo quedándome con Salvados, claro, pero eso ya lo sabéis. Eso de Perdidos en la tribu no puedo verlo porque me lo ha prohibido el médico.
‘Vaya tropa’, otra cancelación previsible
Realmente no sé que le ha pasado a Cuatro con Vaya tropa, no acabo de entender el poco apoyo que le han dado al programa una vez ha estado en emisión porque antes, cuando promocionaban el estreno, parecía que tenían mucho más interés en el formato del que luego han demostrado. La cancelación que se anunciaba ayer estaba más que cantada por varios motivos. Las audiencias nunca han respondido como la cadena esperaba, eso es un argumento lógico para la cancelación, pero la estrategia de programación de la cadena tampoco dio demasiada cancha al espacio.
Para empezar, emitir un programa de este estilo en domingo me pareció una apuesta demasiado arriesgada. El carácter semanal de Vaya tropa demandaba cierta franja de excepcionalidad, es cierto, pero también es verdad que ninguna cadena se atreve con un formato de actualidad semanal en el access prime time desde los tiempos de Caiga quien caiga. Por ahora lo que parece que funciona son los programas diarios como El hormiguero o El intermedio. ¿Y si lo hubiesen programado en el prime time como hacen las autonómicas? Sí es cierto que Vaya semanita se emite en el segundo canal de la ETB, pero es los jueves a las diez de la noche. Tres cuartos de lo mismo para Polònia en TV3, que se emite también los jueves a las diez menos diez. Desde mi punto de vista, con la decisión de emitir Vaya tropa en domingo Cuatro empezó a cavar la fosa del programa.
Luego llegó el paso a diario para intentar hacer entre semana lo que no podían hacer los domingos. Esto fue una puntilla descarada y a traición. ¿Cómo se supone que se puede pasar un programa semanal a diario sin que sufra las consecuencias? Escribí a este respecto en ¡Vaya Tele! porque nos llegó una información que detallaba la situación grotesca a la que estaba siendo sometido el equipo. En resumen: tuvieron que hacer cuatro programas de un día para otro, reciclando chistes descartados, con muy poco personal y grabando gags por incompatibilidad de horarios, cosa que va contra la propia naturaleza de un programa de actualidad. En el fondo, creo que lo que la cadena quería era sacarlos de quicio porque, si no, no entiendo la premura. En esas condiciones es imposible que puedan hacerse unos contenidos medio decentes.
Ya comenté cuando vi el estreno que pensaba que Vaya tropa necesitaba rodaje, pero que tenía posibilidades. Pues Cuatro lo empujó cuesta abajo y sin frenos. ¿Por qué se comprometieron con el espacio si luego iban a actuar de esta manera? El resultado, como veis, no puede pillar desprevenido a nadie. Es una lástima porque no era un mal programa pero realmente creo que Cuatro no ha estado en este caso a la altura de las circunstancias. Eso sí, van a seguir emitiendo lo que tienen grabado mientras buscan un repuesto. Cada vez que desaparece un programa de humor la sociedad pierde una importante válvula de escape. Este tipo de espacios tendrían que estar mucho más valorados en general.
John Cobra monta el pollo en Eurovisión
Estupefacta, sin palabras me quedé anoche ante el numerito que montó John Cobra después de cantar su canción. La pobre Anne Igartiburu se ganó el sueldo de todo un mes porque menuda cara, era un poema. El tipo se pasó tres pueblos pero en su estilo. La gala era en directo, sí, pero no entiendo cómo, sabiendo la que se les venía encima, los de Televisión Española no plantearon las valoraciones del jurado de otra manera. Dejar ahí a los artistas, sabiendo que John Cobra es como es, me pareció una imprudencia. Lo que tenía que ser una gala de buen rollo, amor y artistas, vivió una tensión extrema. Yo estoy segura de que mientras cantaba el público le estaba abucheando pero eso no se oyó demasiado bien. Su reacción a los abucheos me pareció desmesurada pero en su línea, nada sorprendente.
Cierto es que no pensaba ver la gala pero ahora no me arrepiento. El momento John Cobra puso en evidencia uno de los fallos del sistema. En cualquier otra cadena habrían dicho eso de: «¡¡pasamos a publicidad!!», pero aquí les tocó lidiar el toro. Sabiendo lo que podía pasar creo que tendrían que haber sido más previsores, no dejar a los artistas ahí frente al jurado porque, total, para lo que dijo el jurado…, así podrían haber pinchado otro plano, haberle quitado el sonido al Cobra y seguir con la gala como si nada. A veces parecen unos novatos.
Esto le viene de perlas a Televisión Española para que se hable de Eurovisión y de la canción ganadora, un vals que entronca con la tradición europea y nos separa un poco del folcklore habitual. A mí no me gusta demasiado pero también es verdad que gustar, lo que se dice gustar, no me gustó ninguna de las propuestas, no son de mi estilo. Por otro lado, hable un poco mal del cantante, Daniel Diges, en esta entrada, y temo que el fenómeno fan me pase factura.
A comentar el look de Fran Dieli, con esa mezcla entre lo moderno y lo tradicional, por decirlo de alguna manera; los bailes a lo «Robocop» de Galisteo; y el sombrerito traidor de Ainhoa Cantalapiedra. Coral vuelve a quedarse a las puertas y esta vez no le ha ganado ningún freak así que no sé qué excusa pondrá. En general, la gala resultó aceptable en la realización pero me chocó que hiciesen un vídeo inicial con imágenes de los ensayos. Eso quedó un poco cutre. Anne aguantó el tirón y consiguió mantener la energía todo el rato. La sobredosis de «triunfitos» entre los candidatos se redondeó con las actuaciones de Rosa y Bustamante, en una especie de homenaje extraño a un programa que ya no es de la cadena. El jurado tuvo un papel anecdótico, alabando cualquier canción (menos la de Cobra). Y por cierto, Toni Garrido, ¡deja de hacer de todo! El pobre puso la voz en off de la presentación y luego se sentó allí como si nada. Totalmente innecesario el speech de Uribarri, prescindible a más no poder, mal que le pese.
La audiencia marcó un 15,6% de share mejorando los daros de la gala del año pasado pero sin llegar a liderar. De todas formas pueden darse con un canto en los dientes porque la gala en sí fue aburrida y previsible. Suerte tienen de John Cobra, que va a hacer que se hable de ellos mucho más que la canción ganadora, creo yo. A cambio, ellos se quedan con el dinero de los mensajes. Una cosa por la otra.








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