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Quequé en el Noche Hache de tarde
Parece que se confirma que será Quequé el que conducirá la versión vespertina de Noche Hache, después de que Cuatro cancelase el espacio en el late night por cuestiones de audiencia. Ojalé sea verdad porque en su web Quequé, después de terminar Noche Hache, decía que se iba de «año simpático«.
El estreno se anuncia para el quince de septiembre, antes del informativo, sobre las ocho de la tarde. Por lo visto, se barajó la posibilidad de enfrentarlo a Sé lo que hicisteis… pero en esa franja han apostado por lo seguro y han colocado un reality, esperando que funcione como Fama y mejor que Supermodelo.
Quequé tendrá que verse las caras con Pasapalabra, Gente y Ven a cenar conmigo, y en este panorama se presenta como una alternativa, como una oferta complementaria. Además, y de rebote, salimos ganando porque el Fifty Fifty de Silvia Jato de repente no tiene a nadie ni perrito que le ladre y entra en la categoría de programas que tendrán que intentar funcionar en otra franja, seguramente fin de semana, con lo que desgasta eso.
Tengo muchas esperanzas depositadas en este programa. Siempre me gustó Noche Hache pero sus horarios me resultaban prohibitivos. Y la sección de Quequé siempre me ha parecido muy divertida. De hecho, soy fan de Quequé desde que vi aquel monólogo suyo del perro (bendito Club de la Comedia). En fin, que espero que no rompan demasiado con el formato original y que las adaptaciones y los nuevos colaboradores sigan la línea anterior. Eso sí, el nombre está aún sin confirmar pero en Globomedia se refieren al espacio como Tarde Hache. No será verdad. Si el asunto es jugar con las letras de los nombres de los presentadores y con el horario yo propongo que se llame «Qué tarde se ha hecho».
Ortega Cano bailará en La 1
Este vídeo de El Intermedio es poco menos que una premonición porque en la próxima temporada de ¡Mira quién! baila! podremos asistir a momentos similares, cuando Ortega Cano se pegue los bailecitos para los que le han contratado. No ha trascendido por ahora cuánto van a pagarle desde la cadena pública para que se convierta en estrella, como ya hicieron con Carmen Martínez Bordiú, pero seguro que le da para un bocadillo.
El torero ha declarado que ha aceptado el reto para animarse y para cambiar de imagen ante el público, para que dejemos de verle como a alguien triste y apenado. Es decir, que el paso por el programa es un lavado de imagen en toda regla que se compensa con un salario estratosférico y que disfraza la operación de marketing con un premio destinado a una ONG, que sirve muy bien para lavar conciencias y que es un recurso muy utilizado por los famosos cuando quieren pasar por un plató para aclarar cosas de sus vidas sin que se les tache de cobrar por ello.
¡Mira quién baila!, a pesar de esto, o quizá precisamente por ello, es uno de los programas más solventes de la cadena y después de seis ediciones presume de liderar audiencias y de haber recogido premios tan distintos como un TP o galardones de la FAO por contribuir a disminuir el hambre en el mundo. Buen rollo, baile con famosos, esfuerzo, alegría de vivir…, un reality blanco, blanquísimo, con muy buena voluntad que consigue con nota lo que persigue: enganchar a la audiencia del corazón sin «tomateo». Queráis o no, eso tiene su mérito, aunque sea en una cadena pública y con el dinero de todos.
La solvencia de algunas series clásicas
Leyendo este artículo de El País me he acordado de Lidia, que el otro día me comentaba que estuvo viendo Enredo (Soap) a las tantas de la mañana. Y parece que no fue la única. Por lo visto a determinadas horas las series clásicas, aunque no todas, son una excelente apuesta para las cadenas porque dan audiencias más que potables a cambio de importes poco elevados.
Con un perfil de audiencia muy cercano al del target comercial que comentábamos el otro día, series del año de la polca como Pipi Calzaslargas, Galáctica, estrella de combate, V o El príncipe de Bel-Air consiguen sentar frente a la tele a un buen montón de gente.
La nostalgia es un elemento con mucho tirón, pero además es que estas series no tienen la complejidad argumental de la mayoría de series actuales y no requieren un seguimiento exhaustivo. Es posible ver un capítulo de Juzgado de guardia sin necesidad de haber tenido que ver le serie entera.
Entre las que no triunfan se cita a Melrose Place, aquella ficción de los noventa llena de mala uva, y lo entiendo. Para empezar, no es una comedia. Cierto que V tampoco, pero el lado del culebrón entorpece un visionado esporádico y los capítulos son bastante más largos que los de una comedia de situación. Y qué caray, que la serie tuvo su momento y a mi me gustaba, pero no soporta un segundo visionado, en mi caso al menos.
Una que, según parece, aguanta el tirón es Verano Azul pero yo no me lo acabo de creer. Yo creo que con Verano azul pasa algo extraño. Es como una serie intocable y no se puede hablar mal de ella pero siendo realistas no creo que tenga sentido emitirla ahora, pero en este tipo de artículos sale una y otra vez. Eso sí, ninguna cadena se ha atrevido a programarla.
En cualquier caso, es cuestión de horarios, me parece a mí, porque hace un año Televisión Española creó un contenedor de serie clásicas para los viernes por la noche en el que prometían Las chicas de oro, Alf, Aquellos marvillosos años…, y la idea les duró un par de semanas. Después tuvieron que cancelar el experimento porque en prime time nadie se enganchó al asunto. Quizá si hubieran emitido las series de madrugada, como hace Cuatro, estarían haciendo palmas con las orejas por los fantásticos datos de audiencia.
¿Quién entiende a Stewie? ¿Y a Risto?
A ver qué pensáis porque yo no acabo de tenerlo claro. A Stewie, el pequeño de Padre de familia, sólo le entiende Brian, el perro, ¿no? Es que a veces parece que, por ejemplo, Lois le conteste o le entienda pero me da la sensación de que eso no es más que una triquiñuela guionística de las buenas que pretende no dejar claro el asunto.
Está claro que en Padre de familia casi nada tiene sentido así que desde ese punto de vista lo más surrealista es que el niño sólo se comunique con el perro. En las únicas secuencias en las que se comunica con el resto de la familia, desde mi punto de vista, son en las imaginaciones, en los momentos en los que Stewie se monta sus historias. Pero lo cierto es que no lo tengo nada claro.
Lo que parece estar más claro es el grado de surrealismo de Risto, que debe de ser el único que realmente hace lo que le da la gana. Ahora resulta que el hombre, después de haber despotricado de lo lindo de las carreras de los triunfitos, después de haber desaparecido y de haber ofrecido la callada por respuesta, ahora salta la noticia de que va a producir el disco de versiones de anuncios para Virginia. Cuánta sosería hay en el aire. Tantas expectativas creadas para esto pero, claro, la pela es la pela.








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