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‘Seinfeld’ sigue dando guerra
¿No conocéis Seinfeld? Seréis de los pocos. Esta serie de los noventa vuelve a ser noticia porque acaba de ser nombrada como la serie más rentable de la historia de la televisión por el ‘The New York Post’. 2.700 millones de dólares ha ingresado la serie desde su final sólo con las repeticiones de los episodios. Casi nada.
Entiendo el éxito porque es una de mis series favoritas. Empecé viéndola en Canal + y ahora atesoro la colección completa de la serie en DVD. Hay temporadas mejores y peores, claro, desde que Larry David dejó la serie se notó, pero en su conjunto es una revisión excelente y en clave de humor de los conflictos personales y de la dificultad de las personas para relacionarse entre sí.
La amistad es el pilar de todas las tramas y la pandilla es tan heterogénea que las situaciones saltan a la mínima. La comedia de situación en Seinfeld explota con el gag más básico y llega a tocar el surrealismo gracias a que los personajes son egoístas, miserables, pero adorables en el fondo (muy en el fondo). Nueva York como ciudad es un escenario único, un personaje más, y las tribulaciones en los noventa, una década de cambios enormes políticos y sociales, hacen que Seinfeld y compañía estén siempre fuera de lugar.
Me cuesta escoger a un personaje como favorito, pero creo que me quedaría con George Constanza (el alter ego de Larry David). George es la encarnación del perdedor de los noventa, lo más alejado a un yuppie de los que brillaban con luz propia en aquella época. Soltero y sin trabajo, vivía con sus padres, que estaban idos de la pinza total. Sus aventuras empresariales eran dignas del mejor de los chistes y su relación con las mujeres tendía al fracaso por su marcado egoísmo. Un personaje miserable, envidioso y que tropezaba una y otra vez con la misma piedra.
Seinfeld guarda momentos hilarantes que siguen vigentes a pesar de la edad de la serie (volví a ver la serie completa el verano pasado). Aunque terminó hace doce años sigue siendo una ficción de referencia para los amantes del surrealismo vital, todos los que nos inclinamos por perdedores sin tapujos que hacen el ridículo empujados por sus ganas de aparentar lo que no son. Ya no se hacen series así y es una lástima. Muchas veces echo de menos ese toque entre realista y grotesco que caricaturiza la realidad, esa comedia sin concesiones a la moral o al romanticismo más ñoño. Una serie sobre la vida despojada de los encantos de la fantasía del consumo. Cualquier cosa menos un anuncio ficcionado, que es lo que parecen muchas series hoy en día. El tiro de gracia al «American way of life» que después remataron otros.
‘FlashForward’, un final de pena
Hay cosas que nunca dejarán de sorprenderme en la ficción. Dando por supuesto lo complicado que puede ponerse todo, lo difícil que es escribir pensando en que la serie está cancelada, el reto que supone cerrar tramas…,. Todo eso está muy bien, pero en FlashForward han conseguido dejarme con un palmo de narices. Aviso de los spoilers para los que no queráis seguir leyendo.
Ya os he hablado en otras ocasiones de mi relación de amor-odio con esta serie. En resumen: el piloto me gustó; el desarrollo me aburría; tras el parón para mejorar tramas me volví a enganchar; la serie se canceló pero se le concedió la posibilidad de terminar la serie; y el final que he visto esta semana ha sido lo más decepcionante que he visto en mucho tiempo. Vamos, que sabían que la serie no iba a tener continuidad y a pesar de eso se marcaron un final conservador, poco espectacular, nada impactante y, sobre todo, feliz. Toda una temporada luchando contrareloj con el flashforward, con sus consecuencias, con sus posibilidades…, para terminar con un «más de lo mismo».
Personajes atormentados por sus decisiones que en el último episodio se cambian la camisa y se convierten en héroes. Desconfianzas que de repente desaparecen, negaciones que se convierten en afirmaciones, tramas resueltas con un dramatismo de todo a cien (como la de Aaron y su hija en Irak). En fin, un giro de guión en el último episodio que nos habla, más que de sorpresa, de falta de coherencia. Y la palma se la lleva Benford, claro, que consigue cambiar su flashforward pero no sale a tiempo del edificio antes de la explosión y del segundo desvanecimiento. Tanta historia con Simon y Lloyd para que al final ni descubran las fórmulas ni puedan parar nada. Y el final de acabose con Charlie, la hija de Benford, diciendo: «Le han encontrado» en su segundo flashforward. Me pregunto si había alguna directriz que dijese que no podía morir nadie.
Ya imagino que con la serie cancelada no podían hacer un desvanecimiento tan espectacular como el primero, de acuerdo, pero la solución esa de las radios y teles de medio mundo avisando a la población me pareció pobre, muy pobre. Y los nuevos flashforward encadenados de los personajes como informando de lo que pasó después, a modo de cuento, también me pareció una solución baratera. ¿Qué habría hecho yo? No habría parado la máquina, en eso estoy de acuerdo, pero Simon podría haberlo convertido todo en un flashback con sólo apretar una tecla y por lo menos la conclusión habría sido más sorprendente.
Lo que realmente me enfada de este final es que teniendo todo el tiempo una trama sólida de ciencia ficción, se hayan inclinado por un final dramático al uso, muy poco especial y sobre todo irrelevante. Pero qué le vamos a hacer, nunca llueve a gusto de todos. Mi más sentido pésame por el final de la serie que si bien no ha resultado ser el éxito que todos esperaban, yo creo que ha aportado cosas interesantes. Es atrevido que jueguen con la doble moral del FBI y la CIA, que cuestionen los tratamientos en los centros de salud mental y que se ponga de manifiesto el poder de las mafias por el control de las mentalidades. Son temas que podrían extrapolarse a nuestra realidad más cotidiana. Pero creo que la serie ha tenido demasiados héroes y unos malos bastante mediocres, y eso no hay ciencia ficción que lo sostenga.
‘House’, la complejidad de las tramas
Pues ya he visto la sexta temporada de House y atención, la entrada viene con spoilers, así que si no la has visto, es mejor que te vayas con la música a otra parte.
Lo que desde mi punto diferencia esta temporada de otras es la abundancia de tramas externas al propio hospital. Seguimos teniendo esos pacientes interesantes y esos casos que se resuelven con un deus ex machina, pero además han desfilado un buen montón de secundarios que han alborotado la vida personal de los médicos, algo que hasta ahora no se había hecho demasiado evidente. Si os fijáis, en esta sexta temporada cada oveja ha tenido su pareja, con mayor o menor suerte, y siempre con House como elemento catalizador de los conflictos.
Que el hospital haya salido del hospital es un planteamiento que ya se manifestó desde el capítulo doble del inicio de la temporada, «Broken», ése en el que House amanecía en un psiquiátrico. Mucho ha llovido desde entonces, pero en aquel piloto ya quedaban claras las intenciones de los guionistas de darle más aire a una serie que se ahogaba en los procedimientos rutinarios del Princeton Plainsboro. Esta salida del hospital, no obstante, siempre ha estado de alguna manera enlazada con los personajes principales y los guionistas han sabido llevarnos de acá para allá pero sin olvidar la verdadera esencia de la serie, la influencia de los casos médicos en la vida del equipo, cosa que ha llegado a su punto máximo en el final de la temporada. Hasta la reciente reaparición de Alvie fue un golpe maestro que nos recordaba los inicios de la temporada. También reapareció el doctor Nolan (qué pena que no haya tenido más continuidad). Ya puestos, no habría estado mal que volviesen a traer a Franka Potente. Eso sí que habría sido un giro.
Me ha gustado mucho esta temporada porque no han ahorrado en dilemas morales (sin duda el caso Dibala y sus consecuencias es el máximo exponente de esto), ha sido una temporada que nos ha hablado de la soledad (todos los personajes terminan de alguna manera empezando de nuevo, para bien o para mal), y sobre todo hemos conocido más a House, un hombre bueno en el fondo, que diría Wilson. Tras el tratamiento y su posterior incorporación al hospital, House ha seguido siendo el tipo destructivo de siempre pero como para él el fin justifica los medios, sus objetivos han sido algo más loables. Sus picos de egoísmo, sobre todo con Wilson y Sam, sólo han conseguido convertirlo en más humano y prepararlo para el final.
Todo ha tenido sentido en el final de temporada, hasta la aparición del hermano de Foreman, que ha conseguido, House mediante, que Foreman abra una parcela de su vida. Chase y Cameron terminan como el rosario de la aurora pero era lo esperable (las tensiones sexuales resueltas dejan de ser interesantes). Taub se refugia en su matrimonio vulgar y corriente. Trece muestra síntomas de su enfermedad. Wilson consigue pareja estable. Y House y Cuddy se encuentran por al final de un emotivo último capítulo de temporada en el que House habla por primera vez de su discapacidad con total sinceridad y se derrumba con la muerte de una paciente. Todos los círculos se han ido cerrando, cada uno a su tiempo, y creo que ha sido una sabia decisión dejar para el final de temporada el círculo de House y Cuddy. Si lo hubiesen resuelto todo en el último episodios habría sido un caos y la temporada completa habría sido muy irregular. En la parte negativa, los episodios dedicados a los personajes con menos seguidores pueden haberles resultado superficiales a algunos, pero yo creo que todo encaja en el rompecabezas.
Y ahora toca esperar a ver qué pasará en la próxima temporada. Estoy impaciente porque la relación entre House y Cuddy puede revolucionar la serie o terminar con ella. Las tensiones sexuales resueltas suelen ser un lastre, pero también es cierto que House no hay más que uno. ¿Y qué opinará Wilson de todo esto? ¿Y Lucas? Me cae muy mal el personaje de Lucas. En fin, que para mí esta temporada ha sido mucho más interesante que la cuarta y la quinta, a pesar de Amber. Siento que en cierta manera han tomado buenas decisiones y espero que sigan así.
Por cierto, que tengo pendiente hablar del final de FlashForward, pero aún estoy asumiendo la debacle.
Padres extraterrestres de las series
Hay series que se repiten en el blog por un motivo u otro. Cosas de marcianos, por ejemplo, siempre termina saliendo en mis entradas antes o después y eso es porque la serie me gusta mucho. Hoy merecería estar entre las series comentadas pero me la voy a ahorrar a conciencia para que deje su sitio a otras que merecen mención específica en este tema: los padres extraterrestres de las series.
Con el motivo de los padres extraterrestres se han parido series de todos los géneros y condiciones y, sobre todo, han alumbrado hijos más o menos inadaptados. El triunfo del marginado es algo que siempre me ha llamado mucho la atención, la administración de sus poderes, sus posibilidades de dominar el mundo…,. Y os lo advierto, mis padres afirman que no son extraterrestres pero visto el resultado que soy yo no las tengo todas conmigo.
- Starman (1986). Basada en la película de John Carpenter, la serie muestra la continuación de la historia catorce años después del final de la película. Es ciencia ficción pura y dura, con algo de road movie. El extraterrestre vuelve a buscar a su hijo y toma la apariencia del fotógrafo Paul Forrester. Juntos emprenderán la búsqueda de la madre al tiempo que huyen de la policía, que les va pisando los talones. El personaje de Forrester es encantador, atolondrado, tierno y poco hábil en el dominio de las relaciones sociales. Debo reconocer que de pequeña estuve coladita por él, más que por el hijo.
- Out of this world (1987 – 1991). Típica comedia familiar americana que aquí se llamó De otro mundo. Evie heredó de su padre extraterrestre la posibilidad de congelar el tiempo juntando los dedos índices, podía descongelar a las personas tocándolas y todo volvía a la normalidad cuando juntaba las palmas de las manos. En el contexto de la comedia protagonizada por una adolescente teníamos los típicos mensajes morales de si utilizar los poderes era bueno o malo, si había que usarlos para el bien o el mal…,. El padre siempre estaba presente porque se comunicaba con Evie a través de una figura de cristal que tenía en la mesilla de noche. Digamos que ésta podría ser la versión light y noña de un problema de frikismo.
- My Parents Are Aliens (1999 – 2006). Otra comedia familiar pero, esta vez, inglesa y, por lo tanto, con bastante más mala leche que las americanas. Aquí se llamó Mis padres son extraterrestres y cuenta la historia de tres huérfanos que son adoptados por una pareja extraterrestre que se estrella en la tierra. Los padres apenas saben nada del comportamiento humano y los hijos sacarán provecho de ello, o lo intentarán. Eso sí, el comportamiento de los padres termina avergonzándoles siempre.
- Roswell (1999). Un drama adolescente que se enmarca en Roswell y que viene a ser la típica serie de conflictos adolescentes pero con el componente de las relaciones entre humanos y extraterrestres. El amor imposible a lo Romeo y Julieta es una de las bases más importantes de la serie y, claro, termina habiendo fruto de ese amor, sacrificos, traiciones…, todo lo que compone cualquier drama adolescente que se precie.
- Taken (2002). Miniserie americana conocida aquí como Abducidos y que cuenta con la marca de Steven Spielberg. Los interesante de esta historia es que cuenta la vida entrelazada durante cincuenta años de cuatro generaciones de tres familias, combinándolas con hecho importantes de la historia de Estados Unidos, desde la Segunda Guerra Mundial, pasando por Rosswell o la crisis de los misiles con Cuba, y hasta la actualidad. Es una historia de experimentos extraterrestres, secretos, misterios, sucesos extraños y, claro, de hijos de extraterrestres. Una visión dramática de las relaciones familiares con el tono más apocalíptico de la ciencia ficción.
Y estas son mis aportaciones. ¿Os acordáis de alguna más? Extraterrestres ha habido muchos en la tele, pero que tuvieran hijos, no tantos.
‘Perdidos’: lo que pasó, pasó.
«Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias».
Bueno, me enfrento a la tarea de dar mi opinión sobre el final de Perdidos con cierto miedo porque sé que hay gente cabreada a la que no quiero cabrear más, pero voy a intentar ser honesta, sincera, y transmitir mis sensaciones porque explicaciones de las de verdad no puedo dar muchas, o más de las que nos han querido dar a nosotros en la serie. Resumiendo, yo estoy más que contenta con el final planteado, satisfizo mis expectativas y optó por una de las líneas argumentales que justamente era para mí la más importante. A partir de aquí, spoilers a troche y moche. Estáis avisados.
Quiero empezar diciendo que me ha parecido un final coherente con todo el contenido de la serie: la redención, la expiación de la culpa, el superar traumas pasados…, todo eso se obtiene de forma clara y manifiesta en «The end» que, además, nos explica la trampa final de los guionistas (una trampa más, como ha habido otras), en la que hemos caído muchos: la línea temporal X no era una realidad en sí, era el compás de espera en el que los personajes consiguen alcanzar sus deseos vitales una vez superados los traumas que les frenaban. Es en esa línea en la que Desmond, constante, lucha para que todos recuerden lo vivido y se decidan a dar el último paso que les lleve hacia la luz.
Lo que ha pasado, ha pasado de verdad. Hasta el final de la quinta temporada todos los sucesos son reales pero en la sexta temporada lo importante es el ahora. En ese ahora no hay tiempo tal y como lo concebimos los seres humanos y aunque hemos creído ver un flash-sideway al final ha resultado que no, que ese misterio ha quedado resuelto y, aunque las connotaciones religiosas del asunto puedan exasperarnos, sólo se me ocurre llamar «limbo» a todo lo sucedido en la sexta temporada. Tampoco es de extrañar, durante toda la serie el enfrentamiento entre ciencia y religión, entre razón y fe, ha sido uno de los motores de las motivaciones de los personajes. En «Across de sea» quedó establecida la dualidad, la importancia de la luz, todo lo que ha sido la vida de los personajes en la isla en esta sexta temporada, así que quedaba claro que la luz iba a tener un papel importante en el final. Han dejado muchas cosas sin responder pero yo creo que sí, que lo importante, la metamorfosis de cada uno, ha ocurrido por fin. Han logrado resolver todos sus problemas. De hecho, la serie ha terminado en el mismo punto en el que empezó. Entonces un personaje abría los ojos, y en «The end» los cierra.
No todos murieron en el accidente de avión. Cada uno murió cuando le llegó la hora, unos estando en la isla, otros fuera y otros ni siquiera murieron. ¿Para qué fueron a la isla? ¿Por qué Jacob les metió en semejante fregado? Porque necesitaba encontrar a un guardián que se sacrificase por todos llegado el momento y ese ha sido Jack. Buscó para ello a personajes atormentados que fueran capaces de redimirse para enfrentarse a todo lo que iban a vivir allí. Por otro lado, una cosa es la isla, con sus mecanismo internos, y otra es la vida de los personajes. Desde el principio han primado más los personajes y el final ha sido coherente con eso. La isla sigue, ya existía cuando nacieron Jacob y su hermano, y ahora prosigue su historia pero no la nuestra, la de nuestros personajes, que han terminado por fin su periplo. Ha sido un final humano, de personajes, y han dejado al margen muchos aspectos de la ciencia ficción, eso es cierto, pero en lo que a mí respecta esos misterios no eran más que una excusa para contarnos todo lo demás.
Y esta son, en resumidas cuentas, las impresiones que hicieron que no me llevase un chasco ayer. Esperaba una conclusión así, feliz, emotiva, a la altura de los personajes. Cierto es que no ha sido un final apoteósico pero tampoco creo que haya sido anticlimático. De hecho, el ritmo de la serie me hizo intuir que no íbamos hacia un desenlace de respuestas, sino hacia un final en el que nos dijesen que lo importante son las preguntas, como así ha sido.
Mención aparte merece el papel de Cuatro en toda esa historia. Lo intentaron, pero no han estado a la altura. Los subtítulos, cortados y hasta omitidos a ratos; seis minutos escamoteados en los que se explica cómo Lapidus salió del submarino; y un debate posterior patético. El balance no llega a ser positivo y es de esperar que si hay una próxima vez se esmeren más y que aprendan de sus errores.
Os remito a otras opiniones que me han gustado especialmente y no por qué esté más o menos de acuerdo con ellas, sino porque creo que expresan muy bien sus puntos de vista: Nacho Vigalondo, Mr. MacGuffin, Anómalo y Pjorge.
Termino con otro fragmento de Ítaca, el poema que encabeza la entrada:
«No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado».
Namasté.
Blog sin spoilers de ‘Perdidos’
Hasta mañana no comentaré el episodio final para dar tiempo a los currantes a verlo. Eso sí, a partir de mañana no pienso ser tan precavida, que con un día y pico debería de haber más que suficiente. ¡Calienten motores! El fin de una era no puede pillarnos desprevenidos.








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