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La Sexta se apunta a las telenovelas
El mundo de las telenovelas es enorme y comprende una industria que se nos escapa porque aquí no nos llega ni la enésima parte de sun influencia. Este verano La Sexta hace su incursión en las telenovelas emitiendo B&B, una comedia musical familiar que Telefé (Argentina), estrenó en prime time con éxito. Remitiendo a éxitos como La tribu de los Brady o Con ocho basta pero incluyendo cosas a lo Paco y Veva. El conflicto está claro: los polos opuestos se atraen, con las complicaciones que eso conlleva.
Lo que me choca es que La Sexta se decida a tirar de telenovela pero la programe por la mañana, a partir de las doce del mediodía. Es una transgresión total. Mientras que el resto de cadenas van a emitir a esas horas programación infantil a diestro y siniestro, La Sexta va a intentar hacerse un hueco con un contenido familiar. No lo entiendo.
Cuando la mayoría de las cadenas sitúan las telenovelas, sean del corte que sean, en su horario de tarde, La Sexta decide volver a los tiempos de Los ricos también lloran para intentar cambiar, en verano, las costumbres de consumo televisivo de la población innovando en una de las franjas más flojas de la cadena.
Cierto es que B&B no es un culebrón dramático al uso, pero ¿por qué una serie que se emitió originalmente en prime time aquí viene para ocupar las mañanas, a razón de dos episodios diarios? Y aún hay más, después de los dos capítulos de B&B se emitirá la reposición de Greek, una serie de universitarios y hermandades que no está mal, da el pego, pero que La Sexta estrenó el verano pasado y canceló a las tres semanas como quien no quiere la cosa.
Mis dotes de adivina están bastante anquilosadas así que cualquier previsión que haga terminará dejándome en evidencia pero no puedo evitar pensar que las mañanas de La Sexta siguen de saldo, como de rebajas. Cuando uno rebusca en el montón de oportunidades igual encuentra un pantalón de pana como una americana de raya diplomática. Creo que no hay mejor manera de desprestigiar e infravalorar dos productos que estrenarlos de esta manera pero bueno, ellos sabrán. Igual lo que quieren es vaciar la recámara de cara a la fusión y llegar con las fuerzas justas, desprendidos de todo lastre que pueda ser inconveniente después.
Salvados: curso de ética periodística
La verdad es que ayer me quedé de piedra cuando vi en Salvados el diálogo de Jordi Évole no con Arnaldo Otegui, sino con Luis María Anson y Montserrat Domínguez (en el vídeo, a partir del minuto 5’33). La historia es que el Follonero, después de mantener un encuentro informal con Otegui, va a preguntarles a estos dos periodistas, cada uno representante de una corriente ideológica, sobre la idoneidad de emitir el material grabado.
Sea por mis prejuicios, sea por lo que ya hemos visto otras veces en Salvados, esperaba yo que Anson se posicionara en el lado de la no emisión y pensaba que Domínguez iba a ser partidaria del sí, pero resultó todo lo contrario. Yo no sé hasta qué punto estaban preparadas las intervenciones (cada vez me fío menos de la tele), pero lo cierto es que mientras que Anson esgrimía argumentos totalmente profesionales para defender su postura, Domínguez prefirió tirar de argumentos personales para apoyar el no, hasta el punto de que Jordi Évole terminó pronunciando la palabra maldita: «autocensura».
Anson hizo un análisis objetivo del planteamiento desde la aportación periodística hasta su encaje en el programa, defendiendo la independencia de pensamiento de la audiencia, la emisión de la información y la libertad de expresión. Domínguez defendió la no emisión con el argumento del portavoz altavoz, con lo que me empiezo a cuestionar a todos y cada uno de los invitados a su programa de radio que ocasionalmente yo escuchaba (en pasado desde ayer por la noche). Mientras que Domínguez consideró que la entrevista era mala porque no obtuvo la respuesta esperada, Anson vió en la no respuesta la respuesta en sí.
En fin, que desde luego no era lo que me esperaba (mea culpa), y quizá por eso me sorprendí más todavía. Al final Évole resolvió el asunto como pudo, es decir: llamando a su madre. Pero del programa de anoche, desde luego, lo importante no era la entrevista a Otegui, sino las reflexiones acerca del tratamiento de la información en los medios que se nos ofreció de una forma discreta, al estilo informal y con la apariencia ligera de Salvados, pero con un contenido más trascendente de lo que pudiera parecer. Nos es que vaya a hacerme ahora fan de Anson, que una cosa es la teoría y otra la práctica, pero sí tengo que reconocer que esperaba que las respuestas de Domínguez fuesen más políticamente correctas en ese sentido y se destapó sin disimulo como una tendenciosa de cuidado. En fin, nunca te acostarás sin saber una cosa más.
Desmontando a Paquirrín
Lo de «Desmontando a Paquirrín» en Sé lo que hicisteis… ya tiene vuelta de tuerca. Este domingo se ha grabado el monólogo final de Kiko Rivera y se emitirán en pleno prime time en julio con dos especiales con los mejores momentos, secuencias no emitidas y monólogos ad hoc de Ángel Martín y de Dani Mateo.
No he sido seguidora de las aventuras y desventuras del chaval en el aprendizaje y los momentos que he podido ver no me han molestado, eso sí. La sección está hecha con gracia, como no podía ser de otra manera, lo que no sé es si tienen enjundia suficiente como para protagonizar dos noches de prime time, con lo caro que está el minuto de tele a esas horas.
Lo que me ha parecido más relevante es que, una vez más, a los de Sé lo que hicisteis… se le han rebelado los secundarios. Ya les pasó con «el Esmirriao», el supuesto ex novio de Falete, un personaje que se ha ganado un hueco en el programa, y ahora va ganando enteros el señor que huele a vino, ese presentador arcaico y polvoriento, muy de la vieja escuela, que parece un presentador de La 2 en sus tiempos oscuros y que está interpretado por Miki Nadal.
La sección, alargada gracias a la estructura habitual de «después de…» y a los cebos, se hilvana en la presencia de ese personaje surrealista, digno, que hace y deshace a su antojo y que marca el ritmo de todo lo que sucede. Se merece tener un hueco de honor en esos especiales y, más allá de eso, se merecería aparecer en el programa más a menudo.
«Desmontando a Paquirrín» no es la sección tomatera que muchos esperaban, tampoco han convertido a Kiko Rivera en su Belén Esteban particular, como algunos afirmaron en su momento. Han sabido integrar el espacio en el tono general del programa pero, eso sí, a mí me pasa que el personaje no me interesa en lo más mínimo y sus logros, por lo tanto, tampoco me enganchan.
Veremos cómo funciona en el prime time. El Terrat Pack no tuvo el tirón que esperaban y eso que andaban metidos ahí Buenafuente y compañía. La Sexta sigue en su afán de cubrir el máximo de horas con el mínimo de contenidos dando la eterna sensación de estar como de rebajas.
Cuatro y La Sexta empiezan el cortejo público
Anoche se escenificó en Buenafuente una especie de petición de mano entre Cuatro y La Sexta protagonizada por Andreu Buenafuente e Iñaki Gabilondo. Podríamos entender que el asunto no pasa de un gag televisivo más pero, por otro lado, también es cierto que se puede hacer poca broma con este asunto porque otras cadenas implicadas, si las hubiere, pueden sentirse molestas por este juego. La tercera opción es que esta conversación no sea más que un juego de distracción.
Al final va a resultar que es verdad ese dicho infantil que asegura que los que se pelean se desean y si bien es cierto que La Sexta ha tenido sus principales problemas con Telecinco, sus relaciones con Cuatro tampoco pasan por el mejor de sus momentos debido sobre todo a la guerra del fútbol, ¿o si? Hace dos semanas en Salvados el Follonero llamó a Pablo Motos para pedirle permiso para usar un chiste suyo. El Gran Wyoming también ha aportado su granito de arena al asunto.
Los de Cuatro, hasta ayer, bromeaban menos con el tema pero es que, claro está, Cuatro es una cadena seria, tanto que eligieron a su presentador bandera de los informativos para representar en una conversación informal una posibilidad que si desde el principio pareció la más probable, paso a paso va adquiriendo el calificativo de posible.
¿Qué ganaría cada cadena con la fusión? Aquí cuentan que ambas cadenas planean crear un holding audiovisual. Esto es, terminar con la guerra del fútbol con un acuerdo empresarial. Prisa podría quitarse de encima la deuda que les acucia y Mediapro tendría más ventanas para explotar los partidos de fútbol. Prisa aportaría además la NBA y los contratos firmados para la emisión de series y películas en exclusiva, y Mediapro compartiría la Copa del Rey y la Fórmula 1. Dicen los analistas que la fusión supondría un espaldarazo importante en la Bolsa.
Quiero aclarar una cosa. Pese a lo que pudiera parecer la fusión no implicaría que hubiese finalmente un solo canal, aunque eso es lo que inducen a pensar los comentarios como los que hicieron anoche en Buenafuente, por ejemplo. Explicarlo de esa manera es una manera de comunicar el asunto al espectador pero también es una simplificación como la copa de un pino. Lo que se cuece aquí son intereses económicos a gran escala, TDT de pago y la amortización de cuentas pendientes que involucran a grandes entidades bancarias nacionales, algo que a los espectadores nos queda muy lejos. Seamos realistas: ¿quién en sus cabales, pudiendo tener dos canales, renunciaría a uno de ellos?
Malas compañías: no sabe, no contesta
Anoche Manel Fuentes estrenó Malas compañías en La Sexta y como no sé explicar bien de qué va el asunto he puesto el vídeo de arriba a ver si las palabras de los presentadores me iluminaban. Sigo igual de despistada. No es que necesite un tema claro pero los cambios de tono y de enfoque no fueron acompañados por un ritmo endiablado, que creo que es lo que rompe con la dinámica del espacio.
Malas compañías se estructura en torno a una serie de reportajes de actualidad política y social que buscan poner en duda los conceptos generales de la forma de ver determinadas cosas pero el hilo conductor es una especie de plató-saloncito en el que los reporteros/presentadores comentan y dan pie a lo que vamos a ver. Mientras que en los reportajes hay riesgo, improvisación y gracia en algunos momentos, en el plató se notan los guiones y que falta soltura en el arte de interpretarlos. Los puntos y aparte saltaban a la vista. Pienso que si el equipo no terminaba de sacar adelante una conversación que sonara natural, más les habría valido armarse de los papeles y dejar de fingir un diálogo porque cuando una discusión parece un teatrillo se transmite una imagen encorsetada que va en contra de todo lo que nos quieren vender.
Pese a que el programa no es demasiado largo hubo reportajes para todos los gustos: cámara oculta, investigación y reportajes en sentido estricto. Un señor haciendo de policía de la SGAE y requisando MP3 en plena calle; un reportaje del Barça; una canción a Esperanza Aguirre pidiéndole que deje de pelearse con Gallardón; un reportero intentando convertirse en monje shaolin (le dieron hasta en el carné de identidad), para mostrar a los parados una forma de buscarse la vida; un cura tirando los tejos al personal en Chueca; un reportaje de investigación sobre el ocultismo; los pensamientos de los políticos; y un reportaje desmontando los trucos que hay para no dar positivo en un control de alcoholemia. Como secciones fijas la del minuto de fama y los comentarios sobre el estado ficticio de determinado personajes en Facebook.
Si bien cada uno de estos vídeos fue introducido por una noticia real, cada uno se desarrolla de forma independiente. Algunos de los vídeos no estuvieron mal pero no termino de entender el objetivo final, más allá de tocar las narices. Veo una interpretación irónica de la realidad pero no veo a qué conduce. Que sí, que la gente le da su MP3 a cualquir pirado ante la acusación de piratería; que vale, que la gente que se cree que masticar chicle rebaja el nivel de alcohol en sangre es idiota; que los ocultistas, videntes y demás no dicen más que generalidades, pues bueno. Pero, ¿y qué más? ¿En el próximo programa demostrarán que la leyenda de la chica de la curva es una memez?
En fin, sensaciones contradictorias ante el estreno. La parte buena es que pueden seguir puliendo el formato semana a semana. La parte mala es que La Sexta se los puede cargar a las primeras de cambio. Ya dije que no tenía expectativas puestas en el programa pero, a pesar de eso, no me terminó de entusiarmar, aunque tampoco me desagradó. Creo que no hay nada peor que esta sensación de tibieza.
Qué vida más triste, qué serie tan buena
La Sexta tiene una suerte que no se merece con Qué vida más triste, una de las mejores producciones de ficción nacional que se han hecho en los últimos tiempos. A pesar de tener en sus manos un diamante en bruto se empeñan en hacer programaciones absurdas con repeticiones aleatorias pero la serie aguanta y no se resiente.
Desde mi punto de vista, las claves del éxito de la serie son los guiones y los personajes. Evidentemente no es una serie para todos los públicos pero eso, a estas alturas de la fragmentación televisiva, no tendría que asustar a nadie. Claro que habrá mucha gente que no entienda los guiños tecnológicos y frikis, las referencias a Internet, el lenguaje coloquial y los componentes nostálgicos de una generación muy determinada pero eso no debería de ser un problema. Con la cantidad de oferta existente tiene que haber sitio para todos y ya era hora de que alguien apostase por un producto que, a pesar de emitirse en una generalista, no entra en la etiqueta de «para todos los públicos». Esta restricción en lo que se refiere al target es significativa porque, además, su público es, casi por definición, el de una franja de edad que no entra en las clasificaciones mayoritarias. Lo que no ganan en share lo compensan con la relevancia en Internet que, creamoslo o no, también es importante.
Borja y Joseba son dos gamberros, dos buenazos fracasados que intentan una y otra vez convertirse en famosos y salir del pozo de la cotidianeidad. Borja tiene delirios de grandeza a lo Quijote y Joseba, como escudero fiel, termina siendo la comparsa en las aventuras más descabelladas, a pesar de que sabe que muchas de las propuestas de Borja no tienen sentido. Ninguno de los dos está satisfecho con su vida, son los eternos adolescentes con complejo de Peter Pan y buscan una y otra vez salir de Basauri por la puerta grande. En cualquier caso, lo importante son los medios que usan para conseguirlo.
Los guiones abundan en historias sencillas que rozan lo surreal. Los personajes no evolucionan, ni falta que hace, y tropiezan a menudo con las mismas piedras pero siempre de forma diferente. La realidad se opone a la visión de los personajes y el contraste es brutal, hilarante. Ayuda en la construcción de este mundo la recurrencia de expresiones, los espacios habituales y una visión inteligente de la realidad que siempre riza el rizo. No me extrañaría que las historias partiesen de casos reales y por eso la identificación de las situaciones para el espectador es sencilla, facilitando que entremos en la historia.
La serie nació en Internet y saltó a la televisión respetando los tiempos y las formas, una decisión muy acertada. Ahora desde la televisión vuelve a Internet en un movimiento que explica parte de su éxito y que confirma que se ha respetado la idea y el formato original. Borja y Joseba ya forman parte de una época y se han ganado un sitio de honor en el imaginario generacional. Podrían editar la serie en DVD, ¿no?, con extras y demás. Eso ya sería un locurón.








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