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La nostalgia y la televisión, objetos de consumo.
Regalar nostalgia televisiva es un valor seguro. Por lo menos, eso se extrae de un estudio que ha realizado la consultora Millward Brow para EBay. Según sus conclusiones, al 87% de los internautas españoles nos gustaría recibir regalos relacionados con nuestra infancia o nuestra adolescencia. Y parece que la fiebre por la nostalgia es internacional.
Yo creo que somos todos una pandilla de friquis, la verdad. No voy a negar que me derretiría ante un presente (navideño o no), relacionado con mis filias infantiles televisivas. La red está llena de gente que busca iconos de la juventud para regalarse y hay algunos que se pasan cuatro pueblos (un Madelman en su caja original se ha vendido por tres mil euros).
Para mí, lo más chocante de la noticia es comprobar cómo distintas generaciones pugnan por aupar sus iconos al top de los más vendidos. Yo creo que existe cierta competencia por establecer qué iconos son los mejores y es de justicia reconocer que cada generación reconoce y piensa que sus referencias son las auténticas, en detrimento de las referencias de los demás.
Seamos claros: siente una cierto orgullo al saberse hija de Ulises 31 y menosprecia a los pobres que se la han perdido. Y emocionarse con la muerte de Chanquete une, y mucho. Por lo visto, el estudio marca que las nuevas tendencias irán enfocadas hacia el éxito de Zipi y Zape, Mortadelo, Epi y Blas y Martes y trece (va de parejas la cosa).
En cualquier caso, que los productos de algo tan espurio como la televisión tengan éxito y se paguen a precio de oro no hace sino demostrar, una vez más, que uno de los medios más denostados tiene una influencia social fuera de toda lógica, amén de ser objeto de consumo masivo. Sólo por eso el televisor se convierte en una especie de altar pagano porque el consumo es el signo de nuestro tiempo.
Willy Toledo, el Paladín
Me pregunto qué les habrá llevado a los de Warcraft escoger a Guillermo Toledo para protagonizar esta campaña, sobre todo viendo qué otro actores la protagonizan en otros países. ¿Tendrá Willy algo de M.A. y de Capitán Kirk y no nos habíamos enterado?
Cuestión de sexo, Gominolas y el flow
Por si los martes ya me parecían un torro, a los de Cuestión de sexo les dio por hacer un capítulo recopilatorio que, por cierto, les vino al pelo. Desde el estreno de Gominolas, que supuso un retraso en el horario de emisión de la serie, Cuestión de sexo había ganado adeptos, así que el capítulo de ayer seguro que le sirvió a muchos para conocer los orígenes de las tramas que, con toda probabilidad, se habían perdido en el estreno.
A mí me sirvió para cambiar de canal porque yo voy al revés. Vi los primeros capítulos de Cuestión de sexo pero me desenganché porque el humor de la serie y las tramas no me interesan en absoluto. Pero por lo visto, a los espectadores de Gominolas les interesa la serie y han supuesto un fuerte revulsivo para el producto. Y aquí es donde entra el concepto de «flow».
«Flow» tiene una definición bastante abstracta y se refiere a la sensación del espectador ante la programación. Es decir, que una serie o un programa pueden ganar espectadores en función de lo que tengan programado antes o después. En este caso, el «flow» favoreció a Cuestión de sexo y no es de extrañar porque al lado de Gominolas, el humor de Cuestión de sexo es refinado y lúcido, y la comedia mucho más marcada.
Y es que algo pasa con Gominolas. Tópicos a mansalva, drama manido y rancio, y un humor demasiado chusco y desconsiderado. La escena del entierro me pareció totalmente desmesurada. Cuando el Benja le dice a la viuda que la única incubadora era ella, que se había sentado sobre los huevos de su padre. Sin comentarios. Al lado de cosas así, la comedia casi de situación más pura representada en Cuestión de sexo puede parecer de premio.
El Tetris y la televisión
En ocasiones veo…, fichas de colores cayendo por doquier. Cualquiera que haya jugado al Tetris de manera compulsiva sabrá que, después de una sesión agotadora, al cerrar los ojos pueden verse cómo las fichas siguen cayendo en nuestra cabeza y cómo nuestro cerebro intenta hacerlo encajar todo en una suerte de Tetris constante y maldito.
Las teorías más catastrofistas y politizadas verían en esta influencia del juego un efecto devastador provocado por los rusos que, en plena Guerra Fría, intentaron controlar la mente de los occidentales a través del jueguecito de marras. Yo creo que, simplemente, pasé demasiadas horas en los Recreativos (esos lugares en peligro de extinción llenos de videojuegos que funcionaban con monedas).
Y por lo visto no soy la única que se gastó la paga de la semana con el Tetris. Obviando por conocidos los vídeos de los japoneses convertidos en fichas en los modernos Tetris humanos, hay multitud de ejemplos que demuestran la influencia del Tetris en nuestras vidas.
En Los Simpsons, Padre de Familia y Futurama, tres de los iconos más importantes de la cultura moderna, el Tetris ha tenido su momento de gloria.
¿Y qué me decís de la publicidad? Estos tres anuncios son un fantástico ejemplo de que publicistas, marcas y espectadores tienen una referencia común e ineludible.
Otro día hablaré del puñetero Sudoku, que me tiene enganchada a la DS, o del Mahjong Titans, también conocido como Shangai, dos juegos para solitarios que compiten contra sí mismos. El primero es el de los numeritos, el segundo es el de las fichas en el que hay que ir eliminando haciendo parejas. ¡¡Tengo que jugar a los dos todos los días!! Estoy fatal.
Gominolas
Pues era de esperar, 3.237.000 espectadores, ahí es nada. No es de extrañar porque han tenido promos hasta en la radio y ya tienen el politono. No soporto a Raquel Sánchez Silva y el previo me pareció prescindible, pero es fantástico el vídeo-clip de Arturo Valls a lo Nacho Cano. Con ese comienzo he de decir que esperaba más comedia, la verdad.
Podríamos decir que la serie es una sitcom, pero no porque la comedia no es continua y no tiene el halo imprescindible de teatralidad. Los personajes en cambio sí que se acercan a los de la comedia de situación y, además, tampoco hay una trama subyacente que recorra todos los episodios. Desde mi punto de vista, está mejor lograda la comedia que el drama (aunque puede que esta opinión se deba a mi expectativa). En cualquier caso, una serie con cuatro protagonistas sólidos y con características muy definidas que tienen su antítesis en los secundarios (Lluís Omar me encantó).
La ambientación ochentera es genial, muy lograda, y se la debemos a Koldo Serra. Hay que destacar a los niños en lo que respecta a la producción, que suelen dar mucho trabajo y encarecen las producciones. No olvidemos mencionar que la serie está grabada en cine. Y la banda sonora con las canciones de Guille Milkyway (Amo a Laura) llegará lejos.
La voz en off de la muerta remite a Mujeres desesperadas, una referencia de la que sólo han tomado prestado eso. Y el dueño del bar temático y fan número uno, Richi, me ha recordado a Richi Bastante, el que fuera presidente del club de fans de Tamara-Ámbar-Yurena.
Me gustaron dos recursos que utilizaron para hacer avanzar la acción: la canción «Que te den» de Fernando Tejero, montada con las imágenes de lo que estaba sucediendo, y el monólogo de Benja, su personaje, delante de la tumba, que nos permite escuchar la voz interna del personaje. Y hubo un par de secuencias en las que se rompió el ritmo de la serie: la de la actuación benéfica, cuando se pelean, que quedó algo atropellada y forzada; y la final del cementerio, cuando reiteran de forma innecesaria el fracaso personal de cada uno y repiten la información que han ido dando a lo largo del capítulo (no hacía falta, creo yo).
Buen gancho para la semana que viene, con Tinín de paciente de Noelia y Benja y su padre trasladándose a vivir a casa de ella. Han sido capaces de hacer un episodio corto, muy lejos de los setenta minutos a los que nos tiene acostumbrada la ficción nacional, y creo que su éxito dependerá de la capacidad de los personajes para enganchar a la audiencia porque, en el fondo y aunque nos hayan hecho creer lo contrario, parece que la historia será lo de menos. Yo me quedo con Bruno-Valls y me guardo la frase: » Que los ochenta se llevarán a Fofó y nos dejaran a este payaso…».
Contenidos adicionales: entrevista a David Sánchez, el productor, en la Cadena Ser. Web de la serie.
En La tele que me parió: Gominolas estrena el 6 de noviembre, Gominolas, quién es el fresón rojo, Gominolas en Cuatro.









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