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Oda a las buenas personas de Renault
A veces la publicidad es engañosa y en otros casos, como el que nos ocupa, la publicidad trata de engañarse a sí misma. ¿Qué pensarían los responsables de la marca al ver este anuncio? ¿Por qué creyeron que podría funcionar? Claro, otros anuncios de este corte ya han pegado el pelotazo y eso es buena señal, pero no se dieron cuenta de que esta campaña era una copia burda. Supongo que el problema estriba en que los responsables de la marca no son treintañeros.
El anuncio en sí hubiera triunfado de haber sido el primero, pero no lo es. Desde mi punto de vista, deberían de haber elegido otro enfoque que los distinguiera de los anuncios maestros (de hecho, uno de los anuncios maestros es el suyo). No me vale que hayan utilizado los chistes típicos, como el de los Playmobil, para darle otro aire a la historia.
Me siento insultada porque pensaron que podrían engañarnos con una artimaña tan pobre. ¿Acaso la nostalgia se dispara viendo imágenes de Marco con la banda sonora de Rocky de fondo? ¡Bah! La publicidad es un arte y, cuando está bien hecha, me encanta. Por eso me molesta tanto que hayan intentado darnos gato por liebre con esta historia. Construyeron una fantástica imagen de marca con el anuncio de La historia interminable y ahora se la han cargado con esta campaña. Qué fraude y qué desastre.
En La tele que me parió: Coca Cola y los años 80 / Renault Mégane y el surrealismo
Callejeros, la ley de la calle
Hoy vengo a pedir que me hagáis crónicas de Callejeros porque yo no sé a qué palo cogerme, la verdad. Me reconozco tan identificada con las historias de barrios marginales que tratan (viví en uno durante diez años), que soy incapaz de ver los reportajes con la distancia necesaria.
Anoche estuvieron en Los Junquillos, pero como si dicen que estaban en Palma Palmilla o en El Cabanyal. Con la excusa de grabar la realidad sin intermediarios, reproducen una y otra vez los mismos estereotipos. En cada una de esas historias a mí me parece que falta contraste y la normalidad aparece siempre como excepción.
Lo que más me desconcierta es no saber qué quieren contarnos en los reportajes de este corte. Cualquiera que se pasee por un barrio de esas características podría ver lo mismo que ven ellos, con la excepción de las casas. La pobreza, la falta de empleo, los modos de vida particulares basados en la supervivencia, se repiten y saltan a la vista, pero ¿qué mensaje quieren transmitir con ellos? ¿Es responsabilidad de los ciudadanos entrevistados? ¿Es un problema social del que todos somos responsables? ¿Es una realidad paralela a la de la mayoría?
Pincharon en hueso con el tema de El Cabanyal porque detrás de toda la historia hay una plataforma de asociaciones que está luchando por salvar su barrio y que no se vieron identificados en el reportaje. ¿Pasa esto en el resto de barrios que visitan?
Demasiadas preguntas, como veis, que necesitan de vuestra iluminación. Yo no sé con qué carta quedarme.
Cuenta atrás no puede con Tú sí que vales
Corso y sus compañeros tuvieron anoche un seguimiento de cerca del millón y medio de espectadores. Un dato estimable si no fuera porque entra en comparación con los casi cuatro millones de espectadores de la gala final de Tú sí que vales, el talen show de Telecinco.
Yo soy bastante de Cuenta atrás, aunque le encuentro a la serie unos peros más que considerables: Dani Martín y su ausencia de vocalización, cómo los actores cantan el texto en algunas ¿interpretaciones?, el derroche de cámara al hombro y de travelling o la búsqueda de sorpresa que no sorprende a nadie. En el lado positivo, pesan considerablemente a favor José Ángel Egido, la factura cuidadísima de la serie, la producción cara pero nada ostentosa y el planteamiento arriesgado que hace de ella una serie diferente.
Respecto al capítulo de ayer y a diferencia de la temporada anterior me pareció detectar un exceso de drama que rozaba el dramón y una pérdida de rigor en la investigación del caso que se resolvió mediante un deus ex machina (una farmacéutica que ocho años después recordaba con pelos y señales una conversación trivial con una clienta porque, tal y como justificaron innecesariamente, el asesinato de la mujer le hizo tener muy presentes los hechos). Se admiten apuestas, ¿iba el padre en el coche que explotó o el que murió carbonizado fue el indigente?
En fin, que leo en El mundo que esta temporada cada capítulo de la serie será tratado como una película y que abordarán en las investigaciones aspectos de relevancia social como la pena de muerte o el maltrato. ¿Hacía falta? Francamente, yo creo que no. Pero las audiencias de posteriores capítulos dirán.
En Telecinco, mientras tanto, Tú sí que vales arrasó con el resto, mejorando los datos de la semana anterior, y coronando a un nuevo cantante de ópera como estrella emergente. Qué originales. Les ha ido tan bien que, a pesar de que la semana que viene empieza Supervivientes, ellos ya dan fechas para los nuevos casting, para aprovechar el tirón y fastidiar al máximo a Cuatro, que tiene su Tienes talento en fabricación. Antes de que nadie pregunte el teléfono del casting aquí os lo dejo:
Sin tetas no hay paraíso gana a Anatomía de Grey
Yo soy de Anatomía, ya lo he dicho muchas veces. El drama hilvanado con la comedia sutil me engancha, los personajes al borde de un ataque de nervios me gustan, el microcosmos del Seattle Grace me inocula ganas de estudiar medicina (aunque se me pasan cuando voy a mi ambulatorio).
Este fanatismo (lo siento por todos los que habéis pensado que yo era una persona objetiva), me llevó a pensar que Sin tetas no hay paraíso no tenía nada que hacer, sobre todo después del Serranazo. Cuando empezó la reposición de Anatomía de Grey en Cuatro me pasé a Telecinco para evaluar a la competencia y lo que vi no me gustó, así que pensé que los de Anatomía habíamos ganado la noche. Para nada.
Creo yo que parte de culpa del dato de Anatomía la tienen El hormiguero y Pablo Motos, que en el programa de ayer invitaron a Ramón(cín) y eso espanta a cualquiera, sobre todo cuando el tipo, fruto de no sé qué extraño delirio, se puso a enunciar sus consejos de ¡¿belleza?!. Aguanté porque por Anatomía aguanto lo que sea pero entiendo que no todo el mundo está dispuesto a pasar el mismo calvario que yo. El «canon baby» se permitió el lujo de razonar acerca del canon, valga la redundancia, y se hizo mofa con el asunto, él incluido, que es uno de los mercenarios de la SGAE.
Pasada esta angustiosa penitencia se pudo asistir a una más que correcta emisión de Anatomía de Grey, con una pausa de treinta segundos a la media hora y, vente minutos después, una pausa de unos ocho minutos que me permitió hacerme la cena. Disfruté con el episodio y luego pasé a ojear la serie de Telecinco, más por obligación que por interés.
Sin tetas no hay paraíso tiene un planteamiento simple, unos personajes planos y una factura de culebrón de sobremesa, no de prime time. Que la mala sea pelirroja es un tópico ineludible. Que los protagonistas sean guapos es una condición sine qua non. La grabación en exteriores reviste la serie de calidad en la producción. Al personaje de Leandro Rivera y al amigo que participa en carreras de coches no hay quien se los crea. La joven e inocente chica que, por amor, se introduce en un mundo de prostitución y drogas promete drama puro y duro, sin concesiones. Obviamente, en la serie priman los valores como la bondad sobre la verosimilitud. El nombre de la web, la culpa es del amor, lo dice todo. El personaje que más me gustó fue el Inspector Torres, un policía neurótico y obsesivo al más puro estilo Monk que destaca sobre el resto. Los demás son un muestrario de estereotipos que buscan ampliar el target de la serie para hacerse con público de todas las edades y aumentar así la audiencia. Y funcionó.
Casi cuatro millones de espectadores en el estreno auguran un largo recorrido a la serie cosa que me tranquiliza porque así voy a poder ver Anatomía tranquilamente sin tener la sensación de estar perdiéndome algo.
Qué va a pasar con M.I.R.
Telecinco ha tomado medidas con M.I.R. y, después de los datos de audiencia del primer episodio de la segunda temporada, la ha hecho desaparecer de la parrilla para tomar una decisión respecto a la serie. En principio, el viernes se programa una doble sesión de cine en lugar de los capítulos de la segunda temporada, que ya están grabados.
La noticia me sacude por dos motivos: porque la serie me gustaba y porque personas a las que conozco y aprecio trabajan en la serie y lo están pasando francamente mal.
Ciertamente, la serie empezó con claros obstáculos que superar, sobre todo en lo que se refiere a la percepción del espectador, y las comparaciones con Hospital Central y Anatomía de Grey han sido recurrentes. Aunque la primera temporada empezó flojeando, consiguió consolidarse entre la audiencia llegando a tener un número de seguidores bastante digno, que propició la renovación. Con esta segunda temporada, no obstante, la cadena no ha tenido miramientos.
El personaje de Dávila creo que ha sido perjudicial para el libre desarrollo de la serie pero, por lo demás, el producto tenía valores propios que la distinguían del resto de dramas de hospital (unos personajes sólidos, nada estereotipados y con conflictos personales ajenos al hospital; buenas interpretaciones; tramas que contribuyen al crecimiento y a la evolución de los personajes). No obstante, también es cierto que la guerra de las audiencias es dura y que los espectadores, ante la ingente oferta, no nos detenemos a hacer análisis y, a menudo, o se engancha la primer vistazo, o se pierde fuelle.
Ahora veremos qué decisión adopta Telecicno porque la segunda temporada de M.I.R. ya está muy avanzada en lo que a grabación se refiere y, por otro lado, tienen la parrilla comprometida y les va a resultar difícil introducir modificaciones. Igual una solución sería emplazar la serie en Telecinco Estrellas, pero eso sería condenarla al ostracismo. Por otro lado, hasta anoche seguían apareciendo las cortinillas de M.I.R. en la emisión de, por ejemplo, Los Serrano.
Y yo que pensé que los viernes eran un buen emplazamiento para la serie…,. Voy a dejar de hacer predicciones. Mira que critico veces a los programadores pero si trabajase yo de programadora, no duraba en el puesto ni dos telediarios.
Californication, otro gamberro más
Ayer vi los dos primeros capítulos de Californication, la serie de Duchovny que estrenó la Fox y que venía amparada por excelentes críticas internacionales. Y me gustó, aunque tengo que reconocer que empiezo a saturarme de personajes cínicos y perdedores.
El caso del personaje de Duchovny es que a pesar de ser otro anti-héroe, su perfil va más allá de la propia introspección y alumbra una crítica mordaz y dura sobre la sociedad rica de Los Ángeles. Es una especie de títere que deja de dominar su ambiente y pasa a convertirse en un icono vacío. Su proximidad a los asuntos que trata le hacen ser un excelente analista, y su fracaso y su renuncia al sueño de vida americano consiguen que esa crítica sea lúcida y se aproxime a la mirada del antropólogo (y en muchas ocasiones a la del antropófago).
Un escritor de éxito, Duchovny, ve cómo su mundo se desmorona cuando le abandona su mujer y, con ella, se va también su inspiración. Su frustración máxima viene marcada porque su novela nihilista ha sido llevada al cine convertida en una peli de amor ñoña. Nada más lejos de la realidad, una realidad brutalmente sexual.
El sexo es un elemento clave en la serie y sirve de identificación con los asuntos que se tratan. Todo se resuelve en la cama, o se complica, porque el personaje de Duchovny no consigue tener una relación sexual sana, a pesar de que tiene muchas. Se acuesta, sin saberlo, con la hijastra de su mujer, una cría de dieciséis años (aparenta más), que en pleno orgasmo le da un puñetazo. Se acuesta con una ciencióloga reprimida y terminan los dos vomitando en la habitación que su ex comparte con su prometido. Al mismo tiempo, el despertar sexual de su hija de catorce años le lleva de cabeza.
Lo cuento con esta crudeza porque así es como está contado en la serie y desde mi punto de vista funciona. Aunque el sexo pueda parecer protagonista, no es el tema de la serie, es el vehículo que se utiliza para hablar de una sociedad infantil que persigue la imagen de la eterna juventud. Todos son niños, hasta los adultos, y su manera de enfrentarse a los problemas es lo que crea el conflicto. Los guiones son divertidos, inteligentes y no dan tregua al drama, pero el humor es negrísimo. De hecho, el piloto termina con un pantallazo en negro en el que se sobreescribe la palabra
JODER








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