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La tira de La Sexta
Mucho había oído hablar de La tira y varios me habíais pedido que comentase el espacio así que anoche, finalmente, pude ver la serie y, sinceramente, no salgo de mi asombro.
El formato es novedoso, de eso no hay duda, pero desde mi punto de vista La tira tiene los mismos defectos que un formato convencional y esta paradoja induce al zapping. Cuatro comedias de situación de seis minutos de duración cada una intentan expresar un sátira social. Lo intentan, lo intentan, pero no lo consiguen. Gags más que vistos, giros sin sorpresa, historias que se quedan en anécdota lastradas por el corsé del formato.
La producción absolutamente baratera sólo puede compensarse, desde mi punto de vista, con personajes con gancho pero es imposible que un personaje se consolide con tan poco tiempo y menos si sólo se muestra el chiste. Son estereotipos que no tienen iceberg, no tienen más historia que la que se ve.
Las risas enlatadas contribuyen a reforzar lo cutre. No sé si se grabará con público pero si lo hay deberían de darle más protagonismo para que algo pareciera de verdad en todo este asunto. Yo habría optado, manteniendo el formato, por un personaje que cruzase todos los escenarios y que hiciese de hilo conductor. De esta manera creo que el resultado sería más sólido aunque yo en esto ni pincho ni corto y mi opinión es tan válida como un billete de siete euros.
Para colmo, en la ficha del programa de la web de La Sexta veo que venden la serie con la frase recurrente de: «de los creadores de…», y que este gancho también lo utilizaron en la promo que os he puesto arriba. De los creadores de Sé lo que hicisteis… dicen. Más les hubiera valido desarrollar una sitcom a partir de los Paparazzi o de los Tomate Kings. Igual el resultado habría sido mejor.
Esta entrada está dedicada a mis conquistadores favoritos, los dioses de la lluvia que vinieron de lejos para acabar con la sequía mediterránea. No pongo sus nombres porque no sólo de blogs vive el hombre y de vez en cuando también hay que trabajar.
Preguntas de El gran quiz
El gran quiz me tiene fascinada. Cada semana lo veo con incredulidad, con asombro y me repito que no puede ser real.
Hay multitud de detalles que hacen de este un concurso friqui. Por ejemplo: ¿Cómo es posible que Marta Sánchez lea tan mal las preguntas? Son los nervios, supongo, pero se atranca y se traba mientras el cronómetro corre en contra de los concursantes. Hay ciertos vídeos que repiten semana sí, semana no. ¿Para enganchar a algún espectador despistado? Ciertos concursantes son absolutamente repelentes, histriónicos y se hacen los graciosos sin tener ninguna gracia.
Pero sin lugar a dudas en la cima del top friqui están los comentarios acerca de la dificultad de las preguntas: que si a fulano le han tocado las preguntas más difíciles, que si mengano se queja de que le preguntan sobre un tema que no domina…,. A ver, que las preguntas las saben de antemano y sólo tienen que memorizarlas. ¿De qué se quejan? No lo entiendo.
Por último, me fascina ver cómo Nuria Roca intenta introducir tensión en un programa tan poco tenso y anticlimático. Ayer preguntaban a los concursantes a por quien iban, intentando rascar miseria y algo de morbo en este anticoncurso medio reality que por intentar ser muchas cosas se queda en nada.
Europasión, eurotostón
El próximo fin de semana mi adorado Rodolfo Chikilicuatre competirá en Eurovisión y, hasta entonces, Televisión Española promete ofrecer más y más programación sobre el certamen: tiras diarias durante toda la semama, Europasión, semifinales, previa el mismo sábado, web, blog…,. Les falta hacer un Euromaratón. Están muy pesados y no me extraña porque este año se enfrentan a una situación excepcional: la trayectoria del artista tiene fecha de caducidad.
Otros años han tenido mucho tiempo para explotar los beneficios derivados de la participación en Eurovisión a través de galas, conciertos, canción del verano y demás historias pero este año yo estoy convencida de que la muerte de Chikilicuatre ya está diseñada y, por eso, Televisión Española necesita rentabilizar al máximo el tiempo que le queda de vida al personaje.
Yo voy a optar por pasar olímpicamente de los programas especiales porque, dejando a un lado la saturación que suponen, es que no hay quien vea esas galas: reproducen esquemas de los años sesenta, son un desastre de realización, derrochan cutrez y tienen un interés nulo para mí. Reservo mis fuerzas y mi entusiasmo para el sábado por la noche. Hasta entonces, ¡¡perrea, perrea!!
Adiós a El síndrome de Ulises
Se confirman los rumores de que El síndrome de Ulises terminará esta temporada y a otra cosa, mariposa. De hecho, según cuenta el Hastiado ya están desmontando los decorados. La pregunta es por qué una serie como ésta tiene un final tan abrupto e inmerecido.
Opción 1: El caché de los actores supera con creces los ingresos de publicidad. Gente como Miguel Ángel Muñoz, Olivia Molina, Lolita o Fernando Tejero, por ejemplo, son estrellones mediáticos que arrastran a la audiencia y eso hay que pagarlo. Descartada, espero, aunque vaya usted a saber porque eso del caché es un misterio.
Opción 2: Relacionada con la anterior, los gastos de producción, el rodaje en exteriores, las escenas de acción, hacen que la serie sea desmesuradamente cara para su rendimiento y no llega a cumplir las expectativas de la cadena. Esto tampoco va a ser.
Opción 3: La segunda temporada está registrando unos datos de audiencia tristes y sale perdiendo semanalmente frente a La señora, el drama de época de La 1, y frente a La que se avecina, la comedia costumbrista de Telecinco. Esta opción tiene su importancia aunque no sé si ha sido determinante en la decisión.
Opción 4: La productora está haciendo El gran quiz en Cuatro y eso en Antena 3 no ha gustado un pelo así que han decidido mandar a hacer puñetas una serie que no les convencía y por la que no sienten demasiado aprecio. Sería muy televisivo un pique entre cadenas aunque no hay pruebas.
Opción 5: Se han quedado sin protagonista porque Miguel Ángel Muñoz ha decidido irse de misiones a África y vivir de las rentas que va a obtener de la venta de DVD de la primera temporada de la serie. Nadie afirma lo contrario.
Opción 6: Es su serie, es su cadena y ellos con sus cosas hacen lo que les da la gana.
¿Qué pensáis vosotros? A mí la serie nunca me ha gustado demasiado pero a lo largo de estas dos temporadas he podido leer que tenía férreos defensores. Para mí ha sido una serie llena de tópicos, con situaciones muy forzadas, interpretaciones reguleras y con conflictos que nunca me han llegado a enganchar. En este sentido, yo también soy de las que prefiere La que se avecina.
El corazón gana la demanda
No sé demasiado de derecho, la verdad, pero puedo intuir que la hermanísima tendrá un disgusto de padre y muy señor mío porque ha perdido su batalla personal contra la prensa rosa y gracias a su demanda el sector sale fortalecido, legitimado. En este sentido, no sólo ha perdido ella, han perdido los que a diario sufren lo que consideran un maltrato por parte de los paparazzi.
Todo esto me parece un circo bochornoso porque no hay manera de hacerse una idea clara de qué narices pasa. Las fronteras entre lo público y lo privado son tan finas que se diluyen y se mueven constantemente, dependiendo de quién las use y para qué. Los hay que no quieren salir, los hay que quieren salir a veces y otros no desaprovechan una alcachofa. Los reporteros de calle empiezan a tener mala fama dentro del gremio y algunos comentaristas de mesa ya reniegan del trabajo de sus compañeros, un trabajo sin el cual ellos no tendrían nada que comentar y tendrían que quedarse en su casa. Desde las propias mesas de los programas se lanzan bulos que propician que los de la calle se echen encima del famoso de turno para que confirme o desmienta lo que se ha dicho en el plató o en la revista. Triquiñuelas, pactos, llamadas, favores…, todo un submundo que a la mayoría se nos escapa pero que mueve a diario cantidades ingentes de pasta.
Luego están los seguimientos que programas de corte rosa hacen a personas que nada tienen que ver con la farándula pero que son tratados con el tono amarillista correspondiente. Un presunto algo o su familia pueden verse asaltados por un equipo de un programa e interrogados por un suceso luctuoso en plena calle y de buenas a primeras. Suelen ser gente que no tiene las armas suficientes para contratar a un mega abogado que les quite a la prensa de encima. El cabreo y la frustración de estas personas son suficientes para rellenar minutos en parrilla. Los «no sabe, no contesta» también se aceptan y se interpretan.
De todo esto concluyo que el sector es absolutamente insano y que sus métodos están viciados. Una demanda no era la manera de propiciar una reflexión sobre la ética informativa, sobre los procedimientos y métodos que se emplean. Debería partir del propio sector una evaluación, una redacción de un decálogo, algo que diese transparencia a las maniobras económicas y a los métodos de producción. La aplicación de un código deontológico sería una buena noticia pero es como hablar en chino.
El regreso de Caiga quien caiga
Pues ya lo tenemos aquí, por fin. Lo cierto es que Caiga quien caiga mantiene a grandes rasgos las características de su última etapa pero hay que reconocer que los nuevos reporteros y reportera prometen, aunque el asunto de que el programa esté grabado le resta algo de interés. Veremos si se animan a hacerlo en directo o si, por lo menos, los reportajes son de la última semana, más que nada para respetar eso de que es un informativo satírico semanal.
A Frank Blanco le faltan tablas, eso está claro, y quizá estaba nervioso el hombre, pero no hacía más que mirar el guión. ¿No tienen teleprompter? También hubo algunos momentos en los que estuvo cerca de superar los decibelios de Manel Fuentes pero luego rebajó el tono, cosa que se agradece. Si lees esto, Frank, no grites como un histérico, que eso ya no se lleva.
Me parecieron muy inteligentes en lo que se refiere a los contenidos porque tiraron de lo seguro en varias ocasiones. Empezar el programa con Juanra Bonet es lo ideal y hacerle el test a Buenafuente es un punto a su favor, además de que el señor estuvo gracioso.
Me quedo con Estíbaliz Gabilondo, que dejó al Alcalde de El Álamo con una crisis nerviosa en su Proteste ya (a Gonzo le ha salido una dura competidora), y con Miguel Martín que se coló en el abierto de Roma vestido de tenista y, sorprendentemente, dio el pego. Son dos estilos muy diferentes que hacen que el conjunto del programa sea equilibrado.
Pueden darnos noches de gloria si siguen con la impertinencia y no se suavizan con el paso de las semanas. Meter mucha caña puede suponer que los personajes huyan de ellos como de la peste y eso no les conviene, pero para empezar no les dolieron prendas en comentar que a ZP se le habían subido los humos porque pasó de ellos. El equilibrio es complicado pero en él está la gracia y creo que ese debe ser el objetivo. Veremos cómo lo van solucionando.








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