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Eurovisión friki
¡Madre mía! Con lo que Telecinco se metió con laSexta por el asunto de Chikilicuatre y ahora están haciendo lo mismo. Popstar Queen, el alter ego musical de Karmele Marchante, va en cabeza en las votaciones con unos quince mil votos de diferencia con el segundo puesto. Dice Karmele que tiene arte y que se toma el certamen en serio, no como Rodolfo. Esto es de risa y me lo voy a tomar con humor, que es lo que toca. Falta que en la gala de los diez finalistas el jurado, que va a tener un peso en las votaciones del cincuenta por ciento, pase por el aro y le dé alas. Sea como sea, vamos a tener Karmele para rato: si va a Eurovisión, porque va; y si el jurado le da la espalda, hablarán de boicot.
Este año se han validado trescientas trece candidaturas y se han presentado la mitad de candidaturas que el año pasado. Curiosamente, desciende el interés de los artistas desconocidos por el certamen pero se incrementa la afluencia de frikis televisivos, gente de realities y demás fauna. La lista de participantes casi parece un catálogo de casa del terror: Malena Gracia, Leonardo Dantés, Two Yupa (que estuvo casada con Rappel), Chimo Bayo…,. En fin, que todos tenemos derecho a buscarnos las castañas como sea, faltaría más, y todo esto no me parecería tan lamentable si lo hiciera una cadena privada, pero la pública…,.
No me voy a poner pesada con el asunto de que esta pantomima la pagamos entre todos y demás, que eso ya lo he dicho muchas veces. Respeto a la gente que disfruta con el certamen, que para gustos los colores, pero no entiendo cómo desde Televisión Española se siguen rompiendo los cuernos en dignificar algo que, a día de hoy y gracias a sus medidas «aperturistas», no hay por dónde cogerlo. Durante la selección abren las puertas, se benefician de los votos a candidaturas que no quieren, harán una gala con mucha audiencia, pero al final creo que elegirán a alguien que no moleste demasiado pero que no entre en la órbita de los raros, por decirlo de alguna manera, y , sobre todo, se ocuparán de que el elegido no gane porque parece que ganar sea la tragedia del siglo.
Si de mí dependiera haría una selección bizarra a más no poder y llevaría a Eurovisión a Karmele, venga, a pesar de que no me guste su rollo. Por lo menos la gente se divertiría, se entretendría, y no se tomaría en serio un certamen que hace años que huele a muerto y que le cuesta a la cadena un riñón.
¡Ah! Y no viene a cuento pero no quiero que se me olvide. El domingo vuelve Salvados buscando a Maradona.
‘Los Simpson’: los mejores secundarios
Qué sería de Los Simpson sin los personajes secundarios, esos que aparecen de vez en cuando para animar ciertos capítulos. Yo tengo a mis preferidos y os los dejo aquí abajo. Ha sido difícil escoger unos pocos pero tenía que elegir si no quería que la entrada fuese tan larga como un día sin pan. He puesto a cinco, pero vosotros podéis, como siempre, añadir a vuestros favoritos en los comentarios.
- Hank Scorpio.
Dueño de Globex, le ofrece a Homer el empleo de su vida en una fantástica empresa. Es un villano simpático que parodia a los malos de James Bond y que está basado en el americano Richard Branson. Me encanta este tipo. Yo creo que yo sí que habría terminado trabajando para él.
- Frank Grimes, alias «Graimito».
Este pobre…,. Su máxima aspiración era que se reconociese su trabajo y poner en evidencia la absoluta incompetencia de Homer. No lo consigue. En cierta manera me identifico con él y creo que este personaje representa a todos los que alguna vez nos hemos quejado en el trabajo de lo inútiles que son nuestros compañeros. Su final no podía ser otro. Su hijo intentó vengarle en otro episodio pero tampoco lo consiguió.
- Troy McClure.
Su momento de mayor gloria en la serie es cuando decide casarse con Shelma para ocultar su fetichismo sexual por los peces, pero a mí me gusta verlo presentando los especiales sentado en un sofá, muy a lo actor de Hollywood. Siempre sonriente y muy en su papel, es un superficial que lucha siempre por mantener las apariencias. El personaje tiene un final trágico. En 1998 su doblador, Phil Hartman, fue asesinado por su mujer y desde entonces Troy aparece en la serie pero no habla. Pasó lo mismo con el personaje de Lionel Hutz, también doblado por Hartman.
- Eleanor Abernathy. La loca de los gatos.
Esta mujer es el paradigma del fracaso en la sociedad americana. Con una infancia muy difícil consigue, gracias a su inteligencia privilegiada, asistir a la universidad pero la vida puede con ella y termina convirtiéndose en una señora alcohólica que vive rodeada de gatos. Es uno de los personajes habituales cada vez que se habla de pobreza en Springfield.
- Utter.
De entre todos los niños he escogido a Utter, el estudiante de intercambio alemán al que se terminan comiendo. Me hace gracia por varios motivos: porque representa el estereotipo europeo en la serie, porque siempre está contento pese a que las circunstancias no sean propicias y porque su forma de entender el mundo es totalmente distinta a la del resto de personajes. Cada vez que veo algún episodio en el que sale no puedo evitar pensar: «Pobre Utter».
¡No te vayas, Alec!
El disgusto del día, de la semana, del mes, del año. Dice Alec Baldwin que en cuanto acabe 30 Rock, en dos años más o menos, se retira. En sus declaraciones hay algo de tristeza, como una especie de depresión latente, y muestra poca satisfacción por su trabajo. Dice cosas como:
«La meta de hacer películas es protagonizar un filme donde tu actuación domine y que sea un éxito de crítica o comercial. Y yo nunca tuve eso».
En cine seguramente no, pero en televisión su personaje de Jack Donaghy (30 Rock), es lo mejor que ha parido madre en mucho tiempo, le ha popularizado, y ha hecho de él un actor premiado y reconocido. ¿Qué está pasando entonces? ¿Ser un actor de culto no es suficiente? No muchos pueden presumir de tener un personaje en Los Simpson y el episodio de Alec es brutal. También tiene un muppet.
Yo espero que esto sea un berrinche promocional como cualquier otro pero, más allá de eso, me ha resultado curioso que un tipo que triunfa en la tele quiera dejar de intentarlo, con lo que difícil que es y con la cantidad de gente que mataría por tener la imagen que él tiene actualmente. Igual el problema está en que triunfa en comedia y no en drama, pero de siempre la comedia es un género mucho más agradecido, y muy difícil de hacer, sobre todo bien.
Así que yo le pido a Alec Baldwin que no se vaya. El tipo forma parte de algunas de las películas clave de mi iconografía generacional y, aunque a él le parezcan poca cosa (está feo eso de despreciar los trabajos que uno ha hecho), ya son clásicos que forman parte de las listas de películas de culto. Por favor, protagonizó Bitelchús, de Tim Burton, hace veinte años. Cómo ha cambiado desde entonces.
Samanta Villar: la realidad supera la ficción
En el vídeo de arriba podéis ver, en los primeros minutos, las imágenes del robo que trae de cabeza a Samanta Villar. A pesar de que la familia gitana a la que ella acompaña le exculpó del delito, el juez ha considerado procedente abrir un proceso contra ella como coautora de los hechos. De todo esto lo que más me interesa es la lección que podemos extraer: quizá ella sabía que era un robo, o puede que no, pero en la imágenes parece que lo sabe y ya sabemos que todo lo que aparece en la tele va a misa.
El importe del robo denunciado asciende a 935 euros, según ella dice en el vídeo de la venta de aquellos hierros sacaron sólo veintitrés euros con ochenta céntimos, el programa pagó a la familia cuatrocientos miserables euros por acoger a la reportera en su chabola así que, se mire por donde se mire, a esta familia le tocó la negra cuando decidió dejar que grabasen su vida por estos sin escrúpulos. Viendo que cometieron un robo del que sacaron como beneficio veintitrés euros, es más que comprensible que los cuatrocientos euros que les ofrecieron les parecieran una millonada. La familia gitana es la que más tiene que perder en todo esto y me parece inmoral que desde Cuatro no se responsabilicen del asunto. ¿Qué pensaban que iba a pasar con esas imágenes? Semanas después Samanta Villar hizo como que se gastaba toneladas de dinero en frivolidades. Este programa tiene poca memoria.
El asunto es que, en su defensa, Samanta Villar parece que ha declarado que frases del tipo «tengo el corazón a dos mil por hora» son frases típicas que se dicen en un programa de televisión. Me encanta este giro argumental de los acontecimientos. El programa recrea tan bien «la realidad» que a la hora de desmentirla se queda sin pruebas. Ella conducía la furgoneta porque era la única que tenía carné. ¿De verdad? A mí me da por pensar que varios de sus acompañantes, aún sin carné, son conductores habituales, aunque esto son imaginaciones mías, pero para el programa venía muy bien participar del numerito.
Aprovecharse de la realidad para montar una ficción propia a costa de terceros es muy televisivo, pero puestos a elegir yo habría preferido que participase en el soborno a un concejal, por ejemplo, en un programa-denuncia de la corrupción urbanística, antes que poner en la picota a gente que no tiene ni para comer. Pero, claro, los que no tienen ni para comer son más fáciles, más manejables.
No creo que este proceso abierto contra Samanta Villar llegue muy lejos. En cualquier caso siempre puede terminar haciendo un programa sobre ello porque, como acostumbra a decir, no es lo mismo contarlo que vivirlo. Sólo espero que para futuras ocasiones se piense mejor qué graba y qué no, se dé cuenta que el ser periodista no la exime de nada en el mundo real y que si quería realidad para su programa, ésta es la dosis exacta. Unas imágenes falsas que ella adorna con nervios fingidos, según ella misma explica, se usan en un juicio real por robo. Esto sí es telerealidad y lo demás son tonterías.
Eurovisión se blinda contra los frikis televisivos
Justo ayer preguntaba en la página del blog en Facebook si era lo mismo el caso Chikilicuatre que el caso Karmele, porque los de Sálvame parecían dispuestos a presentarla a Eurovisión con el nombre de Popstar Queen, y hoy leo que desde Televisión Española anuncian medidas, aún sin concretar, para evitar lo que ellos consideran un campaña de marketing del programa de Telecinco.
De la noticia me ha llamado la atención el siguiente párrafo:
«El precedente de la presencia de Chikilicuatre en Eurovisión, impulsada por laSexta, invalida los argumentos en contra de Karmele que puedan esgrimir los directivos de RTVE».
No puedo estar más en desacuerdo. ¡¡No es lo mismo!! Lo que hicieron desde laSexta fue una parodia sobre el concurso en sí con humor, con un personaje que contenía una crítica explícita tanto a Eurovisión en sí como a un género musical. Lo de Karmele es la simplificación de aquello y no tiene ni mucho menos su enjundia ni su calidad. Lo han intentado, sí, pero parece que va a salirles el tiro por la culata. Desde Televisión Española hasta han valorado la posibilidad de emprender acciones legales por mal uso de «Eurovisión», que es una entidad que están encargados de proteger (eso ya me parece demasiado).
Se quejan de la campaña de marketing de Telecinco destinada a mantener las audiencias de Sálvame. ¿No recuerdan acaso que la edición de Chikilicuatre fue una de las más vistas? Si de los que se trata es de tener audiencias, podrían haberlo aprovechado pero no parecen estar dispuestos a ello, todo sea por el buen nombre de Eurovisión. En este sentido, parece que tienen claro que van a apostar por artistas profesionales y por la calidad. Es decir: vuelta a los orígenes. ¿Seguirán acogiendo candidaturas en Internet? Porque no sé quién podrá querer presentar su vídeo y llevarles tráfico a la página si de antemano parece que ya está todo atado y bien atado.
Lo que no termino de entender es qué papel tendrá Eurovisión en una cadena pública con recortes como los que están sufriendo últimamente, con un presupuesto que hace aguas. Pero por lo visto darle la espalda a Europa es impensable y hay que seguir gastando dinero en esta pamplina que tenía su sentido hace un tiempo, cuando había que promocionar el país en Europa, pero ahora eso ya no importa. Son otros los que se promocionan. Podrían decidirse a ganar alguna vez, para variar. Eso, y no la calidad de los cantantes, sería lo único que revitalizaría el concepto de Eurovisión en nuestro país.
Aprovecho para dejaros mi canción favorita de España en Eurovisión. Es el grupo Bravo, concursaron en 1984 y quedaron en el tercer puesto con 106 puntos. Eso sí que fue un golpe en la España de aquellos años, con una democracia en pañales y con unas ansias tremendas de europeización. Aún me sé la letra de memoria:
De todas formas, lo de los frikis televisivos tiene tradición, que conste. En 1988 en Cataluña el programa Malalts de Tele, conducido por Toni Soler, impulsó la carrera de Josmar, que en su web se define como «performance music», a Eurovisión e intentaron presentarlo por Andorra. En aquellos tiempos dio un concierto al que acudieron más de tres mil personas y el sigle vendió diez mil copias. Ahí es nada.








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