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Los ilusionistas de nuestra vida
Está visto que cada generación tiene a su Uri Geller particular. Aunque el nivel de celebridad alcanzado por Geller y sus cucharas no ha sido conseguido por nadie después. No en vano, él ha sido el único en atravesar la cuarta pared.
En los años 90, el mago por antonomasia fue Tony Kamo, un mentalista que hipnotizó a los famosos en Hola Raffella. Nadie en su sano juicio se creía nada, o casi nada. Empezábamos a ser algo escépticos con el tema, pero Tony se hizo famoso al conseguir que la gente hiciese lo que él quería.
Después apareció David Cooperfield, el típico mago espectáculo. Sus números no dejan a nadie indiferente, aunque todo el mundo tiene claro a estas alturas que son simples trucos, pero monta bien el espectáculo, es guapo y se casó con Claudia Schiffer. Un mago de la imagen, sin duda. Os dejo el vídeo de cuando atravesó al Gran Muralla China.
He dejado para el final a la perfecta combinación de los dos anteriores; al que intenta hacer espectáculo pero al final no se lo cree nadie: Anthony Blake. Yo no sé que umbral de ridículo tiene este hombre, pero es altísimo. Intenta dárselas de súper-mago pero sus trucos son baratos, eso sí, rodeados de una gran parafernalia. La gente que sale en sus programas son actores (lo sé de buena tinta), y él tiene tanto carisma como un calamar.
El salvaje oeste
La tele nos ha ofrecido una selecta y restringida visión de lo que fue el salvaje oeste con imágenes de heroicos vaqueros, relatando amores desgarradores, mostrando la dureza de la vida en esas tierras sin civilizar,…,. Todo imágenes de tierras áridas, azotadas por la pertinaz sequía del desierto. Y, por fin, la felicidad de las gentes humildes y sencillas.
En Bonanza (1959), los Cartwrigth eran una familia de hermanos con los diferentes prototipos aburridos. La sintonía de la serie y la imagen del mapa ardiendo en la introducción han perdurado en el imaginario colectivo hasta nuestros días.
En La casa de la pradera (1974), Michael Landon, separado de su «familia» de Bonanza, llega hasta las tierras salvajes para levantar su hogar y asentar a su familia. Las desgracias serán combatidas con un amor pasteloso y empalagoso hasta la diabetes.
En Norte y Sur (1985), las dinastías de los más ricos del lugar se enfrentaban y se dividían por la guerra de secesión americana. Cuando veía de pequeña esta serie, con unos diez añitos, confieso que me enamoré perdidamente del cojo Orry, encarnado por Patrick Swayze. Ya de mayor, y viendo la reposición en Cosmopolitan, me pregunto cómo soporté la serie entera y me pregunto cuántas neuronas perdí en el trance.
En Ana de las Tejas Verdes (1985), una pobre huérfana es adoptada por dos hermanos, los ancianos Marilla y Matthew Cuthbert. El carácter fantasioso y romántico de Ana le permitirá capear las desgracias que la vida le ha impuesto (su orfandad, su pelo rojo…). El antecedente la serie está en la versión animada de 1979 y la serie generó un spin off llamado Camino a Avonlea (1989).
Jóvenes jinetes (1989), era una típica serie de rebeldes adolescentes pero ambientada en el oeste, con amoríos y peligros de los que salían airosos estos jinetes del Pony Express. Para qué engañarnos, si vi la serie y grabé los episodios en vídeo fue porque yo era adolescente y ellos estaban de toma pan y moja.
La Doctora Quinn (1993) situa en el salvaje oeste la lucha feminista de una «mujer medicina» que, además de ser médico, es blanca y ¡ayuda a los indios! Todo un ejemplo a seguir.
Cosas de marcianos
Cosas de marcianos es una de las mejores series que podemos ver en la parrilla nacional. Los responsables de la producción son los mismos que idearon Aquellos maravillosos 70 y han mantenido la dinámica de la comedia absurda, pero esta vez utilizando a unos extraterrestres como testigos y jueces de las rarezas humanas.
John Lithgow es Dick Solomon, el patriarca de la familia y el comandante de la expedición. A sus órdenes están Sally, Harry y Tommy. Pese a que la dilatada experiencia en comedia de Lithgow es un grado, el resto de tripulantes de la nave extraterrestre están a su altura, dándole la réplica con una efectividad demostrada.
Los toques de ciencia ficción se contraponen al rígido mundo académico en el que Dick desarrolla su faceta de profesor universitario y donde se enamora de la doctora Mary Albrigth, una severa y seria mujer que vive a remolque de las divertidas excentricidades de Dick. De entre el resto de secundarios destaca Don, el policía novio de Sally que ya hacía de un raro Newman en Seinfield.
The Fresh Prince of Bel-Air («El príncipe de Bel-Air»)
Imposible no recordar esta serie, imposible no haberse reído con ella. El príncipe de Bel-Air fue una de las sitcom más conocidas de los años 90 y Will Smith se convirtió en alguien familiar para todos. Quién le iba a decir por aquel entonces que terminaría siendo nominado al Oscar (¡y más de una vez!).
Will, un gamberro de Filadelfia, se va a vivir con sus tíos ricos huyendo de ciertos problemillas en su barrio. El contraste entre los estirados familiares ricos y el gamberro de Will dio lugar a multitud de situaciones grotescas. Sin duda, el éxito de la serie radicó en el fantástico diseño de personajes, un abanico de estereotipos llevados al extremo, caricaturizados, que servían para ilustrar situaciones y problemas de actualidad (conflicto generacional, marginación, racismo,…). A destacar:
- Geoffrey: el mayordomo inglés. Su humor inglés era el encargado de dibujar con trazos irónicos y sarcásticos la realidad de la casa.
- Carlton: el primo tonto, pero tonto, tonto. Un especie de Sancho con jersey de cuello de pico.
Como curiosidad, en esta serie sucedió algo poco habitual en las sitcom y más propio de las soap opera: la madre, Vivian, fue interpretada por dos actrices (Janet Hubert-Whitten y Daphne Reid). Además, interpretaron a algún personaje o se interpretaron a sí mismos: Tyra Banks, Jay Leno, Tom Jones, Quincy Jones…
GET A LIFE («BÚSCATE LA VIDA»)
Serie de los noventa (1990-1992), emitida en España por Canal+, en la que se contaban las aventuras y desventuras de Chris Peterson, un soltero de 30 años que vivía con sus padres y se ganaba la vida repartiendo periódicos. Sus padres se pasaban el día en la cocina de la casa, en bata, como si nada. El padre en la serie también era el padre del actor en la vida real y la actriz que interpretaba a la madre, Eileen Conn, fue responsable de los guiones junto a Chris Elliott. A Eileen Conn también le debemos algunos capítulos de Loco por ti y salió en un episodio de Los problemas crecen.
Búscate la vida era una serie totalmente absurda y ahora, después de muchos años de terapia, estoy dispuesta a reconocer que Chris Peterson me sacaba de quicio, lo odiaba, pero al mismo tiempo no podía prescindir de ninguna de sus desventuras.
Con estética de sitcom (pocos decorados, risas enlatadas,…), la serie es una dura crítica al ideal de vida americano que reflejan otras comedias de situación y pone en evidencia la hipocresía de una sociedad libre en la que los «tarados» no son aceptados.
Entre muchos homenajes a la cultura friqui de la época, recuerdo de forma entrañable el capítulo dedicado a recordar a E.T. y en el que Chris se encuentra con un estraterrestre al que llama Vomitón (Visitante de Otro Mundo que Impacta en la Tierra… Ocho Nabos).








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