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Mueve tu mente, nuevo concurso de La 1
Otro concurso para Televisión Española. El próximo lunes en prime time estrena Mueve tu mente, un programa de agilidad mental que pretende poner a prueba las mentes de la ciudadanía y calcular la agilidad cerebral de los concursantes. Adornado con la etiqueta de «interactivo«, el programa viene acompañado de una intensa campaña a través de preguntas en las emisiones de la cadena y una web en la que podemos ir entrenándonos de cara al especial del lunes. Yo he sacado ocho miserables puntos, quizá debería de dejar de ver tanta tele.
Los especiales estarán protagonizados por famosos y por colectivos (rubias, raperos, intelectuales, futbolistas…), y los resultados servirán para elaborar una suerte de estudio sociológico que marcará las capacidades según sexo, edad, religión…,. Todo muy científico.
Aunque inspirado en un programa francés, Mueve tu mente reúne las características de algunos de los concursos más recientes en la historia de nuestra televisión como Gente de mente (Cuatro), o Uno contra cien (Antena 3). En el primero los concursantes famosos demostraban su pericia intelectual y en el segundo participaban colectivos.
En cualquier caso, parece que es mandamiento de Televisión Española ese de «ponga un famoso en su tele» pero eso sí, tratándolo con respeto y consideración, sometiéndole a pruebas para acercarle a la sociedad, humanizando al personaje. A ellos les funciona.
Lo de las conclusiones estadísticas es totalmente anecdótico e incompresible si manejamos términos como rigor, pero no nos olvidemos que estamos hablando de televisión. Qué mejor para un concurso que hacer competir a colectivos enteros si con ello se consigue audiencia. Es la competición elevada al grado sumo. Si os fijáis en los programas que siguen esta fórmula, los grupos suelen ser estereotípicos y nada definidos, apoyados muchas veces en profesiones. Es decir, son cajones de sastre donde cabe cualquiera y en los que cualquier ciudadano puede encontrar su sitio.
Yo sigo prefiriendo los concursos individuales, tipo Pasapalabra, Alta Tensión o Saber y Ganar. Son más convencionales pero es que me cuesta identificarme con colectivos predefinidos. Aquí os dejo un vídeo del concurso de mis sueños en el que jamás tuve la oportunidad de participar. Por éste me merecería la pena hacer un viaje en el tiempo.
Peta Zetas se muda al sábado
Crónica de una muerte anunciada. Peta Zetas se emitirá en el late night del sábado, compitiendo con La noria, en un intento por frenar la caída de audiencia.
Aunque en contadas ocasiones les ha funcionado, la reubicación en parrilla en Antena 3 suele responder a una estrategia de la cadena para hacer ver que han intentado por todos los medios sacar adelante el programa, pero el resultado, la mayoría de las veces, supone la finalización de la emisión.
No diré que echaré de menos el programa. Vi el primero con mucha ilusión pero la decepción fue tan considerable que ya no le dediqué ni un minuto más. Ni siquiera vi la aparición de Parchís, y eso que el morbo que sigue generando el grupo es importante.
La promoción, igual que ocurrió con Gominolas, ha hecho mucho daño al programa. Vendieron algo que no tenían y defraudar una expectativa en televisión es casi un delito, sobre todo tratándose de un programa de late night que requiere que el espectador trasnoche.
El hueco del lunes lo llenará un reportaje de investigación de El Mundo TV sobre El solitario en el que aparecerán declaraciones en exclusiva de su novia. Para Antena 3, El solitario debe de ser como la gallina de los huevos de oro. La mini serie les dio tan buenos resultados que habrán pensado que esto también funcionará. Y seguro que funciona mejor que Peta Zetas. Los reportajes de El Mundo TV, con la etiqueta de «polémica», son la mar de resultones.
Aunque un reportaje y una mini serie no tengan nada en común, el público de Antena 3 tiene estómago suficiente como para digerir formatos tan diferentes como si nada. Además, el reportaje se emitirá después de Física o química, otra serie que va a dar que hablar y que yo pienso ver mañana en Internet, y cuyo estreno hará unos buenos números que dejarán audiencia residual al reportaje.
Aprovecho ahora para hablar del flow en televisión. Un concepto heredado de la psicología y que habla de la experiencia del espectador ante la programación. Lo recibido de un programa determina la percepción del programa que se emite antes o después. Así, según el flow, detrás de Física o química, una serie que tiene tramas basadas en la realidad social más dura, funcionará mejor un reportaje de actualidad sobre un tema de trascendencia social que un late night blanco basado en la comedia y en la nostalgia.
En resumen, que a Peta Zetas le quedan dos telediarios. Ahora no sé si el rollo que os he soltado merecía la pena o si más me hubiese valido solucionar el tema publicando un mensaje en el Twitter.
En La tele que me parió: Peta Zetas, un zapping de los Ochenta, El Solitario no puede con Sin tetas no hay paraíso
Peta Zetas según Glenclous

Inauguramos la sección de REPORTEROS INTRÉPIDOS con las reflexiones de Glenclous acerca del fenómeno Peta Zetas. Digo fenómeno porque parece que ha conseguido sacarnos a todos de nuestras casillas. Aquí la crónica desgarrada de una sufridora, al más puro estilo Un, dos, tres.
Yo pasé todo el programa sufriendo por el pobre de sonido que tenía que estar en el control con cascos. Si Corbacho normalmente grita, ayer berreaba literalmente. Y esto, independientemente de la calidad del programa, va a ser la razón principal de que el programa se vaya al garete por una razón sencillísima: Este programa se emite tarde y muchos de los espectadores tendrán gente en casa durmiendo: niños, personas que tienen que madrugar, etc. Ese era mi caso ayer, y os prometo que aguanté el programa por la picada que me echó Ruth el otro día, jiji. Cuando hablaba Corbacho, volumen abajo. Cuando hablaba algún otro colaborador, volumen arriba porque no te enteras. Cuando Corbacho le interrumpe, volumen abajo (y como le interrumpe, no te da tiempo y ya temes por la persona durmiente de la casa). Entra un vídeo, volumen arriba con ración triple de botón, porque los vídeos estaban bajísimos en comparación con el sonido de plató. Terminaba el vídeo y sólo con el sonido de los aplausos, sin que interviniese el presentador, los salones de toda España, normalmente silenciosos a las dos de la mañana, retumbaban, y hala, volumen abajo. No es normal tener que ver un programa con el dedo constantemente en el volumen del mando. Y parece una tontería, pero una vez pasada la novedad, la gente prefiere ver late-shows a un volumen fijo. Suficientemente alto para escucharlo bien, y suficientemente bajo como para no despertar a la gente de otras habitaciones. No es tan complicado.
Peta Zetas, un zapping de los Ochenta
Con cierta precaución me dispuse a ver anoche Peta Zetas. Por un lado, el revival ochentero atraía mi atención poderosamente. Por otro, Corbacho y compañía me hacían temer lo peor. Finalmente, el programa no está mal, se deja ver, pero no es en absoluto lo que a mí me gustaría ver.
Ante un vídeo de Milli Vanilli, por ejemplo, yo misma soy capaz de articular un recuerdo apoyada en la nostalgia, no necesito las intervenciones del presentador y los colaboradores que tiran ostensiblemente de guión y que aportan poca pasión a las imágenes. Los diálogos medidos y consecutivos están alumbrados de forma evidente por el texto. Para mi gusto, la cosa habría funcionado mejor si el programa permitiese al equipo del programa hablar de recuerdos friquis, como una de esas conversaciones absurdas que siempre culminan con un: “¿Os acordáis de Ulises 31?”. Que no digo yo que Corbacho y compañía no sean unos friquis de los Ochenta, pero no lo demuestran. Y puestos a pedir, creo que este programa habría funcionado mejor con gente como los chanantes, que ya nos deleitaron con Smonka!,.
Las referencias ochenteras, eso sí, están muy cuidadas y rezuman en cada detalle. La música, con la sintonía inicial de Depeche Mode (que no sé si es la original), y la final de Seguridad Social, aunque cantada por Corbacho. El boli de Corbacho, de esos de cuatro colores (¿quién no tuvo uno?). La rotulación y la imagen general del programa. Hasta la web, un pantallazo antitecnológico como mandaban los cánones de los Ochenta y a la que hora resulta imposible acceder.
Empezó mal la cosa cuando se utilizó la teta de Sabrina como gancho para mantener al espectador en el programa con una imagen que se ha repetido hasta la saciedad desde aquella Nochevieja de hace veinte años. Cuando Corbacho presentó a los colaboradores, Enrique del Pozo salió gritando “¡¡jujuuu!!”, al más puro estilo José Luis Moreno, e interpretó un sainete absurdo con el disco chino como polémica. Y a mí Corbacho no me molesta, aunque no es santo de la devoción de muchos (su foto de los Ochenta es brutal).
Como buen programa de vídeos, han articulado una presentación en forma de ranking bastante sugerente y efectiva: Los timadores, mitos convertidos en friquis y frases célebres. Una buena manera de ubicar al espectador y de hacerle partícipe de la memoria colectiva. Interesante el duelo entre objetos de los Ochenta, pero resuelto de una forma pasmosa, con una votación con pompones y el walkman surcando los aires.
Si dedicasen más tiempo a los vídeos me tendrían abonada a la emisión, pero pesan, demasiado para mi gusto, los chistes fabricados de los presentadores y la falta de espontaneidad. Con lo que me gustaba Mitomanía, por ejemplo.
Fama ¡a bailar! Nonstop
Ayer dediqué un rato a ver la emisión de Fama que ofreció Cuatro por la tarde porque entre semana pienso seguir siendo fiel a Sé lo que hicisteis… y el programa no me sorprendió en absoluto, con la excepción de algunos puntos que claman al cielo.
¿Es posible que Cuatro tenga becarios como realizadores? Porque si no, no me explico cómo vuelven a caer en los mismos fallos que Supermodelo. Planos imposibles, movimientos de cámara inexplicables, y esto con el agravante de que el programa estaba editado, no era en directo. Si esto era lo mejor que tenían, no quiero ni imaginar cómo será el material descartado. Un ejemplo: una actuación en un salón diáfano con dos columnas a los lados, ¡¡y las columnas se interponen en el tiro de cámara!!
Para la publicidad han seguido el ejemplo de la Fórmula 1 en Telecinco. Es decir, ventanita al canto (de la pantalla), para ver la Escuela (no confundir con Academia o con Centro de Formación), en directo y los comerciales a la vez. No es necesario y resulta poco efectivo en una tanda publicitaria de quince minutos porque en la ventana se intuyen unas diez personas dando saltos y moviéndose pero, a no ser que tengas una sábana de pantalla en el salón, la imagen es tan pequeña que no se aprecia ningún detalle.
El look oculto de los ochenta, con la estética industrial de Flashdance, o el nombre y la tipografía del programa, como ya comentamos aquí. Pero sobre todo la música, que hace que un buen montón de espectadores que no vivieron la década gloriosa vayan locos intentando averiguar qué canciones suenan en el programa porque no ponen el título de los temas ni los intérpretes. Y a esto tengo que apuntar que son versiones malísimas de los originales. Sacrílego es lo que han hecho con el Wonderful life de Black, y todo por no pagar derechos. Aquí el clásico para deleite de los sentidos.
Como reality el programa es bueno. Lágrimas, competitividad, dureza, sacrificio…,. Los concursantes tienen una aura de hipocresía que no se la acaban: se abrazan y se besan sin parar, pero las puñaladas traperas van que vuelan. Los profesores van de buen rollo pero se ponen serios en los momentos requeridos. ¡Ah! Y ya tenemos dieta para la concursante que, a pesar de su sobrepeso, baila como pocas. La ilusión de su vida es que la levanten al vuelo (hacer un truco lo llaman), y ya le han puesto a su disposición un nutricionista. Por su bien, espero que su futuro no sea el de acompañar en los anuncios de adelgazantes a Rosa de España. Y me da lástima Marcos, la cuota friqui del programa, un chaval que es sistemáticamente maltratado por un sector de los concursantes porque creen que no tiene méritos para estar en el programa. Espero por su bien que no termine como Raquel, la friqui de Supermodelo.
Oda a las buenas personas de Renault
A veces la publicidad es engañosa y en otros casos, como el que nos ocupa, la publicidad trata de engañarse a sí misma. ¿Qué pensarían los responsables de la marca al ver este anuncio? ¿Por qué creyeron que podría funcionar? Claro, otros anuncios de este corte ya han pegado el pelotazo y eso es buena señal, pero no se dieron cuenta de que esta campaña era una copia burda. Supongo que el problema estriba en que los responsables de la marca no son treintañeros.
El anuncio en sí hubiera triunfado de haber sido el primero, pero no lo es. Desde mi punto de vista, deberían de haber elegido otro enfoque que los distinguiera de los anuncios maestros (de hecho, uno de los anuncios maestros es el suyo). No me vale que hayan utilizado los chistes típicos, como el de los Playmobil, para darle otro aire a la historia.
Me siento insultada porque pensaron que podrían engañarnos con una artimaña tan pobre. ¿Acaso la nostalgia se dispara viendo imágenes de Marco con la banda sonora de Rocky de fondo? ¡Bah! La publicidad es un arte y, cuando está bien hecha, me encanta. Por eso me molesta tanto que hayan intentado darnos gato por liebre con esta historia. Construyeron una fantástica imagen de marca con el anuncio de La historia interminable y ahora se la han cargado con esta campaña. Qué fraude y qué desastre.
En La tele que me parió: Coca Cola y los años 80 / Renault Mégane y el surrealismo








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