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Torchwood en Cuatro
Anoche Cuatro empezó la emisión de Torchwood, una serie de la BBC 3, spin off de Doctor Who. Como curiosidad, el título de la serie sale de reordenar las letras de «Doctor Who», sistema que el canal utilizaba para proteger la serie antes las copias de los capítulos.
La primera temporada son trece capítulos que esperemos que Cuatro ofrezca íntegramente, vista la poca paciencia que se gastan ante los bajos índices de audiencia. La emisión de Seis grados de la semana pasada ya ha sido condenada al ostracismo. Bien es cierto que Torchwood se emite los domingos a la una de la mañana, cosa que deja clara las pocas esperanzas depositadas en el producto.
Me resultó interesante del capítulo de ayer el tono futurista y apocalíptico de la serie, que nos mostraba Londres Cardiff desde un punto de vista aéreo, esto es, lejano y frío. También me gustó el tono «europeo» de la producción, muy lejos de un macro-presupuesto americano, y que se dejaba sentir en los personajes (ni excesivamente guapos, ni excesivamente jóvenes, ni excesivamente perfectos).
Los efectos especiales en una serie cuyo argumento es la lucha contra una invasión alienígena son un poco toscos (por decirlo suavemente), y el ambiente del escondite de Torchwood está más cerca de la imaginería de Julio Verne que de los esterilizados pasillos de los laboratorios de C.S.I. o Men in black.
Un Londres Cardiff invadido por extraterrestres sangrientos y una brigada secreta que lucha contra la invasión y el exterminio de la raza humana encajan perfectamente en el perfil de Cuatro, que últimamente se mantiene en esa lucha por ser el canal de lo paranormal.
[ACTUALIZACIÓN – 24 de agosto de 2007] ATENCIÓN FANS DE TORCHWOOD. A todos aquellos que tenéis el estómago de seguir Torchwood en Cuatro en las madrugadas de los domingos (lo del estómago lo digo por el horario nefasto de emisión), os interesará saber que estamos a punto de asistir al final de la primera temporada. Para este próximo domingo Cuatro ha programa tres episodios y quedan tres para que termine la temporada que se emitirán, si la cadena no lo impide, el domingo 2 de septiembre. Estáis avisados.
El negociador en La Primera
Yo no sé si es porque es un concurso de mañanas, o porque a Javier Capitán le queda grande el papel de maestro de ceremonias, pero lo cierto es que el programa es flojo donde los haya. El negociador promueve, como Identity, la intuición del concursante y su capacidad de riesgo. Un concurso para gente con ¡¡nervios de acero!! Además, el público jalea también (esto está de moda), y hay un familiar que opina y aconseja al concursante.
Podría ser todo muy anecdótico pero el problema viene cuando a Javier Capitán le sale la vena compasiva y ofrece euros a diestro y siniestro con tal de que el concursante no se vaya con las manos vacías. Eso merma terriblemente el interés del concurso porque queda en evidencia el hecho de que, en realidad, el concursante no depende de sí mismo, al menos no del todo, y Capitán puede ser muchas cosas pero no lo imagino como un sargento sádico que disfruta viendo cómo la gente se vuelve a casa con las manos vacías. En fin, que sabemos que van a ganar dinero y lo que queremos es que sufran y no se lleven nada, para qué negarlo.
Está claro que los concursos de la mañana, de antes de comer, tienen que ser ligeros y amenos (la audiencia lo prefiere así), pero en esa línea hubo opciones mejores que parece que han caído en el olvido. Reivindico la vuelta de 3×4 (1988), y de No te rías, que es peor (1990-1995).
Matrimoniadas en Telecinco
La sombra de las Mama Chicho planea de nuevo sobre la cadena amiga, que anuncia bombo y platillo el inicio de la grabación de las nuevas Matrimoniadas, ahora llamadas Escenas de matrimonio, fruto de la unión de la cadena con Miramón Mendi, la productora de El rey de la caspa y odioso José Luis Moreno.
Ajenos a cualquier polémica con TVE por posible plagio, o quizá deseando que les denuncien en espera de publicidad gratuita, Telecinco mantiene dos actores del reparto original que ya se vio en Noche de fiesta (¡¡uhuhhuuhu!!, que diría el Morenín), Marisa Porcel y Pepe Ruiz, y se suma Soledad Mallol (una de Las Virtudes, que a estas alturas tiene pocas virtudes de las que presumir), Yolanda Arístegui y Miren Ibarguren.
Otra muesca más en el desplome en calidad de contenidos de la cadena, después del estreno de Nadie es perfecto. Dentro de poco asistiremos con estupor a la reposición de Gil Superstar, temblaremos ante la perspectiva de un nuevo V.I.P. Noche, Guay y demás secuelas, y volverá La 5ª marcha y Hablando se entiende la basca. Esperemos que no recuperen aquello de Este país necesita un repaso. Por surte Nacho Nachete, de Médico de familia, está con la competencia.
Hay que vivir y El día que cambió mi vida
Anoche fui una de las pocas que se dedicó a hacer piña con La Primera y me tragué el programa Hay que vivir y después, sin digestión, de postre, El día que cambió mi vida. Podría resumir esa noche con un «más de lo mismo» y me quedó la duda de si los programadores de TVE fuman algo que no sea tabaco en el trabajo.
Pese a que la competencia era floja, no lograron atrapar más que una audiencia residual, y eso que los programas era dramas, o quizá precisamente por eso. Me pareció que este tipo de programas son más idóneos para La 2, el primero, y para programas como el de Ana Rosa, el segundo.
Hay que vivir fue un documental interesante, optimista, sobre el cáncer de mama. Sí que me resultó un poco lamentable el hecho de que enseñasen los talleres ocupacionales. Ver a un montón de mujeres cosiendo mantelitos me resultó una perspectiva horrible. Tampoco profundizaron en un aspecto importante sobre el que pasaron de puntillas: la enfermedad en mujeres jóvenes. Pero en fin, que parece que la palabra «cáncer» hizo que la audiencia cambiase de canal. Ojos que no ven…,. Amenazan la semana que viene con anorexia y bulimia.
El día que cambió mi vida es un docu-drama donde se narran dos historias paralelas, una que acaba bien y otra que acaba mal. El estilo sensacionalista aprovechó sólo uno de los puntos de vista, no hay investigación y los testimonios, en ocasiones, parecían preparados. Muy en la línea de Diario de…, con el disfraz de la denuncia social.
Quizá en TVE pensaron: «Oye, que si el drama vende, pues drama en horario de máxima audiencia». Pues no, mira, no funciona. Parece que a los espectadores nos sienta mal el drama después de cenar.
7 vidas: yo quiero el politono
Pues sí, me gustaría tener el politono ese de Aída cantando «no tengo el chichi pa farolillos». O el otro de la heroína.
Se me ocurre que esta sería una solución ideal para terminar con la deuda del ente público. Deberían sacar una colección de politonos de los clásicos, con el «A jugaaarrrr», por ejemplo, o con la sintonía del Un, dos, tres…,. Paramount Comedy, de hecho, ya tiene a sus personajes en versión móvil, y TV3 también.
La música en las comedias, los bailes desaforados y los gestos histriónicos son rasgo común en cualquier comedia que se precie. Alucinad con este vídeo que he encontrado de casualidad y que resume la idea de que un buen número musical a tiempo es victoria asegurada.
Identity, un concurso sin misterios
Unos personajes y unas identidades son la base de un concurso que no valora ni la habilidad, ni la destreza, ni la inteligencia, y mucho menos la cultura. Sólo armado con su intuición, el concursante debe relacionar personajes e identidades en un suma y sigue de euros. Aconsejado por miembros de su familia, ayudado por los comodines, jaleado por la grada y animado por el presentador, el concursante va tomando decisiones que le llevan al éxito o al fracaso. Y nada más. En el estreno parece que ha aguantado el tirón de las audiencias con cierta dignidad. Veremos qué tal les va sin Factor X y sin CSI en la competencia a partir de la semana que viene.
En el primer programa entre los personajes estaba Julio José Iglesias, que resultó ser vendedor de helados en su juventud. La concursante acertó quién era el fakir porque, según ella, el señor tenía toda la cara de tragar cuchillos. Y esto son sólo dos detalles. Un concurso en el que cualquiera puede participar porque sólo se requiere tener prejuicios y ser capaz de prejuzgar a la gente, y esto lo hacemos todos. Pero de ahí a que se premie…,.
Es que tenemos una televisión pública que no nos la merecemos, ¿o sí?








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