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Pocoyó conquista el ciberespacio con un multijugador
Esta no me la esperaba. Leo aquí que la siguiente evolución de Mundo Pocoyó consiste en que los niños pueden jugar en red y lanzarse a las aventuras de Pocoyó a través de un sistema de amigos. Como los juegos en red de toda la vida, ahora los pertenecientes a la comunidad de Mundo Pocoyó pueden hacerse listas de amigos con los que jugar en un modo multijugador a los diferentes desafíos planteados en la web, siempre con las directrices educativas de la franquicia Pocoyó.
Lo más gracioso del asunto es que hasta los propios padres, o cualquier otro pariente, pueden jugar con los niños en el modo multijugador. Una forma de salvar las distancias cuando las hayan y de poder compartir momentos educativos con los niños aunque no se esté físicamente a su lado.
Mediante el Pocoyizador, una herramienta para hacerse el personaje a imagen y semejanza de uno mismo, se puede jugar con tu propio personaje. El de aquí al lado es el mío.
Según se va avanzando en el juego se van desbloqueando logros, como vestidos nuevos, pegatinas para decorar la habitación que tengas en Mundo Pocoyó y desafíos. Cuanto más desafíos se consigan, más opciones se tendrán para ganar premios de la franquicia en sorteos. No sé yo si este cariz competitivo es apto para los niños pero los pedagogos lo han aprobado.
Lo malo es que el Mundo Pocoyó aún está muy vacío, hay poca gente jugando, pero si empiezan a difundirlo en los colegios como herramienta educativa van a tener un éxito seguro. Qué tiempos aquellos en los que los intercambios entre colegios se hacían en carne y hueso. Ahora los críos podrán jugar con niños de todo el mundo gracias a Pocoyó. Con todo esto me parece que el muñeco pierde parte de su inocencia pero qué se le va a hacer, igual es que este tipo de cosas ya me cogen mayor. Me estoy haciendo vieja.
La animación española en pie de guerra
Diboos, la Federación Española de Productores de Animación, ha empezado una campaña para reivindicar la inclusión de su sector en la nueva Ley General de la Comunicación Audiovisual. Denuncian su exclusión del proyecto y anuncian que esta marginación podría llevar a terminar con la animación española, uno de los sectores de la industria más consolidados y con más éxito internacional.
El quid de la cuestión es el siguiente: según la nueva Ley, las televisiones tendrán que invertir obligatoriamente en cine español, y desde Diboos quieren que esa obligatoriedad se extienda también a la animación, un sector que, a diferencia del cine, produce al margen de las cadenas y tiene un modelo de negocio diferente. Ahí tenemos como ejemplo el caso de Pocoyó, un éxito internacional que barre en todo el mundo. Pero no es el único, desde Diboos destacan el éxito de Suckers o Kambú, dos formatos premiados en el MIPJUNIOR de Cannes, o la serie Sandra, la detective de cuentos, que lidera audiencias en el TF1 francés.
Los que tenemos una edad sabemos que la animación española ha sido clave en la televisión nacional hasta la llegada de las privadas, cuando el mundo era tan pequeño que cabía en dos botones (La Primera y la UHF). Pero la irrupción de las privadas trajo modelos de negocio diferentes y, sobre todo, acabaron con esa franja de horario infantil. Ahora las cadenas temáticas y la TDT suponen una nueva oportunidad para el sector y por eso reclaman más atención y se consideran ninguneados por el Gobierno, que desprecia las aportaciones que las series de animación españolas pueden aportar a la televisión nacional y que tienen impacto en la publicidad, el sector editorial, el sector juguetero y el audiovisual, generan productos asociados en sectores como el de los videojuegos o la música, sin olvidar la cantidad de empleos que supone y la generación de IVA a favor del Estado.
Lo que piden: que la nueva Ley contemple la obligatoriedad de las televisiones de invertir el 1% en series de animación nacionales. No es descabellado porque todas las cadenas tienen canales temáticos en los que emitir esas producciones. Parece hasta más razonable que la obligatoriedad de invertir en cine, un negocio que no les es tan afín, y desde esta perspectiva se entiende la molestia del sector por haber sido olvidado. Los últimos en sumarse a su petición han sido los de FAPAE (la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales Españoles).
Cómo son las cosas. Hace unos años a nadie le habría extrañado que se invirtiese en animación nacional porque era parte importante, casi imprescindible, de la parrilla diaria. Pero ahora, con toda la animación que llega desde todas las partes del mundo, el sector tiene que reivindicar un trato de igualdad respecto a otros sectores y pedir que se le apliquen unas prácticas proteccionistas que ya se dan en otros países de Europa y que también se aplican en Cataluña para poder seguir adelante en igualdad de condiciones. A mí me parece que olvidar la importancia de un sector que ha producido series que ya tienen la categoría de clásicas es imperdonable. Para algo manifiestamente y objetivamente bueno que hay aquí, es un poco lamentable que tengan que ir recabando apoyos. Mi apoyo total al sector de la animación española porque me hicieron pasar buenos momentos a mí, y pueden seguir haciendo pasar buenos momentos a los niños de hoy, si les dejan.








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