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No tenemos la televisión que nos merecemos

Anoche estuve viendo El debate de La 2 en el que se analizó si nos merecemos o no la tele que tenemos. Es una cuestión peliaguda porque cuando uno se pone a pensar en estas cosas, y puestos a dar una respuesta, quizá lo más sensato sea entrar en matizaciones. Eso al menos terminaron haciendo los participantes del debate, ni sí ni no, sino todo lo contrario. Yo como de sensata tengo poco me voy a quedar directamente con el no y no porque crea que la televisión actual es mala o menos buena que en otras épocas, sino porque pienso que gran parte de la televisión actual no se hace pensando en el espectador. Tampoco es una pataleta de las mías, creo que esto es una realidad obvia y palpable que, al menos yo, tengo asumida y que sienta la base de mi experiencia televisiva.

En el debate estaba La chica de la tele, a la que no le dieron demasiadas oportunidades para expresar sus opiniones. En ciertos momentos el debate resultó demasiado avasallador pero ella aportó la cordura que hacía falta cuando le dejaron. Me quedo con casi todas las opiniones de Ramón Colom, un señor al que sigo desde hace mucho tiempo y que fue capaz de aportar puntos de vista sociales al debate. Javier Sádaba creo que pecó de cierta utopía al defender la televisión cultural y formativa. Claro, esto sería lo deseable pero no encaja en la sociedad en la que vivimos, en la que muchas veces ni siquiera la literatura va por ese camino. José Manuel Lorenzo repitió lo mismo todo el rato, que tenemos una televisión plural, Víctor Amela fue demasiado escéptico para mi gusto y Mariola Cubells estuvo ciertamente apocalíptica, cosa que quizá enflaqueció el énfasis en su defensa de la inocencia del espectador.

Doy por bueno el experimento del debate porque se tocaron temas muy interesantes pero al haber tanto contenido el resultado me pareció algo tangencial y hubo ideas que se perdieron en los turnos de palabra. Fue Ramón Colom el que dijo que la televisión actual es reflejo de la sociedad. Ayer mismo decía yo que ojalá terminase la crisis económica para ver si variaban los contenidos. Se habló mucho de las bondades de la TDT pero no se mencionó que los contenidos son la mayor parte de las veces repetidos y, otras, duplicados (varias cadenas que emiten lo mismo). Los despachos estuvieron en el punto de mira, claro, y ésta es una queja que se oye mucho en los círculos creativos del sector. Hay buenas ideas pero no hay directivos que quieran darles salida. Sobre la esclavitud de las audiencias, costó demasiado reconocer el papel de la publicidad en esto pero terminaron diciendo claramente que el objetivo de las cadenas privadas es vender anuncios y adornarlos con algo de entretenimiento.

Fue recurrente el tema de la telebasura y la sombra de Telecinco estuvo presente, aunque pareció que nadie quiso poner el dedo en la llaga directamente. Yo no soy de las que defienden el término de «telebasura», me parece que desprestigia al espectador que se entretiene con ciertos programas de televisión. A mí me parece que cada uno es libre de entretenerse como le dé la gana y no veo por qué yo, como espectadora, puedo defender la televisión y, al mismo tiempo, ponerla a caer de un burro. No me parece coherente. Tampoco me gusta esa distinción entre espectadores más o menos formados porque da la idea falsa de que se hacen dos niveles distintos de televisión y creo que no es cierto. La televisión mayoritaria es la que es, quiera o no el espectador, y luego hay ciertas cuotas que la misma televisión mantiene para que no se le acuse de nada. En este sentido mi ejemplo favorito es Ana Pastor, que en La 1 hace entrevistas incisivas al que se le ponga a tiro y es un ejemplo de buen periodismo. ¿Qué pasa? ¿Es la única profesional en España capaz de hacer algo así? Para nada, pero es a la única a la que se lo dejan hacer. Si las televisiones quisiesen seguir ese modelo ya habría más casos como el suyo.

Durante mucho tiempo se ha dicho que el mando a distancia era el que mandaba. Creo que es una de esas mentiras que se convierten en verdad de tanto repetirlas. El entretenimiento no es nocivo de por sí, el medio tampoco lo es, todo depende del uso que le demos. Ahora con Internet es cuando realmente la hegemonía de la televisión empieza a perder apoyos, de ahí tanto interés en penalizar descargas, por ejemplo, en lugar de regularlas o de establecer el negocio en ese campo. De Internet las televisiones sólo quieren las redes sociales, nada más. Apagar la tele es una posibilidad, claro, pero ¿no es mejor buscar contenidos que nos gusten? No creo que tenga nada de malo preferir tele gratis a una peli que cuesta seis o siete euros la entrada. Si la peli no te gusta, no te dejan cambiarte de sala. Con esto quiero decir que la televisión es un negocio monolítico, que hay muchas cadenas pero que en el fondo ofrecen todas lo mismo, que la evasión no es un pecado, que la publicidad se ha dejado engatusar por cantos de sirena y que los directivos, como dijo Ramón Colom, sólo piensan en los beneficios. Por todo esto, no, no tenemos la televisión que nos merecemos.

12 febrero 2011 at 08:49 8 comentarios


Teleadicta sin remedio

"La tele que me parió" es un blog sobre televisión, sobre cómo la vemos y sobre cómo la hacen. Sólo es televisión pero me gusta y aquí encontrarás una entrada diaria de mis delirios catódicos de espectadora irredenta.

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