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Reality extremo para Cuatro
Es una pena que Desafío Extremo no funcione como debería porque es un programa que me gusta. En este docu-show narrado por Jesús Calleja no importa tanto el paisaje como la forma en la que los humanos lo afrontan y se relacionan con él y, al final, lo que termina destacándose siempre es la capacidad de las personas para superar retos y adversidades, para crecer con la aventura y para terminar formando parte de la historia natural del entorno como una pieza más.
Jesús Calleja es un tipo que no cae bien a mucha gente por su vertiente de hombre-espectáculo pero a mí me parece que en lo esencial sabe transmitir respeto por lo que le rodea, integración en los medios que visita, conocimiento de lo que hace y, además, es capaz de contar las historias con mucha natualidad, sin excesivo dramatismo y con sentido del humor, sin restarle importancia a la dureza de los momentos críticos.
A pesar de todo esto, y como decía antes, es una pena que no funcione como debería porque sus emisiones están muy lejos de marcar en audiencias los picos de otros espacios de corte similar, como Supernanny o Hermano Mayor, y tampoco interesan a los que vieron Pekín Express y se consideran aficionados a los programas de viajes en los que se ven otras culturas y otros paisajes. Así, Desafío Extremo es una propuesta híbrida que tiene cosas de los anteriores pero que no interesa a ese público.
La solución llega de mano de una marca que ya se publicita en la web de Cuatro. Seis aventureros, no hace falta que tengan experiencia, se embarcarán este verano en un reto con Calleja. «Así sí», pensarán los jefes de Cuatro, «con gente del vulgo pasándolas canutas vamos a arrasar». Y seguramente sea cierto pero qué queréis que os diga, a mí me da lástima que se pervierta un formato de calidad de esta manera. Ya me disgustó la excursión con el Presidente por ese tono propagandístico y esta nueva aventura es una muestra más de que, desgraciadamente para mí, el programa no interesa tal y como está. Lo bueno es que pueda suponer un espaldarazo para Calleja y sus aventuras, con eso me conformaría, pero me da a mí que más de uno en Cuatro suspira por tener Supervivientes en su parrilla, y lo están consiguiendo.
‘La tribu’ cambia de día y ‘Guerra de sesos’ desaparece
Si Telecinco ha recuperado el espíritu del Tomate con la emisión diaria de Sálvame, ahora van a por la recuperación de Crónicas Marcianas a partir del próximo 12 de mayo con el paso de la emisión de La tribu al late night de los martes. El primer objetivo del programa, hundir a DEC, no ha sido conseguido, al contrario, casi consiguen que Antena 3 se los cargue a ellos.
Peor suerte ha tenido Guerra de sesos, el programa producido por Pablo Motos y Jorge Salvador, presentado por Jesús Vázquez, que nació para levantar las sobremesas, después le dieron una oportunidad en las tardes dominicales y el domingo pasado su emisión en el pre prime time, antes de Aída, supuso para la serie un mal telonero que le llevó, entre otras cosas, a marcar su mínimo histórico de audiencia. Esa fue su última oportunidad. El programa ha pasado a la historia o, lo que es peor, caerá pronto en las redes del olvido. Coincide este mal dato para Aída en la semana en la que se anunció su renovación por dos años más.
¿Qué explicaciones podemos darle a todos estos movimientos?
- Telecinco ha intentado dar un vuelco en su imagen pero los espectadores más fieles no han respondido bien a las propuestas. Tendrán que conformarse con ser la cadena que la audiencia cree que es, y no la cadena que a ellos les gustaría ser.
- Han recurrido a elementos reconocibles, tanto externos como del pasado, intentando pasarlos por un nuevo filtro, pero nadie ha caído en la trampa de la simulación (El juego del Euromillón aguantó unas escuetas semanas y veremos qué le queda a Veredicto De buena ley).
- Se han enemistado con la competencia y han intentado frenar la difusión en YouTube, alejándose de un buen nicho de espectadores en lugar de intentar conquistarles con propuestas a su medida.
- Han desperdiciado la TDT y siguen teniendo dos canales absolutamente prescindibles y nada competitivos, mientras que el resto de cadenas ya ha perfilado un claro modelo de negocio en ese sentido.
- Se han desprendido de la Fórmula 1 diciendo que estaba acabada (qué visionarios), y casi pierden la opción de hacer Operación Triunfo, un programa que sigue siendo muy popular.
- Tienen una programación muy inestable, con unos fines de semana en los que pasan casi inadvertidos y, en general, con franjas casi invisibles. Toda piedra hace pared pero al muro de Telecinco le fallan los cimientos.
- Su esquema de productoras de confianza se mostró como bueno durante los años de liderazgo, pero ahora está resultando un lastre importante porque el control de la producción y los beneficios asociados son un mal compañero de viaje cuando las cosas no funcionan como deberían. A ver si llego o La caja son claros ejemplos.
Después de todos estos puntos, y alguno más que seguro que se me olvida, no es de extrañar que se haga broma con la vuelta de las Mama Chicho. Hay que dejarse de medias tintas. Para empezar, mi propuesta es que vuelvan a tener un espacio deportivo de los de antes. Lo de los 90 sí que era buena televisión.
De buena ley, de malos actores
Ayer recibí una solicitud de Dana para que comentase esta noticia en la que se cuenta, con total naturalidad, que el nuevo programa de Telecinco llamado De buena ley y que se estrenó ayer al mediodía escenifica los casos que trata con actores. Como yo soy obediente y me parece que la noticia lo merece, aquí levanto la liebre.
Es decir, que en un programa de enfrentamientos familiares contratan a actores para escenificar los casos reales. Pinchazo que te crió. ¿A alguien le interesaría El diario de Patricia (o de quién sea), si todos los participantes fueran actores? Porque una cosa es pensar que no puede existir gente así como la que sale en la tele, y otra es saberlo a ciencia cierta. Dicen que es práctica habitual pero claro, ¿dónde queda la credibilidad del espacio si es todo un teatrillo que ni Estudio 1?
Y luego tenemos al juez, que en la web del programa, llaman «mediador» y que tiene un protagonismo demasiado coherente, diría yo. Entre tanta milonga, su aspecto serio y riguroso parace más una parodia que otra cosa. Qué tiempos aquellos en los que Javier Nart discutía con Ricardo Fernández Deu en Tribunal Popular. Lo bueno de aquel programa era que, pese a su aspecto de tribunal americano, todos sabíamos que era una ficción. Con De buena ley han intentado colarnos como realidad un montaje y por ahí los espectadores no pasan con gusto.
No quiero dejar de comentar también la labor social que hace De buena ley y sus medidas anti-crisis. En la web del programa podéis postularos como «polemistas». Buscan gente que opine de todo, con soltura y mala uva, si es posible. Vamos, como lo que hacen los de La Noria los sábados pero más de andar por casa y entre semana. Nunca pensé que Telecinco tomaría medidas contra el paro en los tiempos que corren pero mira, igual es parte de su campaña de 12 meses, 12 causas.
No estoy tan loca como para minutar la parrilla de Telecinco en un día cualquiera, pero a rasgos generales vemos que tenemos polémicas en La mirada crítica, en El programa de Ana Rosa, en De buena ley, en el informativo, en Sálvame, en Mujeres y hombre y viceversa, en prime time cuando toca algún reality y en el late si toca Rojo y Negro o Diario de…,. Está claro que en Telecinco les gusta discutir y que les va la parrilla en ello. Luego nos extraña que Vasile vaya montando bronca por ahí. Debe de ser un punto importante del Manual de Calidad de la empresa.
Perdidos en la tribu
Anoche Cuatro estrenó Perdidos en la tribu. No, no es un reality que cuenta las vivencias de Mercedes Milá junto a Javier Sardá, aunque podría ser, es un reality show de supervivencia que bien podría protagonizar Samantha Villar porque las familias van a estar veintiún días viviendo con las tribus que les han tocado.
No puedo con estas historias. No puedo con la postproducción en un reality, con los planos insertados de otras cosas, con la diferencia de texturas de imágenes y con toda la parafernalia de edición que se montan para hacer ver que aún es peor o más difícil de lo que ya es en sí. Ya me paso con Pekín Express y con Perdidos en la tribu me pasa también, pero elevado al cubo.
Tampoco me gustó la actitud general de las familias, que se van al culo del mundo a vivir una aventura de integración en una comunidad ajena y empiezan a hacer valoraciones absurdas sobre el machismo, por ejemplo, y a quejarse porque no les van a dejar ducharse. Igual es que les duele salir feos en la tele, vaya usted a saber.
Yo lo siento pero no me creo estos montajes tan épicos. No puedo evitar al ver un consejo de tribu, en el que los indígenas hablan en su lengua, imaginar que por algún sitio habrá alguien de producción traduciendo las normas de convivencia. No consigo que me desaparezca la sensación de estar viendo una película mal rodada y mal interpretada en las escenas corales de bailes, caza y demás. Hasta los escorpiones que corren por un tronco me parecen hijos de los efectos especiales.
Que nadie me malinterprete. En todo esto habrá una base de verdad que es la que sirve para hilvanar el montaje final que se emite pero yo, como espectadora, no consigo quedarme en eso. Ya lo he dicho otras veces: en este tipo de programas es necesario que los espectadores asumamos nuestra parte en la emisión. El que decide creer y valorar la base de verdad puede llegar a disfrutar con el espectáculo. Me alegro pero no es mi caso porque no consigo dejar de ver que hay cámaras y demás a los ojos de todos y que todo es artificial a más no poder.
¿No he dicho que lo presenta Nuria Roca? Bueno, sin comentarios.
Fútbol: cómo se venden los clubs pequeños
Ayer fue una de esas jornadas en las que el fútbol se mostró como columna vertebral de la sociedad en la que vivimos. Hay dos clases de personas: los que les gusta el fútbol y los raros a los que no, y a pesar de las excepciones un derby televisado paraliza un país. Salí a pasear al perro y todos los bares estaban llenísimos de gente. Hasta personas que jamás se molestan en ver un encuentro tomaron partido, nunca mejor dicho. Ante este monopolio a dos, los pequeños tienen que poner toda la carne en el asador para llevarse parte del entusiasmo general. Antológicos son aquellos anuncios del Atlético de Madrid, pero hay más.
El Getafe no duda en afirmar que el calor de su afición hace milagros, y de los gordos.
El Cádiz apela a la resignación y al elemento vital, mezclándolo con la alegría de la tierra.
Los del Alicante optan por la épica romana con un eslogan en latín y apelando a los inconmensurables de justicia y honor.
La Real Sociedad hace de los defectos virtudes en un llamamiento a la afición para que acuda al campo.
Y para terminar, porque en algún momento hay que parar, catarsis colectiva contra la violencia en los campos. Un idea muy sencilla pero efectiva, creo yo.
¡Exclusiva!: OT es un programa musical
«¿Tienes morro, tienes garra, eres vanidoso?»
Estas preguntas se las hizo a uno de los aspirantes a entrar en OT Arnau Vila (segundo 33 del vídeo), el mismo señor que hoy afirma en Público lo siguiente:
«Miramos más allá del personaje televisivo o fácil famoso, porque Operación Triunfo es, sobre todo, un programa musical». A su juicio, esta selección de los nuevos concursantes puede marcar «un pequeño cambio de rumbo dentro del programa».
¡¿Pero esto qué es?! ¿Quiere decir que hasta ahora Operación Triunfo había tirado más por la vertiente televisiva y que ahora por fin, no sé cuántas ediciones después, van a enmendar el error? Una de dos, o este señor no conoce a Telecinco y a Gestmusic, o soy yo la que hoy se ha levantado en una dimensión desconocida.
Entiendo que afirma que han intentado no seleccionar a concursantes que tengan aspiraciones de comentarista de saloncito, pero también dice, y se queda tan pancho, que han buscado perfiles únicos y originales, diferentes a los de otros años. A mí me parecen casi todos iguales pero, claro, yo de música no entiendo demasiado.
Entiendo algo más de televisión, pero sólo un poco más, y quisiera poder preguntarle a Arnau Vila, de quien no dudo que tenga buena voluntad e interés en lo que hace, qué tiene de musical el constante bombardeo publicitario, la emisión de las riñas que se producen en la convivencia de los alumnos, la presencia de Risto como miembro del jurado o la selección de temas demasiado populares para las galas. Si lo importante es que canten, que ofrezcan sólo las galas con las actuaciones, digo yo.
Decir que OT es un programa musical es tan cierto como afirmar que El intermedio es un programa informativo. Ambas afirmaciones son verdad, pero esas verdades forman parte de una realidad mucho mayor. Quizá en anteriores ediciones el carácter musical del concurso ocupaba un 5% del total y puede que con la selección de este año hayan conseguido que ese porcentaje llegue al 10% pero, en cualquier caso, que nadie se lleve a engaño porque lo que le interesa a los espectadores, y en consecuencia a la cadena, es el noventa por ciento restante.
Operación Triunfo es mucho más programa que musical y esa es la realidad. Sin entrar a valorarla, es lo que hay. Pretender hacernos creer que esta vez sí van a sacar a la luz cantantes de verdad es como el cuento de Pedro y el lobo y yo me temo que Operación Triunfo, como cada año, va a terminar merendándose a las ovejas.








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