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CONSTANTINO ROMERO
Si has crecido en la España de los años 80, Constantino Romero será una parte importante de tu infancia. Dejando de la lado los abundantes trabajos radiofónicos, su trayectoria televisiva y cinematográfica hacen de él un icono generacional sin precedentes.
Como doblador, su voz ha interpretado a Darth Vader y dijo aquello de «Luke, yo soy tu padre», uno de los grandes momentos del cine ochentero. También le debemos el maravilloso «Sayonara, baby», de Terminator. Sólo por estas dos cosas, merece estar en el Olimpo de los referentes.
Pero es que, además, en televisión condujo uno de los programas más emblemáticos de aquellos años 80-90, El tiempo es oro (1987-1992), aquel concurso de supersabios en el que la prueba final era dificilísima, tanto que les daban un montón de enciclopedias para que encontraran las respuestas.
Aunque he de confesar que me encantaba Ya sé que tienes novio (1985), precedente sin duda de todos los programas de parejas en busca de su lista de bodas que se han hecho después.
NARCISO «CHICHO»
Ibáñez Serrador es uno de los apellidos más famosos de la tele nacional. Lleva escribiendo, dirigiendo, protagonizando tele desde ni se sabe. Es el responsable de una serie de programas que han marcado época (en la tele y en nosotros). Sin entrar a discutir acerca de su calidad o conveniencia, el Un, dos, tres es un programa que forma parte de la idiosincrasia nacional.
Claro está, que también ha habido fracasos en esta carrera trufada de éxitos, y programas que nunca debieron haber sido y que fueron. ¿De verdad alguien creyó que Un, dos, tres… a leer esta vez se sostendría en la parrilla?
Otra de las grandes virtudes de Chicho, es su «de oficio, descubridor», habiendo aportado al panorama figuras de talento discutible pero que tuvieron un éxito arrollador: Bigote Arrocet, la Bombi, el Dúo Sacapuntas,…,. Y en esta línea, su hito es el programa que se tituló El semáforo, aquel programa en la que personas con «habilidades» extrañas se exponían a la valoración de un público cruel y que aportó grandes friquis que permanecen.
De toda su producción, no me gustaba Waku, Waku por varias razones: que los concursantes fueran famosos y que Consuelo Berlanga fuera tan ñoña. Eso sí, los tigres (¿o eran leones?) de peluche eran muy chulos.
PEPE CARABIAS
Este que veis aquí es Pepe Carabias, actor español y, sobre todo, doblador. Es el típico ejemplo de la voz que ha superado al actor, adquiriendo personalidad propia. Una voz característica que lo mismo ha servido para hacer de Benji en Campeones, como para hacer de Pato Lucas en Quién engañó a Roger Rabbit. Además, puso voz a Rat Rattler, uno de los personajes de Los Trotamúsicos, e hizo casi de todo es Sabadabadá.
Pero, sin duda, el mayor éxito-fracaso de Carabias fue el prestar su voz al insoportable Pepe Soplillo (el muñeco de El Kiosko). Ese ha sido el personaje que me ha hecho odiar a este hombre o, para ser justos, su voz. Pepe Soplillo fue un éxito porque, sin duda, le convirtió en un personaje popular; pero también fue un fracaso porque, como decía, el tal Soplillo (repelente como él solo), hizo que los por entonces jóvenes televidentes le cogiésemos manía a esa voz de pito que tenía.
No sé, puede que a estas alturas se arrepienta de haber sido Pepe Soplillo. O no, quién sabe. Lo cierto es que, más de veinte años después (El Kiosko es de 1984), yo sigo teniéndole manía.








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