Archivo para noviembre, 2010
‘The Event’ no me ha enganchado
Bueno, lo he intentado. Pillé The Event con muchas ganas, dispuesta a entregarme totalmente a la ciencia ficción, al misterio, a las confabulaciones, pero episodio a episodio la serie me ha ido perdiendo. Ya en el piloto hubo cosas que no me gustaron, pequeños detalles que pensé que se soslayarían con el paso del tiempo pero han ido a más y finalmente, sin darme cuenta, he dejado de verla. No recuerdo ni en qué capítulo me he quedado, yo diría que el cuarto. Está claro que es demasiado pronto para valorar nada pero, por otro lado, este desapego por mi parte no ha sido premeditado ni circunstancial, ha sido totalmente natural y por eso creo que vale la pena hablar de él, porque ha sido consecuencia directa de lo que han contado en la serie.
No soy de las que busca locamente la serie heredera de Perdidos (me he comprado la edición especial que acaba de salir y es una castaña en cuanto a contenidos pero teniendo que cuenta que no tenía ninguno de los packs de los episodios el invento sale bien de precio). Perdidos llegó, estuvo y se fue, y lo que busco es algo nuevo, que me vuelvan a sorprender. Dicho así parece sencillo pero soy consciente de que ésta es una de las exigencias más altas de los seguidores de series. En The Event tenemos de nuevo una estructura desestructurada pero desde mi punto de vista no funciona porque la relación entre causa y consecuencia es demasiado clara. Es decir: da la impresión de que han escrito el guión en tarjetitas, las han tirado al aire y las han ordenado según caían. Aunque la sombra de Perdidos es alargada, no veo por qué una estructura lineal tiene que ser mala, si eso es lo que demanda la historia. Pudiendo haberse contado con, como mucho, flashback al uso, el hecho de que los cliffhanger estén por todas partes me produce la sensación de que están jugando al ratón y al gato conmigo y eso no me estimula en lo más mínimo. En resumen, que tiene demasiada presencia la estructura de la línea temporal alterada, no parece natural y da la sensación de que tiene que ser como un personaje más, cuando yo creo que su mayor protagonismo está en pasar desapercibida.
Luego tenemos a los personajes. The Event es una serie coral en la que los intereses de unos y otros chocan a la par que se necesitan. En esto me ha recordado a la difunta FlashForward. El problema de los personajes de The Event, en lo que a mí respecta, es que no son todos personajes interesante y sus conflictos, aunque entrelazados, interesan de manera irregular. El eje central de la historia, Sean buscando a su novia, no me gusta. Son personajes demasiado edulcorados para mi gusto y la forma de contar su pasado, con esos malos de manual, me resulta simplista. El más interesante quizá sea el Presidente Elías Martínez (ese Blair Underwood tremendo), que a pesar de ser un trasunto de Obama se enfrenta a disquisiciones morales y éticas muy importantes. Me da rabia que su historia con Sophia, de la que no voy a dar detalles por motivos obvios, quede enterrada tras el otro argumento, el del amor desesperado y la irracionalidad. Será que me gustan más otro tipo de historias.
Y por último, y para no enrollarme más, quiero hacer un apunte sobre el diseño de la producción de la serie. Se llevan esos aspectos de tonos fríos contrastados con la saturación en momentos clave. ¿Acaso creen que los espectadores no vamos a ser capaces de distinguir ambientes sin que nos lo indiquen con este método semáforo? Quizá pensaran que lo que no se contaba bien en el guión había que transmitirlo de otra manera (esto es una maldad mía). Valoro la posproducción, claro, pero siempre y cuando esté justificada, no como un simple elemento estético o recurso para embellecer, si es que embellece, la factura final de un producto.
Así que por todas estas cosas, he ido relegando The Event hasta olvidarme de ella. Salió del letargo cuando vi una promo en TNT y me dije: “Arrea, si ya no la veo”. El caso es que en la NBC están contentos, a pesar de que las audiencias han bajado bastante desde el estreno, y la serie ha conseguido temporada completa. Tiene que ver en esto el hecho de que la serie se ha vendido a doscientos países y en algunos sitios se estrenó antes que en Estados Unidos. Es uno de esos casos es los que la serie tiene rendimiento por las ventas internacionales más que por el rendimiento nacional así que por ahí la serie no tiene problemas. Otra cosa es ese esnobismo que nos hace pensar que todo lo que tiene sello americano va a ser bueno pero en fin, esa es otra historia.
‘España pregunta, Belén responde’, un mal show con consecuencias
Tres han sido las malas noticias para el show recurrente de Telecinco con Belén Esteban y ya era hora de que la cosa empezara a dar muestras de debilidad. No tengo nada en contra de la interfecta pero ya cansa escuchar siempre lo mismo, las mismas historias. El rollo de Belén Esteban que se promueve desde Telecinco es como el familiar plasta que siempre te cuenta lo mismo. Da igual que lo veas todos los días, la cantinela es siempre calcada. Al final, terminamos rehuyendo a este familiar porque tanta desgracia relatada una y otra vez se hace indigesta, soporífera e incluso increíble. Pero al lío:
- Declaró anoche Belén Esteban que tiene en mente apartarse pronto de la televisión. ¿Será verdad? Parte del éxito de esta mujer radica en esa falacia tan vista últimamente de “decir siempre la verdad”. Es algo que se repite mucho en la tele, sobre todo en los realities. Para mí es una mentira pero por lo visto esa actitud vende. ¿Cuántas veces se repite eso de “yo voy siempre de cara”? Eso es imposible, queridos, porque supondría un ejercicio tan agresivo que fundiría cualquier atisbo de popularidad, pero la gente comulga con la idea. A pesar de esto, si ése es el rol de la Esteban, tendrá que cumplirlo hasta sus últimas consecuencias. Crucemos los dedos.
- Los hispanos (lusitanos, íberos y demás familia), y sus pugnas con los romanos de Hispania doblegaron al show de Telecinco. Las audiencias hablan por sí solas: Hispania (25.8% de share y 4.793.000 espectadores); y España pregunta, Belén responde (15.2% de share y 2.959.000 espectadores). El dato de Telecinco no es malo, claro que no, pero ha sido precisamente esta cadena la que ha intentado por todos los medios hundir en el fango a los irreductibles hispanos y los resultados saltan a la vista. Ni Belén Esteban puede con Hispania, el éxito de la temporada en lo que a ficción nacional se refiere, y en Telecinco tendrán que asumir su derrota. De nada sirvió que alargasen más de lo previsto el show de anoche y tres hurras por Hospital Central, cuyo estreno de temporada fue recluido por la cadena en el late night y terminó liderando su franja. Alguien en Telecinco debería repasar los datos de audiencia y apuntarse las tendencias de los espectadores. La cadena no da pie con bola y los índices indican claramente qué se está haciendo mal. A ver si aprenden la lección.
- Y para terminar, pero no menos importante, Televisión Española avisó a Telecinco de que es la cadena pública la que tiene los derechos del formato Tengo una pregunta para usted y que no se podía imitar. Obviamente, después de lo visto anoche Telecinco se tomó a guasa el aviso, quizá esperando que los datos de audiencia fueran un consuelo, pero como no ha sido así ahora tendrán que lidiar con dos frentes, las audiencias y este aviso que espero que se materialice en algo más serio que una amenaza. No por nada, sino porque ya está bien de que aquí todo el mundo haga lo que le parece y no hayan consecuencias realmente punitivas, empezando por la contraprogramación y terminando en esto.
Telecinco estará a estas horas intentando dilucidar cómo renovar a Belén Esteban para que no pierda fuelle porque está claro que su sola presencia ya no es garantía de nada y hay que dotarla de más contenido. He leído que gente opina con guasa que terminará en Gran Hermano. Yo creo que la opción con más posibilidades es que le den un papel en una serie. ¿Extraño? Claro, rarísimo. Pero si ella quiere de verdad dejar la tele y Telecinco quiere seguir explotando su imagen, meterla en ficción sería el paso natural. Y ojo, con ficción en el sentido amplio podríamos incluir desde una serie hasta ser jurado de OT. Ahí lo dejo.
‘Museo Coconut’, aceptamos barco
Museo Coconut abrió anoche sus puertas en Antena 3 y, como suele pasar con el humor chanante, de buenas a primeras dejó a la mayor parte del respetable con un palmo de narices. Pregunté en la página del blog en Facebook y las notas no pasaban del seis pero, eso sí, los votos de confianza parecen una tendencia general que yo comparto. El vídeo de arriba lo he escogido porque muestra que las risas no son enlatadas, una de las ideas que más se repite. Tirando de la raíz de la sitcom grabaron los episodios con público y no con cualquier público. Como veis, la mayoría se definen seguidores del “chanantismo” así que es normal que estuvieran predispuestos al cachondeo. Vista la serie en casa es otra historia.
Coincido con que el primer capítulo fue más flojo pero las presentaciones de personajes y la necesidad de sentar las bases de las tramas no son fáciles para nadie. El segundo capítulo la cosa mejoró y la decisión de emitir dos capítulos por el precio de uno benefició mucho a la serie. Si nos hubiésemos quedado con el sabor de boca del primer episodio las críticas en general habrían sido mucho peores.
Es cierto, no me reí a mandíbula batiente pero no pierdo la esperanza. Confío en que según vaya conociendo a los personajes sus desastres me irán gustando más y más. Por ahora me tienen ganada Rosario (genial eso de ponerle un nombre eminentemente femenino a un personaje masculino), y Zeus (“Mamá, ¿me das cash para la zona azul?”). Sigo pensando que Miss Coconut y su hijo son un homenaje a la Baronesa Thyssen y familia. De Onofre esperaba que se pareciera mucho más al Onofre de Smonka! pero no ha podido ser. Los cameos siempre son bienvenidos, aunque algunos tuvieran más gracia que otros. Y la tira de “Maricón y Tontico” me gustó más que otras tiras ya conocidas.
En general es cierto que el ritmo de la serie es irregular pero los chanantes son expertos en eso, en romper el ritmo. A mí suele gustarme pero creo que en los episodios que vimos anoche de Museo Coconut se pasaron un poco de rosca en algunas cosas. Había secuencias precipitadas, otras extremadamente lentas, otras sincronizadas con la desincronización. Si lo que se proponían en llevarnos de cabeza lo han conseguido pero creo que se les ha ido la mano. De todas maneras, como decía arriba, el segundo episodio mejoró en ese sentido así que creo que es lógico esperar que con el paso de los capítulos la cosa se termine de ajustar.
Como buena comedia de situación, en Museo Coconut no hay trama de continuidad, cosa que se agradece, y cada episodio será una locura nueva. Cumple con las normas básicas del género y aunque mantiene el tono chanante que todos esperábamos cumple con la idea de no encerrarse demasiado en sí mismos. Con el cambio de Paramount – La 2 – Neox se han ido perdiendo cosas por el camino, es cierto, pero también hemos encontrado cosas nuevas. Museo Coconut es un cambio real respecto a lo que llevaban años haciendo, un cambio que ellos necesitaban, así que en lo que a nosotros respecta creo que es cuestión de acostumbrarnos. La irreverencia sigue estando ahí, como esos comentarios sobre el programa de famosos que bailan y hacen el ridículo o como esa secuencia de amor entre Jaime, el personaje de Raúl Cimas, y un perro. Creo que lo mejor está por venir y disfrutarlo depende más de nuestra capacidad de adaptación y de nuestra paciencia que de la serie en sí. Es lo que tiene hacer un humor para minorías.








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