Archive for noviembre, 2010
‘Buenafuente’ sufre un boicot
Dicho así parece peor de lo que es, o no. Leo aquí que una asociación de amas de casa valenciana, Tyrus, «invita» a los católicos a que dejen de ver laSexta porque el programa de Buenafuente, cuya presentación y monólogo tenéis arriba, se mofó de las creencias de esta religión. Mofarse es distinto de hacer crítica, creo yo, pero aceptamos barco. Yo no pediría boicot para Intereconomía y supongo que la asociación Tyrus tampoco, claro, pero allá cada cual con su nivel de ofensa y con su baja capacidad de distinción entre lo que es humor y lo que es un insulto.

Tengo que hablar seriamente un día sobre el papel de los valencianos en la tele porque, como valenciana que soy, no me siento nada representada, pero esta es otra historia. El caso es que aunque Buenafuente haya decidido zanjar el asunto en Twitter yo no voy a hacerle caso. Lo primero que he hecho ha sido mirar la web de Tyrus a ver si podía encontrar algún fundamento ideológico (todas las asociaciones lo tienen). En el caso de Tyrus no es explícito pero en sus enlaces predominan los relacionados con la Generalitat Valenciana y, a pesar de que se definen como una asociación que defiende a la mujer, dan charlas tituladas así: «Derechos de la mujer en el matrimonio» o «Mujer, pilar básico de la familia». Ya voy entendiendo más cosas.
Piden respeto y dignidad para la religión católica, el mismo que reciben el resto de religiones existentes en el país, y aquí es donde creo que meten la pata un poquito. ¿Cuánto costaría a los españoles la visita de un imán? ¿Y la de un Patriarca ortodoxo? Dirán que no es lo mismo, claro, que la católica es la religión mayoritaria, pero entonces no sé por qué piden igualdad de trato. ¿Acaso quieren quedarse sin las subvenciones del Estado o quieren que finalice el Concordato? No lo creo.
Buenafuente se pasó tres pueblos, cuatro si queréis, pero lo que él hace es humor en televisión y si un humorista no molesta, no da donde más escuece, es que algo no está haciendo bien. ¿Boicot? Pues nada, que se dediquen a ello a fondo, que seguro que lo consiguen. ¿No es más fácil cambiar de cadena? ¿No es más fácil aceptar la idea de que cuando algo o alguien se expone de esa manera es lógico que reciba críticas? ¿No van a pedir que los católicos dejen de ver Sálvame porque se hace apología de los matrimonios homosexuales y demás? Seguramente el problema sea que Buenafuente va de intelectual, lo sea o no, y los de Sálvame no y por eso parecen menos peligrosos en sus ideas subversivas y anticatólicas.
No es Buenafuente el que ha convertido en pública una religión que, como tal, debería de quedar en el ámbito de lo privado. Y que se agarren los machos porque el domingo ataca Jordi Évole con un Salvados especial sobre la visita del Papa a Barcelona. ¿Pedirán por esto el cierre de laSexta? ¿Volverán a retirarse marcas que se anunciaban en el intermedio del programa como ya pasó la vez que el Follonero fue salvado por la iglesia? Aquello no sirvió de nada, por si alguien lo duda, y lo de ahora tampoco. Hay mucha gente con demasiado tiempo libre y con muy poco sentido del humor.
La tele es mala para los menores, otra vez.
Estoy hasta el gorro de este tipo de estudios: «Contenidos sexistas para una audiencia vulnerable«. Se ha montado revuelo alrededor del estudio, todos nos llevamos las manos a la cabeza, el mundo parece que vaya a terminarse… Estudios como éste son parciales y, sobre todo, amarillistas, tanto como la televisión que denuncian. Claro que hay parte de verdad en lo que dicen, pero no hay que confundir el todo con la parte. Claro que los hábitos de consumo de televisión han cambiado, como lo ha hecho toda la sociedad. Claro que la tele escandaliza, como escandalizaba hace treinta años.En fin, que este tipo de estudios no descubren la pólvora, inciden en el lado más negativo de un medio y no se cuestionan que el uso y disfrute de ese medio depende de las personas y de la educación que estén recibiendo en casa, en el caso de los menores. Voy a volver a repetir un mantra universal: la tele no es una niñera. Ommmmmmm.
La tele es nociva para la «audiencia vulnerable». Bien, aceptamos barco. Lo peligroso es restringir eso de «audiencia vulnerable» a los menores porque, por un lado, estoy segura de que habrá menores con un criterio a prueba de bombas, por ejemplo, y por otro, seguro que muchos adultos son tan vulnerables como muchos menores. El que es vulnerable, lo es, tenga la edad que tenga, y no por tener menos edad se es más vulnerable. Si se ha recibido una buena educación y no se tienen ciertos problemas, la televisión es un entretenimiento más. El criterio, en circunstancias no extraordinarias, no entiende de edad.
Esta moda perenne de culpar a la tele de todos los males me recuerda a otras más caducas, como aquella de los perros peligrosos o esa otra de la demonización de los juegos de rol. Los videojuegos corren la misma mala suerte que la tele, siempre hay guardianes de la moral dispuestos a abatirlos a las primeras de cambio por cualquier cosa. Los niños pueden terminar siendo asesinos si juegan al Call of Duty, ¡¡horror!!
– Señora, ¿qué le ha comprado a su niño en Navidad?
– Ay, un juego de no sé qué.
Y luego está la pregunta universal. Me gustaría saber cómo se ha hecho este estudio, si la gente ha respondido lo que ha querido o se ha tenido que limitar a las opciones marcadas en un cuestionario porque no deja de ser curioso que no se mencione el consumo de tele en Internet ni se evalúe qué eligen los jóvenes para ver en su ordenador. Yo no puedo saberlo porque hace tiempo que dejé de ser joven (si alguien puede iluminarnos, se lo agradecería), pero no parece que interese demasiado establecer resultados positivos sobre la televisión así que, quizá por eso, es mejor evitar este tipo de cuestiones. ¿Alguien, en su sano juicio, es capaz de ver El diario en la web de Antena 3? ¿Cuántos padres ejercen el control parental tanto en los ordenadores como en la televisión? ¿No existe la TDT temática para la gente que ha contestado la encuesta, o no existe para los que han hecho las preguntas?
- «La televisión incita a la anorexia, la bulimia y al consumo de alcohol y tabaco».
- «Los programas de televisión discriminan a las mujeres».
- «La televisión no respeta el Código de Autorregulación del horario infantil»
Yo añadiría más conclusiones, como que no se vigila el consumo de televisión de los hijos; no se dan datos positivos sobre la programación, que los hay; no se educa a los jóvenes en la formación de un criterio propio y de una conciencia crítica; se infravalora la capacidad de los jóvenes para discriminar contenidos… En fin, que me aburre tanto oportunismo crítico, tanto estudio facilón y tan poco interés por conocer cómo son de verdad las cosas.
‘Impares Premium’, bajón y chasco
No entiendo nada. El vídeo de arriba es supuestamente una promo del Impares Premium que estrenó anoche Neox pero no tiene nada que ver con la serie que vi. En esta promo se resume todo lo que me gustaba de Impares, una serie que he puesto siempre por las nubes y cuyo spin-off esperaba como agua de mayo, pero me he llevado un chasco de los gordos.
No entiendo por qué si promocionan así la serie, tal y como era el Impares original, si ayer mostraron otra cosa. Impares acabó retirándose de la emisión por no alcanzar los niveles de audiencia esperados. Entonces, ¿qué sentido tiene promocionar Impares Premium como la antigua serie, si no tienen nada que ver?
Entiendo que lo que vi anoche en Neox, Impares Premium, es una adaptación de Impares a los que se suponen los gustos generales que, casualmente, no son lo míos, y esperaba que una canal como Neox respetase la individualidad de la serie y fuese capaz de mantener en parrilla un producto minoritario. Se ve que con Museo Coconut tienen más que suficiente. En Impares Premium no hay casi nada de lo que me gustaba de Impares y alguien muy muy importante tendría que escribirme para convencerme de que los elementos perdidos van a volver. Es tal mi cabreo que no sé si la semana que viene seguiré en la brecha.
¿Y cuáles son los elementos perdidos? Pues la cámara oculta para empezar, algo que dotaba de mucha frescura a la serie; los personajes locos y neuróticos, los de ahora son mucho más convencionales; los problemas que criticaban las relaciones de pareja de los que pasamos de los treinta, ahora son matrimonios en terapia y ése es un recurso muy americano pero que por aquí no cuaja; la estructura loca de Impares ha desaparecido y ahora todo se encaja de manera mucho más lineal y con cortinillas explicativas. Y podría seguir enumerando cosas pero no creo que haga falta. El cambio es radical. Eso sí, los actores siguen siendo buenos y los guiones tienen un punto de irreverencia, pero mucho más sutil que en Impares, que era una locura sin freno. Claro, la duración, los capítulos de Impares Premium son más largos y ya sabemos qué pasa cuando se estira un chiste. Para acabar, de verdad, me fastidió mucho el final de las historias. No digo más para no soltar spoilers pero no me gustó nada de nada.
Que sí, que sí, que estoy cabreada. Es que esto no se hace. ¿Qué sentido tiene recuperar una serie para empeorarla? Supongo que quien no vio la primera habrá recibido ésta con más alegría que yo y no niego que mi crítica esté cegada por mis expectativas pero nunca he presumido de objetividad, y no voy a empezar a hacerlo ahora. Pueden dar gracias a que la serie se emitió sin publicidad porque no sé si habría vuelto al asunto después de un corte matador de seis minutos. ¡Yo no quería esto!
‘Salvados’ sin humor, periodismo puro
¿Voy a hablar todos los lunes de Salvados? Pues es posible. Como el programa siga así no voy a tener más remedio. Habrá quien piense que soy una pesada, que me pierde mi lado fan, quien se aburra de tanta actualidad bien contada pero, sintiéndolo mucho, creo que Salvados es uno de los mejores programas de la tele nacional, si no el mejor, y, qué caray, éste es mi blog y lloro si quiero.
El programa de anoche es para enmarcar, para revisar, para temblar ante tanta claridad. La habilidad de Jordi Évole para afrontar entrevistas complicadas ya la he comentado otras veces, las virtudes del programa también y no voy a repetirme. La novedad de esta última entrega centrada en el conflicto vasco (expresión que no me parece acertada, por cierto, porque creo que es un problema que afecta a todo el país y no sólo a una parte), fue que el tema se trató sin humor. No hubo ni un chiste, ni un chascarrillo, ni una gracia fuera de lugar. Aún así, pese a la seriedad con la que el equipo del programa enfrentó el asunto, la espontaneidad de Évole, su franqueza, su osadía al hacer las preguntas que nadie se atreve a hacer, hicieron que el Salvados de anoche se convirtiera en una especie de road movie en busca de unas respuestas que supo encontrar, contar y mostrar sin ningún tipo de partidismo, o eso me pareció a mí. ¿Es o no es periodismo del bueno?
Espero que ninguna de las partes que intervinieron se sientan maltratadas. En casos así es fácil que alguien diga que se siente engañado o que se han manipulado sus palabras. A mí me pareció que todo el mundo habló con claridad y franqueza, cosa que es de agradecer, y nadie salió ni mejor ni peor parado. También espero que no se acuse de nada a Jordi Évole como aquella otra vez en la que entrevistó a Otegi y se le acusó de haberle reído las gracias y de haber sido complaciente. Es fácil que, cuando se tratan temas como éste, la defensa sea matar al mensajero. Por otro lado, Évole suele aceptar las tortas de una manera muy cristiana. No es que ponga la otra mejilla pero no suele enfangarse en debates estériles ni en polémicas ridículas. Él luego hace un programa y deja las cosas en su sitio. Su mejor defensa es su trabajo.
Me gusta que no presuma de exclusivas, me gusta que haya gente que confíe en Salvados para contar su verdad, verdades que normalmente no saltan a los medios generales quién sabe por qué (vena conspiranoica en modo «on»), me gusta que haya más de un millón de espectadores fijos dispuestos a ver la realidad de las cosas desde la pluralidad y me gusta que se haga buena televisión sin artificios. Todo sería más sencillo si siempre fuera así.
A estas horas aún no han salido las audiencias pero preveo otro buen dato, como tiene que ser. Y la semana que viene, análisis de la visita del Papa. Supongo que ya toca alguna broma para destensar pero tendrá miga, seguro.
Por cierto, qué lío con las tildes. Sigo anclada en las viejas costumbres y me va a costar lo mío acostumbrarme a guion, solo y al resto de novedades.
Rubias: el ataque de los clones
Ya sabemos que la tele se mueve basándose en tendencias que, a veces, nos resultan difíciles de explicar pero que están ahí, a la vista de todos. La mayor parte de las veces la explicación oculta un interés por atraer / satisfacer a un público determinado y esto que cuento hoy debe de ir por ahí, aunque lo cierto es que en gente poco seriéfila puede generar confusión. En una conversación doméstica hace unos días se me planteó una duda acerca de unas cuantas rubias televisivas de serie que podían ser confundidas entre sí. Para mí la diferencia entre ellas estaba clara y, tras la explicación, mi mente almacenó una idea residual que se materializa en la entrada de hoy. Y es que es cierto, las últimas series que nos llegan de Estados Unidos apuestan por un modelo de señora nada habitual, las rubias que protagonizan la entrada de hoy.
Elizabeth Mitchell. Nacida en 1970, cuarenta años. Una experta en fertilidad en Perdidos y una agente del FBI en V. En estas dos series no interpreta a un icono sexual, aunque bien podría. En ambos casos es una reputada profesional con una azarosa vida personal.
Sonya Walger. Nacida en 1974, treinta y seis años. Un ama de casa tanto en FlashForward como en Perdidos. En ambos casos se trata de personajes cultos, con carácter, pero una vez más el espectro de lo personal incide en todo lo demás. El vídeo tiene su gracia: es un «separados al nacer».
Julie Bowen. Nacida en 1970, cuarenta años. La popularidad absoluta le ha llegado con su papel de Claire en Modern family aunque, y sin que sirva de precedente, salió en cinco episodios de Perdidos. Es un ama de casa neurótica en una familia de locos.
Monica Potter. Nacida en 1971, treinta y nueve años. Con una carrera en el cine más o menos bien resuelta, en Parenthood interpreta a un ama de casa con un hijo con Síndrome de Asperger y una hija adolescente. Ha dejado de lado su vida profesional para consagrarse a su familia. Qué miedo dan algunos vídeos de los fans.
Jessalyn Gilsig. Nacida en 1971, treinta y nueve años. Quizá ésta sea la más conocida. Ha trabajado mucho y sus papeles han sido muy distintos pero su último éxito le llega con Glee, donde interpreta a una esposa frustrada y neurótica, que sueña con tener una vida que no se corresponde en nada con su realidad y que lucha por un matrimonio con problemas creados por ella misma.
Y estos ejemplos se me han ocurrido sin pensar mucho. No son demasiado jóvenes ni demasiado mayores. Son guapas, claro, pero no responden al estereotipo de despampanantes. Su belleza está más asociada a una madurez muy bien llevada. Interpretan roles variados pero en sus últimos papeles siempre tienen la responsabilidad familiar como eje de influencia. ¿Serán ellas la representación del nuevo modelo de mujer? ¿Serán el modelo admirado por la audiencia femenina de más de treinta años? ¿Qué será, será?
‘The Walking Dead’, más muertos que vivos
Pues ya tenemos aquí la serie del momento, un proyecto arriesgado y casi único, diría yo, que según comenta Frank Darabont estuvo dando tumbos por los estudios durante cinco años sin que nadie le hiciese ni caso. Suerte que AMC estuvo al quite y la rescató de los infiernos aceptando todos los retos que se le proponían. Resultado de esa actitud es The Walking Dead, una serie explícita tanto en su continente como en su contenido. Los mimbres no podían ser mejores: un cómic del que se han editado doce volúmenes recopilatorios en castellano con todas las historias publicadas. Tengo en casa esos doce volúmenes pero no los he leído aunque me los han recomendado de forma apasionada. Con la serie aquí, iré leyéndolos a posteriori porque la adaptación es tan fiel que los spoilers están asegurados. El piloto apenas son cuatro o cinco páginas del primer volumen.
La soledad, la desolación, la desesperación, el miedo, la angustia…, todos los temores emocionales del ser humano cobran vida en su enfrentamiento con los caminantes, que se han apoderado del mundo. Rick Grimes se convierte en héroe por accidente. Es el personaje idóneo para conducir las historias porque mientras se produjo la apoteosis de los caminantes él estaba en un hospital en coma, intentando recuperarse de un disparo recibido en acto de servicio. Cuando despierta el mundo es otro, las reglas han cambiado y la supervivencia animal es la única salida. Con él vamos descubriendo todas las miserias generadas en una sociedad que está más muerta que viva, en todos los sentidos.
El piloto es muchas veces insuficiente para hacerse una idea de cómo va a evolucionar la serie pero en este caso, de forma excepcional, sienta las bases de una serie que se prevé sólida y con continuidad asegurada. En el piloto de The Walking Dead hemos podido ver sangre y vísceras en cantidades industriales pero eso no implica que sea una serie gore. Todo disparo está justificado, todo estallido cerebral está explicado por una motivación profundamente humana como la compasión, el instinto de supervivencia o la venganza. Los personajes humanos también son caminantes, van de una lado para otro, buscan desesperadamente algo, se mueven en grupo y, si hace falta, se atacan entre sí. De alguna forma tras la eclosión zombie han muerto también, aunque de otra manera, y ahora son más animales que personas.
El diseño de producción es perfecto. Los paisajes cotidianos no están recargados, los restos de la guerra se mantienen incólumes, la desolación se escribe con una caligrafía hecha de cadáveres y de caminantes que ahora habitan los espacios públicos. No hay efectismos exagerados y todo parece sacado de imágenes de cualquiera de las guerras que azota el mundo en este momento. El espectador se siente familiarizado con esos contextos apocalípticos porque el terror no sólo vive en lugares oscuros; a plena luz también puede identificarse el peligro. Respecto a la dirección, me han gustado mucho los planos subjetivos, de los que no se abusa, los planos picados para mostrar la realidad desde todos los puntos de vista y los primeros planos que sólo nos muestran una parte de lo que está sucediendo. De esta manera se transmite intensidad y tensión sin necesidad de recurrir a una edición acelerada y con reminiscencias de videoclip.
En la entrevista que cito más arriba Darabont habla de Dead Set y comenta que ni siquiera esa serie está a la altura de la suya. Que lo diga el creador de la serie tiene guasa pero no por ello tiene menos razón. Dead Set es más bien una parodia de la sociedad y en eso no se parece en nada a The Walking Dead, que se sitúa de manera inequívoca en el espectro del drama. Si bien los zombies son un elemento común, no llegan a ser los protagonistas (aunque pueda parecer lo contrario). En Dead Set servían para destripar los vicios de la sociedad moderna y en The Walking Dead se comen los despojos de una sociedad deshumanizada que, de esa manera, vuelve a sentir el miedo y recupera el atavismo.
Por todo esto, si aún no habéis visto The Walking Dead, ¡ya estáis tardando! Esta noche en Fox emiten el capítulo extendido y, además, está para descarga donde vosotros ya sabéis. Ya tenéis deberes para el fin de semana.








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