Archivo para abril, 2010
Amigos de ficción que más valdría no tener, o sí
En multitud de series aparece la figura del amigo del protagonista, una mezcla de escudero y de antihéroe con la capacidad de meter la pata, de sacar de quicio al protagonista y de hacerse perdonar, todo para destacar las virtudes del héroe o heroína en cuestión. Son personajes fieles pero limitados en sus posibilidades, suelen ser irritantes, cansinos, con una capacidad de compresión muy básica y con la habilidad para generar más problemas que otra cosa al protagonista. Hay algunos verdaderamente odiosos.
- Chuck Fishman (Fisher Stevens), de Edición anterior: A esta serie me enganché cuando la emitieron en abierto por Canal +. El querido y odiado Chuck buscaba hacer negocio con el periódico que recibía Gary en un afán avaricioso que generó varios problemas en la serie. sin los obstáculos de Chuck, la vida de Gary habría sido un camino de rosas y la serie habría tenido mucho menos interés. Por cierto que el actor, ahí dónde le veis, estuvo saliendo tres años con Michelle Pfeiffer (aún hay esperanza, amigos). No digo donde sale ahora por no soltar un spoiler pero es posible que muchos le hayáis reconocido.
- Vinnie Delpino (Max Casella), de Un médico precoz. Repelente a más no poder, creo que en parte por culpa de la voz de Pepe Carabias en el doblaje, Vinnie era el amigo tonto de Doogie, el médico precoz, que no hacía sino resaltar sus enormes virtudes y que, además, le mantenía atado a los problemas adolescentes que le correspondían por edad. Era el vínculo que ataba a Doogie a una realidad de la que su intelecto escapaba. Sin Vinnie, Doogie se habría convertido enseguida en un empollón repelente y la serie habría terminado mucho antes.
- Vicky Groener (Kathy Griffin), de De repente, Susan. Atención, cuando un personaje es pelirrojo, como es el caso de la repelente Vicky, ya se nos dice que no puede tener demasiadas cosas buenas. Yo no tengo nada contra los pelirrojos, pero en la tele siguen simbolizando ciertos defectos recurrentes. Vicky, con su carácter impulsivo y su mal humor constante, no hacía más que meter en problemas a la dulce Susan pero no era mala, es que la dibujaron así, por eso Susan se engrandecía cada vez que le perdonaba. En esta serie tuvieron un reparto de lujo, con la consabida Brooke Shields, Nestor Carbonell (el imprescindible Ricardo Alpert), o el mítico Judd Nelson, icono de los 80.
- Dennis Finch (David Spade), de Dame un respiro. Le hacía la vida imposible a Maya, la entrañable Laura San Giacomo, y a todos los compañeros de la redacción de la revista. Era un trepa de manual al que siempre le salían mal las cosas, como tiene que ser. Sin sus trabas, la vida de Maya habría sido un camino de rosas, pero siempre llegaba a tiempo de arrepentirse y de dar la opción de ser perdonado, engrandeciendo al resto del reparto. Tenía buen fondo pero estaba muy pero que muy escondido.
- Brian Krakow (Devon Gummersall), de Es mi vida. Y no podía terminar sin un guiño a una de mis series favoritas de la vida. Sí, es un rollo adolescente, como comentaba ayer, que me hizo temblar por Jordan Catalano, el guaperas interpretado por Jared Leto (hormonas para qué os quiero). Como buena serie adolescente tenía un reparto muy amplio pero siempre sentí especial ternura por Brian, el vecino friki, patoso y sin habilidades sociales que estaba perdidamente enamorado de Angela Chase, la protagonista. Los desplantes, rechazos y humillaciones que sufrió Brian y su capacidad de volver una y otra vez a los pies de su amada no hacían sino destacar la faceta egoísta y caprichosa de una adolescente con un pavo existencialista de aquí te espero. Sin este clavo ardiendo, la autoestima de Angela no habría tenido dónde agarrarse.
Y ésta es mi selección de amigos que parecen más bien enemigos, cargados de defectos al lado de las virtudes de los protagonistas, siempre desempeñando un papel secundario sobre el que pivotaba la importancia de los que encabezaban los repartos. Qué protagonistas más sosos habríamos tenido de no ser por la maldad y la falta de saber hacer de algunos.
‘Glee’ me ha robado el corazón
Soy una chica fácil, lo sé, porque a mi edad, pasando de los treinta de una forma desconsiderada, que me enganche a Glee debería de ser motivo de vergüenza pero qué lo voy a hacer, toda la vida me han gustado las series de adolescentes así, al peso. Ahora mismo también estoy viendo Gossip Girl, me he tragado alguna temporada entera de Física o Química y en mis tiempos seguí con fruición Al salir de clase, Compañeros, Sensación de vivir…,. Todo lo que huela a hormonas me engancha a la tele. Si hasta soy de las que defiende la relación entre Marcos y Eva en Los Serrano. Por no hablar de Buffy o Es mi vida. Sé que semejante mejunje referencial puede haber provocado algún que otro shock, y lo entiendo, pero tenía que sentar las bases de mi postura ante Glee.
A pesar de disfrutar de la serie como una enana, la estoy viendo en Fox. Es decir, con retraso respecto a la emisión americana. Pero los que aún no hayáis catado esta pequeña pieza de humor y música, Neox os da la oportunidad en abierto de hacerlo los lunes a las diez de la noche, a razón de capítulo doble. Ya han avanzado un poco, pero la trama no es compleja (no estamos hablando de The Wire, caramba), así que si os apetece investigar las claves del fenómeno aún estáis a tiempo. Sé que quedaría como una señora si ahora comentase la vuelta de la serie a Estados Unidos, pero no va a poder ser. Tampoco voy a decir nada de las tramas porque ya se me ha indigestado algún que otro spoiler malintencionado. Me voy a limitar a relatar los por qué de Glee.
Glee no tiene unas tramas despampanantes, las historias en sí están más vistas que el TBO, pero los personajes son la clave y se debaten entre la locura más freak y la necesidad de adaptación. Los guiones plantean las historias como duelos constantes, con malos de manual, tontorrones y el anti-héroe por antonomasia. La realización es osada, cambiante en sus puntos de vista, que refuerza la crueldad en forma de parodia de la vida en un instituto. Los miembros del Glee Club sólo tienen una oportunidad para triunfar, sus voces, y algunos adultos maquiavélicos parecen estar dispuestos a fastidiar el invento a la mínima, para no perder sus respectivas cuotas de poder. Una representación grotesca del fracaso y del éxito, con las dosis convenientes de bondad y de cursilería, todo agitado y servido con adaptaciones musicales que están partiendo la pana.
Glee no es un musical en sentido estricto aunque algunos de los temas escogidos sirvan para reforzar las tramas. No se pasan todo el rato cantando pero en cada episodio tenemos la oportunidad de ver números muy bien montados, buenas adaptaciones de canciones muy conocidas y coreografías tremendas. Es una serie con números musicales y su progreso simboliza el progreso de los personajes en sus tramas personales.
Llamadme floja pero yo soy de las que se emocionan con estas cosas. Tampoco mucho, no os vayáis a creer, pero lo suficiente como para desear que en mis tiempos hubiese podido formar parte de un club así. ¿Soy yo la única a la que la adolescencia se le hizo bola cuando intentó tragarla? Y de aquellas frustraciones seguramente vengan estos lodos. No quiero engañar a nadie diciendo que Glee es lo mejor que ha parido madre en los últimos tiempos, pero creo que por lo menos se merece un vistazo para que podamos dejarnos sorprender por un nuevo enfoque de un tema eterno, el de los inadaptados. Han hecho maravillas con el humor, la parodia y la música, y eso hay que reconocerlo.
‘Gran reserva’, gran culebrón
Anoche huí como gato escaldado de la gala de Telecinco (vi algunas cosas que prefiero no comentar por pura vergüenza ajena), y me acomodé para ver Gran reserva, el estreno de La 1. No suelo ver La 1 porque no entro dentro de su target, pero este prime time corto y sin anuncios se hace la mar de cómodo. A las once y media ya estaba todo el pescado vendido. Un alivio si lo comparamos con los horarios de otras cadenas. Sin ánimo de ofender, es un planteamiento de parrilla perfecto para los jubilados y los que, como yo, no trasnochamos.
Pero a lo que iba, Gran reserva fue exactamente lo que me esperaba. Estoy muy curtida en esto del mundo de los vinos y no porque fui enóloga en otra vida, sino porque me zampé enterito el culebrón de sobremesa de TV3 titulado Nissaga de poder (1996), que iba más o menos de lo mismo. Por no hablar de Falcon Crest. Esto no me convierte en una autoridad en la materia, claro, pero sé todo lo que hay que saber de cuernos, pasión, odio, ricos, pobres y venganzas, entre otras pasiones, que se dinamitaron anoche en Gran reserva en un piloto de lo más completito. Hubo de todo, como en botica.
Como los temas son recurrentes, hasta hubo una conveniente amnesia del malo, voy a repasar otros detalles de la producción. La Rioja se ha dejado una pasta para producir la serie con la consiguiente polémica entre los partidos del Gobierno y la oposición de la Comunidad. Nada nuevo. Si ha funcionado en Asturias con Doctor Mateo, por qué no va a funcionar en La Rioja. Bien es cierto que Doctor Mateo es una serie bastante más amable, más blanca, pero si estas familias dedicadas al vino trascienden, la gente se montará en autobuses para visitar las bodegas aunque no sé qué se encontrarán porque me pareció ver cierto desequilibrio entre esos exteriores inabarcables, paisajísticos, y los interiores lóbregos con paredes poco creíbles, pero igual es manía mía.
Los actores y actrices están bien pero con ese reparto no es para menos. Quizá destacaría para mal a Ángela Molina, que me pone un poco nerviosa porque siempre que habla parece que esté llorando. Una fobia como cualquier otra. El guión es correcto y eso hay que reconocerlo, aunque me desenganché del género hace tiempo y no termine de identificarme con nadie. Me rechinaron un poco las visiones del pasado pero a juzgar por los vídeos que he visto ése va a ser un recurso recurrente en la serie. Me acostumbraría si pensase seguir viéndola. Eso sí, sería de agradecer que los tecnicismos del tema fueran introducidos con un poco más de naturalidad porque hubo momentos en los que los personajes parecía que hablaban en clave.
Si no voy a seguir esta serie no es por nada más que un gusto personal, no porque Gran reserva no lo merezca. Hay series infinitamente peores por ahí, eso es evidente, pero en estos momentos prefiero ficciones de otro tipo. No sé yo si conseguirá los datos que estaba haciendo Águila Roja (eso sería mucho pedir), o si el estreno se habrá visto mermado por la cutre gala de Telecinco (a estas horas no han salido las audiencias), pero si le dejan un poco de tiempo logrará hacerse su hueco porque la serie es ideal para el público de La 1, que sin Herederos y La señora parece que se había quedado huérfano de la lucha entre el bien y el mal.
Los planes de Telecinco para Cuatro
Bueno, ya es oficial, los representantes de Telecinco han enunciado la que será la estrategia que van a seguir para reflotar Cuatro y convertir la cadena en más competitiva y rentable. Los dos puntos esenciales son:
- Producción propia.
- Contenidos realizados por productoras participadas.
Así que ésta va a ser la línea a seguir por Cuatro a partir de ahora. Me queda la duda de si con productoras participadas se referirán a las del Grupo Prisa o a las de Telecinco, aunque mucho me temo que la segunda opción pueda suponer el desembarco en Cuatro de ficciones y programas ideados por las productoras de confianza de Telecinco que son, entre otras, Alba Adriática (José Luis Moreno), Mandarina (Está pasando, por ejemplo), y La fábrica de la tele (Sálvame, entre otros éxitos). En Cuatro cuentan como productora del grupo con Plural Entertainment (Hay alguien ahí, Desafío extremo o Hermano mayor).
¿Qué va a ser del lema “las series eligen Cuatro”? Me parece que va a ser cuestión de ir olvidándose de eso. Creo que mantendrán ficciones internacionales evidentemente rentables, como House, pero no creo que sigan trayéndose el oro y el moro para seguir dándoselas de progres. Total, para el trato que le daban a las series tampoco hace falta.
Con la operación, además, se baraja un término que sólo leerlo me ha dado escalofríos: “Nueva Telecinco”. No me digáis que no es para echar a correr sin volver la vista atrás. Se refieren al grupo de cadenas que manejarán en la TDT. Aunque unos dicen que ocho, otros no se atreven a afirmar tanto. CNN+ por ejemplo, es un caramelito desde el que mediatizar la información, que al fin y al cabo es de lo que se trata. Desde Telecinco dicen que no van a tocar la línea editorial, pero hay rumores que apuntan a lo contrario.
Sea como sea, tal y como conocemos Cuatro va a durar poco entre unas cosas y otras. Lo cierto es que no podemos echarle la culpa sólo al afán expansivo de Telecinco ni a las leyes promovidas por el Gobierno en este sentido que aprobaron las fusiones. El Grupo Prisa ha atravesado unas dificultades económicas importantes y el modelo de negocio de Cuatro ha flaqueado en los puntos más importantes, no siendo capaces de seguir una línea y no consiguiendo interesar a las audiencias pequeñas, que son la batalla que habrían tenido que librar. A estas alturas, laSexta les ha comido el terreno (y la moral), así que son en parte responsables de su cruel destino: dejarse fagocitar por el gigante italiano de Berlusconi, que parece que tiene venganzas para todos.
‘Uau!’ es raro, raro, raro
Estupefacta me encuentro ante Uau!, el show de Santi Millán estrenado esta semana por Cuatro a unas horas no aptas para gente que madruga (habrán pensado que con tanto parado tenían cuatro millones de audiencia asegurados). El caso es que esperaba más, mucho más, del programa (son los riesgos que se corren al ser fan), y lo que me he encontrado es algo totalmente vacío, una estructura más que explotada pero sin nada que la sostenga.
¿De qué hablan en este programa? De nada en concreto, no hay una línea que lo defina más allá del “humor” y ese humor tendría que hacer gracia, digo yo. Hay cierto tono gamberro muy pueril que hace constantes referencias al sexo en una línea blanca, muy lejos de lo que fue Hoy cruzamos el Mississippi o Crónicas Marcianas, casi más cerca de las tontunas de El hormiguero, con una estructura similar con el invitado de aquí para allá, público enfervorecido, barridos de cámara, repeticiones y publicidad en forma de regalo. En lugar de a Flipy tienen a un mentalista intenso; en lugar de a Ajenjo y Cigarro tienen a los Especialistas Secundarios; en lugar de Raquel Martos tienen a Susana Bergés. Un David Broncano totalmente desaprovechado, igual que Castelo. Sólo faltan las hormigas.
Esto es como en la cocina: no por juntar dos ingredientes buenos el resultado final tendrá buen sabor. Por separado, todo me hizo pensar que Uau! podía ser un buen programa pero una vez mezclados y agitados los ingredientes y visto el resultado final, algo falla. Si es cuestión de fluidez, pueden resolverlo con el tiempo. El plató está muy trabajado y es atractivo. Santi Millán es espontáneo y parece natural, pero qué aburrido es todo lo que cuenta. Verle presumir constantemente de galantería me recordó a las abdominales de Pablo Motos, una imagen mental que yo no necesitaba. Las historias esas de cómo ligar y demás me parecen unos tópicos recalcitrantes. Las entrevistas, poco serias.
Se supone que el programa tiene que tener chispa, ser divertido, canalla…,. Seré yo, que no estoy ya para estos trotes, pero todo en Uau! me parece superficial, poco interesante y hasta aburrido, por mucho que quieran llevar al paroxismo a los espectadores no quedándose quietos ni un momento. Lo compararía con Buenafuente, la competencia directa, pero me parece que no hay color, no tienen nada que ver y como dijo aquella, no se pueden mezclar peras con manzanas. Mucho tiene que mejorar Uau! para que yo vuelva a verlo porque, a pesar de que soy de las que no madrugan por obligación, prefiero mil veces dormir, que es mucho más reparador.
El final de ‘Perdidos’ en horario americano
Se ve que en Cuatro están trabajando duro para traerse el final de Perdidos al mismo tiempo que se emita en Estados Unidos. Si lo consiguen lo emitirán en versión original con subtítulos. Dice Kyra en ¡Vaya Tele! que dependiendo del huso horario que elijan, el inicio de la emisión podría situarse entre las tres y las seis de la mañana, hora española, de la madrugada del domingo 23 al lunes 24.
La idea me parece genial. Muy divertido enterarse por fin al mismo tiempo que el resto del mundo de qué demonios pasa en la isla de las narices. Ya podrían haber negociado esto antes, para los episodios de la presente temporada, por ejemplo, aunque eso habría sido mucho pedir. Yo, que soy desconfiada por naturaleza, le veo algunas pegas al invento. La más importante, la inserción de la publicidad.
¿Van a ser capaces de amoldarse a las pausas americanas si las hubieran? ¿Y si no las hay? ¿Serán capaces de no poner anuncios? Esto es algo que tendrían que dejar claro en el caso que consigan llevarse el gato al agua porque puestos a elegir entre ver el capítulo del tirón y a la hora que más convenga, descargado y sin anuncios, o verlo en Cuatro sometidos a sus exigencias comerciales, muchos no tendrían dudas de qué elegir.
Tampoco voy a subestimar a Cuatro a estas alturas. Sé que son capaces de crear eventos y movimientos de una forma magistral, ya lo han hecho otras veces. Pero también es cierto que la gente anda un poco mosca con su estrategia de programación de la presente temporada en emisión, que no está respondiendo a las expectativas con los cambios de horario y el retraso en la emisión de capítulos. Igual tendrían que enderezar esto de cara a recuperar la confianza para el Final (así, en mayúscula), y poder sacar verdadero provecho de todo el esfuerzo que se supone que están haciendo.
Yo por ahora sigo sospechando del evento en sí y no tengo claro de si me pegaré el madrugón porque quiero ahorrarme todos los berrinches posibles. De hecho, anoche no vi Uau!, el late night de Santi Millán, y por lo que leo por ahí fue una excelente decisión. Cuando lo suban a PlayCuatro lo veré y diré la mía pero tengo que ir dosificando las fuerzas si no quiero volver a caer en la tentación de la huelga.








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